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LA CENTRALIDAD DE LA POBREZA

Ser pobre significa vivir en una condición de privación continua de recursos, capacidades y seguridad, impidiendo satisfacer necesidades básicas como alimentación, vivienda, salud y educación. Más allá de la falta de ingresos, implica exclusión social y la imposibilidad de una existencia desde la que se proyecten posibilidades como para constituirse como sujeto.

Según datos oficiales del INDEC a mediados de 2025, la pobreza en Argentina se ubicó en 31.6% de la población, con una indigencia del 6.9%. Sin embargo, mediciones de la UCA (Universidad Católica Argentina) muestran cifras más altas, con proyecciones de pobreza cercana al 36.3% para finales de 2025.

La ciencia avanza en el estudio de la relación bidireccional entre ser pobre y tener trastornos mentales La investigación científica reciente indica que la pobreza actúa tanto como factor de riesgo (causa) como consecuencia de la esquizofrenia, creando un círculo vicioso. Vivir en entornos de bajos recursos conlleva estrés, desnutrición y menor acceso a atención temprana, lo que incrementa el riesgo de desarrollar trastornos mentales graves, incluyendo la esquizofrenia.

Lo que describe la categoría pobreza como expresión de un fenómeno social desenvuelto en una sociedad de clases como lo es el orden social capitalista , no es solamente la falta de dinero para acceder a mercancías de sobrevivencia por parte de una parte nutrida de la población , sino los significantes que ella trae consigo, destacando la exposición constante a estrés crónico, violencia, desnutrición y falta de recursos, especialmente durante el neurodesarrollo, y lo pocas veces difundido, que es el aumento objetivo de la probabilidad de desencadenar procesos de enfermedad mental como la esquizofrenia, haciendo en este caso , interactuando con factores genéticos.

Pero las resultantes del fenómeno no se agotan allí, pues desde muchas perspectivas de análisis de esa enfermedad, se dice también que la discapacidad provocada por los síntomas de la esquizofrenia suele llevar a la pérdida de empleo, dificultades económicas y marginación social, empobreciendo al individuo. Es decir, no es solo que la pobreza cause esquizofrenia, sino que la situación de vulnerabilidad, el aislamiento y el estigma se retroalimentan con la enfermedad.

En ese sentido, se nos explica desde quienes estudian específicamente este fenómeno puntual y específico que, factores como el estrés económico, es decir, la constante y apremiante preocupación, ansiedad y tensión mental causada por problemas como deudas, ingresos insuficientes para cubrir gastos básicos, o incertidumbre sobre el futuro económico, marcado como desenlace de un desajuste entre ingresos y gastos, la inestabilidad laboral, la inflación y la dificultad para planificar, que impacta sobre trabajadores y la población trabajadora sobrante, con sus desencadenantes sociales expresados en violencia e inseguridad laboral , incrementan significativamente el riesgo de desarrollar trastornos mentales, afectando el neurodesarrollo y la salud física.

En ese sentido, miseria y pobreza, siendo resultante de fenómenos sociales que dan cuenta de la propia lógica de reproducción de la relación capital-fuerza de trabajo y con ello de la materialidad de la llamada ley del valor, incluyen entre sus efectos menos visibles el facilitamiento primario de cuadros de depresión y ansiedad.

Esto significa no otra cosa que la constatación por otras vías de situaciones individuales de trauma temprano, desde las proyecciones objetivas que dejan traducir la vida en vecindarios inestables y la falta de oportunidades que asedian en el escenario convivencial familiar mínimo contribuyen a un mayor riesgo .

No hay que dejar de tener presente en este posicionamiento, a la hora de ver al mismo como un relato próximo a la certeza, que cuando hablamos de trauma temprano estamos aludiendo a a experiencias adversas y perjudiciales (abuso, daños por negligencia en las acciones de la vida cotidiana) ocurridas en la infancia (0-6 años) que superan la capacidad del niño para afrontarlas, impactando profundamente su desarrollo emocional, físico y cerebral.

Estas vivencias pueden causar estrés crónico, hipervigilancia, dificultades de apego y cambios estructurales en el cerebro, a menudo resultando en problemas de salud mental o física en la vida adulta.

Nuevamente insistimos, ese fenómeno tiene también la posibilidad en sí, de advertir que la pobreza no solo aumenta el riesgo de enfermedad, sino que los trastornos mentales a menudo conducen a una menor productividad, perpetuando la exclusión social y la pobreza. El estigma, la falta de educación emocional y la desigualdad social son determinantes clave que se derivan de la falta de recursos.

Vista de esta manera , la lucha de la clase trabajadora, desde su vanguardia y necesario su programa político emancipatorio conectar la presencia activa contra la pobreza con la impugnación de la relación social “Capital” que es la que estructuralmente la genera. No hay lucha significativa si no pone en primer lugar superar esos escenarios, pues de ello depende incluso la posibilidad de asimilación de conciencia de clase de los seres humanos sometidos a explotación y opresión.
La enfermedad mental es el resultado de la miseria, pero aun así la estigmatizamos.

Los pacientes están siendo rechazados por la creencia errónea de que tienen defectos biológicos. De hecho la evidencia muestra que la mayoría ha sufrido traumas.
Es significativo que a la militancia de la vanguardia trabajadora , le importe cómo hablan y piensan ellos mismos sobre la salud mental. No hacerlo y hacerlo mal, hace que las mayorías puedan terminar siendo engañada o, incluso peor, herida.

Si las percepciones sobre la salud mental, sobre los cuadros depresivos en tendencia expansiva y las derivas en la esquizofrenia, no puede centrarse en un enfoque biológico extremo de la psiquiatría, el cual incluso está cuestionado porque ve los problemas psiquiátricos como problemas cerebrales específicos que están, en gran parte, determinados genéticamente y apenas influidas por las adversidades de una existencia desafortunada por la pobreza. .

Mientras que los profesionales de la salud mental a menudo piensan en la recuperación de los síntomas, los pacientes enfatizan más la importancia de la autoestima, la esperanza en su futuro y un papel valioso en la sociedad todos extremos claramente antagónicos al escenario de pobreza cada vez más extensos en nuestro país .
biológicos

Retratar la mala salud mental simplemente como una enfermedad cerebral solo puede aumentar el estigma, desvía nuestra atención y fomenta la alienación, el pesimismo y la profunda desesperanza en la que los que luchan se ven apremiados por evitar.

Todas estas cuestiones no son ajenas a los factores de conflicto que atravesaron enero y se proyectan al mes entrante, es decir, el modelo educativo, las formas de puesta en acto de la fuerza de trabajo en la producción y los servicios ,porque precisamente todas ellas, conducen por lo que se propone desde el poder burgués a estímulos significativos para la generación de pobreza y miseria.

Por eso no es impertinente desplazar una por otra , o su abordaje por partes, de uno en uno, como si entre ellos no encontraran un factor común que no es otro, en forma directa o en ultima instancia , que la relación capital-fuerza de trabajo, la producción generalizada de mercancía, y la prevalencia significativa de la ley de valor.

En esto hay que tener presente que esto, representa una relación de poder y producción donde el capitalista (dueño de los medios de producción) emplea la fuerza de trabajo, resultando en una asimetría estructural.

Los trabajadores venden su fuerza de trabajo, mientras que el capital busca aumentar la producción y la rentabilidad apremiando en forma extensiva o intensificada el pase al acto de esa posibilidad que tiene todo ser humano y lo define como tal.

En la misma medida , corresponde una mirada a cómo ciertas luchas actuales pueden integrarse al mismo sistema que buscan cuestionar, en tanto la superación de la pobreza no aparece en el escenario de lucha de manera significativa y prevalente lo que implica que, muchas demandas contemporáneas no buscan modificar las reglas del juego, sino volverlo más llevadero en tanto el sistema aprende a absorberlas sin alterar su funcionamiento, cosa que no puede hacer, porque es el factor que como la pobreza, la genera y reproduce .

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