Nuevo Curso

En el mismo lodo todos manoseados. No aclaren que oscurecen

Finalmente, todos los discutidores profesionales y los cultores de lo abstracto se convocan en un concierto de opiniones interesadas, para armar una situación dentro de las propias filas, de consumo interno y periférico , con el solo objeto de mantenerlas “ocupadas” y distantes de lo real existente .
En ese contexto situacional , hay que destacar de manera primordial que , los presuntos opinantes preocupados por la revolución , no son otra cosa que astillas del mismo palo morenista que en su oportunidad no supieron ni tuvieron la capacidad de dar un salto cualitativo en su derrotero y como consecuencia de ello implosionaron en las actuales variantes de lo mismo, con disfraz de autonomía y autocrítica, siendo que, en todos los casos en su mayoría no dejaron de perder el eje de esa corriente ideológica que malverso el capital intelectual y de conducta militante que Trotsky dejó inscripto para los revolucionarios en tiempos históricos, donde lo prioritario era , como hoy , la defensa del marxismo frente a los embates violentos del Stalinismo y la socialdemocracia.

Los sujetos que se prestan a las disputas con el obsoleto método de las cartas abiertas en pleno siglo XXI, son filas del morenismo, que buscan cumplir el anhelo de Nahuel Moreno de seguir llamándose a sí mismos Trotskistas, en proporción directa a su real alejamiento, factor que se expresa de manera específica, cuando los “contendientes” acuden a la idea de “un nuevo programa de transición” sin antes explicar, cuáles serían las razones para pensar en un programa de tal naturaleza, si no es otra que el imaginario de Nahuel Moreno al revisar las tesis de Trotsky .

Ese desarrollo muestra por sí mismo aquello de lo que se trata todo esto, que se asemeja a las reuniones en los monasterios en el medioevo para fijar las premisas de la Iglesia dominante, y determinar si los ángeles tienen alma sensible o no.

Lo cierto es que no se detienen los carteros emisores y remitentes, ni tampoco lo hacen los destinatarios en el específico lugar de las premisas convocantes, contaminados genéticamente con la la autorreferencia y la siempre viciosa tendencia a sentirse portadores y propaladores de la idea clara y distinta.

Si huyeran de ese formato. Si haciendo real autocrítica de sus modos y pareceres lo hicieran, advertirían que si se requiere de un nuevo programa de transición es porque a la vez se reniega del original pero manteniendo el método de construcción por vía de consignas transicionales. Si ello es así, lejos estamos de la posibilidad de apertura de un proceso de cambio social, porque en todos los casos estamos ante organizaciones renegadas y no afirmantes de las premisas teóricas que Trotsky dejó plasmadas en aquel documento previsto para un particular momento histórico de la lucha de clases , que no tiene réplica exacta en el actual estadio de ese proceso.

Dicho de otra manera, si la premisa es que hay un momento favorable a la clase trabajadora en sus objetivos emancipatorios estratégicos , eso implica que no se requiere de consignas transicionales, puesto que son las propias masas trabajadoras quienes se estarían referenciando como clase y trascendiendo de fuerza social a fuerza política autónoma organizada con forma partido-programa en base a premisas de programa máximo-socialista.

Tal como lo señalan otros, es claro que no existe ese panorama en la realidad y obtener la realidad de esa situación, en los hechos cotidianos, es precisamente la tarea de agitación y propaganda realmente concerniente a este período.
Un ejemplo histórico y dramático da cuenta del yerro que contiene la premisa básica del planteo expuesto por “los carteros” . Ocurrió meses antes del hecho político conocido como ataque al batallón “La Tablada” en los fines de la década del ochenta del siglo pasado”. Uno de los fundamentos por los cuales el grupo Todos por la Patria decidió el ataque manifestando públicamente que lo hacía en defensa del orden constitucional contra un posible ataque golpista “carapintada”, fue que durante un período prolongado había constatado con trabajos de “campo” que las masas se expresaban determinadas en su voluntad a enfrentar una asonada de ese tenor e incluso veían con buenos ojos el empleo de lucha armada para resistir a ese tipo de tentativas. Los hechos, como se sabe dieron cuenta de lo abstracto del planteo y de la ausencia de toda participación popular en el intento y la masacre con desapariciones incluidas que se sucedieron dentro de las instalaciones militares.

Pensar que una consulta de opinión desde sectores privados profesionales, puede dar medida del grado de convicción compartido como factor común por las masas , es sin duda un error y como tal no puede llevar a otra cosa que a conclusiones apresuradas como las que se vierten en el diálogo epistolar.

El drenaje morenista aflora por la tinta que sudan estos papeles cuando claramente se sostiene un remake de la parafernalia ideológica que esa corriente supo destilar en los comienzos de los ochenta, cuando se ocupó de enterrar al PST y lanzó el MAS.

Es decir, impulsar una mayor unidad dentro de la izquierda, construir una fuerza amplia de trabajadores, combinar la movilización social con la vía electoral, y elaborar una plataforma de medidas concretas a corto plazo para ser debatida públicamente, capaz de seducir a las masas. Se advertirá entonces que la cuestión es más de lo mismo y que más de cuatro décadas de historia desmienten en los hechos semejante desarrollo, no sin dejar de tener presente la frustración de varias generaciones militantes tras esas premisas.

En el contexto de este enjuague operacional maniobrero, con otro viejo recurso, propio de la escuela-jardín de infantes, que supo formar a estos dirigentes, Izquierda a Diario se toma el trabajo de contestar por vía de terceros, y publica otra “carta abierta” originalmente instalada en el sitio Kalewche.com, que lleva firma de Federico Mare y Nicolás Torre Giménez, quienes no se han tomado el trabajo de legitimar sus dichos indicando en razón de que y de quienes intervienen en el diálogo epistolar, que si bien utiliza el formato de carta abierta tiene en todos los casos un destinatario que no son los firmantes.

Esta gente que además se hace preguntas y se responde a sí misma, partiendo de la premisa según la cual dicen estar convencidos de que el FITU es la fuerza política existente en Argentina que mejor representa los intereses de sus trabajadores y clases populares en su conjunto, no indican cual es su desarrollo en los hechos como para habilitarse a dar su “convencimiento” por dato certero y además dar recetas-respuestas e intervenir como lo hace Diego La Torre cada domingo respecto del partido que juegan los demás y enseñarle al delantero que erró el disparo al arco, que debió darle con el empeine y no “abriendo el pie”, se aventura a decir con autorización de sus mandantes, que “…si bien estamos de acuerdo en lo medular…. esa radicalización de la que se habla en el texto… ¿cuánto de optimismo desmesurado y de realismo hay en la perspectiva de un gobierno de izquierda en el corto plazo?

Más allá de todo esto, con propósito “educativo” y formato de trabajo práctico pedido por un profesor de la secundaria, los convidados de piedra ilustran a quienes se ocupen de leerlos a más de una década y media de desarrollo del FITU, que según lo dicen sus documentos , esa presunta estructura es “el “es una alianza de izquierda anticapitalista, que existe desde 2011, integrada por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST)”, todas fuerzas enraizadas en la tradición marxista de vertiente trotskista…y que “El programa del Frente de Izquierda no sólo plantea una serie de demandas inmediatas en beneficio de la clase trabajadora, sino que apunta a enfrentar los intereses de los capitalistas, señalando la necesidad de ‘expropiar a los expropiadores’,… Nacionalizando los recursos estratégicos de la economía, la banca y la gran propiedad terrateniente”.

Habrá que recordarles a los firmantes “educadores de la nada”, nucleados en este imaginario conjunto de “convidados de piedra”, que trabajan y hablan de las masas trabajadoras como si fuera un objeto estático al que hay que interpretar para decirles luego lo que tienen que hacer, que si algo revelan los hechos y no las opiniones o los metafóricamente llamados “pensamientos” es que el FITU no es otra cosa que una cooperativa electoral de aparatos organizativos que usan esa estructura para vencer los límites que le imponen las formas jurídicas para participar de la institucionalidad política que impone el poder burgués desde el Estado.

También hay que aclarar que lo que se presenta como “programa del FITU”, nada tiene que ver con lo que implica la propia categoría “programa” en su integración con la forma partido.
Lo que se reputa como programa por los morenistas descarriados del FITU, hijos de una diáspora resultante del agotamiento en los hechos de esa ideología revisionista de los textos de Trotsky, es simple, un menú de intenciones condicionado por la necesidad de dar legalidad en el marco burgués a ese aparato organizativo y nunca la teoría puesta en acto desde la misma comprensión de la realidad y el desarrollo de la lucha de clases que corresponde al tiempo histórico en que el mismo se enuncia.

El uso del entrecruzamiento de cartas, los silencios como expresión de voluntad y la invención de terceros en presunta discordia, es todo un entramado arrevesado de apariencias que ocultan el más de lo mismo que nos lleva a la actual situación social que facilita la ofensiva política de la burguesía sobre las masas trabajadoras. Un esquema de apariencias que oculta la frustración de no poder exhibir otro camino que el trillado uso del parlamentarismo en el conflicto social y nunca trascenderlo por un camino revolucionario superador.

Es preciso entender en este contexto que el enfrentamiento necesario con todas estas imágenes proyectadas, implica necesariamente la batalla contra el revisionismo centrista en su fase de cretinismo parlamentario y que ese enfrentamiento no se da en términos históricos-académicos, sino políticos-programáticos.

El FITU no tiene programa. Su pretendido programa es el «no programa» exhibido como acuerdo mínimo de una cooperativa de aparatos concentrados en la vía electoral para sobrevivir en los márgenes del parlamentarismo decadente y por ende debe ser superado en forma dialéctica, en un proceso hecho por las propias vanguardias trabajadoras en su labor política militante en forma propagandística, hacia las masas trabajadoras.

Cuando estas organizaciones implementan estas tácticas o maniobras distractivas en base a la apariencia de polémicas, ponen en duda la finalidad estratégica implicada en la necesidad de la dictadura de los trabajadores, cuanto hacen en los hechos es preparar su desplazamiento hacia la política del enemigo de clase.

Tiene que rechazarse esta maniobra distractiva denunciándola como tal. La pretensión de que una organización partidaria se convierta en un lapso breve y por circunstancias pretendidamente coyunturales en una de masas, ignora que la etapa de elaboración del programa revolucionaria no se soluciona en una mesa de concertación entre aparatos políticos. Por el contrario, se trata de un proceso que tiene que advertir la real condición de las masas trabajadoras y su situación de distancia o cercanía con la elaboración programática de la fuerza política a desarrollar.

Hay una interrelación entre partido político de los trabajadores y masas. Cuando uno de ellos se detiene concluye obstaculizando el avance del otro. El partido es la expresión política de la conciencia de clase expresada en su programa , que sintetiza la finalidad estratégica de la dictadura del proletariado. Por eso es imprescindible para que la clase en sí se trueque en clase para sí, para que la fuerza social desarrolle cualitativamente a fuerza política para que las masas trabajadorsas, se estructduren como clase independiente de la burguesía y real poder económico-político.

Uno de los errores en que se cae frecuentemente al considerar el problema organizativo, consiste en plantearlo aislada e independientemente de la posición política del Partido. El enunciado de Trotsky en sentido de que el programa hace al Partido está indicando en qué medida la finalidad estratégica determina la estructura organizativa y la propia táctica partidistas.

Se puede decir que los métodos organizativos no son más que recursos empleados para estructurar un partido a medida del programa y capaz de materializarlo en la lucha. El programa, en su empeño de enseñorearse de las masas y al realizarse, encuentra una serie de obstáculos que puede vencerlos gracias al perfeccionamiento de la organización.

Sólo un metafísico puede concebir al Partido como algo definitivamente dado de una vez por todas, que ha nacido como sinónimo de lo acabado; contrariamente, es todo un proceso en constante transformación y perfeccionamiento, como resultado de la lucha contra los obstáculos que se presentan a diario»…. La elaboración del programa (conocimiento de la realidad objetiva, de la mecánica de clases y revelación de las leyes del desarrollo y transformación de la sociedad con ayuda del método marxista) corresponde a la etapa en la que algunos elementos, considerados como individualidades, se aglutinan alrededor de ideas políticas centrales…..No se puede esperar que desde ese momento tales ideas agrupen al grueso de las masas o se materialicen por el solo hecho de haber sido incorporadas en el texto de un programa.,,,,» La férrea organización del Partido y su entroncamiento en la clase constituyen los pasos necesarios y previos para el logro de tal finalidad. Falta todavía que el programa penetre en el seno del grueso de las masas y lo hace a través de la organización política de la vanguardia, que únicamente puede estructurarse con el uso indispensable de la argamasa programática… El programa tiene que probar, en la piedra de toque de los acontecimientos de la lucha de clases, su validez, lo que seria
inconcebible sin la existencia de la organización partidista.” (Partido y Organización -Guillermo Lora)

Daniel Papalardo-
(colaboración para Nuevo Curso)