El discurso político contradictorio , nunca consensuado de las organizaciones que conforman la cooperativa electoral FITU, se produce superpuesto por actividades de propaganda que dejan subyacente esas contradicciones y ubican como imperativo la presencia de sus dirigentes en cuanto espacio público o comunicacional sea posible, trabajando constantemente más su imagen que la real proyección en los hechos de un programa teórico-practico que obre como referencia de difusión en toda esa acción.
Este fenómeno visiblemente exhibido por rutina de campañas electorales fracasadas pero continuas, ha llegado a su esplendor con la advertencia de los datos que dan a una consultora, más de 3.400 encuestados.
De ese instrumento se sigue, que la evaluación sobre la gestión de Milei ya es un 55,7 % negativa. Sólo un tercio cree que su economía mejorará y al Gobierno ya no le sirve apelar a la “pesada herencia”. Alto repudio a la reforma laboral. Pero lo significativo es, que se destaca con bombos y platillos que Myriam Bregman encabeza el ranking de imagen positiva, por encima de Kicillof, CFK y el propio Milei.
La evidencia que deja lo dicho, es que el objetivo del cotidiano hacer militante, es la imagen y no lo real, y esto surge de la exaltación consecuente de lo indicado, hecha por el propio aparato publicitario, que nada dice en cuanto se refiere a la conformación de la fuerza social desde la cual se pueda dotar a la labor militante de una finalidad constructiva de una fuerza política.
En este punto hay que recordar que es esa necesaria relación establecida entre fuerza social y fuerza política dada en el seno de la lucha de clases la que debe tener prioridad a la hora de medir el desarrollo de la actividad revolucionaria y no la simple medición de imagen enfocada en una personalidad y no en el desarrollo-exposición de un programa teórico-practico.
Con esto último apuntamos a decir que , opera en el caso un principio lógico: el error en el inicio de la apropiación de un dato, se proyecta a toda la elaboración intelectual que repose en el mismo y se continúe en el desarrollo subsiguiente, mucho más si se trata de sacar conclusiones, determinantes de nuevas intervenciones.
Cualquier intervención apologética nacida de este dato tan publicitado ha generado en los hechos, hipótesis teóricas que dan cuenta que sus cultores y difusores, encerrados en un micro mundo autopercibido generan una proyección de sentidos y discursos distantes con lo real.
Esa «militancia de entre casa», donde todos se referencian en la pertinencia de lo que se hace, mirándose en ese otro cercano por asimilación a la imagen compartida los pone cada vez más lejos del mundo real y dificulta significativamente que sean las condiciones sociales reales las que los puedan incitar inmediatamente a transformar esta “mala realidad”, constituyéndolos lisa y llanamente en una mala versión de una barra fanaticada de un producto mercantilizado, tal como termina por objetivarse la abogada Myriam Bregman .
Lo significativo en todo este fenómeno es que en ningún caso su acalorada difusión en clave de exaltación alude a la existencia de una confrontación social propia de una sociedad de clases como lo es el orden social capitalista. Es decir, se elude la premisa escrita por Karl Marx en el Manifiesto Comunista según la cual, el motor de la historia humana es el conflicto ininterrumpido entre opresores y oprimidos. Esta lucha, derivada de las relaciones de producción y la propiedad, transforma la sociedad o provoca la ruina de las clases en conflicto.
Al eludirse este parámetro se oculta o no se deja advertir , la objetividad de la confrontación y que toda afirmación o dato emergente del cuerpo social , debe necesariamente ser considerados en coordenada de lucha de clase, considerando también que los bloques de esa confrontación contienen en sí mismos múltiples fracciones capitalistas frente a múltiples fracciones obreras. Por eso, en la medida en que se impongan los intereses de al menos alguna fracción del capital , la lucha mengua su fragor, tendiendo a transformarse en “competencia”, esto es , a invisibilizar la violencia .
Esto último es cuanto deja ver la apológía y exaltación de las dotes fetichistas de “la rusa o la zurda” según se la quiera identificar. Es decir el fetiche construido a través de la laboriosa producción de la imagen llega a su disfrute y por eso se comunica, cuando la abogada Bregman llega a subirse al podio, tipo Colapinto, en el mercado de los operadores políticos del régimen republicano de la burguesía dominante.
Queda claro entonces que se trata de una “competencia “ y no de la encarnadura de una organización en la lucha de clases y que el medio que esa organización propugna para salir del actual estadio de esa lucha real entre explotadores y explotados hacia uno superior en modo ascendentes para los intereses de estos últimos , es que la imagen se ubique por sobre los otros productos políticos de otros sectores de la clase dominante.
La lógica subyacente al pasaje entre diferentes estadios de la lucha de clases se nutre de elementos que son ajenos a las “imágenes”. En esto, también se puede notar , como estos vendedores de libros de Gramsci y gestores de “charlas-debates”, en el paso del dicho al hecho, se apartan de sus caracterizaciones. En particular una cita del revolucionario italiano exhibe ese distanciamiento , que en la cuestión resulta vital para que se comprenda el yerro de ir por la persona y no por el programa.
Lo cierto es que existen distintos estadios en el desarrollo de la lucha de clases y a cada uno de ellos le corresponde una determinada “estabilidad” relativa donde surge inevitable el problema de dar cuenta de los encadenamientos objetivos y subjetivos para dar cuenta del pasaje de un estadio a otro, en particular , cuando lo que se busca desde lo estrategia revolucionaria , es que ese pasaje sea en sentido ascendente desde los intereses emancipatorios de los trabajadores.
La exaltación de encuestas de opinión se inscribe en sentido político en la lógica reproductiva de lo existente, buscando dentro de ella , que una personalidad política sea considerada en supremacía a otras también gestadas dentro de ese orden gestado , construido e impuesto por el poder burgués real a través de la forma republicana y de democracia indirecta. Llamar a tocar tambores de señalamiento del buen camino, cuando el dato no implica esa conclusión, es ocultar la apelación a la competencia de mercado, por sobre la lucha organizada en partido de clase orientada al cabio social
Dice Gramsci , por referencia a como debe ser analizado el proceso de lucha de clases que:
“…. Solo se puede prever “científicamente” la lucha pero no los momentos concretos de esta, que son forzosamente el resultado de fuerzas opuestas en continuo movimiento, irreductibles a cantidades fiijas porque en ellas la cantidad se transforma continuamente en calidad. En realidad, se prevé en la medida en que se actúa , en que se aplica un esfuerzo voluntario y por consiguiente, en que se contribuye concretamente a crear el resultado previsto . Por tanto, la previsión no se revela como un acto científico de conocimiento sino como la expresión abstracta del esfuerzo que se hace, el modo práctico de crear una voluntad colectiva …”(Gramsci Antonio. “La Política y el Estado Moderno. Barcelona: Planeta Agostini, pag.28)
El posicionamiento en imagen tan voluminosamente exaltado,.no da cuenta de que haya ocurrido en nuestra existencia social un desequilibrio dinámico en el actual estadio de clase , que se desenvuelve en el nivel inferior de esa confrontación de antagónicos, que imponga una transformación en el ordenamiento de los elementos que lo componen que hace necesario el cese de lo dado para dar lugar a otra situación favorable al interés de los trabajadores constituidos en clase social autónoma.
La necesidad del pasaje a otro momento de la confrontación plasma la agonía de la competencia y deja ver el objetivo espacio de la violencia en tanto el movimiento ascendente que debe operar la fuerza social encarnada en los trabajadores, se su pasaje a configuración como fuerza política autónoma y tal necesidad es la expresión deuna variaci´n en la relación de fuerza que conforma la estructura actual del orden social capitalista , factor que no es constatable en los hechos en la medida en que solo surge de ellos, acciones defensivas desesperadas ante la ofensiva burguesa que logra llegar a sus formas jurídicas que le den la posibilidad de imponer su violencia estatal de manera legitimada por la ley formalmente válida.
No hay voluntad , individual o colectiva, que tenga en sí la capacidad de variar la correlación de fuerzas en tal grado como para cambiar la lógica en la que se sustentas las acciones sociales en general.
El camino a recorrer es inverso a cuanto se sigue de esta apología del dato estadístico y la reproducción en plano ampliado de la figura de una militante del FITU.
Parece mas apropiado y con beneficio en la determinación de llegar a la masa trabajadora por vía de su vanguardia asumida como clase que nos adentremos en un análisis de la relación de fuerza entre las clases, desde donde poder ver el grado de organización h cohesión de las fuerzas sociales contrarrevolucionarias, la complejidad y el nivel de su Estado, el desarrollo de sus contradicciones internas tanto en el orden nacional como internacional.
En el mismo sentido de lo anterior, hay que tener en claro el grado de organización y fuerza de los trabajadores , su experiencia histórica y actual y su comprensión consciente de sus objetivos emancipadores estratégicos. Solo ello puesto en acto nos permitirá establecer la dinámica futura de la lucha revolucionaria, nunca emparentada con la “competencia” por la imagen que un militante logra ante las masas sin diferenciació de clases, dentro del orden social capitalista impuesto y reproducido por el poder burgués real.
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