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TRABAJADORES EN LUCHA y Sustitución SUBJETIVA

Mientras las usinas desde donde se generan ideas para la acción con presunto formato marxista, se enfrascan y enredan en cuestiones que son pasibles de ser ubicadas dentro de una estrategia reformista, asoman las incidencias gravitantes que deja ver la lucha de clases y las disputas interburguesas al interior de esa clase dominante en el esquema del amigo de mi enemigo es mi amigo , que tienen expresión concreta en la profusión de conflictos sindicales derivados de algún incumplimiento por el comprador de fuerza de trabajo de los compromisos que adquirió al adquirirla y de su ubicación específica en esa relación de explotación .

Hay que destacar esto, porque en todos los casos estamos acudiendo a situaciones que objetivamente plantean, la defensa de la posibilidad de seguir reproduciendo la relación laboral ante un cierre patronal, o la falta de pago del salario por tiempo prolongado y fuera de término, esto es, la posibilidad de emplear la fuerza de trabajo sin previamente adquirirla, cerrando el vínculo de reproducción de esa mercancía.
Es decir, estamos ante situaciones que en los hechos no trascienden en acciones de trabajadores que no puedan ser ubicadas dentro de la puja propia de la relación social de explotación capital, sin cuestionar al orden institucional Estatal donde estos fenómenos tienen lugar.

Por lo demás, es particularmente relevante que todas las intervenciones que pretenden tener un signo político en esa confrontación de intereses antagónicos se desencadenan en el formato que en la actividad militante se conoce como una presencia “desde fuera”, vale decir ninguno de los aparatos militantes de partidos políticos ubicados en los conflictos, tienen entre sus filas a personas que se ubican en el espacio de los perjudicados.
En definitiva, los antagonismos de clase en desarrollo durante lo que lleva el nuevo año, muestran cómo se trabaja para que los individuos o grupos reemplazan sus propias identidades, necesidades o demandas por las de otro, en este caso un aparato partidario y su táctica-estrategia de reformismo parlamentarista , dentro de lo cual la agitación del conflicto suma por encima de quienes son los perjudicados directos de la ofensiva del burgués del caso o cómo las estructuras sociales imponen sentidos subjetivos que limitan la capacidad de agencia, resultando en definitiva en malestar, alienación .

Dicho de otra manera, estamos una vez más en una experiencia combativa de intervención en luchas, donde se busca reapropiarse de la propia voz y sentido frente a relaciones de poder dominantes, redefiniendo la identidad del conflicto mismo en aras de la estrategia partidaria.
En los hechos, quienes resultan víctimas de las acciones perjudiciales de la burguesía, han salido a defenderse de manera espontánea y sin mayor referencia que una tibia intervención formal de su organismo natural de organización que es su sindicato.

Por lo demás, la intervención “desde fuera”, de deja de estar presidida por una marcada presencia de aparato que busca, sin objetividad alguna, hacer suyo el conflicto imponiendo los intereses de la organización política y las formas de intervención propias de esa organización, que no trepida en colocarse delante de la foto del paisaje social lesivo que tiene lugar y que ahora luce a sus espaldas.” Venimos a apoyar, pero apoyamos como nos parece y si es posible, buscamos que los apoyados nos acepten y nos hagan caso”. Nuevamente la pretensión de sustitución en escena y con los mismos actores, que llevan su espectáculo circense, a donde “Dios y la patria lo demanden”. La resultante, más temprano que tarde es el aislamiento y el paso del tiempo, factores ambos, enteramente nocivos para quienes realmente e inicialmente salieron a la lucha porque no tenían otra cosa que visibilizarse frente a su condición objetiva de perjudicados por una maniobra patronal.

Prevalece en tal sentido, una directriz que, introduce una lectura y una praxis del y en el conflicto social, lejana a las derivas ideológicas que el propio Marx impuso a partir de su teoría de la alienación, la definición de la ley del valor y la denuncia del fetichismo de la mercancía.
Dicho en otros términos, se tiene por cierto e “irrefutable”, que «la historia es un proceso sin sujeto», porque el ser humano concreto en situación de ser víctima de un ataque de un sector de la burguesía desde su lugar de trabajadores son reemplazados a poco de andar por el formato “cultural” de la organización política que inicialmente acude en “si apoyo” , pero que en definitiva, solo busca ese resultado, es decir, legitimarse en el conflicto como interlocutor válido ante la sociedad de conjunto, con el propósito de exhibir el esquema de “partido que lucha”.
El ser humano en situación de trabajador, individualmente considerado, es soporte y fundamento de relaciones de producción llamadas a superarse y transformarse por sí, en la medida en que colisionen y obstaculicen el desarrollo de las fuerzas productivas.
Sin embargo, la experiencia histórica da cuenta que lo pregonado por los cultores del objetivismo excluyente, que solo ven las causas del antagonismo y desplazan a los protagonistas, termina configurando un discurso precario y limitado.
Este cuadro de situación debe ser combatida exponiendo claramente que los hombres son «los agentes, siempre frustrados y siempre resurgentes, de una historia que ellos producen desde su posicionamiento de clase a partir de la constatación de que las clases surgen porque estos, bajo determinadas relaciones de producción, identifican sus intereses antagónicos y son llevados a luchar, a pensar y a valorar en términos clasistas.

Es decir, lo que se olvida con el formato del “apoyo” de aparato, es que el proceso de formación y asimilación como clase consiste en un hacerse a sí mismo por quien trabaja y es atacado por un sector de la burguesía dominante y su Estado, en el marco de condiciones objetivas vienen ‘dadas’, en términos generales y en última instancia por cuanto emerge de la reproducción del capital dentro de la estructura productiva.

El objetivo de la construcción revolución socialista, es edificar las bases sociales y productivas para inaugurar la transición de la esfera de la necesidad a la de la libertad. Ese es un proceso dialéctico que como tal no se detiene en el tiempo, ni se paraliza en un conflicto de naturaleza sindical, enmarcado en las formas jurídicas del contrato de trabajo, cuyas estipulaciones se dicen no cubiertas de modo satisfactorio, por el adquirente de fuerza de trabajo y apropiador del valor creado por el empleo de esta.
En este contexto, el verdadero propósito de la labor militante es generar la acción política por la que avanzando sobre el poder dominante de clase constituido y sus elementos institucionales, los hombres accedan al espacio existencial de su auténtica autodeterminación y no a su sustitución difusa por una organización y sus militantes profesionalizados.

Han sido y son los trabajadores asalariados quienes se configuran como los sujetos de esta construcción histórica específica en la medida en que sus proyectos colectivos de transformación social se ligan intelectualmente y en la acción con los esfuerzos sistemáticos por entender los procesos del pasado y del presente, y fundamentalmente por producir un futuro premeditado y construido desde la puesta en acto y confrontación permanente con la realidad del programa político socialista.

La revolución rusa es, a este respecto, la encamación en la historia de este paradigma en tanto da cuenta de la encarnación en el plano de la realidad, de un programa encaminado a crear las estructuras sociales en su totalidad removiendo las existentes.
Es en este contexto que la propaganda de todo grupo organizado para la misma debe orientarse a dotar al trabajador de los instrumentos intelectuales para comprender debe dirigir su actividad consciente, hacia ese objetivo emancipador y en tal sentido se constituye en un nuevo hombre por negación del existente que en sentido inverso y alienado , se encuentra asimilado a la noción de proyectos personales que se inscriben dentro de las relaciones sociales existentes y, generalmente, las reproducen .
Esa determinación consciente que se mide en el plano de la acción, según lo preconfigura la tesis XI sobre Feuerbach, requiere indudablemente de la voluntad, factor que por otra parte resulta constitutivo de las diferencias específicas que nutren al hombre de cualquier otro ser vivo sobre la tierra.
Desdeñar la voluntad y su incidencia en el plano de la determinación consciente de un sujeto orientado hacia su emancipación por protagonismo en un proceso humano colectivo orientado a la superación de las estructuras políticas y sociales de clase, las formas jurídicas que le dan fisonomía y las relaciones sociales de producción desde donde se manifiesta el conflicto en sí, implica hacer del hombre un objeto y nunca un sujeto. Importa abandonar la matriz misma del desenvolvimiento filosófico del marxismo y despojarlo de su esencia liberadora.

Acudir como única explicación del cambio social , al puro mecanismo que solo ve posible la transformación a través del mero juego de las variables materiales del modo de producción, y su colisión con el desarrollo de las fuerzas productivas asignándole centralidad excluyente, y a la vez intentar sustituir al trabajador concreto por las formas y sujetos contenidos en el aparato permanente subyacente a una organización partidaria, es desconocer el potencial humano y en particular la específica capacidad objetiva de los trabajadores para actuar como agentes morales y racionales en acciones políticas concretas

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