Nuevo Curso

Exposición de Motivos.

Los sucesos del 3 de enero en Venezuela que tienen como sujeto político pasivo al gobierno de Nicolás Maduro dejan ver con el transcurso de los días, que es de un llamativo simplismo reducir la complejidad de este fenómeno a una cuestión de “saqueo” o “robo” como lo deja traducir de manera prevalente el discurso político de oposición que intenta repudiar los hechos y ponerlos en evidencia ante las masas trabajadoras.

Lo ocurrido, según se puede apreciar si se despejan los efectos nocivos de las apariencias, no inaugura una nueva etapa en ese país, ni sepulta las variables significativas de ese orden social previas a su generación, sino que precipita un proyecto de reconfiguración interna del propio régimen.

Dicho de otra manera, lo cierto es que estamos ante un proceso de cambio morfológico que implica una aparente variación propia de una suerte de metamorfosis, en tanto se cambia la forma pero mantiene o no se altera la composición de lo estructural haciendo que se adapte a nuevas condiciones internacionales y emergencias de un agotamiento en sí del modelo de dominación social y política sobre los trabajadores.

De los efectos de ese proceso, puede que en lo inmediato se verifique un cambio en la redistribución de rentas, concesiones y poder económico, pero el mismo no opera sobre los factores esenciales de esa manera en la que la relación Capital se establece en Venezuela a lo largo de su proceso histórico de desenvolvimiento.
Lo cierto más allá de la parafernalia propagandística ,es que los beneficiarios de lo ocurrido, son un entramado de fracciones burguesas internas y capitales transnacionales que, desde hace años, operan en Venezuela con diversos artificios.
También es cierto que esta emergencia tuvo lugar con violencia, pero también lo es, que esto ocurrió con la colaboración activa de sectores del propio aparato estatal y económico venezolano se facilitaron las acciones materiales y sus consecuencias.
En la base de esta operación política con determinaciones finales en la institucionalidad del Estado-Venezuela y su aparato de poder está el funcionamiento específico que tenía y tienen las relaciones de producción capitalistas en aquel país.
Asimismo, y ligado a la inveterada denuncia del colonialismo a la que se acude en la ocasión para reforzar la reaparición del discurso nacionalista burgués, hay que desmentir la centralidad que pueda llegar a tener en el caso la tesis según la cual Venezuela está sometida a un saqueo por parte del capital financiero, si es que con ello se apunta a significar , el apoderamiento ilegítimo de lo ajeno que se realiza empleando violencia, especialmente con intervenciones dominadas por la lógica militar . Los términos “saqueo” y “robo” desplazan la noción de explotación

En todos estos escenarios la violencia ocupa un rol central con relación a la extracción del excedente, y la ruina de pequeños productores que encuentran en ese tipo de acciones obstáculos significativo para su desarrollo dentro del orden capitalista.
Sin embargo, en el capitalismo, la coerción político-militar no interviene directamente en la extracción del excedente sino que esta última se realiza por medios económicos: el trabajador, no propietario de los medios de producción, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo
Por eso la subordinación del trabajador al capital se realiza sin necesidad de que intervenga la coerción política directa. Dice Marx: “Solamente en su condición de poseedor de las condiciones de trabajo es como el comprador [el capitalista] hace que el vendedor [de la fuerza de trabajo] caiga bajo su dependencia económica; no existe ninguna coerción política, fijada socialmente, de hegemonía y subordinación” (Marx, El Capital, capítulo VI Inédito, p. 61, edición Siglo XXI).
De esa forma, el capitalista no se limita a ‘sustraer’ o ‘robar’, sino que lo que hace es obtener la producción de plusvalía; es decir, que ayuda a crear ante todo aquello que ha de ‘sustraer.

Asimismo, la reproducción a escala ampliada del capital procede según la ley del valor y de la plusvalía. La explotación del obrero venezolano no es una cuestión de actitud moral, o de buenas y malas personas, o de acciones militares que pongan en crisis la idea de soberanía nacional y las normas “protectoras” del derecho internacional, sino un resultado inevitable del modo de producción imperante.: el capital genera plusvalía que se transforma en capital en escala creciente. Y los capitalistas y pequeños productores que no pueden sostener la competencia van a la ruina; el “robo” o el “saqueo” juegan un rol secundario en todo esto porque lo que está en crisis es la reproducción del capital que obliga incluso a acciones bélicas y la generación de un nuevo proceso de acumulación primaria juega aún un papel secundario
Hay que tener presente este factor, en la medida en que toda la propaganda política desatada luego del hecho específico del 3 de enero 2026, gira en torno de repudiar la acción militar y la violación de la soberanía del Estado Venezuela y el reclamo de libertad para el matrimonio Maduro-Cilia Flores.
Exxon tiene históricamente negocios en territorio venezolano de manera que la operación militar no es la que produce la ofensa a la soberanía nacional de Venezuela, sino los capitales internacionales radicados en su territorio que denuncian tal carácter al ser los inmediatos beneficiarios de las consecuencias políticas de esa acción. Luego la relación social capitalista da cuentas por sí de la situación y no requiere de embustes ideológicos propios de paradigmas contenidos en la revolución democrático burguesa que hace tiempo ha quedado atrás en Venezuela.
Chevron, es una histórica operadora en Venezuela, conserva en ella posiciones claves y se prepara para renegociar desde una correlación de fuerzas más favorable
Esta acción política a la que toda la izquierda republicana del continente acude con armas melladas demuestras que estas devienen incapaces para dar cuenta del fenómeno en sí y sus consecuencias , quedando retenida incluso en una consigna de libertad, para un sujeto y todo su aparato de dominio político por el que en sus países no harían otra cosa que combatirlo , a tenor de que sus procederes en años de gobierno, no difieren de los métodos empleados por los militares de la dictadura militar argentina, en cuanto refiere a las libertades y garantías individuales de las personas. Por esta razón, la tarea lejos de apoyar a Maduro y Cilia Flores, es desenmascarar a la burguesía venezolana y la del propio país y poner al descubierto que detrás de la demagogia patriota, antiimperialista y de defensa de normas internacionales del derecho público con sus declaraciones de derechos solo existentes como formas abstractas, hay palabras vacías que encubren una gran operación política de reciclaje de la clase dominante.

La categoría analítica “imperialismo” utilizada para dar cuenta de la naturaleza de estas acciones violentas como la sucedida el 3 de enero, viene a dar cuenta en el caso de una intervención política específica de un sector del capital financiero internacional en alianza con otro de la burguesía local que se reviste de formas bélicas por el alto contenido militar del régimen político estructurado en Venezuela desde hace décadas, realizado con el único objeto de extender y consolidar la posición dominante que ese sector del capital financiero tiene en la región, la cual conlleva mayor explotación para los trabajadores que allí venden su fuerza de trabajo.

En este sentido, hay que decir como necesaria consecuencia de lo afirmado, que las masas trabajadoras de Venezuela y de Latinoamérica, vienen siendo engañadas a través de actividades propagandísticas por social-que, con el pretexto de la libertad de las naciones, el derecho de las naciones a la autodeterminación y la defensa de la patria, justifican y defienden la explotación que la burguesía dominante reproduce con mayor intensidad dentro de sus fronteras territoriales. No esta de por medio una cuestión de opresión nacional, sino la materialización de una operación política con perfiles militares , para la superación de los obstáculos que la reproducción capitalista tiene en Venezuela producto de la crisis mundial de esa relación social, de la que toman beneficio directo los capitales financieros con radicación productiva en el propio espacio del Estado soberano al que se exhibe como víctima de un ataque.
En la fase imperialista, el mundo esta determinado políticamente por los grandes monopolios que utilizan el aparato bélico estatal de algunas potencias, donde radican, para la mejor realización de sus intereses financieros. Son esos grupos, por estas circunstancias los principales enemigos de la clase trabajadora, que tiene que afrontar la tarea de revolución social en sus países, para construir poder obrero con el que afrontar los embates de estos sectores, desarrollando desde su revolución el internacionalismo socialista en tanto el socialismo es un orden social mundial y no nacional.
Toda esta cuestión exige aclarar que la premisa de la que se parte en la propaganda política diseminada por referencia a la privación de libertad del matrimonio Maduro-Flores, contiene un error conceptual. Venezuela no es un país semicolonial oprimido, en sentido estricto y según lo configuraron en sus desarrollos del imperialismo los clásicos del marxismo. Si así lo fuera, estaría presente en la acción política que los trabajadores pueden desarrollar en su interior , la premisa de que el país no esta preparado para el socialismo, que la democracia burguesa todavía no está suficientemente desarrollada, que todavía no se han completado las tareas democrático burguesas y otras derivaciones ideológicas propias a tal caracterización.

Sin embargo, la realidad exhibe que todo esto no es así, y se concentra en el desenvolvimiento de un paquete ideológico en el estricto sentido del termino , esto es, una falsa descripción de lo verdadero. En su lugar la propaganda que necesita desenvolver la vanguardia obrera en nuestro país, debe desplazar ese eje y poner en el centro táctico-estratégico la perspectiva del poder obrero .
Venezuela es formalmente independiente, lo demuestran incluso sus acciones diplomáticas sobre lo sucedido, las intervenciones de sus intelectuales orgánicos a la burguesía dominante en post de lo que considera son sus derechos y su ejercito no da signos de admitir una ocupación de territorio permanente por otro Estado.
En igual sentido su estructura productiva funciona en línea capitalista.Ha desarrollado una economía y una población principalmente urbana . Tiene todas las condiciones propias de una sociedad capitalista, con recurso productivos, petróleo, gas, desarrollos industriales específicos a la producción de productos primarios, espacios comerciales y de servicios significativos, con sus implicancias en el sistema de comunicaciones interno y externo, con más una población alfabetizada, producto incluso de la determinación independiente que en ese sentido desarrollo el chavismo.

La verdadera relación entre Venezuela y el imperialismo no es la relación de una suerte de esclavo colonial o semicolonial oprimido, sino la de un socio subordinado a intereses especulativos de sectores del capital financiero internacional, razón por la cual puede “negociar” en forma significativa con el capital de radicación en China e incluso con el vinculado al aparato armamenticio de Rusia. Presentar esta relación como una relación tradicional de las descriptas por Lenin sobre el imperialismo, simplemente no se ajusta a la realidad, y todos los efectos, acciones o conclusiones que se saquen de tal premisa no implican otra cosa que acudir al mundo de imágenes sin percatarse del objeto que las proyecta.

Sin embargo, hay que aclarar, que otra cuestión distinta es que la oligarquía chavista enclavada en la clase dominante y amplios sectores de esa burguesía localizada en territorio venezolano haya arruinado la sociedad en reproducción de sus específicos intereses y con ello empujado a las masas trabajadoras explotadas y otros sectores importantes de la población ubicados en situación de población económicamente sobrante , a la pobreza estructural. Eso en sí mismo no hace más que dar prueba del carácter reaccionario de esa burguesía que se oculta tras la propaganda centrada en un antiimperialismo formal de las organizaciones concentradas en la izquierda del régimen republicano argentino.

En definitiva, partiendo de una premisa incorrecta centrada en ubicar a Venezuela como una semicolonia , se deja llevar hacia la fuerte tendencia de una nueva oleada de patriotismo, que desorienta a las masas trabajadoras , las pone nuevamente en manos del discurso peronista de “izquierda” que actualmente tiene por figura a Juan Grabois y desvía a la vanguardia de las tareas de construcción de un proceso revolucionario al amparo de la crisis objetiva que el capitalismo exhibe en su reproducción mundial.
Nuevamente , y como dice Fernando López MacKenzie:
“Este reparto no sería posible sin ganadores internos. Sectores del antichavismo empresarial y tecnocrático, representados por figuras como María Corina Machado y Edmundo González, actuaron abiertamente como lobistas del capital transnacional, presentando planes de gobierno redactados en inglés y pensados para los mercados,. Pero también se benefician fracciones de la burguesía bolivariana, que ya venían gestionando concesiones opacas, negocios auríferos, extractivismo sin control y acuerdos con capitales extranjeros. El golpe en curso no destruye este entramado: lo reordena, desplazando unos actores y fortaleciendo otros.” ( Exxon, Chevron y Wall Street: anatomía de un proyecto de reconfiguración del régimen venezolano. Rev. El PORTEÑO)

En síntesis, el operativo del 3 de enero es un eslabón más en un proceso específico que no pretende inaugurar una restauración “democrática” sino una transición controlada dentro del mismo régimen, donde el Estado venezolano —con Delcy Rodríguez u otro administrador— actúe como gestor de un gigantesco traspaso de recursos hacia el capital por apropiación directa del excedente petrolero y minero. Petroleras, mineras, bancos y fabricantes de armas que no tienen vocaciones “nacionales” sino intereses por la apropiación privada del excedente son los autores intelectuales y beneficiarios de este proceso que desde las amplias ventanas de sus edificios, disfrutan de la exhibición de banderas y pancartas que el activismo hace sobre la soberanía y la autodeterminación nacional. Los discursos sobre legalidad, elecciones o reconstrucción— no es más que el decorado ideológico de un negocio colosal, olvidando que «el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies»

El sistema capitalista nació de la violencia y la explotación, y por ese mismo mecanismo sobrevive y se reproduce aún en la profundidad de su actual crisis. Sangre y Lodo simbolizan la suciedad moral, la expropiación y una clase obrera desposeída y obligada a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir con salarios de hambre en escenarios sociales de barbarie.
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