Nuevo Curso

UN UNIVERSO DE ILUSIONES QUE CAEN CON LA NEBLINA DEL AYER

No te detengas a mirar
Las ramas viejas del rosal
Que se marchitan sin dar flor…. Virgilio Espósito .”Vete de mi”

Nuestra clase trabajadora se desenvuelve en estos días en agitadas acciones aisladas contenidas en conflictos antagónicos individualmente planteados. Ese dato objetivo, necesita ser completado teniendo a la vista y en consideración la merma de las posibilidades y las facultades que el orden burgués oportunamente acosado por el fantasma del socialismo supo establecer con forma jurídica de derecho subjetivo a los individuos convertidos ficcionalmente en ciudadanos.

Ocurre en tal sentido, que dentro de la república burguesa y su forma de gobierno contenida en la democracia indirecta, la necesidad del poder burgués real de sostener su hegemonía en la sociedad con formas más autoritarias y paradigmas más restringidas en cuanto a esas libertades y posibilidades que estaban ubicadas respecto del trabajador que incluye las mutaciones en el discurso con el que las presenta y se busca asimilación su naturalización , es que se avanza en la transformación del orden social desde ese mismo poder real de una fuerza social convertida en fuerza política en modo tal que sus expresiones en el espacio sensible, faciliten la reproducción del capital.,

Ante la advertencia de esta situación la reacción inmediata. lleva a la pregunta que debe formularse la vanguardia trabajadora de cara a su intervención concreta en las masas explotadas y oprimidas
Ese interrogante tiene por resultante de la crisis de dirección de la clase trabajadora en sí, una respuesta mayoritaria centrada en que la militancia obrera debe defender mejor la democracia existente, tal como puntualmente ha sucedido desde el propio advenimiento de este régimen por agotamiento de la dictadura genocida, sin que los resultados a la vista puedan servir de fundamente para abogar por su continuidad, y pese a que en tiempo presente en lo que lleva en curso el mes de enero todo lo realizado gira en torno a la negación al proyecto de ley de reforma laboral y en igual sentido, la ley de glaciares y la reforma educativa.

Sin embargo, hay que advertir que esta cuestión separa agudamente al reformismo del socialismo revolucionario ya que si bien sus militantes pueden estar de acuerdo en que la democracia debe ser protegida de los ataques que se le hicieran y en que pueden resistir conjuntamente esta o aquella violación específica de las libertades civiles, el acuerdo se rompe al llegar a definir ¿Cómo tiene que ser llevada esa lucha? y ¿quién es el sujeto social llamado a protagonizarla y conducirla?

Ocurre en tal sentido, que los reformistas, quieren preservar tanto la democracia como la propiedad privada, y en igual medida, la libertad como la «libre empresa». Esos objetivos son contradictorios y una política que los combine es puramente funcional a la dominación de clase actualmente existente.
Hay que subrayar que este proceso degenerativo del objetivo emancipador de los trabajadores no es más que la consecuencia de un fenómeno más profundo, que radica en prescindir de la política revolucionaria propia de la clase obrera como línea política que guie el actuar de quienes son llamados a constituirse en la dirección de la vanguardia de los trabajadores, sobre la base abolir el poder institucional del Estado, los privilegios y la propiedad de la minoría capitalista.

A partir de su concepción central del Estado como algo desclasado y por encima de las relaciones de producción intersubjetivas que componen la sociedad civil, por el que pueden obtenerse políticas de declaración de derechos próximas al Estado de Bienestar que logró tomar presencia con mayor profundidad en el escenario temporal inmediato al cese de la segunda guerra mundial y que hoy da cuenta cotidiana de su agotamiento histórico como premisa aceptada incluso por la propia burguesía.
Los reformistas acuden a los sectores medios del orden social, sin tener en cuenta sus posiciones e intereses de clase, para que se unan contra las agresiones que se desde cualquier sitio. En la misma medida priorizan las premisas de programa mínimo haciendo que muchos sindicalistas se remitan en su hacer al cretinismo democratizante y parlamentario.

Se olvida por la dirigencia reformista que la república burguesa y su forma de gobierno de democracia indirecta en el que sobrevivimos y todo el cuerpo jurídico instituciional establecido, tiene un contenido de clase específico en tanto es una institucionalidad funcionalmente orientada a la reproducción del orden burgués existente donde el pilar central que lo sostiene y configura el funcionamiento de tres poderes supuestamente independientes y la forma de elección de gobernantes por sufragio y democracia indirecta es el interés específico de la burguesía y el respeto y la defensa de la gran propiedad privada sobre los medios de producción en manos de empresarios nacionales y extranjeros, siendo los intereses de estos los que siempre terminan imponiéndose.
Definitivamente el sistema democrático burgués sirve a los patrones por ser en él donde amasan sus fortunas dejando en la pobreza y el hambre a las mayorías de la masa trabajadora

En el período de los gobiernos que se suceden desde el de Raúl Alfonsín a la fecha, la clase obrera luchó por el ejercicio pleno de las libertades democráticas, pero fueron los sectores medios los que impusieron la premisa de consolidación de la “democracia” como finalidad prioritaria. Las masas trabajadoras por el seguidismo funcional de su dirigencia han, terminando hasta la fecha, entrampadas por esta orientación política ajena a ella. En ese orden de ideas, el objetivo estratégico de los trabajadores ya no sería el socialismo sino la defensa del sistema democrático burgués y la colaboración clasista con los empresarios privados y los inversionistas extranjeros como medio para mejorar las condiciones de vida.

La emancipación de los trabajadores sólo puede materializarse si los obreros piensan y actúan con cabeza propia, asumiendo conscientemente su ideología revolucionaria. De lo contrario, todos los movimientos de lucha terminarán en el colaboracionismo de clase o estancados en el reformismo tan utilitario para el capitalismo
Los revolucionarios constituidos en vanguardia de la clase trabajadora no niegan que para proteger las libertades democráticas tiene que ejercerse una presión constante sobre el régimen capitalista. Pero proponen promover este objetivo con instrumentos y métodos distintos de los que nos deja ver el reformismo.
Por ese motivo necesitamos que la vanguardia organizada desde la forma partido político, propagandice en la masa de trabajadores a que se conforme en clase obrera organizada y se haga del rol de dirección en la lucha por la democracia a todos los niveles, en alianza con las minorías oprimidas y los que han sido excluidos de modo estructural de la producción

La vanguardia de trabajadores necesita propagandizar y agitar en las masas obreras el objetivo de la emancipación de todas las estructuras y relaciones que hacen a la existencia del orden social capitalista y llamar a su superación por un nuevo orden social sin explotados ni oprimidos.
El capitalismo ya no es por más tiempo expansivo ni progresista. A escala histórico-mundial es un sistema social que se bate en retirada y se hace cada vez más reaccionario, siendo hoy su manifestación más visible la que remite a escenarios bélicos que han trasvasado las instancias propias de las guerras comerciales entre grupos monopólicos por mercados o recursos. Más tarde o más temprano, incluso los sectores americanos más altamente favorecidos serán duramente golpeados por los efectos acumulados de su declive.
Todo esto no implica un giro literario o una forma de decir las cosas con marcado énfasis. El capital financiero, los monopolistas, que tienen tanto que perder, todo el tiempo demuestran que no están , como lo pudieron indicar en otros tiempos, sólidamente unidos a las repúblicas democráticas y su institucionalidad con forma jurídica, ni mucho menos aún a las normas del derecho internacional público, sino exclusiva y enfáticamente al costo de vidas que pudiera implicar la defensa y acumulación de sus beneficios y de su propiedad.

Tan pronto como la democracia tiende a negar su estrecho carácter de clase y convertirse en un instrumento para el bienestar de la población, la burguesía y sus representantes estatales dejan de lado las formas democráticas. Quienes se ocupan de la gestión de gobierno del Estado constituido por esa burguesía dominante, se desplazan sistemáticamente del prometido estad social de derechos a la lisa y descarada protección de sus intereses materiales Los burgueses, aun cuando han podido gestar sus instituciones y así las han impuesto a los trabajadores, no se ajustan a las demandas de la democracia cuando lo que esté en juego es su propia existencia como clase hegemónica,
Nuestros reformistas locales, más allá de las divisas o las simbolizaciones a las que recurren, se muestran ciegos ante el hecho de que los lazos entre el capitalismo y la república democrática a la que acuden en sus planteos de manera recurrente se han hecho más débiles y no más fuertes en la época del imperialismo, es decir, en la fase superior del capitalismo, en crisis de reproducción.
Esto significa que, fuera de toda apariencia, conforme los monopolistas han ido concentrando en sus manos el poder político, económico y social, las formas jurídicas de la república-democrática se han ido retirando de la escena y su futuro es poco claro.

Hay que buscar explicaciones para el fenómeno por fuera de su contingente apariencia , en particular en las profundas raíces y advertir en las tensiones de clase que se dan en el interior de Argentina, por ser el país donde sobrevivimos. Las restricciones impuestas a la libertad de a las que a diario se queja en abstracto la izquierda del régimen, no son otra cosa que reflejos de un régimen monopolista más y más militarizado que duda de la fidelidad plena de sus propios ciudadanos y eso implica, síntomas de una tendencia orgánica hacia el despotismo.

La erosión de las aristas más vistosas y tantas veces presumidas de la república democrática no es un fenómeno pasajero. Indica que la democracia y el capitalismo, que una vez marcharon de la mano, se enfrentan cada vez más el uno con la otra, y que no es en la institucionalidad jurídica que las contiene a donde hay que ir a buscar respuestas políticas, sino en la construcción de su superación por vía de una política autónoma de la clase trabajadora, su organización partidaria estructurada en relación dialéctica permanente con la elaboración de su programa socialista y sus propios instrumentos de poder.

Finalmente, el fenómeno presenta otros elementos significativos que dejan fuera de juego a todo desarrollo en ideas o acción política propio del reformismo cualquiera fuese el operador político de esos intereses que pretenda desarrollarlos. Lo cierto es que, las clases medias urbanas y rurales han descendido en importancia económica y social; los pequeños propietarios ya no tendrán por más tiempo suficiente fuerza independiente para resistir asaltos frontales a su objetiva y crítica situación. Hay solo una fuerza social con el suficiente poder contra «el peligro claro y presente» de la reacción capitalista. Es la clase trabajadora, que comprende la abrumadora mayoría de la población si se tiene presente las nuevas formas con las que la burguesía adquiere y utiliza en la producción o en los servicios, la fuerza de trabajo.

La democracia del pasado, hoy en abierta crisis, estaba ligada al avance del capitalismo. Ahora que sus logros son amenazados por el retroceso del capitalismo, el orden social que la supere está unida necesariamente al progreso del trabajo y al programa del movimiento socialista en manos de la clase cuyo único objetivo estratégico es su emancipación.
Que exige la eliminación del poder y la propiedad de los capitostes financieros La democracia burguesa tiene que ser sustituida por la forma superior de la democracia obrera, en su necesaria transición de dictadura de clase.

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