En Argentina, por fuera del bullicio exhibido episódicamente en las efemérides o días feriados, existe un silencio mayoritario de la clase tabajador al que no alcanza perturbar la propaganda y la agitación de la vanguardia en tanto la misma está vacía de todo contenido teórico practico nacido de la materialidad y los intereses de esa clase. Ocupar las calles haciendo prevalecer a la condición de ciudadano por sobre toda construcción ideológica propia de la clase trabajadora , no conduce a la emancipación del trabajo de toda relación social de explotación y opresión. Las presencias masivas en el contexto indiferenciado de pretendidos ciudadanos que claman por derechos , no conduce a ningún objetivo estratégico liberador y señala la continuidad del derrotero del fracaso, trazado a través de más de cuatro décadas.
Con este silencio y su apariencia engañosa de cánticos y gritos callejeros ocasionales , sin continuidad de programa teórico-practico traducido en política de clase , solo produce una zona de abismo tendida hacia las masas trabajadoras. Se diseña un erróneo camino que nos encadena a la zozobra, y la dificultad de la pobreza y miseria cotidiana, y a la preocupante conclusión de que la vida no es otra cosa que su negación. Cada noticia forma cortejo, por diferentes que fueran sus contenidos, todas ellas tienen el común denominador de su contraste con la necesaria prevalencia de la condición humana. Hasta el tiempo se comparte de una manera tan individual, que todo lo existente, parece no compartido ni fruto de un hacer colectivo de quienes solo poseen su fuerza de trabajo.
En ese contexto, parece antojadizo, pero se muestra como tarea de necesaria comprensión entender que las potencialidades del cine en tanto medio de expresión, de transporte de mensajes con combinación de todas las demás artes, algunas de modo significativo y otras en menor medida pero de profunda influencia en torno de los paradigmas culturales de una época, pueden medirse incluso luego de la instalación en el tiempo del film a como diere lugar en el sentir y desear de las masas.
Desde mi manera de ver que no tiene pretensión alguna de erudición, y como uno más de esos sujetos que en toda su vida no han dejado de estar o ir al cine y lo consideran parte de su existencia, me animo a decir que Casablanca, es cine en toda su magnitud.
Tengo claro que con lo dicho no agrego nada nuevo , ni sorpresivo como para que usted me dignifique deteniéndose unos minutos a leer este texto, pero mi objetivo es poner en lugar significativo en la cultura que hoy se genera, la distinta implicancia que deja hoy la película en referencia a la que le hizo ser un éxito de taquilla y mercancía globalizada por el negocio implicado en su distribución y exhibición , llenando salas de los lugares más distantes del mundo.
Hoy Rick Blaine y el capitán Renault jefe en Casablanca de la policía organizada en ese territorio estratégico por la Francia de Vichy ,régimen colaboracionista de la Alemania nazi establecido en la zona sur no ocupada Liderado por el mariscal Philippe PétainVichy en Casablanca, exhiben su correspondencia con aquel momento histórico, pero a la vez resultan víctimas de una caducidad social que le ha llegado impuesta en parte, por la adolescencia eterna en la que habitan nuestros jóvenes en estos tiempos de existencia que despojan a la vida de todo contenido humano y solo tienen el mérito de exhibir sin tapujos la enajenación , por via de la transformación alienado de las personas en objeto mercantil capaz de ser transado o excluido en cualquier mercado .
Rick y el capitán Renault son otros hombres. Seres humanos que al menos dejan una condición presente como elemento componente de la dignidad humana. Hoy cuando hablamos de hombres tenemos que aclarar que el empleo genérico del término no implica exclusión, en tanto es un uso genérico. Esos otros hombres son también desaparecidos, en tanto la cultura dio cuenta de ellos por las transformaciones productivas y sociales que ella implica y reproduce. No hay más aeropuertos, madrugadas, tipos que miran fijo a los ojos y saben perder si ello implica ganar en dignidad.
Rick, el capitán Renault, Ilsa Lund y Víctor Lazlo, sin acaso saberlo o proponérselo, marcaron un modelo cultural de seguimiento , donde la condición humana asume prevalencia, aún cuando se vea involucrada en situaciones que implican perdidas afectivas o tratos al margen de la ley en un sitio sin ley en contexto de la mayor anomalía de cualquier norma , como lo es la guerra declarada entre Estados. Hoy se ha impuesto a ese modelo la más absoluta caducidad , transformando al hecho cultural implicando en Casablanca, en una pieza de museo, que solo sirve para que algún erudito del cine trabaje su discurso sobre ella, como un objeto inerte.
Tal vez sea hora de quienes tienen un posible horizonte vital por delante , puedan volver a comprender eso de el sentido digno de la existencia, la lucha por la emancipación de toda opresión por vía de admitir que es imperioso y urgente, dejar abierto, como machete que forma un claro en la selva más tupida, eso que no es otra cosa que la búsqueda afanosa del sentido liberador de la vida, emancipada de relaciones sociales que implícan en sí , explotación de un hombre por otro y la conformación cada vez más aguda de un sujeto enajenado.
No hay que volver a lo ya inexistente, la historia no lo permite, porque cualquier posible retorno implicaría una farsa, tal como lo dejó claro Marx en el texto del 18 Brumario de Luis Bonaparte. Sin embargo, nada impide que podamos construirnos desde la barbarie capitalista que transitamos, en personas, capaces de poder exhibir miradas como las de Rick viendo carretear el avión que permite huir a Ilsa Lund y Víctor Lazlo , porque no basta ya con exhibirse para ser visto y mostrarse como un objeto en góndola un día feriado de 24 de marzo, para luego hacer de cada existencia un elemento necesario de una relación mercantil continua que despoja de toda subjetividad, imponiendo la hegemonía del fetiche.
No basta, con detenerse a investigar quién ha de emancipar y quién debe ser emancipado. La crítica de la crítica, ínsita en toda filosofía de la praxis orientada al cambio social, tiene que preguntarse, además, otra cosa,¿de qué clase de emancipación se trata , que condiciones humanas van implícitas en la naturaleza de la emancipación por la que se propone luchar?
No tenemos la respuesta a estos interrogantes. La historia, si deja huellas de un camino posible por los hechos revolucionarios internacionales y los encarnados por otras generaciones de trabajadores en Argentina en otros tiempos histórico pero que tienen encadenamiento en lo real . A ellos invocamos como faro de referencia lumínica en una tormenta en el mar capitalista como la que nos toca atravesar y que nos puede colocar en el lugar de la embarcación que zozobra.
El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva es un problema práctico. Ya que es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad del pensamiento. Ese sendero no tiene nada que ver con lo que exhibe una calle poblada de gente gritando, que así como la ocupa un 24 de marzo, también se mueve por que se cierra un bar “emblemático” o para saludar a un equipo ganador.
El camino que es necesario recorrer, no comienza en el hoy, porque lo actual es emergente de una tendencia inscripta y desarrollada en el ayer . Es un sendero que no se nutre necesariamente de la cantidad, sino de la calidad puesta en el consenso de las masas trabajadoras sobre relevancia que tiene la condición humana en toda acción política que se asuma teniendo en miras su emancipación social de toda relación productiva que implique explotación y opresión.
Daniel Papalardo-Nuevo Curso
