Nuevo Curso

Hegel y Marx en la concepción del trabajo y su proyección revolucionaria.

Nos desenvolvemos políticamente en los últimos días del año pasado y cuantos han transcurrido en el presente dentro de lineamientos críticos hacia la acción política del aparato de operadores del poder burgués, quienes desde la gestión de gobierno acuden a intentar modificar las formas organizativas del trabajo en nuestro orden social, objetivo en el que buscan fundamento en la racionalización por la forma jurídica, de los cambios tecnológicos operados en la sociedad en este primer cuarto del presente siglo.

Lo cierto es que no se trata solamente de una simple negatividad que políticamente impide la sanción de una ley cuando ello implica necesariamente la conservación de la existente que precisamente resulta la forma jurídica de la relación social capital que se sostiene en la explotación y opresión de quienes se ven obligados a la venta de su fuerza de trabajo para sobrevivir.

La situación así descripta obliga a quienes se inscriben en la militancia por un cambio social, a profundizar en la cuestión del trabajo en sí, por fuera de la inmediata reacción negativa al proyecto
Hay que advertir, que resulta prioritario dar a conocer propagandísticamente a las masas trabajadoras los fundamentos mismos que se implican en la acción revolucionaria orientada a la abolición de la relación social capital y su emergencia a partir de las implicancias que devienen de la venta de fuerza de trabajo en el mercado laboral.

La gran matriz de los conceptos que podemos llegar a elaborar desde nuestro entendimiento y espacio-temporal existencial, aún aquellos que luego se perfilan erróneos o sin fundamento en lo real , es la vida misma tal y como emerge en el plano de las percepciones sensibles ,a través de las relaciones sociales que la constituyen en última instancia , en particular en cuanto se refiere a la manera en que ese ser con lo externo , es comprendido y capturada en la conciencia.
Tomando esa perspectiva, la primera mirada que una persona tiene sobre un fenómeno externo a su condición de sujeto, necesariamente se presenta como un caos y a la vez, le plantea en paralelo, el desafió de encontrar o generar un orden para esa sensible advertencia de lo complejo.

Buscando ese orden , es que el ser humano acude entonces a las llamadas formas abstractas de pensamiento que por tales, devienen imperfectas por las contradicciones lógicas que exhiben cuando se las relaciona con lo real existente y ya conocido , razón por la cual es desde allí de donde emerge la exigencia de su superación transmutando hacia formas superiores de pensamientos diversas de las inicialmente elaboradas.
Asimismo, hay que decir, que el movimiento yacente exhibido por el fenómeno , es un proceso que se realiza por oposiciones , que le imponen al sujeto el mandato concreto de ocuparse por levantarlas en tanto , lo dado en forma transicional necesariamente tiene que ser otra cosa y a la vez, ser en sí mismo .
Por el pensamiento el fenómeno objetivado puesto a ser conocido, se mueve en conceptos . Lo representado, lo figurado , tiene así, una forma de ser diferente en el plano de la conciencia y es ahí donde la actividad específica de la propaganda política propia del período de lucha de clases donde nos encontramos tiene significación relevante en la medida en que se la use de manera pertinente y adecuada con los intereses emancipatorios de la clase trabajadora.

La dialéctica implica ese proceso en tanto, es justamente la experiencia que la conciencia hace consigo misma para general la posibilidad de conocimiento genuino del fenómeno y las tendencias internas que pujan por su desarrollo en espacio y tiempo. Es en ese proceso peculiar donde se nos presenta el problema de la libertad y su defensa en tanto posibilidad no restringida por autoridad alguna de decir y hacer conforme al correcto entendimiento que se tiene sobre aquello sobre lo que se actúa .

Dicho de otra manera. La vida como movimiento y proceso no es otra cosa que la conciencia escindida del ser humano explotado y oprimido que busca unidad por vía del conocimiento con los fenómenos que le circundan o protagoniza, en sus realidades concurrentes,
Es desde esa advertencia y constatación donde se presenta, como problema el concepto libertad, que tiene significativa gravitación en todo cuanto se relaciona con la noción de trabajo, en tanto actividad específica del ser humano.

Como advierte Hegel en Fenomenología del Espíritu por el pensamiento el fenómeno a conocer y sobre el cual formar concepto es siempre lo representado, lo figurado, y adquiere por él empleo del pensamiento consciente ,su ser en el plano de la conciencia del sujeto , lo cual le da una entidad diversa del individuo que lo produce.
Hay que hacer notar al trabajador entonces, de esta premisa: En el pensar soy libre, porque no soy en otro, sino que simplemente permanezco en mi mismo y el fenómeno del que parto, está en inescindible unidad en mí mismo.

Ingresando en el fenómeno del trabajo en sí, Hegel aborda la cuestión desde dos categorías conceptuales con las que marcan un juego relacional entre ambas. Alude a “señorío y servidumbre”.
Con este binomio de oposición, marca el proceso que se constituye en la conciencia del amo para afirmar su independencia, y hace de la conciencia del siervo sojuzgado, una conciencia servil y servicial, instaurando así una explicación racional de lo que se exhibe como la victoria y dominación de un ser humano sobre otro, concentrada en lo que se llama trabajo.

Hegel toma de esta forma, el concepto “trabajo”, tal como fue inscripto inicialmente por la burguesía en su ascenso revolucionario para constituirse en clase social dominante a partir de la relación social capital. Por esta determinación, el filósofo exhibe al trabajo pensándolo como una actividad human originada de un proceso histórico y como rendimiento de potencialidades humanas.
Por esto, el contenido específico y racional de la idea de trabajo viene dada por un proceso de conciencia, donde el estadio superior de esa idea denota una referencia directa hacia una actividad humana constructiva de la vida individual del sujeto y por tanto un momento positivo de afirmación de su identidad en particular porque hay que buscar en esa actividad contenida en el concepto, el origen de las relaciones interhumanas.

El trabajo es la génesis de lo humano mismo y se expresa en su nivel superior de desarrollo en la forma jurídica del contrato que acude a confirmar su elemento positivo. Con el trabajo el ser humano adquiere no solo la posibilidad de producir bienes, sino fundamentalmente se dita del espacio donde puede saber de sí mismo y formular sus particulares puntualizaciones de lo existente.
Sin embargo, una comprensión consciente del vínculo que genera el trabajo ubica en el mismo momento y en unidad, un elemento negativo que no opera independientemente sino en unidad, en tano la comprensión consciente de los alcances que tienen los elementos unificados por el trabajo en base a una relación intersubjetiva llevan a que de modo negativo todo ese fenómeno se implique adjudicando a quien realiza esa actividad humana, un lugar de cosa.

Por esa situación es que se hace presente la conciencia de ser para sí que tiene el amo y otra propia de quien hace depender su sobrevivencia misma en su cosificación y subordinación a quien le otorga ese trato.
Así las cosas, la existencia en servidumbre implica que se adquiere el ser , en tanto se “es” exclusivamente para otro y así es precisamente como la burguesía argentina y las multinacionales del capital financiero se representan al trabajo y desprende de esto la necesidad de su absoluta flexibilización que implique descartar cualquier intervención de tipo controladora o reductora de ese vínculo.
Sobre esta explicación que racionaliza el fenómeno social del trabajo en sí, se apoya de modo crítico la intervención de Marx, quien se ocupa de dejar en claro que “trabajo «es el ser del hombre y su resultado exterior, el producto creado o el resultado buscado, un fenómeno que además le permite instaurar una práctica social habitual que concurre a lograr un orden del cual es responsable y donde se inscribe su propia humanidad despojada de toda alienación en el objeto.

Desde esa perspectiva es que Marx trasciende a Hegel destacando la significación del lado negativo del trabajo, para lo cual acude a la categoría “fuerza de trabajo”, que le permite comprobar el hecho fundamental de que el objeto producido por esa fuerza puesta en acto, hace frene al propio productor y lo ubica como un ser extraño con un poder independiente de quien lo realizó.
El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, en el que el trabajo se objetiva.
La realización o puesta en acto de la fuerza de trabajo que constituye al sujeto es su objetivación. Esta realización para el productor se presenta como pérdida y servidumbre. El trabajo es solo la expresión de la actividad humana dentro de la alienación.
En definitiva, en el orden social capitalista construido en razón de la relación social capital, por medio de la fuerza de trabajo puesta en acto y por ende alienada, se instaura al ser humano que realiza ese proceso y se define, por lo tanto, no sólo su relación con el objeto sino también la que establece con otros seres.
Por esto es que, el trabajo alienado resulta del hecho particular que hace que la relación del trabajador con el resultado de la puesta en acto de su fuerza de trabajo en el proceso de producción donde se inserta no le pertenezca y lo sea de quien detenta con anterioridad la posibilidad legalizada de su posesión por virtud del derecho de propiedad. Por consiguiente, la propiedad privada es el produto, el resulta, la consecuencia necesaria del trabajo enajenado. En otros términos, del hombre alienado, surge la situación fáctica contenida en la forma jurídica de la propiedad privada.
Dado el fenómeno con estos elementos, la emancipación de la sociedad de la propiedad privada es la tarea necesaria, para terminar con esa situación dialéctica que implica explotación y opresión, y se expresa en la forma política de la revolución social, con un sujeto activo que no es otro que el propio trabajador.
En nuestros tiempos, con crisis estructural del capitalismo en fase de reproducción y no habiendo sido cerrada la etapa abierta con la revolución de octubre , que pese a todos los esfuerzos del poder burgués esta signada por un tiempo histórico marcado por guerras, convulsiones , y prácticas de dominio imperialistas, la tarea de agitación y propaganda que nos deviene necesaria, no puede salirse de este andarivel que obliga a la explicación paciente y política a las masas trabajadoras de su tarea objetivamente emancipadora por vía de la construcción de su propio poder político y su dictadura de clase necesario para terminar con los factores ínsitos a la relación social capital y sus implicancias .
La emancipación de los trabajadores, por los trabajadores mismos es el camino que conduce a la liberación del hombre. Quienes venden su fuerza de trabajo para lograr su sobrevivencia, son el único estamento que por su situación misma están capacitados y se pueden determinar en la tarea política de llevar a cabo el hecho revolucionario con sentido finalmente liberador.
La liberación del hombre se logra en el terreno de los hechos y no en el plano discursivo de la institucionalidad burguesa, en la dimensión concreta del acaecer histórico y mediante la práctica revolucionaria.
El ser humano, referenciado por su pertenencia en clase trabajadora, tiene el imperativo hoy más que nunca prevalente de hacerse cargo él mismo de la conquista y realización de su libertad.
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