La búsqueda de la verdad es un combate por la vida, la verdad, que nunca está hecha, pues está siempre haciéndose en una conquista incesante recomenzada con una aproximación más útil, más estimulante, más viva de una verdad ideal tal ve inaccesible. (Victor Serge.”Carnets”
Muchas veces cuando desde el mundo de las apariencias, se confunde y se da por cierto que las acciones políticas y las intervenciones de ese tenor que se gestan desde los partidos políticos que tienen legalidad y personería electoral , definen por ejemplo, la presencia de organizaciones “trotskistas”, se olvida que la función ideológica de falsa construcción de lo verdadero que contiene esa afirmación oculta una premisa fundamental nacida desde Marx y hecha cuerpo por los bolcheviques , que el propio Trotsky postula de manera reiterada :”El partido es el programa”. El Manifiesto Comunista, los cuatro primeros congresos de la III Internacional, dan cuenta de ella.
Los datos objetivos de nuestro presente ubican nuestro escenario existencial como clase explotada y oprimida, en la barbarie misma, en la medida en que a diario el capitalismo da cuenta que no para de destruir fuerzas productivas, de provocar guerras , miseria social, cultura, hambre , migraciones masivas de un continente a otro en un panorama global de marcada inseguridad para la mera sobrevivencia.
Solo hay una clase social que es portadora de una superación de ese cuadro de situación , la clase trabajadora . La necesidad de que esa clase se organice políticamente como tal, genere su propia política y su propio poder , más allá de la fuerza social que históricamente representa , requiere en el mismo momento de su desarrollo de la construcción de una formulación programática que ponga la teoría en acto y la exprese en cada acción donde verifique por los efectos su pertinencia o impertinencia, su eficacia o su inutilidad.
Estamos en la época de la agonía del capitalismo y la continuidad con distintos estadios de lucha de clases, del proceso internacional abierto por la revolución bolchevique. La superación del orden social capitalista en términos históricos por el socialismo , sólo será posible si se resuelve la crisis de dirección y organización política autónoma de explotados y oprimidos por ese régimen en objetiva incapacidad de continuar reproduciéndose si no es a costa de guerras por el dominio imperialista de mercados y la intensificación de la pauperización generalizada de la sociedad, en escenarios de miseria y barbarie.
El objetivo estratégico que debe ser materia de la propaganda socialista en este momento histórico es la destrucción del sistema capitalista y sus instituciones , la abolición del trabajo asalariado y la superación de las clases sociales por vía de otras relaciones de producción diversas de la relación social capital. Es necesario la instakuración del poder obrero y su dictadura , la planificación de la economía, colectiviza y socializar los medios de producción. La acción directa, la violencia revolucionaria de las masas, necesita de su dirección política y de la formulación en concreto del programa socialista revolucionario.
En la Argentina de nuestro tiempo, la experiencia asumida por la joven vanguardia de la clase trabajadora , ha dejado a gran parte de ella sumida en un esquema de militancia que la arroja a un camino de frustraciones de corto y mediano plazo, al encerrarla en una táctica parlamentaria de formato electoral cíclico que se adecúa a los tiempos que marca la forma jurídico-constitucional para las rotaciones del personal político de ese poder del Estado republicano de la burguesía.
Sin embargo, frente a esa objetividad que queda evidenciada en las deserciones de las filas partidarias que se suceden en los aparatos electorales que se montan al efecto, y la correlativa merma en el caudal de votos obtenidos en cada farsa electoral , sobreviene en sentido inverso una tendencia que parte de considerar que lo importante es precisamente no abandonar el objetivo estratégico emancipatorio que subyace en cualquier actividad política pensada y puesta en acto desde el conjunto de las masas trabajadoras.
Esta última idea, se compadece con una premisa básica , la causa socialista no cesa en su pertinencia a este tiempo histórico y requiere de por una mala experiencia personal en la construcción de herramientas para la tarea de conformar una salida a las crisis de la humanidad, que no es otra, que el agotamiento de la relación social capital.
En ese sentido , la búsqueda de desarrollar una organización centrada programáticamente y definida por una política autónoma de clases debe fundarse en los problemas de la vida cotidiana de los trabajadores y no en abstracciones que se hacen públicas ,de manera generalizada. En ese sentido, es que se impone considerar nuestros problemas vitales desde la certeza de que el capitalismo no puede solucionarlos y que esa negatividad solo se plantea de manera superadora en un nuevo orden social gestor de un nuevo hombre que se desenvuelve en el entramado de relaciones sociales diversas del capital.
Lo que da la forma de sistema al orden social capitalista en su conjunto es su realización y acumulación por unos pocos que no son otros que aquellos que consuman el acto de la apropiación, sostenido por la forma jurídica específica. No hay explicación lógica ni mucho menos evidencia empírica relativa a que ese interés particular y minoritario de los que habitan por sí o integrando personas jurídicas en los mercados» , espacio donde se realiza el intercambio, coincida con una forma de existencia donde las masas resulten implicadas en forma tal que su condición se vea favorecida.
Hay que hacer objeto reiterado de la propaganda socialista revolucionaria, la comprensión necesaria de que el capital no es una cosa , sino una relación social entre personas mediada por cosas .
Esa categoría conceptual es una idea central de la teoría de Karl Marx, que describe cómo el capital no es solo dinero o máquinas, sino una estructura social dinámica donde las personas se relacionan a través de la propiedad de los medios de producción y la explotación del trabajo, haciendo que las cosas (mercancías, dinero, fábricas) parezcan tener una vida propia, ocultando las relaciones humanas de poder y desigualdad subyacentes.
Dicho de otra manera, pero en igual sentido paradigmático para lo que implica nuestro presente como explotados y oprimidos.
El capital no es una cosa, sino determinada relación social de producción perteneciente a determinada formación histórico social y se representa en una cosa y a la vez le otorga a esa cosa un carácter específicamente social.
Los textos que con el tiempo terminamos recibiendo como legado sin beneficio de inventario de Carlos Marx, no son dogmas , ni sus citas resultan trasladables a los comportamientos propios a los usos que se les da a los textos religiosos. Las categorías conceptuales de Marx, se integran en el programa revolucionario , pero no por su transcripción mecánica sino por su empleo vivo en la realidad social que procura defender ese programa.
Es desde esa perspectiva, en la que nuevamente en clave de acción propagandística, la organización política de los revolucionarios socialista debe poner en acto un señalamiento que ha quedado plasmado en la sexta tesis sobre Feuerbach, donde se deja en claro que la esencia humana no es una noción que se dice de todo individuo, sino el conjunto de las relaciones sociales, agregando que Feuerbach erra en su caracterización al entender al ser humano de forma aislada y contemplativa, sin reconocer que esta esencia es producto de la historia y la práctica social. Es desde ahí que se construye el cimiento de la praxis revolucionaria y el contenido del programa de la organización con forma partido político que conduce esa práctica.
Por esto que siempre debe estar en la advertencia de los que luchan por la emancipación social, el espacio conceptual y real de nuestra existencia al que arribamos desde un posicionamiento de clase desde nuestra propia ubicación en ese territorio, es una relación social representada en la mercancía o su equivalente universal , el dinero y no la cosa en sí. El dinero es la expresión sintética del poder. Es la condición de existencia estructural de todo el orden social capitalista.
Sobre esta descripción estática necesaria para expresar el fenómeno propio de la relación social capital en sí, la ley social de la lucha de clases , sintetizada en el Manifiesto Comunista a través de la definición “la historia de todas las sociedades hasta nuestros días , es la historia de la lucha de clases”, da cuenta del desenvolvimiento histórico de las dinámicas sociales al interior de ese orden social dominante.
Los extremos de la lucha de clases son la paz y la guerra. La paz viene a dar cuanta o a significar de manera descriptiva una determinada situación transitoria en lo social que lleva implicada una situación que en unidad supone una victoria y una derrota en el mismo momento.
Lo que llamamos paz no es otra cosa que el momento de la máxima disparidad de fuerzas que se expresa en la existencia de un solo sujeto social constituido como clase organizado por sí mismo , con capacidad de imponer el contenido específico del ordenamiento social por vía de la forma jurídica . En la paz, lo que se significa es que uno de los contendientes de clase , que corporizan y simbolizan la lucha de fuerzas sociales, ha logrado construir ese ordenamiento que lo sustenta en su posición de dominio . El oponente vencido, aparece diluido y esa situación es la realización de la victoria del sujeto social antagónico.
La paz en tanto extremo inicial de la lucha de clases, es simplemente un estadio de máximo dominio por parte de una fuerza sobre el conjunto de las masas, que sin embargo no la exime de enfrentamientos mínimos que no son otros que los componentes de un programa mínimo de lucha economicista, en el que el programa revolucionario no puede detenerse, pero necesita reconocerlo como factor de la realidad compleja en donde se desenvuelve el enfrentamiento de clases.
El extremo inverso, la guerra, supone la negación de los elementos que construyen la paz social, en tanto da cuenta exacta del equilibrio de los sujetos sociales que expresan el antagonismo de clases que implican fuerzas sociales y políticas en acción, aunque eliminando las formas políticas en su capacidad de mediación simbólica. Es la expresión directa del choque antagónico de una clase contra otra.
Establecidos estos extremos, el programa de la organización socialista revolucionaria con forma partido, debe dar cuenta de la actividad social de las clases que se desarrolla en el tiempo, entre uno y otro extremo y las consecutivas legalidades y formas jurídicas que nacidas desde el Estado de la burguesía, buscan regular cada uno de esos momentos.
En ese sitio de la “representación “ que implica el desenvolvimiento de la relación social capital , en contexto de lucha de clases, es donde toma cuerpo la ideología, en tanto falsa concepción de lo verdadero, para hacer que se vea la “representación” , en este caso el intercambio permanente y continuo en el o los mercados de mercancías, y no lo representado. En ese procedimiento ideológico es donde se instala el fetiche.
Desde ese ocultamiento ideológico la acción militante por vía de la propaganda socialista , debe operar sobre la misma , anulando sus efectos y exhibiendo de manera conjunta a explotados y oprimido, qué es y como afecta, lo realmente representado .
El capital y el trabajo asalariado son dos aspectos de una misma relación desplegada. Uno no existe ni puede existir sin el otro, es decir, no hay trabajo asalariado sin capital ni viceversa, no se puede intercambiar aquello que no ha sido producido y en toda economía no hay producción que no se realice con vista a su intercambio.
“La relación de capital durante el proceso de producción solo sala a luz porque existe en sí en el acto de circulación, en las distintas condiciones económicas fundamentales en las que se enfrentan comprador y vendedor en su relación de clase
Avanzando en la propaganda socialista revolucionaria , el programa que la diseña de modo arquitectónico no puede eludir señalar que los poseedores de capital , la burguesía se ubican no en razón de una planificación social racional , sino allí donde haya una demanda monetaria, aunque eso no sea bueno para el conjunto social, solo con el imperativo de una mayor acumulación como resultado de esa determinación.
Dicho de modo más sintético, los capitalistas se limitan a contabilizar lo que introducen en el ciclo productivo para compararlo con lo que extraen de ahí.
A la vez, ese ciclo operacional de los distintos sectores de la burguesía se cierra con la capacidad que adquieren por su condición objetiva de clase ,para tomar posiciones prevalentes dentro del aparato institucional del poder burgués que implica el Estado y su república constitucional , factor que les demanda la construcción de un aparato electoral de políticos profesionales , intelectuales orgánicos de ese interés , con todas las implicancias de las acciones específicas de estos últimos.
Contra todo ese aparato político burgués, ningún argumento crítico de su funcionamiento y del sistema capitalista mismo, pervive por sí mismo, por más agudo, razonable y robusto que se presente, en tanto su utilidad solo puede ser establecida en la medida en que la propaganda de la política de clase de los trabajadores se no se haga cuerpo en una organización específica de partido de clase construido en función de su programa socialista siempre vivo y existencialmente posible si a la vez se nutre de todos los datos objetivos y subjetivos que la propia lucha de clase proporciona en la realidad misma.
Nuevo Curso
