Nuevo Curso

La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos».

“Socialismo, es un régimen social donde la
vida no es negocio” (Goyo Flores)

Karl Marx, no pierde vigencia aunque algunos formatos de discursos y acciones políticas reales entre quienes se dicen seguidores lo desmientan en los hechos.

Lo propio ocurre con Lenin y Trotsky, con este último al punto de que se identifique todo cuanto sucede en espacios de lucha parlamentaria con los ejes de sus intervenciones históricas en momentos de defensa de Marx y el bolchevismo contra la burocracia soviética.

Pese a todo esto, que es fácilmente constatable a poco que se penetre en los sucesos políticos y sus consecuencias en el tejido social, que incluye también las “no consecuencias”, que las certeza en la necesidad de acudir aún a las herramientas conceptuales y metodológicas que ha dejado Marx , deviene de el factor que supo señalar Jean Paul Sartre indicando en Cuestiones de método (y preámbulo a la Crítica de la razón dialéctica), que el marxismo es la filosofía insuperable de nuestra época mientras persistan las estructuras capitalistas, en particular porque el marxismo no es un dogma, sino un método de análisis histórico-dialéctico vivo y necesario para comprender la sociedad.

Asimismo, y sin dudas, el artefacto creado por Marx reclama como imperativo su utilización en tiempo presente en referencia a los fenómenos emergentes en plano de realidad de la lucha de clases, porque tiene una entidad propia que da por tierra con la idea clásica de filosofía y llama a los que luchan y afrontan tareas políticas, a volver a interpretar el mundo, como hicieron todos los sistemas filosóficos del pasado, pero apuntando a su transformación. Cada gramo de pensamiento generado en nuestra sociedad buscando dar cuenta de los sucesos que se dan en ella, es completamente indisociable de una actitud transformadora de las estructuras sociales.

Muchos, entre los que se cuentan los que asumen la tarea de darle letra al presidente pretenden que Marx pague la cuenta de Stalin. Pero a la vez ocultan que el sistema capitalista no triunfa dando contenido concreto a sus premisas de igualdad, libertad y fraternidad con las que vino al mundo , y además pasa por sucesivas crisis

Por este cuadro de situación , que en cierta medida explica los ataques reiterados y las anatemas a quien visualiza como divulgadores de Marx por parte de los operadores a cargo de la gestión de gobierno de los intereses de la burguesía , es que desde nuestro grupo de propaganda, llamamos a la vanguardia militante a encontrarse en “un Marx más secularizado, menos sujeto a las experiencias políticas y los sistemas ideológicos del siglo XX”, para de esta forma dejar vacío de sentido a ese operativo político de quienes hegemonizan la construcción del discurso de sentido común desde el poder burgués.

Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.

El momento actual exhibe cómo, las contradicciones acumuladas de la economía política emergentes de las estructuras productivas capitalistas han llegado a un callejón sin salida, lo que hace que si bien el orden social capitalista sigue vigente, aparece como notoriamente disminuido en su apariencia de naturalidad, inevitabilidad y permanencia.

Ese contexto de vigencia de Marx, nos pone frente a todo lo vivido esta última semana en referencia a las distintas operaciones políticas montadas sobre el 24 de marzo, reportadas desde la reflexión que se impone por la sola existencia de un feriado nacional.

Marx aparece entonces como un caminante que acompaña la procesión que busca un escenario donde el folclore K-peronista dicta su misa , y no se le presenta otra posibilidad que acudir a sus pensamientos que se tradujeron en el tiempo en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852)

Es allí donde buscando una propuesta para ese mar de jóvenes presentes nos invita a recupera la historia de combate de nuestra clase trabajadora con “vocación de presente y futuro” afirmando que la lucha programática y organizada solo es :
“para glorificar las nuevas luchas y no para parodiar las antiguas, para exagerar en la fantasía la misión trazada y no para retroceder ante su cumplimiento en la realidad , para encontrar de nuevo el espíritu de la revolución y no para hacer vagar otra vez a su espectro”

Las revoluciones utilizan el dato histórica y la comprensión también histórica que ha dejado plasmada en la clase trabajadora, para inspirar nuevas luchas, en lugar de simplemente imitar el pasado. La vanguardia obrera, buscando la constitución de sus miembros como revolucionarios deben encontrar el espíritu de la revolución sin parodiar las formas antiguas, elevando las nuevas luchas a través de la construcción de una nueva sociedad en lugar de retroceder ante la realidad que transitoriamente le pueda ser adversa. usando el pasado como inspiración y no como un guion que repetir.

El pasado puede limitar la imaginación revolucionaria si se copia literalmente.la revolución si es verdadera y los revolucionarios, crean su propio futuro. La imitación de épocas anteriores se convierte en farsa.En las revoluciones, la resurrección de los muertos sirve para magnificar la nueva misión, no para huir de ella

Una marcha en día feriado, avanzando callejeramente tras los símbolos y las premisas de un sector del peronismo torna necesario advertir que el material disponible de nuestras revoluciones es una opaca y contradictoria combinación de lo transmitido por nuestro pasado, sin autonomía en el presente dentro de la definición de una política de clase . Si esto no se advierte, ese pasado puede terminar “oprimiendo el cerebro de los vivos como una pesadilla”.

El pasado puede volver a nosotros como una revolución, pero también como una farsa. También los tiempos se revuelven y viejos espíritus de la reacción susurran al oído de los vivos sus promesas de futuro.

«Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos». Una pesadilla, efectivamente, es la que vivimos cuando lidiamos con el peso de los legados históricos.

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