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MODERADA NUNCA JAMÁS.

Durante el acto del 1 de mayo 2026 en el microestadio de Ferro, la dirigente Myriam Bregman pronunció enfáticamente la frase «¡Moderada nunca, moderadas jamás!». La referente del PTS utilizó este discurso para confrontar directamente a quienes le exigían moderación política.

Más allá de la voluntad de la abogada en uso de la palabra de lograr un clima de combatividad en un acto que se nutrió de sus militantes organizados disciplinadamente por el aparato a los que la efusividad y la pasión no le corre por las venas , lo cierto es que este producto engendrado por la dirigencia a cargo del aparato del PTS, lo cierto es que la abogada en cuestión hizo un acto de confesión de parte, dando cuenta que su pensamiento es extraño a las categorías conceptuales del marxismo y por ende su obrar no se compadece con la teoría de la práxis resultante de la aplicación del método dialéctico al orden social capitalista buscando su explicación y transformación.

Marx, en un “fragmento del epílogo a la segunda edición de El capital”, en Introducción general a la crítica de la economía política, pp. 81/2 sostuvo en oposición a Bregman que :“En su forma mistificada, la dialéctica estuvo en boga en Alemania, porque parecía glorificar lo existente. En su figura racional, es escándalo y abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la intelección positiva de lo existente incluye también, al propio tiempo, la inteligencia de su negación, de su necesaria ruina; porque concibe toda forma desarrollada en el fluir de su movimiento, y por tanto sin perder de vista su lado perecedero; porque nada la hace retroceder y es, por esencia, crítica y revolucionaria”

Nunca jamás es por lo tanto, una expresión categorial, extraña a toda visión dialéctica de lo real, en tanto en esa metodología del conocimiento el “nunca y el jamás” son extraños a la premisa del cambio. Si algo jamás ha de alterarse , en este caso, una actitud ante el conflicto, implica decir que hay algo que tiene permanencia en el tiempo y lo real existente demuestra que esa afirmación luce erronea en los hechos.

Myriam Bregman, en el acto del 1° de Mayo de 2026 en Ferro, rechazó la moderación política y propuso la construcción de un nuevo partido para la clase trabajadora, definida como feminizada y precarizada. Afirmando “nunca “ y “jamás” con relación a la moderación en abstracto, se ocupó de negar sus propias premisas , porque acudir a la idea de lo “nuevo” y aplicarla a la forma partido político, esta diciendo de la posibilidad de algo diverso de lo existente, con lo cual el nunca y el jamás pierden su esencia categorial de invariabilidad, siendo que la historia de su propia organización tal como lo proyecta hace culto de la variabilidad y de las situaciones excepcionales que dan por tierra con los nunca y los jamases vitoriados desde un escenario hacia los fieles religiosos que dicen ser socialistas.
Por fuera de esto, pero en relación a esto, es interesante tomar en cuenta que Cynthia Híjar autora de la novela : “El príncipe de Salsipuedesberg’ , desarrolla en ella , una profunda crítica centrada en este tipo de teatralizaciones ajenas a lo real existente, afirmando que , el feminismo que no entiende de lucha de clases es una herramienta más de opresión”, con lo que de ser ello así, el “jamás “ de Bregman se verá prontamente alterado desde que es la propia Bregman la que hace apología de su vocación feminista sin dar mayores precisiones .
En ese contexto que describe en su libro Cynthia Hijar, se ubica sin espacio para la duda, el feminismo punitivista y lo que se conoce como feminismo de mercado. Sin embargo, son estas dos expresiones las que quedan subyacentes en los discursos que se pronuncian desde la izquierda del régimen jurídico-político republicano con el que desde hace décadas se constituye el actual Estado de la burguesía en Argentina.

El feminismo mercantil es la apropiación de los ideales feministas por parte de los operadores de mercado, que van desde la empresa que hace pañuelos, a las grandes corporaciones que fabrican en serie remeras y demás indumentarias o íconos de las corrientes feministas, De esta forma se utiliza la lucha como una estrategia publicitaria para vender productos.

En sentido amplio es eso lo que se hace con el producto mercantil Myriam Bregman que el PTS ha lanzado con furia al mercado logrando se encolumnen tras de él el resto de los socios de la cooperativa electoral FITU. Se advierte la cuestión cuando como parte de su enajenación en objeto y su construcción fetichesca, la abogada dice primero que todo que ella “es feminista” y se viste para la ocasión con todo lo que los atuendos permitan identificarla , siendo el verde el sustituto necesario del rojo socialista, el de la sangre obrera, que ha sido llevado al ostracismo.

Este fenómeno, que se suma a su afirmación rutilante de su falta de moderación, que también luce acorde con el modelo de rebelde prefijado también por el mercado que todo lo dispone , hasta tal punto que permite que exista la declaración de falta de moderación, en tanto venda o contribuya a vender.
Lo que hace el PTS es dar marco desde una mujer a la que transforma en objeto a la creación de campañas que rompen con los estereotipos tradicionales, utilizando mensajes que celebran la fuerza y la independencia de las mujeres. Es «Feminismo de Fachada» que somete al socialismo dejándolo relegado . PTS es una empresa que en su única lógica que es venderse en el mercado electoral buscando preservar o acrecer bancas, adopta el discurso feminista (e incluso símbolos como el color verde) solo como una etiqueta de consumo, sin un compromiso real con la igualdad de género dentro de su propia estructura corporativa que es recipiendaria de la república democrática burguesa .

Más allá de la trampa ideológica que implica deslizarse del socialismo al feminismo en modo tal que la lucha de génere tomo fuerza autónoma, independiente y ajena al régimen capitalista y su explotación fundada en la relación capital-trabajo .

El PTS tiene tal integración con el orden social capitalista dominante, que como una suerte de rey Midas transforma todo lo que toca , incluso conceptos clave del feminismo en una mercancía, individualizando la desigualdad (haciendo que el «empoderamiento» dependa únicamente de lo que consumes o compras) en lugar de atacar los problemas estructurales y colectivos que nacen de la propia ligazón que establece el orden capitalista-patriarcal .

Esta visibilidad , este formato propagandístico de esta organización política y sus colectoras electorales, perjudica un desarrollo ascendente de la lucha de clases al vaciarlo de su contenido político necesariamente revolucionario y transformador de lo dado con el solo objetivo de la emancipación de los trabajadores .

Este mismo proceso ocurre con referencia al feminismo punitivo. Se suceden los llamados “foros de la izquierda”, se encaran y desarrollan congresos dentro de cada una de las empresas políticas que se integran como socios de la cooperativa electoral FITU , pero sin embargo, a la hora de posicionar programáticamente a esas estructuras y sus militantes frente al problema del castigo punitivo, el silencio oportunista es la regla , que puede excepcionar incluso con el pedido irrefrenable de cárcel frente al fenómeno concreto, que se juzga violatorio de derechos.

En este contexto habrá que tener presente que mientras se hace apología de la cárcel de manera institucional, y como remedio restaurativo frente a las situaciones de violencia fundadas en el género, por otro lado se afirma con profesión de fe religiosa , el discurso de las ilusiones democráticas y prevalencia de las libertades del individuo consagradas en la Constitución que históricamente la burguesía supo instituir como ley superior en la sociedad de clases donde sobrevivimos.

Más allá de ello el feminismo punitivo (o carcelario) en el que se adscribe el FITU prioriza el aumento de penas y el castigo estatal, fortalece un sistema que castiga de forma desproporcionada a los sectores vulnerables, invierte el principio de inocencia y se agravia de la posibilidad de regulación jurídica del acto de determinación voluntaria que implica la denuncia de una situación . Todo esto invisibiliza las causas estructurales de la violencia y delega la resolución en instituciones que no previenen ni reparan el daño generado por alguna acción humana realizado en el seno de un orden social que se asienta en relaciones de explotación.

En ese orden de ideas, es pertinente citar a Jazmín Bazán cuando dice específicamente, respecto de lo indicado que:
“En los márgenes del ruido público, ciertas palabras cambian de lugar. Algunas, como «opresión» o «explotación», que fueron vectores sustanciales en el vocabulario de las izquierdas y de los movimientos sociales durante más de un siglo, han ido perdiendo centralidad. Otras, como «seguridad», que alguna vez estuvo ligada al derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, han desplazado su sentido, asociándose ya desde hace décadas a la vigilancia, al encierro, al control…….Este viraje no responde únicamente a narrativas estatales o reaccionarias. También se cuela, de forma más ambigua, en ciertos reclamos de protección formulados desde los activismos sociales y políticos progresistas, particularmente desde aquellos que se mueven en el espectro del feminismo. No se trata de un bloque homogéneo, sino de una tensión persistente: ¿cómo responder al daño sin apelar al castigo? ¿Cómo nombrar las múltiples formas de coacción sobre los cuerpos femeninos sin delegar la solución al aparato judicial?”

En el libro “El malentendido de la víctima. Una lectura feminista de la cultura punitiva “(Edit . Tinta Limón, 2024), la jurista y filósofa del derecho Tamar Pitch aborda de modo tangencial el tema, destacándolo como parte de una lógica que encaja dentro del capitalismo neoliberal en crisis dominado por una esfera pública empobrecida, organizada en torno de dicotomías rígidas: personas honestas contra criminales, elites corruptas contra pueblo engañado, criminales contra víctimas, «gente de bien» contra gente resentida, que paradójicamente esta presente de manera reiterada en el discurso de lo que hoy se presenta como la búsqueda de lo nuevo, desde la izquierda que “lucha”, representando por apropiación no consentida a una presunta “nueva clase trabajadora”

La abolición de las estructuras conformadas por las relaciones de producción capitalistas, y sus desarrollos culturales específicos , requiere de la destrucción del aparato estatal instaurado por el poder burgués para la gestión de sus intereses y la operatividad funcional de la reproducción del capital . Ese resultado necesita de la emergencia del poder de los trabajadores organizado como dictadura de clase, con programa socialista emancipatorio.

Si el socialismo es relegado y se le sobrescribe sobre la sangre derramada por generaciones de obreros en lucha, la sola declaración de perspectivas feministas, por la vía de la reforma del orden burgués , el camino hacia la frustración dentro de las estructuras de opresión y explotación tiene su escenario.

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