La «mano de obra desocupada», es un término que se originó en Argentina durante el el salvataje que la forma republicana y democrática le facilitó por acuerdo político previo a la Dictadura militar y sus prácticas genocidas , en diseño mayoritariamente atribuíble al luego llamado Alfonsinismo, que claudicó en su gestión frente a la presión de esos cuerpos militares por el cumplimiento de ese formato que el el aparato socialdemócrata intentaba desconocer o al menos demorar.
Esa transición “democrática (años 80)” que le dio continuidad a la dictadura de clase que la burguesía hegemoniza desde la institucionalidad del llamado Estado de Derecho, se encontró con acciones que no encontraban explicación en su ideología de los dos demonios y la vigencias “liberadoras” del Estado de derecho y su forma republicana-constitucional que al parecer todo lo puede.
En esa encrucijada y apremiado por los intentos de levantamiento militar emergio la categoría abstracta y poco descriptiva de cuanto realmente sucedía “mano de obra desocupada” mencionada tal como si fuera una modalidad específica de una “fuerza de trabajo particular”, en debates parlamentarios que involucraron a figuras como César Jaroslavsky, encubriendo con tal eufemismo a personal de inteligencia, militares y policías de la dictadura que en teoría habían , quedado fuera del aparato estatal pero continuaron operando en la clandestinidad.
En realidad no eran otra cosa que agentes activos o retirados de las fuerzas armadas y de seguridad que habían participado en la represión y continuaban operando ,por vía de , intimidación, espionaje político, «carpetazos» y secuestros extorsivos que justipreciaran y valorizaran su existencia activa.
En resumen, no era desempleo laboral común, sino una estructura de poder de facto («para-policial») que buscaba mantener influencia e impunidad en la nueva etapa democrática.
Este fin de semana , se anunció con alta incidencia ideológica en los medios oficiales en respuesta a la teoría conspirativa de los que reciben anclaje existencial desde empresas periodística contrarias a la gestión oficial desde la oposición de otro grupo de la burguesía, que habían hablado de infiltración colocada por las agencias represivas para frustrar la marcha del pasado miércoles en inmediaciones del Congreso de la Nación .
El anuncio en concreto se diseñó de la siguiente manera: la Policía Federal Argentina detuvo en Avellaneda a un hombre identificado por lanzar una bomba molotov contra efectivos en las inmediaciones del Congreso durante disturbios recientes, tras un análisis de imágenes por el DFI. El sujeto, vinculado a grupos anarquistas, fue localizado con bidones de combustible y material incendiario.El detenido fue señalado tras arrojar bombas incendiarias a fuerzas federales que custodiaban el Congreso. La policía analizó grabaciones para identificar al sospechoso, quien no fue descrito como un manifestante legítimo.
Se dijo además a modo de fundamentación de la presunta detención, que ella se realizó en la zona de Avellaneda, constatando la presencia de elementos incriminatorios en su domicilio.
En ese sentido lo cierto es que Milton Tolomeo, de 39 años, fue arrestado este domingo a las 7 de la mañana en Avellaneda por la Policía Federal acusado de lanzar una bomba incendiaria contra efectivos que custodiaban el Congreso durante recientes disturbios. Según fuentes oficiales, Tolomeo fue plenamente identificado gracias al seguimiento por cámaras de seguridad y tatuajes distintivos.
Lo curioso es que la propia privación de libertad fue objeto de una nueva puesta en escena, con la que se apela necesariamente a la comprensión ingenua de quienes acceden a ese material ya que el presuntamente detenido , tuvo “la deferencia” de, entregar las llaves de su vivienda ubicada en avenida Directorio, Caballito, sin que se aclare efectivamente como se conoce que esa era su vivienda o simplemente un sitio desde donde decidió entregarse con preacuerdo para tal resultado. Esto se asemeja más a los tiempos en que la policía le avisaba a los quinieleros clandestinos que lo iban a buscar porque les tocaba exhibir alguna acción contra el juego clandestino.
En este sentido, y destacando que esto nada tiene que ver con el anarquismo en tanto movimiento político, es curioso es que como prueba de lo actuado por los “pesquisantes” en el allanamiento se encontraron bidones con combustible, guantes térmicos y dispositivos electrónicos relacionados con grupos anarquistas. “Se cae la pantomima del infiltrado”, señalaron los periodistas al destacar que Tolomeo pertenece a una organización anarquista.
Difícil es saber cuánto saben los periodistas y comentaristas respecto de grupos “anarquistas” y la identificación del accionar de los mismos, máxime cuando ningún grupo se adjudicó lo que hoy se imputa al presunto “anarquista”.
Bueno sería recordar en este punto que la apelación a grupos anarquistas es un clásico de las agencias represivas, que descollar por encontrar personas asociadas a esa corriente ideológica, que no obstante no tiene expresión manifiesta en la política nacional. En ese sentido el fetiche de la RAM inventado por Patricia Bullrich en sus extensas gestiones en el área y su maridaje existencial con los agentes represivos da cuenta directa de cuanto señalamos, De más esta acudir por respeto a su triste deceso, a todo lo que se dijo de Santiago Maldonado, ligándolo también a grupos “anarquistas”, para disimular su desaparición forzada seguida de muerte.
Si cabe por resultar pertinente, recordar al “pluma” Balbuena que se infiltró en 2001 en la Agencia Rodolfo Walsh siguiendo directivas de sus exjefes Alejandro Sánchez y Adolfo Ustares del Cuerpo de Informaciones de la División Análisis de Seguridad Interior de la Federal juzgados y luego condenados por haber realizado desde 2001 hasta 2013, cuando fue accidentalmente descubierto, espionaje ilegal a organizaciones sociales, sindicales y políticas.
El fallo del juez Daniel Rafecas condenó a los tres por incumplimiento de deberes de funcionario público -al máximo de la pena contemplada en estos casos-, a dos años de prisión y el doble de inhabilitación para ejercer cargos.
Myriam Bregman afirmó en la ocasión, según versión de la página La Izquierda Diario , que con esta condena: “Se demostró que no son cuentapropistas, porque fue condenado Balbuena, dos de sus jefes de la Policía Federal. Los espías políticos no actúan solos o por cuenta propia. La pelea que dimos demostró que no, que tienen una estructura orgánica y que cumplen órdenes cuando realizan este tipo de espionaje político.”
Si bien no puede dudarse de lo expuesto, en particular el acierto de dar una referencia histórica al cuentapropismo al que aludía la socialdemocracia contenida en el radicalismo en la década del ochenta , marcando una nueva desmentida para ese tipo de aproximaciones ideológicas a lo real existente, el tiempo y en particular los hechos del miércoles 11 de febrero 2026 dejan a la organización donde es referente la diputada reformista y sus socios de la cooperativa electoral FITU, en absoluto olvido de cuanto pudieron afirmar en aquella ocasión, y de su desconocimiento implicado en sus acciones en la misma plaza donde se desenvolvieron los hechos hoy imputados “a un nuevo Severino Di Giovanni” del siglo XXI, según lo representan las agencias informativas oficiales y los responsables de las agencias represivas del Estado , que solo se concentraron en retirar a sus manifestantes de la misma plaza a la que habían convocado para “luchar contra un proyecto de ley”.
También hay olvido de lo dicho tras el juicio a Balbuena, cuando solo se limitaron a ladrar a la luna con argumentos ampliamente transitados e ineficientes frente al operativo oportunista de baja de edad de punibilidad en la propia cámara de diputados, donde se hicieron presentes para ser una vez más funcionales al orden burgués vigente, que no es otra cosa que una dictadura de clase con formato jurídico que da poder de imperio a las agencias represivas con respaldo del imperio legal y la aplicación violenta de sus preceptos.
Más allá de estos comportamientos circunstanciales de la cooperativa electoral FITU, que como siempre busca preservarse en tanto aparato político frente a cualquier hecho de la lucha de clases que no monopolicen con sus operadores directos, lo cierto es que existe una persistencia en un error que tiene una matriz que es su abandono de la concepción de la forma partido de clase , y sus necesarios modelos organizativos que preserven a su estructura, a partir del contenido revolucionario de su programa y las acciones en lucha de clases que ese programa demande.
Desde la transfiguración de nomenclatura identificatoria operada en 1983, cuando se determinó conformar una versión exclusivamente electoral de organizaciones que habían sido indicadas en leyes represivas de la dictadura militar genocida, como el Partido Socialista de los Trabajadores o Política Obrera, ambos nucleamientos abandonaron sus respectivos programas , básicamente orientados a construir un partido revolucionario de los trabajadores, y pasaron a configurarse el primero en Movimiento al Socialismo y el segundo en Partido Obrero, ambos con programas que se ajustaban a la Constitución Nacional del Estado de la Burguesía.
Las implicancias de todo este operativo, que transformó a cuadros militantes en canillitas de la prensa partidaria, y luego con las mutaciones tecnológicas solo en difusores por las redes y asistentes a cuanta presencia callejera de paseo social se planteara , lleva a que solo quede la denuncia a posteriori de las actividades de las agencias represiva , tal como se hizo con los señalamientos al proyecto X o últimamente frente a las ampliaciones de posibilidades legales de esas agencias por vía DNU, y nunca se proyecte una intervención preventiva organizada.
La pregunta es ¿En que piensan y proyectan estas organizaciones cuando convocan a la “Lucha”? ¿Qué es “luchar” para estos aparatos que usan la calle como las ya casi desaparecidas,comparsas en carnaval? Esta claro que su política es marchar dentro de los márgenes del arroyo que deja planteado la oposición pequeñoburguesa y la dirigencia sindical para con el gobierno, siempre abierta a secar sus aguas a manos de algún tipo de negociación dentro del orden burgués en general y de la hegemonía en general de esa clase sobre los explotados y oprimidos .
Lo cierto, y lo que debe nuevamente ponerse sobre la mesa , es que toda la proliferación de grupos , en particular en las grandes urbes nacionales, que montan un ensamblado de imágenes en una página web, y a partir de ella, todos los dispositivos comunicacionales pertinentes , sin definición de programa , clarificación de métodos de lucha y derroche de oportunismo, a los que rutinariamente se acude cuando llegan elecciones, posibilita la presencia y amparo de sus labores de todo el aparato operativo de las agencias de seguridad, permitiendo acciones como las que nos convocan en este texto, que inclusive les permiten luego disfrazarse en encadenamientos sucesivos de plan B, frente a los efectos mediatos de esas intervenciones.
Dicho de otra forma, se denuncia, se persigue con fervor a Balbuena y cía, pero luego se actúa como si con eso hubiera bastado y no se reflexiona en el accionar de infinitos Balbuena, que inclusive habitan en sus reuniones, sus encuentros, sus campamentos publicitados junto a una piscina “anticapitalista” y demás.
En este punto y desde esta experiencia concreta que da lo sucedido en la última convocatoria a la plaza del congreso, es necesario, retomar reflexiones directamente enfocadas en la cuestión relativa al partido socialista revolucionario de los trabajadores .
Un partido revolucionario, no es solo una organización sindical, sino la herramienta política indispensable para convertir a la clase obrera de una «clase en sí» a una «clase para sí».
La estructura del partido de clase desde debates históricos sobre el particular y la aprobación de su pertinencia en el hecho revolucionario de octubre de 1917, se fundamenta en el leninismo y la ulterior defensa y adhesión que Trotsky pudo gestar en su defensa del marxismo en tiempo históricos de reacción , prioriza una organización centralizada de revolucionarios profesionales, en tanto el énfasis se pone en la necesidad de un partido de vanguardia que dirija a las masas obreras y la población estructuralmente situada como “sobrante” por el orden social capitalista en crisis, superando el espontaneísmo, con un programa socialista claro, organización disciplinada y estructura internacionalista.
El partido es una organización, una forma que emerge desde lo real y su fusión práctica con la teoría nacida de esa realidad de opresión y explotación en forma de programa,orientado a la toma del poder por la clase obrera y sus nuevas estructuras institucionales de poder.
Esa forma partido, implica libertad de discusión y unidad en la acción, buscando ser la dirección política, no un simple auxiliar de los sindicatos, donde se destaca la figura del militante disciplinado, dedicado a tiempo completo a la labor teórica y práctica. Es a través de la militancia real, encarnada en los vínculos sociales efectivos y determinantes de sus cuadros que la organización está unida a un programa político firme, como por ejemplo el plasmado para la realidad boliviana y con proyección internacional en las llamadas Tesis de Pulacayo, que define la independencia de clase del proletariado frente a la burguesía.
En muchas situaciones históricas los revolucionarios deben remar contra los sentidos que toman las corrientes ideológicas de la burguesía y sus colaboradores de clase, marcando los significantes del sentido común de las masas que en términos generales, de una u otra manera terminan por dar consenso a cuanto resulta institucionalmente y por forma legal , de interés de la burguesía en tanto clase dominante y reproduciendo las formas configurativas de lo que materialmente implican las relaciones de explotación contenidas en la acumulación y reproducción del Capital.
Esa adversidad que hoy está por la base en la posibilidad de intervenciones de agencias de represión , es la que debe ser enfocada y sobre la que hay que trabajar en sentido político profesional, por vía de retomar la tarea básica inmediata de propaganda de ideas al interior de la masa trabajadora, en el objetivo que esta se constituye mayoritariamente en clase trabajadora en sí, y como tal fuerza social conforme su partido revolucionario de los trabajadores, con programa socialista y estratégia de conformación autónoma del poder obrero y socialista.
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