Nuevo Curso

LO NECESARIO SE CONTRAPONE A LO QUE RECURRENTEMENTE FRACASA.

Para cuanto queremos señalar en este texto se nos torna necesario recordar que en Radio Continental en los fines de los setenta y comienzo de los ochenta , se enseñoreaba como un sitio de reaprovisionamiento de agua en una maratón, el trabajo y el rol de Magdalena Ruiz Guiñazu, que con profesionalismo del que hoy carecen la mayoría de los que tienen la posibilidad de dirigirse a un micrófono y trasladar pensamientos referidos a los fenómenos sociales que nos contienen en nuestra sobrevivencia , y a modo de asistentes puntuales se mostraban dos voces, igualmente calificadas por sus breves pero pertinentes intervenciones. Una la de Edgardo Alfano, que aún hoy esta en clave de dos voces, y la otra, de tono más severo, la de Eduardo Aliverti.

Casi puede decirse sin temor a equivocarnos, que desde allí, Aliverti fue concitando la adhesión tácita de un grupo generacional activo por la cosa pública de radicación social en su gran mayoría en la pequeña burguesía. Máxime que con la trampa democrática construida por el alfonsinismo y en particular por ese sector social al amparo de la teoría de los dos demonios y el fetiche de la mercancía Democracia, suficientemente bien envasado para su venta mayorísta , su programa en Radio Belgrano remitía a “Sin Anestesia” llegando a tomar como consigna el no pago de la deuda externa.

No es necesario dar cuenta que ha corrido demasiado tiempo cronológico y ya nadie es lo que era entonces, en particular aquella generación que ya está entrada en años y se ocupó en todo el transcurso de ese tiempo, de buscar un lugar bajo el sol, siguiendo como siempre al locutor-periodista.

Tal vez , por todo esto es que hoy sábado 28 de febrero, nos encontramos con la siguiente afirmación que toma centralidad en su editorial: “ El paso ostentoso del gobierno se contradice con la marcha económica “. Dado esto, y sin animo de tomar empeño contra el sujeto ante el micrófono, sino en particular, con todo lo que está detrás de una persona que ejerce su profesión a como le resulte que debe ser , sin que nadie pueda como en la sentencia bíblica tirar la primera piedra.
Esta editorial, deja ver un error plasmado en la construcción del discurso que termina imponiendo su carácter ideológico en tanto forma falsa de narrar lo verdadero.

Hay un concepto de gobierno y Estado que subyace en todo el discurso del profesional que lo pone a la consideración del oyente, conforme al cual, gobierno y Estado resultan estructuras naturalizadas y permanentes en cuanto forma jurídica institucionalizadora de los vínculos intersubjetivos de la sociedad civil que existen por sobre esa misma sociedad, y estarían justificadas por una acción mediadora de bien común. Luego si eso fuera cierto , es lógica la conclusión según la cual el paso ostentoso del gobierno se contradice con la marcha de la economía.
Pero ocurre que en plano real, es esa marcha de la economía presuntamente contradictoria con la ostentación de poder, es la que efectivamente necesita y usufructúa el poder social real hegemónico de la burguesía de conjunto y específicamente del sector interno de esa clase que se ha ubicado materialmente en esa situación .

Luego al poder real, el paso ostentoso no le afecta y al tiempo de que el operador de turno le resulte ineficaz a su ultimo y primario interés de reproducir el capital en situación de crisis, lo sustituirá por otro , advertido que está que su contradictor de clase, los trabajadores carecen como fuerza social de expresión política que impida esa eventual operación. Mientras tanto que caiga , quien caiga.

Esto no se revierte con parlamentarios que no representan en los hechos a esas masas trabajadoras carentes de todo programa político superador de lo dado.
Meses antes de octubre de 1917 , con el texto El Estado y la Revolución, Lenin se desmarca, fundamentalmente, de la mayoría de la socialdemocracia de Europa occidental, del menchevismo en Rusia y, secundariamente, del anarquismo.
Una de las afirmaciones centrales de El Estado y la revolución es que el Estado capitalista debe ser destruido.

En ese sentido, de manera significativa, Tamara Carrera, en Ideas de izquierda acierta en indicar lo siguiente citando al propio Lenin, cuando dice que : ““El problema del Estado adquiere, en la actualidad, particular importancia, tanto en lo referente a la teoría como a la política práctica”, agregando que esta frase con la que Lenin comienza el prólogo a la primera edición de “El Estado y la revolución” no deja de ser vigente hoy en una situación marcada por la lucha de clases, en la cual pensar una estrategia para vencer pasa por el análisis científico de lo concreto, comprender desde la teoría, a qué fuerza es a la que nos enfrentamos, ya que un milímetro de diferencia en la teoría se transforma en kilómetros de distancia en la política.

En ese sentido, es necesario advertir que Lenin no duda en sostener que el Estado , es un aparato burocrático y militar de dominación de clase. Su núcleo es la constitución de una fuerza especial de represión que concentra y organiza la violencia de clase. La organización burocrática y militar excluye a la clase obrera del control de los medios de dominación política, en especial de la fuerza armada.

Visto así, el Estado es instrumento —es decir, herramienta— en cuanto es medio adecuado a un fin determinado. Lo que significa que, por su estructura, es útil para la dominación capitalista y su dictadura pero básicamente hostil al interés emancipatorio que preside la existencia en sí de los trabajadores en tanto clase.

El Estado es una estructura institucional conformada por la forma jurídica que permite la existencia del capital en tanto relación social dominante . Es por su forma o estructura que el Estado es capitalista y eso es lo que oculta Aliverti sembrando esperanza en la posibilidad de un gobierno diverso de lo ostentoso, de base democrática, que con la forma jurídica apunte al mejoramiento social . que necesariamente implica cambios o alteraciones de corte progresista en la propia generación y reproducción del capital dentro de una estructura de atraso y dependencia.

En particular, lo que no dice ni busca expresar el editorial al que nos referimos, por estar concentrado en la idea que le da título, es que tanto la burocracia estatal anidada en sus instituciones, como y las fuerzas armadas se organizan de tal modo que sirven a la reproducción de la dominación de la clase capitalista y, precisamente por ello, no pueden servir al proletariado y sus intereses objetivamente emancipatorios de toda relación social que conlleva explotación y opresión.

El Estado es de la clase social que lo instituyo por vía constitucional y las acciones de sus operadores responden en última instancia al interés objetivo de esa clase dominante, que no es otro que la reproducción del capital. Por ese rol específico es que también tiene dependencia de la acumulación de capital, que logra a través de los impuestos.
De todo esto se deduce, que en lugar de alimentar esperanzas mecanizadas relativas a que presentando al gobierno en situación de fracaso económico cuando en realidad lo que sucede es que los operadores intelectuales de la clase dominante trabajan en consonancia con sus fines, es posible abrigar la expectativ de su caída a manos de una revuelta , lo que corresponde como imperativo categórico es propagandizar al interior de las masas trabajadoras, la necesidad de destruir el Estado capitalista por medio de la violencia revolucionaria y de sustituirlo por la «dictadura del proletariado» entendida como la concentración y la organización de la violencia del proletariado sobre la burguesía con el fin de construir el socialismo o primera fase del comunismo.
Esto no es otra cosa que invertir la dictadura de clase que impone hoy bajo la forma jurídica del Estado de Derecho y sus leyes la burguesía por, la dictadura de la mayoría de la población trabajadora sobre una exigua minoría que es hoy la que concentra el poder real económico y político .
Lejos de las esperanzas en que un plan económico sucumba y llueva mejoría social como mana del cielo, la construcción inicial de doble poder y del poder obrero en particular necesita primariamente de la configuración de un aparato que organiza la violencia de esa clase sobre la actual burguesía dominante. Pero se trata de la violencia de la mayoría sobre la minoría y ya no es un aparato separado y que domina a la sociedad, sino que está subordinado al control democrático de esa mayoría.

Sin embargo, hay que dejar en claro también, y esto necesita ser introducido en la experiencia concreta de la clase trabajadora a través de su vanguardia revolucionaria, que la derrota de la burguesía, primero, y el desarrollo de los fundamentos materiales para la superación del derecho burgués, después, destruyen las premisas de la existencia del Estado.
Esto último, es decir, la cuestión de la persistencia del derecho burgués en la primera fase del comunismo es planteada por Marx en Crítica del programa de Gotha y retomada, casi sin modificaciones, por Lenin. El desarrollo de las fuerzas productivas que lega el capitalismo determina que, en una primera etapa, de duración indeterminada, las relaciones de distribución deban organizarse en torno al principio de «a cada cual según su trabajo». Ello significa la persistencia de la contradicción entre igualdad formal y desigualdad real (a cada cual según su trabajo sin consideración de las diferencias individuales, familiares, etc.), por tanto, la persistencia del derecho burgués porque allí donde hay derecho hay Estado. El desarrollo de las fuerzas productivas permitiría en algún momento pasar al principio que postula «de cada cual según su capacidad y a cada cual según sus necesidades», dando así lugar a la extinción completa del Estado.

En definitiva, es necesario destruir el Estado capitalista, pues por su forma y por su estructura no puede ser órgano de la dictadura del proletariado. Toda acción política que no reconozca más allá de los matices tácticos en juego, ese objetivo estratégico es ajena a la lucha revolucionaria y se inscribe irremediablemente en el reformismo, que por definición, excluye la revolución, y se constituye finalmente en la ideología contrarrevolucionaria que limita el cambio.
«Las reformas no excluyen, por supuesto, la revolución», pero la reforma no es una revolución, sino una alternativa a la revolución para la burguesía forzada a ceder, pero no es este el actual escenario del presente estadio en que se concentra la lucha de clases sino el inverso, en la medida en que quién cede en actitud defensiva es la propia masa trabajadora . Sin embargo, «La cuestión es que los revolucionarios no deben excluirse a sí mismos, no deben ceder al reformismo, es decir, que los socialistas no deben sustituir su labor revolucionaria por una labor reformista.» (Lenin, OC 38, P 582-583)

Nuevo Curso