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08 DE MARZO DE 2026 Los olvidos permanentes de la ideología gestada por el poder burgués. Las sombras de una desdicha

Es difícil que se relacione en referencia a la actual lucha de las trabajadoras y en particular en este nuevo 8 de marzo, su específico derrotero, con aquel Trelew de 1972 que como masacre, nos pesa en la memoria colectiva por el fusilamiento de presos y presas políticas en una base de la armada.

Confrontado de manera antagónica con esos intencionales “olvidos”, hoy queremos recordar a Clarisa Lea Place, Susana Lesgart, María Angélica Sabelli, Ana María Villareal y María Antonia Berger, muertas por buscar con todo cuanto podían dar de sí no la conquista de un derecho sino por la construcción de un nuevo orden social superador de la explotación y la opresión engendrada y reproducida a diario por el capitalismo.

En el mismo renglón, por una lucha con iguales objetivos, En el ataque al cuartel de La Tablada el 23-24 de enero de 1989, perdieron la vida combatiendo, Berta Bravo, Claudia Lareu, Dora Beatriz Molina, Felisa Lidia Suárez y María Graciela Tauro.

La clase trabajadora y en particular su vanguardia, por estar inmersa en la dialéctica de la lucha de clases, nunca parte desde cero. Las vidas puestas en esa lucha desde estas luchadoras forman parte, aunque la ideología dominante haga lo posible por ocultarlas de un mismo proceso emancipatorio que es el objetivo estratégico de la clase trabajadora, única fuerza social capaz de dar cuenta de ese objetivo.

El capitalismo, básicamente es un modelo de orden social conformada por productores de mercancías en forma generalizada. El carácter anárquico y anónimo de esa producción mercantil, tiene como consecuencia la cosificación de las relaciones humanas, de manera que las relaciones entre seres humanos perviven en plano de las apariencias, cuando en realidad son relaciones entre cosas en las que se ha enajenado su subjetividad.

La construcción del poder obrero y socialista solo puede aparecer como superación dialéctica del orden social capitalista. En igual medida la determinación subjetiva hacia la concreción de la condición revolucionaria sólo puede, aparecer como superación dialéctica de la condición humana enajenada a la que somete el orden social capitalista al ser humano.

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