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¿Quién tiene la ofensiva?

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La pregunta sobre ¿»quién tiene la ofensiva”? en el plano concreto y tal como se expresa la lucha de clases en su actual estadio , describe a través de la respuesta que se enuncie el contexto específico que en la realidad tienen los puntuales espacios de la política (con sus manifestaciones bélicas incluidas) y la economía, frecuentemente exhibidos por su simple sumatoria o agregación, es decir como economía política o viceversa
Sin embargo, la definición concreta de quien tiene la iniciativa en el terreno de la realidad remite necesariamente a la inquietud por conocer quien domina y como lo hace , ya que quien tiene la iniciativa, posee los recursos clave o ejerce la acción más decisiva para avanzar, táctica y estratégicamente en sus propósitos , en el marco general de la relación social “el capital” y la ideología que se proyecta desde su seno y los aparatos jurídicos – institucionales que conforman el derecho vigente o por introducir con forma de ley
Desde esta perspectiva que contiene el marco de referencia que da la pregunta por quién tiene la iniciativa, hay que decir entonces que el capital financiero y sus practicas imperialistas en América Latina busca expandir su control y explotación sobre la base de las relaciones productivas en una sociedad , con el apoyo de la gestión de gobierno formal que existe temporalmente en Argentina
Dicho de otra manera, si bien no es posible hablar de un único sujeto social que lleva la iniciativa en contexto de lucha de clases, lo cierto es que esa situación depende de qué «plano material» y qué actores estén en disputa, buscando poner en acto la iniciativa estratégica y los medios para ejecutarla que se corresponden con su interés material.
Más allá de esto, es posible llegar a conformar una premisa inicial, según la cual, como se ha dicho y desde las ciencias sociales, quien tiene la ofensiva en el plano material, la tiene en las ideologías y, en consecuencia, en una de sus formas más visibles y a la vez más deleznables, las modas propiciatorias de cambios presuntamente neutrales, que tienen a los intelectuales orgánicos del poder burgués como gestores.
El asalto generalizado del capital financiero, la burguesía como sujeto y el Estado constituido formalmente por esa clase, contra las posiciones materiales, sociales e intelectuales que la cultura ha sedimentado en la conformación de la clase trabajadora en Argentina y la forma en que esta pone en acto su fuerza de trabajo, se expresa discursivamente en las categorías abstractas, que se connotan en las palabras «modernidad», «eficiencia», «excelencia», leídas como determinantes de las demandas que presenta hoy la relación laboral , a todas las cuales se llega necesariamente por el gran contenedor intelectual que se concentra en la palabra flexibilidad.
Tampoco hay que perder de vista, situaciones de orden filosófico, en el sentido de su naturaleza de causa primera de los fenómenos sociales en una sociedad de clases como lo es el orden social capitalista.
En los dominios del capital, en tanto relación, el trabajo pierde su carácter de actividad creadora específica y superior del hombre, para transformarse en simple medio de conseguir dinero para sobrevivir
Cada persona es así, enfrentada en el anónimo mercado que lo rodea y es empujada a luchar y a competir para sobrevivir
Dicho de otra manera, cada trabajador es empujado a competir para conseguir un trabajo y en su caso conservarlo, siendo en esta competencia salvaje con el mercado, que cada trabajador no tiene otro punto de referencia que su propia individualidad.
Cada trabajador lucha por sobrevivir, en una batalla contra las fuerzas hostiles del mercado, que en tanto abstracción abarca en concreto a todos los demás trabajadores haciendo que entre sí, uno y otro sean fuerzas hostiles
Dicho de otra forma. El individualismo esta en la base de la faz subjetiva del programa de gobierno burgués que busca conformar un espacio de producción nuevo , ya que las condiciones de existencia productiva que marcan el ser del sujeto, modificadas en favor de la burguesía, terminan por moldear el individualismo que esta en la esencia de la noción de libertad utilitarista que postula el elenco de funcionarios que giran en torno al poder ejecutivo del Estado
En ese sentido una vez estabilizada la hegemonía capitalista en las relaciones de producción y por lo tanto la hegemonía burguesa en la sociedad, el individualismo pasa a ser el rasgo dominante de las relaciones humanas. Se convierte así en el elemento básico de la personalidad, que se va integrando sobre él y conformándose en el modelo competitivo del capitalismo
Nótese entonces que este factor subjetivo que emerge como novedad acentuada, por las formas nuevas de producción que se procura ajustar con la normativa que busca aprobación, nos coloca frente al desafío de advertir que si no empezamos por destruir esa verdadera avanzada de la burguesía y su Estado en nuestras propias mentes y grado de conciencia, las posibilidades de cambio social se tornan dificultosas.
Presentando de esta manera, el actual momento de la lucha de clases, caracterizado por maniobras de distracción lanzadas en el escenario parlamentario y el objetivo especifico de hacerse de una posición de dominio que incremente la ya existente en el terreno de la producción por vía de relaciones de explotación y opresión, es posible advertir que por el reclamo de mayor flexibilización, se esta demandando por la burguesía de conjunto, consolidar en plano real y con formas jurídicas abstractas la posición dominante que esa clase social tiene en el acto material que implica el uso específico de la fuerza de trabajo previamente adquirida en el mercado laboral.
No escapa a esta regla la discusión sobre la reestructuración industrial y productiva del capitalismo en la estructura productiva argentina, que en el lenguaje de la burguesía y de los funcionarios del Estado ha tomado el nombre de «reconversión industrial», que tiene lugar, dentro de una reestructuración mundial del capitalismo a través de la crisis.
Esta manera propiciada de lograr una nueva estructura, implica cambios de fondo en la relación entre el Estado y los sindicatos; en la relación entre diferentes ramas de industria; en las normas y el funcionamiento institucional de los órganos del Estados, montados para ser funcionales a la situación que se estima debe ceder en beneficio de la flexibilización del empleo de la fuerza de trabajo, en la competencia entre los diversos capitales; en la división internacional del trabajo y las relaciones entre los países industrializados, y entre éstos, los de desarrollo industrial relativamente atrasado.
Asimismo, y como lo venimos puntualizando en la base de todos estos cambios, está el objetivo central del capital, de imponer con situación de dominio y consenso forzado tras la derrota de la clase trabajadora en la lucha, una reestructuración a escala histórica de la relación global entre capital y trabajo.
Todo esto remiten a la flexibilidad ya sea desde la ya existente en la legislación laboral o la que se proyecta como contenido específico del cambio que se propugna y en ese contexto tampoco hay que perder de vista, que el incumplimiento puro y directo de las normas laborales, es una práctica común y extendida en los empresarios, cualquiera sea el sector en que operen, la escala de planta, su poder económico,y en el propio Estado.
Lo que pretende la patronal, en realidad, es un gran aumento de la flexibilidad y precariedad ya existentes y a la vez lograr legitimidad para su arbitrariedad en la relación de explotación que implica el uso de la fuerza de trabajo previamente adquirida.
Cuando hablan de flexibilidad sólo se trata de flexibilizar la mano de obra y esto se reduce a bajar costos a través del grupo de personas respecto de quienes previamente se ha comprado el uso de su fuerza de trabajo.
La caída de los salarios reales y el aumento de la desocupación debilitan las posiciones de los trabajadores y su capacidad para resistir esa ofensiva dentro de la empresas y en la sociedad.
Por ambos extremos, intensidad del trabajo y reducción del salario global, los asalariados están bajo un ataque para el cual sus líneas de defensa, organizadas en la fase precedente, no estan preparadas.
Las organizaciones gremiales, a través de sus dirigentes , privilegia casi exclusivamente la negociación de la compraventa de la fuerza de trabajo, la negociación salarial (salario en dinero, pero también beneficios sociales y obras sociales administradas por el sindicato y fuente de poder y legitimidad de sus dirigentes). Ese sindicalismo descuida en cambio, cuando no relega totalmente, la disputa sobre la utilización de la fuerza de trabajo en el espacio productivo: los ritmos de trabajo, la fijación de tareas, la calificación, la rigidez en el uso de la fuerza de trabajo, la salud y la higiene.
Esa estructura gremial , más allá de sus operaciones burocráticas cotidianas es incapaz de organizar nuevas líneas de defensa, porque las instituciones estatales y políticas a las cuales está incorporado orgánicamente desde al menos la época del Menemismo, son las que organizan y coordinan jurídica, política e institucionalmente la ofensiva del capital, que se presenta como política nacional.
La masa de trabajadores asalariados sufre un proceso de recomposición profunda tanto en el ámbito productivo y social como en el ámbito geográfico y territorial.
La introducción cada vez más extensa de la microelectrónica en la organización (nacional e internacional) de la empresa, en el diseño, la fabricación y la comercialización del producto y el control del personal en el ámbito de la empresa (uso de la fuerza de trabajo) se presenta como el elemento aislado más importante, una vez dado el debilitamiento social de los trabajadores en la crisis, para la consolidación en esta nueva fase del despotismo industrial (expropiación del saber obrero y control patronal del proceso de trabajo).
La ofensiva del capital reclama para sí una racionalidad científico-tecnológica que el sindicalismo institucional es incapaz de cuestionar. Esta racionalidad tropieza entonces directamente, sin mediaciones, con la resistencia empírica del trabajador en el punto de producción. La clave de la respuesta de los asalariados, como en cada una de las grandes transformaciones históricas del capitalismo y de la clase de los trabajadores asalariados, está entonces en organizar, racionalizar y generalizar esa resistencia para convertirla en el punto de partida del nuevo sindicalismo y de las nuevas formas de política de los trabajadores contra ese capitalismo que se transforma a sus expensas.
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