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NUESTRAS TAREAS POLÍTICAS ANTE EL DERRUMBE DEL REFORMISMO OPORTUNISTA.

Todo método organiza el pensamiento y a la vez impone restricciones a quien lo utiliza como herramienta de conocimiento de un fenómeno social.

La búsqueda de la formulación concreta de lo que se conoce como “leyes sociales” en el campo del pensamiento, es entonces, una consecuencia necesaria de la acción de quienes se preocupan por comprender cabalmente los fenómenos sociales y ello visto en particular, es consustancial al espacio del saber propio de la ciencia.

Dentro de ese contexto, cuando apelamos al concepto de “ley social”, estamos aludiendo a la descripción de un fenómeno de esa naturaleza con reiteración y regularidad formal en los hechos, con capacidad para ordenar la dialéctica del proceso social de lucha de clases de un período dado. Por esa razón la formulación de estas leyes escapa por definición a las subjetividades de los intérpretes y protagonistas y se sobreimpone como tal a los deseos del ser social y al del ser humano individualmente considerado.

La tendencia de la caída de la tasa de ganancia es una premisa central en el marxismo, que asume el carácter de una ley social y por tal se hace cargo de todos los elementos definitorios que puntualizamos en los párrafos anteriores. Por ella, se sostiene que la rentabilidad del capital tiende a disminuir a largo plazo. Afirmando que esto ocurre porque la competencia obliga a los capitalistas a invertir más en maquinaria y tecnología (capital constante) que en mano de obra (capital variable), reduciendo la fuente de plusvalor.
La inversión en maquinaria aumenta más rápido que el gasto en salarios, disminuyendo proporcionalmente la creación de plusvalor. Esto implica que ,al reemplazar trabajadores por tecnología, el sistema capitalista reduce la fuente directa de valorización (la fuerza de trabajo), dificultando la expansión del capital.

La tendencia de la caída de la tasa de ganancia en el capitalismo es vista por Carlos Marx como una determinante que genera crisis de paralización del sistema económico preparándose para su ampliación posterior. Marx identificó mecanismos que pueden frenar esta caída, como la intensificación de la explotación laboral (aumento de la jornada, reducción de salarios), el abaratamiento de la maquinaria, el comercio exterior y la reducción de impuestos.
Sin embargo, andando en el tiempo, otros economistas dan otra versión aún cuando se mantienen dentro del mismo contexto. En ese sentido para Shaikn, Guerrero, y Mandel, la ley se cumple, pero no obstante, tiene ritmos de crecimiento diferentes que comienzan con una etapa “corta” de recuperación posterior a una crisis, basada en la destrucción de capital, tal como fue el caso de la Segunda Guerra Mundial para la crisis del año 1929; y luego de revitalizado el sistema viene una nueva larga etapa de decrecimiento lento de la tasa de ganancia, hasta caer en un nuevo periodo de crisis.

Cuanto sucedió, según lo permite una lectura con sentido histórico es que las medias adoptadas desde los Estados que formalizan el poder burgués y en particular las directivas de sus intelectuales orgánicos no lograron cambiar el destino de la caída de la tasa de ganancia, situación está que llegó en la crisis del 2008.

Desde entonces, el derrotero que sigue, al que no se puede establecer como una etapa histórica en tanto implica un proceso inacabado, de los propios efectos de la crisis de 2008, es un reordenamiento político mundial de proporciones equivalentes a los que se describieron en las dos grandes conflagraciones militares anteriores ya que se requiere necesariamente una etapa de destrucción de capital de mayor en dimensiones cualitativas y de cantidad a las de aquellas guerras.

En Argentina, entendida como estructura productiva de capitalismo tardío, los efectos negativos que el atraso conlleva hacen que la crisis descripta se manifieste en plano objetivo como violencia, homicidios, desnutrición, ampliación de la represión punitiva legalizada por el monopolio de la violencia ejercida por el Estado, analfabetismo, ignorancia, destrucción y explotación de los recursos naturales, deterioro de los ecosistemas, afectación permanente de la biodiversidad, entre otros, pero de modo específico y de mayor entidad, en la profundización del desempleo y cierre de las fuentes de adquisición de fuerza de trabajo en el espacio concreto del capitalismo industrial dominado por el capital financiero que lo absorbe más temprano que tarde.

El militante que pone su acción humana cotidiana, su capacidad de trabajo en el espacio específico de lo político, a partir de su propia existencia sometida a relaciones sociales de producción que implican explotación y opresión, necesita que esas acciones impliquen en sí mismas un acto creador, pero a la vez, advertido de que no crea de la nada ni se mueve en el vacío que le imponen sus deseos ideológicamente construidos desde la cultura que es conformada por la clase dominante.

El militante tiene entonces la obligación de fundar sus acciones en la realidad efectiva, y es en ese plano donde se cuela con significación las consecuencias significativas de La tendencia de la caída de la tasa de ganancia construida como ley social.

Aplicar la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de las fuerzas realmente existentes y activas basándose en el terreno de la realidad significa siempre moverse en el terreno de la realidad efectiva y no en el deseo, tal como lo dejó expuesto Antonio Gramsci en el texto “la política y el Estado Moderno”, todo lo cual implica un imperativo para la vanguardia socialista en cuanto hace al contenido final de todas sus intervenciones en el actual período de lucha de clases y de desenvolvimiento de la reproducción del capital puesta objetivamente en crisis, que es preparar de modo organizado a las nuevas generaciones obreras que entran al conflicto y por ende a la lucha y no esperar que las generaciones se preparen por sí mismas por propia determinación.

Todo esto implica negar la operación política contenida en las actuales organizaciones que llaman de manera directa u oblicua a introyectar la idea que la construcción del poder obrero y socialista carece en los hechos de madurez suficiente y que no se verifica en el tiempo social la premisa de la toma del poder por carencia de desarrollo de esa finalidad en el plano consciente de las masas.

Lo necesario resulta entonces, volver a proponer en la vanguardia trabajadora y por ella a las masas de la población explotadas y oprimidas , las herramientas elementales de la acción política revolucionaria a partir de la comprensión de las leyes sociales que la atraviesan con objetividad, abandonando las tácticas oportunistas y la exaltación reformista de la política de declaración abstracta de derechos subjetivos dentro del contexto de la forma de Estado republicana con la que se instala y reproduce en lo cotidiano el poder burgués dominante.

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