La vida en el orden social que genera el capital es en sí misma una no-vida, sin ningún tipo de horizonte. La vida a la intemperie, padecida por capas crecientes del proletariado. Es el abandono de la militancia real por la ficción de militancia concentrada en una situación de simpatía recíproca, frágil, inestable entre el que conforma el aparato de una organización, encadenado a ella hasta por razones materiales de modo de sobrevivencia y aquellos que les siguen, los reproduce y en términos generales le prestan atención en tanto se constituyen en una suerte de medidore entre la verdad abstracta ideologizada y lo real. Una suerte de sacerdotes mediocres de una congregación limitados a decir lo que ya dijo el santo padre y sus más cercanos seguidores, sobre ¿qué es lo que pasa y a quién atacar? Siempre con discursos de coyuntura respecto de una agenda que fija el enemigo.
La cuestión entonces, sigue siendo aquella que se acomoda al interrogante de ¿cómo hacer para vivir de otro modo ajeno a la oquedad? Su efecto más inmediato, la perplejidad y desconfianza. A ella se suma la condición necesaria de víctima de la violencia política, patrimonio exclusivo del aparato estatal que exhibe su legalización y monopolio
Este espacio de desarrollo-involución, no se supera ni se la combate con una simple negación periodística aunque ella sea ineludiblemente necesaria en un momento de lucha de clases propicio a la propaganda y la agitación.
Pero el trabajo periodístico y los dispositivos informáticos creados o empleados al respecto, no bastan, o son insuficientes en tanto la lectura y la escritura de ese material no pasa de ser funcionalmente explicativa de lo que se cree dado en la realidad y nunca una instancia del proceso de transformación superadora de esa pretendida realidad.
Cuando se habla de opresión, miseria, explotación, capitalismo y clases sociales, no hay espacio para el vacilar del sentido y la Tesis XI sobre Feuerbach vuelve a tomar cuerpo, en particular si se recuerda que viene precedida por otras diez.
No está en juego la posibilidad de un orden social , si se piensa y difunde que el proceso humano de entendimiento y transformación que compone el conocimiento de los fenómenos sociales como tales y como lo son en plano real no aparece ligado en el mismo acto a la tarea específica de la construcción programática del poder obrero y socialista. No es una actitud individual de estar en contra, es una acción colectiva de voluntades autodeterminadas en el hacer relevante de construir la revolución y con ella el poder de los trabajadores. No es posible ese objetivo si un sujeto social vibra por hacer autogestión, otro por ser anti patriarcal, antirracista, y se olvida aquel objetivo estratégico
La división y debilitamiento de la unidad de los trabajadores, causada por factores como la precarización laboral, la heterogeneidad de sectores (industria, servicios), la diferencia de calificaciones y salarios, la inmigración, y la penetración de ideologías neoliberales, dificulta su capacidad de acción colectiva y organización política frente al capital.
Sin embargo, dentro de cuanto venimos desarrollando , hay un aspecto subjetivo de esa fragmentación que a la inversa de lo que ocurre , impone la emergencia de agotar esa situación, buscando su camino de superación , lo cual implica evitar las simplificaciones, las ocurrencias abstractas y sobre todo los personalismos de la dirigencia remanente de la situación en la que tomó cuerpo esa fragmentación y han sido incapaz de abordarla en su génesis y desarrollo , sumando las cuestiones de divergencias sobre la lucha de clases que en cierta medida aceitó y vehiculizó el proceso.
La división de la división, fórmula que expresa el fenómeno, se apoyó sobre un hacer- omisión sobre la centralidad que debe darse a toda situación o fenómeno social y político, desde la ley histórica de lucha de clases
Dada esa forma dominante , lo imperioso es advertir que estamos ante la obligación de expresarnos, que no quiere decir otra cosa que escribir, publicitar debatir, argumentar con paciencia y hacer nítidas las diferencias con todo ese recorrido histórico que hoy da muestras de su fracaso, al ser uno de los fundamentos de la ofensiva política , que como forma defensiva traza el capital por sus intelectuales orgánicos sobre la clase trabajadora y las formas jurídicas que se concretan en las leyes, en tanto por esa vía se logra el consenso por uso de la amenaza del imperio del Estado, para exigir su cumplimiento.
Las disputas ideológicas son choques de sistemas de ideas que buscan explicar y guiar la sociedad, y la lucha por la claridad conceptual es crucial porque las ideologías del enemigo de clase y sus cooperadores ,manipulan o distorsionan el significado de lo real existente y generan conceptos para servir a los intereses de la burguesía dominante , ocultando contradicciones y creando falsa conciencia; por ello, analizar los conceptos en disputa es esencial para entender cómo las ideologías legitiman o condenan el orden social y modelan identidades, siendo un campo dinámico de batalla en lo que refiere a la construcción de conciencia autónoma de clase respecto de la realidad.
En ese sentido, partiendo de la premisa que afirma que la clase obrera abandonada a sí misma solo puede llegar a una conciencia sindical, conviene remontarnos a la actitud política que asumió Lenin en su contexto histórico, cuando advirtió la necesidad de refutar las tendencias reformistas y oportunistas de la socialdemocracia rusa y abogó por la construcción de un partido comprometido de revolucionarios profesionales para conducir a la clase obrera al poder.
Insistimos en que no se trata de repetir una receta específica para una circunstancia histórica concreta a pesar del éxito que tuvo la misma en su concreción material de objetivos. Sin embargo, hacemos énfasis en que los acontecimientos que nutren nuestra experiencia en la materialización cotidiana de acciones que nos ubican en relaciones de explotación y opresión nacidas desde la misma génesis del orden social capitalista nos obligan a acudir en tiempos prerrevolucionarios a la explicación paciente de ideas, que necesariamente se han de ocupar por refutar la ideología del sistema, cualquiera fuesen los intelectuales orgánicos a la que estas impongan rendirle tributo.
Pese a estas circunstancias objetivas, no puede dejar de advertirse en sentido inverso, que pese a cuanto hemos puntualizado precedentemente es posible con la misma entidad de certeza que lo anterior decir que existen aceitadas y aquilatadas en la vanguardia trabajadora, ciertas convicciones en común que si bien no definen un programa, marcan línea divisoria con la burguesía y a la vez son factor de labor mancomunada:
1. rechazo al capitalismo como el mejor modo posible de organizar la existencia humana;
2. la decisión de enfrentarlo con una praxis colectiva;
3. la convicción de que la escritura es acción, de que es una forma de esa praxis.
Desde esa misma perspectiva, también vale la advertencia centrada en los porque y los para qué de las contribuciones en textos escritos, en tiempos en los que la lectura no resulta propiciada ni siquiera por los que dicen luchar , que privilegian los videítos y las fotos, y la construcción de una forma idiomática nacida del propio objeto mercantil que se utiliza para contener textos, ideas, opiniones, que impone la brevedad como valor a seguir.
Con lo dicho anteriormente queremos decir que ,l os textos, y los debates o polémicas que pudieran suscitar no pueden estar nunca centrados en desarrollar un tipo de conocimiento o un método de certeza que es el que presuntamente aplica quien expone, porque ello lleva en el mejor de los casos a un efecto no deseado por el carácter de tareas que exige este momento prerrevolucionario en que nos encontramos.
Dicho de otra manera, si se escribe para que todo el que lee piensa y predisponga su comprensión de los fenómenos sociales tratados desde un método puntual, al que previamente se le asigna la aptitud de llevar a la verdad, eso implica excluir desde el inicio a quién no se valga de esa herramienta
De esta forma, si el pensamiento sigue una comprensión lógico-dialéctica, y ella define al lector por su admisión o no como tal de esa comprensión .Esa acción es la que confluye a la fragmentación a la que aludíamos anteriormente y alimenta la construcción sectaria de cualquier colectivo humano que pretenda intervenir en la vida política.
Para lo afirmado precedentemente, recordamos que Carlos Marx en una carta fechada en 1871, dirigida a F.Bolte, supo ya por entonces puntualizar que “el desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en proporción inversa. Las sectas están justificadas (históricamente) mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias . Lo caduco tiende a restablecerse y a mantener sus posiciones dentro de las formas recién alcanzadas.”
Significativamente, en el mismo texto agrega con particular actualidad: “…todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase contra las clases dominantes y trata de forzarlas presionando desde fuera, es un movimiento político. Así, pues, de los movimientos económicos separados de los obreros, nace en todas partes un movimiento político, es decir un movimiento de la clase, cuyo objetivo principal es que se dé satisfacción a sus intereses en forma general, es decir, en forma que sea compulsoria para toda la sociedad.”
Trotsky sobre el acto de leer ,veía la lectura como una forma de apropiación crítica del conocimiento y la cultura. En ese sentido, que es el que proponemos, la lectura es , esencial para la conciencia de clase y la revolución, permitiendo explorar otros discursos , otros fenómenos y contrastarlos con el propio del medio donde se desenvuelve el lector . Por eso la literatura, cualquiera fuese, debe y analizar la vida social. Dicha de otra forma; es una herramienta para entender y transformar la realidad, no para dogmatizarla y se puede llegar a ese resultado no deseado aún cuando se diga de modo abierto que cuanto se enuncia responde al empleo de la lógica dialéctica.
León Trotsky añade a esto su puntualización sobre la necesaria «lucha por un lenguaje culto» y la necesidad de higiene en el lenguaje obrero para un pensamiento claro…….”He leído últimamente en uno de nuestros periódicos que en una asamblea general de trabajadores en la fábrica de calzado La Comuna de París, se aprobó una resolución que ordena abstenerse de blasfemar, e impone multas a quien haga uso de expresiones injuriosas…..Éste es un pequeño incidente de gran peso según la respuesta que encuentre en la clase trabajadora la iniciativa…..El lenguaje insultante y las blasfemias constituyen un legado, de la humillación y falta de respeto por la dignidad humana, tanto la propia como la de los demás. “El lenguaje blasfemo en nuestras clases socialmente inferiores era el resultado de la desesperación, la amargura y, sobre todo de la esclavitud sin esperanza ni evasión. El lenguaje blasfemo de nuestras clases altas, el lenguaje que salía de las gargantas de la aristocracia y de los funcionarios, era el resultado del régimen clasista, del orgullo de los propietarios de esclavos y del poder inconmovible…… Dos corrientes de procacidad rusa —el lenguaje blasfemo de los amos, los funcionarios y los policías, grueso y rotundo; y el lenguaje blasfemo, hambriento, desesperado y atormentado de las masas— han teñido toda la vida rusa con matices despreciables. Tal fue el legado que, entre otros, recibió la revolución del pasado……La revolución, sin embargo, es primordialmente el despertar de la personalidad humana en el seno de las masas, en esas masas que supuestamente no poseían ninguna personalidad…….Pese a la crueldad ocasional y a la sanguinaria inexorabilidad de sus métodos, la revolución se caracteriza, inicialmente y, sobre todo, por un creciente respeto a la dignidad del individuo y por un interés cada vez mayor por los débiles….Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no es capaz de ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada como lo fue en el pasado— a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e individual. Una revolución no es digna de llamarse tal si no prodiga el mayor cuidado posible a los niños, la futura generación para cuyo beneficio precisamente se llevó a cabo la revolución. Pero, ¿cómo puede crearse una nueva vida basada en la consideración mutua, en el respeto a sí mismo, en la verdadera igualdad de las mujeres (quienes deben ser estimadas en el mismo grado que los hombres trabajadores), en el cuidado eficiente de los niños, en medio de una atmósfera envenenada por el rugiente, fragoroso y resonante lenguaje blasfemo de los amos y los esclavos, ese lenguaje que no perdona a nadie y que no se detiene ante nada? La lucha contra el “lenguaje procaz” es un requisito esencial de la higiene mental, de la misma manera que la lucha contra la suciedad y las alimañas es un requisito de la higiene física.
Terminar radicalmente con el lenguaje injurioso no es cosa fácil si se tiene en cuenta que el desenfreno en el lenguaje tiene raíces psicológicas y es una consecuencia del escaso grado de cultura de los suburbios. Por cierto, damos la bienvenida a la iniciativa de la fábrica de calzado y sobre todo deseamos mucha perseverancia a los promotores de los nuevos movimientos. Los hábitos psicológicos, que se trasmiten de generación en generación y saturan todo el clima de la vida, son sumamente tenaces…….Por otra parte, ¿con cuánta frecuencia nos lanzamos en Rusia impetuosamente hacia adelante, agotamos nuestras fuerzas y después dejamos que las cosas sigan a la deriva como antaño?…….Confiemos en que las mujeres trabajadoras —y, en primer lugar, las que pertenecen a las filas comunistas— apoyen la iniciativa de la fábrica La comuna de París. Por regla general —la que por supuesto admite sus excepciones— los hombres que comúnmente emplean un lenguaje desenfrenado, desprecian a las mujeres y les prestan poca atención…….Esto no se aplica tan sólo a las masas incultas, sino también a los elementos avanzados y aun a los llamados “responsables” del actual orden social……No puede negarse que las viejas formas prerrevolucionarias de lenguaje procaz siguen todavía en uso, seis años después de octubre, y que incluso están de moda en las “altas esferas”…..Para obviar tales efectos, debemos poner en orden la faz intelectual, debemos examinar a través de métodos marxistas todo el complejo mental del hombre, y en esto ha de consistir el esquema general de educación y autoeducación del partido, comenzando por sus dirigentes. Pero aquí también el problema es bastante complicado y no puede ser resuelto tan sólo por la instrucción escolar y los libros; las raíces de la desorganización y confusión están en las condiciones en que se vive. La psicología en última instancia está determinada por la vida. Pero dicha dependencia no es puramente automática y mecánica; se trata más bien de una activa y recíproca determinación”.
Las ideas y las representaciones conceptuales que los trabajadores adquieren , una vez que están establecidas como conciencia colectiva en tanto clase en sí, tienen el poder de convertirse a su vez en causas productoras de nuevos hechos sociales, entre ellos , el hecho revolucionario que acaba por superar por transformación los hábitos, la existencia, las instituciones humanas , es decir, todas las relaciones de los hombres en la sociedad, y a través de su encarnación en las cosas más cotidianas de la vida de cada uno, pasan a ser sensibles, palpables.
“Es buscando lo imposible como el hombre ha realizado siempre lo posible y quienes se han limitado “sabiamente “ a lo que les parecía lo posible jamás avanzaron un solo paso. …El ser humano sólo se hace tal, sólo conquista la posibilidad de su emancipación, en tanto consigue romper las cadenas que la sociedad hace pesar sobre él…Para rebelarse conta esta influencia que la sociedad ejerce, el hombre ha de rebelarse, por lo menos en parte, contra sí mismo, pues con todas sus tendencias y aspiraciones materiales, intelectuales y morales, el mismo no es otra cosa que el producto de la sociedad.” (La libertad,pag. 23 y sgtes, Mikhail Bakunin)
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