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El miedo. Un pasajero oculto en la explotación y la opresión capitalista.

En tiempos en que la existencia se transforma en un enorme vacío imposible de llenar con razonabilidad, por lo que pierde su entidad como bien prioritario , tanto seamos conscientes de ello, o que esa comprensión de la vida en sí, permanezca en plano inconsciente, lo cierto es que como lo afirmaba con acierto Jean Paul Sartre : «Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él», y lo que han hecho con nosotros el orden social capitalista cualquiera fuese el gobierno e institucionalidad que asuma el Estado , es dejarnos inermes frente a la producción generalizada de mercancías, y en relación de servidumbre con los objetos así generados, dotándolos de una fetichización intensa en cuanto a sus posibilidades. Pero es esa misma situación una significativa causa eficiente de un sentimiento de angustia y temor por la pérdida o la destrucción, en la que siendo a la postre objetos y no personas, podemos caer.
Jose Pablo Feimann interpretó en sus desarrollos más relevantes esa afirmación del filósofo francés, , como una declaración fundamental para la acabada comprensión de la historia de la humanidad porque esa proposición, resalta la influencia que nuestras experiencias y acciones tienen sobre nosotros mismos, desde el momento en que nacemos hasta el momento en que morimos. Feinmann argumenta que, al igual que las palabras que recibimos de nuestros padres y nuestros formadores, nuestras experiencias y acciones son las que nos definen y nos moldean generando la responsabilidad personal, en tanto somos responsables de lo que hacemos y de cómo vivimos.
Sin embargo, es precisamente ese significante último de la responsabilidad por nuestras acciones, lo que a la vez y de manera dialéctica nos inscribe en el espacio de la angustia, y desde ese lugar al del miedo existencial , centrado en la “vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser” que deja expuesta el tango, o en la simple posibilidad de la perdida de los objetos con los que buscamos dar sentido a la existencia a través de su constante posesión empoderante.
Lo cierto es que, la pregunta ¿hacia dónde vamos ? ¿dónde me ubico en ese propósito final de haberlo? que todo ser humano en algún momento se hace individualmente y luego colectiviza, desde una situación de extrema alienación a la que hemos sido llevados, no se explica sin una honda incidencia del miedo.
Marx desde su producción teórica se ocupó en su tiempo histórico de trazar la existencia del ser humano desde su condición de oferente de fuerza de trabajo, dibujando precisamente la imagen del enemigo en quienes la adquieren para apropiarse del valor que esta crea por sus propias aptitudes, pero en esa arquitectura, no asusta a los trabajadores, en tanto los convoca a su propia emancipación
Es la propia ideología que derrama el poder burgués una fuente generadora de la angustia y el miedo . En sentido inverso Marx, rompe con ese esquema y apela más a la conciencia crítica, desenmascaradora, a la “conciencia de clase”, que, a la movilización a través del miedo, porque la centralidad de la praxis histórica está dada por la lucha de clases.
El miedo es una noción que se desprende conceptualmente a partir de un posicionamiento crítico frente al orden social que engendra el capital ,en tanto relación social que en su objetividad estructural engendra a partir de la reproducción generalizada de mercancía una expansión sobre el sujeto individual y colectivo de un fuerza de alienación y control social, donde la inseguridad económica y la competencia generan una «angustia» difusa en plano existencial y en el espacio cultural la ideología del temor al «otro», en tanto diverso y antagónico
Sin embargo, el miedo en tanto sensación que experimenta el ser humano no puede ser leído solamente como un instrumento ideológico del poder burgués para manipular y mantener el orden presuntamente civilizatorio que engendra, cooptando la libertad en nombre de la seguridad.
El objetivo que es necesario dejar explícito por vía de la propaganda y la agitación, es aquel que se centra en la tarea emancipatoria del hombre, es decir, en el propósito y sentido final de la existencia individual y colectiva, de liberar al ser humano del temor y constituirlo en sujeto digno, no desde una determinación voluntaria que surja exclusivamente de su ser, sino de la eliminación de las relaciones de producción que lo alienan en la mercancía y lo depositan en su fetichismo.
El miedo es un efecto buscado y emergente en el sujeto que se ubica como condición de posibilidad de la acción política, es decir, es un elemento necesario e imprescindible de la construcción de poder ,por lo menos desde la modernidad, En ese sentido, Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, en Dialéctica de la Ilustración, destacan que esa comprensión del fenómeno es la base desde donde se ubica Marx, cuando liminarmente afirma que sembrada por el temor a la propia muerte que experimenta el sujeto, la “La angustia religiosa es al mismo tiempo la expresión del dolor real y la protesta contra él . Añade además que:” La religión es el suspiro de la criatura oprimida”, un suspiro que, oculta lo inocultable, la íntima, inexorable muerte de nosotros mismos cada vez que nos refugiamos en una mercancía fetiche. Esa es la fuente inagotable de la angustia humana.
En los días que lleva este primer cuarto de siglo transitado a los tumbos y como fue posible, la angustia en tanto presagio del derrotero que conduce al resultado miedo existencial se posicionó en el temor específico a la pérdida del empleo, que traducido en términos de realidad, implica no contar con la posibilidad de vender a futuro nuestra fuerza de trabajo, y desechada esa potencia, encontrarnos frente al impedimento concreto de reproducir nuestra existencia social y biológica. Es la comprensión de ese proceso el que acelera la angustia, dada por la falta de una solución individual al conflicto en sí y sus efectos colaterales de pobreza cultura y miseria social que llevan a la muerte como sujeto político.
Tenemos miedo a perder el empleo y sin embargo las diversas políticas que llevan a cabo los gobiernos que administran y ejecutan institucionalmente el poder burgués real no intentan poner en cuestión los fundamentos de ese miedo sino profundizarlo para de ese modo facilitar un nuevo consenso sobre las formas de la relación que exige el capital para su reproducción puesta en crisis por sus propias contradicciones objetivas.
Dicho de otra manera. Los objetivos del Estado en tanto institucionalización del poder burgués y como máquina del despotismo de clase, creado por la burguesía para perpetuar su dominación, se apoya sobre el temor y el miedo. La paz interior es posible por el miedo. Todo se vacía de autonomía y se llena con miedo.
En definitiva, si frente a la amenaza legalizada del desempleo por acción política , solo se apela a la resultante de un llamado a la lucha con ribetes inciertos y métodos de acción difusos , se omite ponderar la incidencia del miedo como contracara del mismo fenómeno en sí. Lo cierto es que los trabajadores sentimos que nuestra identidad se fragmenta y diluye por el consumo masivo, la volatilidad del trabajo y en general la inseguridad de un entorno social cada vez más rápido y cambiante, y ese resultado en nuestro entendimiento, puede no solo generar lucha defensiva, sino adaptación decadente de estas coordenadas del poder burgués y sus formas jurídicas.
En la actualidad, con el asentamiento de las políticas neoliberales de flexibilización de la economía que se traducen en más y más explotación y opresión de la clase trabajadora, el miedo inducido y objetivado toma un rol esencial en el devenir de la lucha de clases. Casi podría decirse que es el arma que precede la tormenta que desata la violencia sobre los trabajadores. El aumento de contratos temporales a tiempo parcial, genera un mercado laboral más heterogéneo y provoca un aumento de la inestabilidad , usina del miedo.
El socialismo nace en la guerra y su partera es la violencia.Es preciso e imperativo, que la acción de propaganda y agitación propia de nuestro momento histórico en lucha de clases centralice en el objetivo de construcción política de un nuevo orden social por la vía del poder de la clase trabajadora y el pase al acto del programa socialista. El miedo y la angustia son producto de las condiciones materiales y la alienación capitalista, impulsando actitudes políticas como la cobardía o la búsqueda de seguridad. La invitación implícita en el pensamiento marxista que debe traducir en la política de la clase trabajadora autónoma y socialista, es superar la ideología y la opresión, enfrentando la realidad social para transformar el sistema que genera miseria y miedo, en lugar de sucumbir a él, enfocándose en la emancipación a través de la acción colectiva y la conciencia de clase.

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