Cuando se trata de apreciar un período social como este en que nos toca existir, atravesado por la ley de lucha de clases en su estadio inferior, es necesario tener presente y ponderar las variables que la estructura económica ofrece desde el entrelazado de relaciones productivas que operan en la sociedad civil.
Sin embargo, esa necesaria remisión a la estructura productiva para encontrar los fundamentos primarios de cuanto sucede de manera contingente en la realidad, tiene una variabilidad significativa en lo que atañe a la entidad en sí, de los datos que se puedan obtener, en tanto las estadísticas por su propia definición van siempre a la zaga de los fenómenos.
Esto , obliga decir a modo introductorio, que cuanto indicamos seguidamente esta prevalentemente influido por el señalamiento de los intereses de clase y sus fracciones que se ponen en juego en los hechos políticos, y a poner de manifiesto las acciones que los partidos políticos que intervienen en la realidad, ponen en juego en esa conflictividad,
Con esa advertencia , hay que decir que Argentina, estando en el momento calendario de iniciar este segundo tiempo de la gestión del actual equipo de políticos profesionales que operan funcionalmente para el interés de la burguesía desde el Estado y su institucionalidad jurídica , hace que cualquier índice, dato estadístico o percepción de la realidad desde las apariencias sensibles o existenciales, muestre el impacto del ajuste capitalista descargado sobre los trabajadores, que ha sido durísimo y no reconoce instancias de su eventual detención por reacción en lucha defensiva de alguna fuerza social antagónica.
El salario real cae aún respecto de los trabajadores sindicalizados, y lo hace con diversa incidencia, es decir, en algunos gremios más que en otros, reflejando también por esa situación la fragmentación del movimiento obrero que también toma cuerpo por vía de la informalidad laboral y las nuevas maneras en las que se vende y compra la fuerza de trabajo.
Esta caída del salario real, se convine con la desocupación, es decir, con la reducción del empleo productivo, que crece al ritmo de los cierres de empresas
El escenario de todo este fenómeno humano yacente en la producción también implica que las sumas que se perciben como haberes jubilatorios sean insuficientes para la mayoría de los jubilados a la hora de la satisfacción de sus específicas necesidades de reproducción de su existencia.
En ese marco situacional, no deja de tener incidencia el proceso inflacionario que no se ha interrumpido pese a la propaganda gubernamental. Es precisamente la inflación la que degrada la implicancia del salario y los haberes jubilatorios.
La suma de estos extremos lleva a un aumento de la pobreza, la indigencia , que viene de la mano de la reducción como política de Estado, de la ayuda o asignación de recursos oficiales para los sectores pauperizados, y de los beneficios sociales como la salud o la asistencia a discapacitados, y todo lo que implique gasto social.
El capitalismo tiene ciclos de expansión y/o desarrollo, y de recesión y crisis. La «Curva del Desarrollo Capitalista» es un concepto clave en el pensamiento de León Trotsky que describe la dinámica histórica del capitalismo, sugiriendo que, tras un período de auge, el sistema entra en una fase de crisis y declive prolongado, donde el desarrollo de las fuerzas productivas encuentran resistencia en las propias relaciones de producción capitalista y la política se vuelve desenfrenada, marcando la presencia objetiva de elementos sociales que hacen posible un período revolucionario facilitador en términos políticos de la emancipación de los trabajadores en tanto clase social.
Sostiene Trotsky que los ciclos económicos explican una buena parte del fenómeno real que opera en la …”formando como lo hacen a través de las pulsaciones automáticas, un indispensable resorte dialéctico en la mecánica de la sociedad capitalista. Los puntos de ruptura de la coyuntura comercial e industrial nos llevan a un contacto mucho más íntimo con los nudos críticos en la trama del desarrollo de las tendencias políticas, la legislación, y todas las formas de la ideología”.
Sin embargo, sobre esa afirmación introduce una advertencia agregando en el mismo texto que : “…. el capitalismo no se caracteriza sólo por la periódica recurrencia de los ciclos, de otra manera la historia sería una repetición compleja y no un desarrollo dinámico. Los ciclos comerciales e industriales son de diferente carácter en diferentes períodos. La principal diferencia entre ellos está determinada por las interrelaciones cuantitativas entre el período de crisis y el de auge de cada ciclo considerado. Si el auge restaura con un excedente la destrucción o la austeridad del período precedente, entonces el desarrollo capitalista está en ascenso. Si la crisis, que significa destrucción, o en todo caso contracción de las fuerzas productivas, sobrepasa en intensidad el auge correspondiente, entonces obtenemos como resultado una contracción de la economía…”
Este es el esquema en lo fundamental, que prevalece desde la “salida” que se instrumentó para salir de la convulsión social y política del 2001 , hasta la fecha, vale decir, una contracción de la economía derivada de la constatable emergencia de una situación social y productiva que nunca se retrotrajo , ni restauró los niveles de vida propios del período de la convertibilidad presidido por la dupla Menem -Cavallo.Por eso postulamos que la actual gestión de gobierno burgués no implica un quiebre del ciclo crítico nunca resuelto con suficiencia por el modelo k y no trae consigo el inicio de un tiempo social con enérgico desarrollo capitalista en tanto no posee formas ,en política y en leyes, agudamente diferentes de aquellas que corresponden a la época de estancamiento o de declinación económica que se evidenciaron en las gestiones del matrimonio k , Mauricio Macri y Alberto Fernández-Massa.
La visualización de episodios superestructurales como la tarea política de dictar reformas en los sistemas educativos, jubilatorios, y en las formas en que toma realidad la relación capital-fuerza de trabajo, no debe impedir ver esa continuidad del proceso crítico, ni trazar una arquitectura que pretenda mostrar “un nuevo tiempo”. En sentido inverso, estamos ante un ciclo crítico del capital, marcadamente decadente que no para de caer y en la coyuntura acude a estos artificios legales que le dan presunto consenso social para continuar en la gestión hegemónica de la sociedad
Hay en el fenómeno social crítico que protagonizamos un elemento significativo marcado por el reflejo en los hechos de la ley de la tendencia creciente a la pauperización.
Dicho de otra forma, cuanto se advierte es que, con el actual estadio crítico del orden social capitalista por la traba que se produce en el desarrollo de las fuerzas productivas derivada de las variables de la propia relación social capital, la clase obrera tiende a empobrecerse cada vez más, debido a la explotación y la acumulación de capital, creando una brecha insalvable entre ricos y pobres que abre camino a la posibilidad cierta de probables crisis en plano social y político.
Esta apreciación es significativa porque su presencia rompe con toda posible reedición de la llamada “teoría del derrame “ que sugiere la posibilidad de un nuevo ciclo de crecimiento y que el progreso capitalista drene beneficios para todos, cuando paradójicamente es la relación social capital la que en su desarrollo, empeora las condiciones de vida de los trabajadores, generando miseria y marginación.
La realidad argentina verifica en tal sentido, un aumento de la población sobrante que acecha los puestos de trabajos de la población ocupada haciendo que éstos acepten condiciones de explotación “más acordes” a la situación, y que las formas de materialización en la producción de la fuerza de trabajo admitan significativos cambios todos culturalmente negativos para la clase de conjunto . En paralelo la retracción del consumo liquida los capitales menos competitivos dotando de prevalencia adicional al núcleo burgués ligado a los espacios de dominio del capital financiero concentrado y sus monopolios productivos y de intervención regulativa en su favor dentro de los mercados de oferta y demanda de mercancía, dentro de los cuales también se contabiliza la propia fuerza de trabajo. Dicho de otra manera, por fuera y con las formas jurídicas emergentes del parlamento, lo cierto es que estamos ante un mecanismo de autorregulación de la acumulación que somete a incontables padecimientos a los trabajadores.
Estamos frente a una intervención “desde fuera” de un sector específico de la burguesía, constituido en la propiedad privada y el capital financiero con amplia incidencia política que impone desde las materialidades de la economía, una restructuración cultural de la sociedad, , las instituciones, el rol del Estado, la inserción mundial, etc , empleando las herramientas jurídica y sus formas legales para consolidar por vía de su imperio un nuevo consenso que renueva la relación de servidumbre amo-esclavo que impone la relación social capital.
Esta restructuración social, que no es la superación de sus fundamentos materialmente puestos en crisis, implica la desregulación financiera, la movilidad de los capitales, la intensificación de la precarización laboral haciendo que sea ella la que dicta las regulaciones específicas al empleo de la fuerza de trabajo, las privatizaciones, etc, que lleva de conjunto a un sensible aumento de la desigualdad social.
Todo esto implica en los hechos, la tendencia a que, en este segundo momento temporal de la gestión del actual gobierno, su marca registrada será y es profundizar estos rasgos que apuntarán a flexibilizar contratos laborales, a privatizar o liquidar servicios públicos no mercantilizados y una redistribución del ingreso a favor de la valorización del capital, desvalorizando la fuerza de trabajo
La característica principal del modo actual de acumulación capitalista en Argentina, con el escenario social que hemos descripto sucintamente remite a la búsqueda política por la clase dominante, de una integración mayor al mercado mundial, con preeminencia de los capitales de alta composición orgánica, competitivos y volcados a la producción de commodities industriales exportables, a los agronegocios con explotación de grandes superficies de tierras, petróleo y minería. Estos sectores son atravesados con significativa incidencia por capitales extranjeros entrelazados o no, con intereses de capitales con radicación local. Es importante no perder de vista esta dualidad de la estructura económica argentina, porque ella incluso incide en la tendencia cultural en el consumo marcada por el bi-monetarismo, con centralidad en el dólar.
Este carácter dual de la estructura económica implica también una nueva fuente de producción de la fragmentación del mercado de trabajo, y de la estructura social toda, de manera que incluso estas diferencias sustantivas en los intereses de una clase dominante de conjunto, también refleja en la expresión política de ellos a través del voto y la ficción de la representación política que impone la república burguesa y su forma de gobierno por democracia indirecta, que lleva a un Estado que garantice la preponderancia de la gran burguesía, de la que depende toda la reproducción de la sociedad, sin atarse a compromisos sociales sociales asistenciales sobre la población económicamente sobrante , capaz de hacer valer los mecanismos disciplinarios de mercado, y su rol represivo.
La modalidad de la estructura económica a la que hacemos referencia es la causa fuente y determinante de la existencia creciente de los sectores desocupados, precarizados u ocupados en empleos estatales , junto a las porciones más empobrecidas de la denominada “clase media”, con sus demandas predominantemente vinculadas con la conservación de sus empleos o con la obtención de subsidios, pero además la que impone su dominio cultural que deja a estos grupos humanos en situación de carencia de fuerza social y política para preservar sus intereses propios de un programa mínimo y les lleva de modo objetivo y en proporción significativo a renovar esperanzas con operadores políticos de la pequeño burguesía, como es el caso de Grabois, u otros de raigambre kirchnerista.
La reorganización de un orden burgués como el que se pretende en este contexto de crisis, necesita incluso como factor de contención social y consenso para la instalación-naturalización de otro discurso de sentido común, de la existencia de grupos ordenados en su legalidad que se constituyan en factores orgánicos de ilusiones democráticas renovadas. Sin embargo, y más allá de ello, el modelo económico de crecimiento con inclusión social», la «inclusión» de los marginados por la propia dinámica del modo de acumulación vigente, resulta carente de sustento e inviable en la actual coyuntura, que parte en continuidad con una debilidad crónica de la inversión. Por eso desde la perspectiva de la clase dominante la atención satisfactoria de sus intereses como clase social de conjunto solo opera , inevitablemente, por la caída del salario, acompañada del disciplinamiento del trabajo (pérdida de derechos sindicales, condiciones laborales, intensificación de ritmos de producción, y similares) y desvalorizaciones masivas de capitales.
Es importante entender desde el punto de vista de la propaganda socialista revolucionaria y de las tareas militantes de la vanguardia trabajadora, que la pérdida de poder de compra del salario, o el recorte del gasto fiscal no alcanzan para recomponer la competitividad y, por tanto, la tasa de ganancia, factor que hace que las tensiones de intereses de sectores al interior del poder burgués tomado de conjunto se agudicen sin otra respuesta que la profundización del modelo capitalita tardío y dependiente con el que se estructuró el Estado nacional.
Tomando en consideración ese vector de la realidad, hay que propagandizar en oposición a la prevalencia en la lucha del discurso centrado en la corrupción política, en tanto la crisis no se origina porque se “robaron todo” ya que ello oculta sus verdaderas causas y omite ponderar que en realidad el capitalismo tiene como característica la apropiación en pocas manos de la riqueza que produce el conjunto de la sociedad. A veces esa apropiación puede ser ilegal, pero no cambia el curso general a la concentración en pocas manos de la riqueza
La crisis no se origina porque el capital financiero internacional nos saquea: en realidad los capitales productivos nacionales y extranjeros, colocan capital dinerario en deuda argentina, en el exterior, o en cualquier inversión de cartera que le asegure al capital las ganancias que no encuentran en el ámbito productivo, y que le permiten ingresar y salir sin mayores problemas.
Si se tiene presente lo último, esta claro en el plano político a la hora de definiciones tácticas de coyunturas y el uso de herramientas frentistas, que no hay comunidad de intereses entre trabajadores y empresarios “explotados” por el capital financiero.
La propaganda socialista revolucionaria trabajada por y desde la vanguardia hacia las masas trabajadora necesita explicar, por fuera de toda ebullición callejera que pueda o no producirse, que estamos sometidos a una situación crítica derivada de un movimiento objetivo de la acumulación del capital y no de la mala voluntad de gente muy poderosa. Porque si se piensa que hay crisis porque hay un staff malintencionado en el gobierno, o porque se manejan los asuntos de Estado con impericia, gestionando mal, etc., inevitablemente se genera la idea de que cambiando de gobierno se terminan las crisis.
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