Nuevo Curso

La dignidad se construye en vida

Se sorprendió cuando sintió que, a pesar de haberse prescrito medio vaso de ron como remedio antidepresivo, lo acechaban unos invasivos , más que comprensibles y justificados, deseos de llorar. En los últimos tiempos también solían asaltarlo esos deseos. Que todo era como para llorar, coño. (Morir en la Arena. Leonardo Padura, pag.14)

Tiempo transcurrido, no es lo mismo que vivido y tampoco se mide en existencia, que es la realidad de eso abstracto al que se llama vida en términos generales, porque vida tiene todo ser orgánico, pero existencia consciente e inconsciente tiene solo el ser humano.

Pero esa combinación permanente hasta la irrupción de su ruptura, nacida de su propio seno y por sus propias características que es la muerte, tiene en la medida de cierta regularidad y posibilidad, un estadio previo sumamente complejo, porque su presencia no se advierte y por ello tiene que estar avisando constantemente al sujeto y su entorno. Ese estadio es la vejez.

El orden social, hace lo suyo en ese punto, ya que por viejo o porque te consideran viejo, que al fin de cuentas es lo mismo, en tanto solo existimos en el otro que es quien hace esa consideración subjetiva, decide sacarnos de la producción. Ya no estará allí en nosotros, eso que hizo que fuéramos, que nos valoráramos internamente, que supiéramos de nuestras falencias y destreza, que nos indignáramos por la explotación, que buscáramos en alguna forma la ansiada emancipación y la condición de productor libre.

Pero sobre todo la vejez hace un proceso pernicioso que es la invitación formal a transitar la ruta del deceso irreversible. La vejez un día nos dice con claridad que hemos perdido la fuerza de trabajo en la capacidad de hacer el trabajo vital del ser humano, ese que hasta ahora considerábamos nuestro único patrimonio, el trabajo constante y distintivo del amor.

Desde entonces, desde la advertencia consciente de que eso de amar, ya no está entre las tareas del día, estamos muriendo lentamente y entristeciendo con nuestra presencia residual, la sola existencia de los otros, de esos a los que queremos y ahora comprendemos que estamos impedidos de hacerlo. Sin embargo, queda aún para esta respiración forzada, una compañía inseparable, un lazarillo en una oscuridad permanente. La dignidad, que si realmente la hemos sabido construir al tiempo de aquellas dotes que portábamos y nos parecían imperdibles, se ira solamente, cuando nos vengan a retirar absolutamente de la existencia.

Por ese lado, se desenvuelve en sentido inverso el poder burgués real, ese por el que se desvelan los cenáculos universitarios o los científicos del CONICET, tratando de dar con su naturaleza esencial y la definición certera, sin advertir que lo tienen en sus narices como un Dios bíblico o mitológico omnipresente, determinando incluso todas sus acciones y pensamientos que utópicamente juzgan libres de todo condicionamiento de clase.

El poder burgués real, que puede tener los rostros que se le antoje al observador, tiene si una fisonomía específica que es precisamente la que da cuenta de su realidad: La barbarie. Parte de esa crueldad, ferocidad y salvajismo concentrada en esa terminología, es el genocidio por goteo desarrollado de manera planificada por las acciones de gobierno del Estado.

Se trata de terminar con los que han sido sacados de la producción, y sobre ellos se concentra ahora un exterminio planificado e instrumentado con leyes que ficcionan con formas jurídicas el consenso general para la eliminación de una gran masa de personas, que implican un costo y nunca una fuerza de trabajo capaz de producir valor. Léase en ello, los sistemas jubilatorios, que derivan en menguados subsidios a la vejez, y también las nuevas formas de vender y utilizar la fuerza de trabajo previamente adquirida, en tanto pone directamente a futuro a otra gran parte de la hoy población activa en ese mismo derrotero, cual si fueran los que con prontitud han de subir al tren que los lleva al campo de exterminio, como se ve profusamente en el cine .

Toda forma de trabajar que implique transitoriedad, desconocimiento en definitiva de quienes operan como empleadores, la mal llamada flexibilidad y los sistemas de aportes a futuro retiro, llevan cada uno por su ruta , a un punto común ; la nada que mostrará su rostro al momento en que nuestra fuerza de trabajo resulte obsoleta.

Si se busca una síntesis, sin la ilusión de dar con el fenómeno en su totalidad, pero sí de acercarse a cierta luz sobre todo lo que él implica, habrá que empezar por comprender que, no hay antagonismo entre imagen y realidad ,solo desolación y lo desolador no esta en el trabajador mismo sino en el orden social donde nace, crece , se desarrolla y muere, a pesar de cuanto se pueda cuidar la imagen.

En la sucesión de operaciones ideológicas que el poder burgués descarga sobre la masa trabajadora y los que se ubican en el mapa social como desocupados estructurales, se percibe un elemento preocupante que se da en la percepción de estar frente a una avanzada para sobrevivir que la burguesía descarga sobre el resto del cuerpo social, los explotados y oprimidos dentro de un orden social en decadencia centrado en la reproducción del capital.

Por esto . existe la necesidad imperiosa de percatamos que por encima de la materialidad de los componentes de esta situación reflejada en imágenes distorsivas de lo verdadero que las acciones de propaganda burguesa exhiben con el solo propósito de mantener su hegemonía, por imperio en la estructura de la continuidad de la relación capital-trabajo, se da una ofensiva sobre los cuerpos y la existencia de quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo.

Frente a esto, incluso en este momento en donde los estrategas del parlamentarismo, tendrían el camino abierto para sus embustes, porque el propio régimen de dominación lleva su proyecto a ese espacio , los reformistas vuelven a demostrar que en los hechos sus acciones no trascienden los espacios sindicales y el programa mínimo, careciendo de todo señalamiento propositivo respecto a que es lo que plantea el sector poblacional que se asume como clase trabajadora y como tal, como fuerza social en proyección de fuerza política , con referencia a la coyuntura y cual es su estrategia de construcción e instalación superadora del poder obrero.

Todo se reduce a exigirle a la dirigencia sindical el llamado a un para general para el día de posible tratamiento parlamentario del proyecto de ley, y en una marcha para rodear a la iglesia laica a fin de dar escenografía contestataria al tratamiento sobre tablas, que se sabe no se puede torcer con una propuesta superadora.
Nuevamente estamos transitando sin contrariedades mayores por el camino de la frustración, que sin embargo, y de manera funcional, le deja a los cultores de los discursos y las caras de enojados alquilados por horas de presunto debate, la puerta abierta para denostar a continuación “lo que vendrá”, que siendo en gran parte la legalización de lo existente no es otra cosa que más explotación.

En todo esto hay que advertir y recordar por todo el tiempo ya transcurrido desde su instalación, que las formas de Estado y gobierno, República -democrática, no es más que una conspiración engañosa que oculta una dictadura de las élites. Lo que es, hoy, a través de la fraseología y las formas propias de lo jurídico y su objeto específico las leyes.

A esa construcción falsa de lo real a la que concurren estos instrumentos no basta con oponerse, si a ello no se lo considera solamente como el primer momento necesario de su superación dialéctica desde la perspectiva estratégica de la emancipación de los trabajadores por su propia obra política.

Ese necesariamente largo combate por la libertad, se revela más vital que nunca, en nuestro tiempo presente, cuando la realidad presenta en la ofensiva del poder burgués, una estrategia político-burguesa de reestructuración del orden social capitalista, sobre la base de la consolidación por imperio legal de formas productivas y educativas que buscan ganar consenso en las masas bajo las entidad que le acuerdan a esa realidad experiencial ,las formas jurídicas que le dan visibilidad compartida desde las relaciones intersubjetivas de producción que se dan en la vida cotidiana dentro de la sociedad civil de clases.

Todo esto no es otra cosa que el empleo por el gobierno de la noción religiosa de herejía que adjudica a las anteriores gestiones políticas del Estado bajo la impronta Kirchnerista en tándem con lo que resultó la actuación en el ejecutivo de Alberto Fernández.

En definitiva, por apelación a la herejía respecto de las premisas liberales clásicas y ortodoxas, se pone en cuestión en su pureza la versión eclesiástica de la fe liberal, haciéndolo en nombre de la propia fe libertaria.
En este punto , y viendo como las energías militantes se degradan en acciones de pirotecnia y no de lucha estratégicamente organizada por la vanguardia, “quizás la metáfora que mejor explica la coyuntura, se la debo a mi amigo Fernando autor de la teoría del séptimo kilometro: Estamos enfrascado en una carrera de diez mil metros, y desde hace varios años estamos corriendo el kilómetro siete. Es decir, hemos llegado al momento en que, más cerca de la meta que de la salida, hemos invertido lo mejor de nuestras fuerzas pero aún nos queda el tramo más difícil de la carrera y como el kilómetro siete parece ser infinito no sabemos si las energías nos alcanzarán para rebasarlo y tener la percepción de que podremos llegar al fin de un trayecto que además parece ser elástico, pues tiende a alejarse cada vez que creemos haberlo entrevisto en la distancia. Todos los días salgo a correr por algo. Sé que si dejo de correr me voy del juego y para vivir con un mínimo de condiciones, tengo que estar en la pista y correr La carrera llega a convertirse en un fin en sí mismo y la meta no es llegar, sino resistir y seguir corriendo. (“Agua por todas partes”, pag.33 Leonardo Padura)

Existimos, hacemos, pensamos, opinamos, tomamos posiciones, dentro de una sociedad estructurada sobre la venta de fuerza de trabajo, creación de valor en mercancías y apropiación del plusvalor por dueños de los medios de producción

Por estos mecanismos, muchos trabajadores se han representado por largo tiempo, que es probable que no les llegue la miseria , sin percibir que su entorno , como si se tratara de una epidemia luce la pauperización creciente del contexto social.

Muchos trabajadores tienen una composición de lugar pensando la vida como un capítulo más del antiguo baile de la silla, donde nunca nos quedaremos parados, y otros a la inversa se paralizan aterrorizados por la amenaza de que eso realmente suceda.
La cuestión vuelve así al plano de la presencia, demostrando que el período histórico pertinente no se encuentra cerrado, del famoso “por qué van a venir a buscarme los milicos, si yo no hice nada”. Hoy se traduce en el metafísico, “ a nosotros no nos toca”, o a su similar que busca la gestión oficiosa “para que no nos toque” y en todos los casos la resultante es la parálisis.
No hay más espacio para salidas individuales. Contrariamente a lo que sucede el joven emprendedor, tiene certificado de defunción en este contexto social.
Es hora de hacer público por actos de propaganda que al menos en una estructura productiva atrasada e ineficiente, no hay lugar para el capitalismo bueno, porque así lo podamos creer y elaborar en nuestra percepción de las cosas y nos permitamos imaginar que la burguesía es capaz de montar un Estado benefactor al estilo del primer peronismo , como lo hizo, con sentido histórico, en las circunstancias inmediatas a la postguerra mundial.
No hay espacio para pensar que el sistema crea valor explotando y luego permite distribución con políticas sociales. Si de conjunto jóvenes de los sectores medios y de la clase trabajadora identificados como tales piensan y se plantean en esa solución, la vejez les ha llegado de modo prematuro.

Las contradicciones se han agudizado, los parloteos populistas drenan mal olor, y los liberales, como hienas, babean por la carroña que les queda. Socialismo o barbarie debiera titular y presidir el sentido de las acciones, las de lucha abierta y las cotidianas en la representación colectiva de las masas trabajadoras no en el plano de un imaginario sino como una realidad concreta.

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