León Trotsky advirtió sin que aún se hubiera desatado en su totalidad lo que luego se conoció como Segunda Guerra Mundial, que la unidad europea sería, en manos de la burguesía imperialista, una utopía reaccionaria, tesis que sin duda puede hoy extenderse, con el capitalismo en crisis y globalizado como modo de producción dominante, a la famosa consigna de la tantas veces meneada “unidad latinoamericana”. Los ejemplos históricos de los regímenes de Lula, Kirchner, Chavez-Maduro, Ecuador , dan cuenta suficiente de cuanto está contenido en la inviabilidad de esa premisa política, en tanto objetivo estratégicamente final de un proceso revolucionario.
En sentido inverso, también las razones que nacen del mismo proceso histórico concreto , esa unidad que deviene vital en nuestro tiempo, es tarea que reposa sobre la clase obrera y puede sintetizarse en la fórmula de los Estados Unidos Socialistas de América Latina.
De manera significativa , las expresiones concretas de la política argentina, que se autoperciben como “la izquierda del orden burgués y que se pavonean afirmando que en sus comportamientos no tiene cabida la “moderación” y que cada primero de mayo se ven obligados a mostrar que son internacionalistas trayendo a dar discursos a ignotos representantes de “filiales” abiertas con sellos de goma en otros puntos del planeta, o se les ocurre subirse a flotillas que emulando a “caritas” con los pobres en una celebración religiosa, llevan provisiones a los palestinos, que incluso en gran parte nunca llegan, porque ese resultado probable es un riesgo calculado de la acción emprendida al solo efecto de la afanosa búsqueda de la imagen y el registro fotográfico para consumo de su propia feligracia, han decreetado la muerte de aquellas ideas y de cualesquiera otras que se encaminen a la posibilidad real de la revolución social en nuestro suelo.
Sin embargo, también es un registro objetivo, el capitalismo no puesto a la humanidad en una cúspide de progreso que ya no podía traspasarse, ni tampoco hay señales del mismo tenor, relativa a que pueda alcanzar esa situación, tal como lo demuestra el desarrollo sin reparos del hambre en el mundo, las zonas de emergencia sanitaria que se expanden por el mundo, los escenarios difundidos y extendidos de la miseria, a los que se suman los registros objetivos de la violencia y la guerra. El hambre y las guerras son en sí mismos conformados ,un latigazo en la cara de los trabajadores del mundo.
Hay computadoras extendidas a la forma de lo que antes llamábamos teléfonos, que permiten trabajar en casa o donde uno se encuentre, hay artistas e intelectuales mercenarios y serviles a la clase explotadora que les financia ,burócratas del aparato estatal, o de toda aquella organización que disputa y tiene poder sobre los trabajadores . Todo eso es un breve inventario de lo real existente, pero también y por sobre todo, multitudes de seres humanos sobrantes, que quedaron afuera y deambulan extramuros del orden social dominante , en una miseria infinita.
Así el plateo de Trotsky y el contemporáneo abandono explícito de la consigna Estados Unidos Socialistas de América Latina por los que de manera farsesca se dicen sus continuadores se constituyen en un solo momento del hoy , en una previsión social de la barbarie capitalista cuyos centros del poder del capital financiero , con prácticas imperiales desenvueltas por Estados , no son garantes, ni resguardan la prosperidad del conjunto social sino la crisis humanitarias con sus contradicciones insuperables sin la lucha social y, en definitiva, un grado de derrumbe que amenaza a la civilización misma.
Sin la búsqueda afanosa por las masas trabajadoras constituidas en clase social autónoma y con política independiente y organización con forma partido que torne posible la puesta desde ese mismo sujeto social del programa revolucionario, nadie puede permitirse decir que la paz , en tanto negación de la guerra, está asegurada, en tanto, en algún momento la guerra comercial existente, se transformara de no mediar la intervención revolucionaria, en guerra bélica que firme el certificado de defunción para la idea que trató de describir un fenómeno transitorio con visos de permanencia al que llamo la “aldea global” .
Fue Marshall McLuhan, sin que existiera Internet y mucho menos IA, el primer teórico que en 1964 hizo alusión al fenómeno con el término Aldea Global tras la observación de como los medios de comunicación, sobre todo a través de la llegada del satélite, habían sido capaces de superar cualquier distancia física, acercando a los habitantes de la tierra, haciéndolos próximos, vecinos, convirtiendo la tierra en una gran aldea global. En esta nueva aldea global los aldeanos pueden conocer que hacen, como viven, que dicen los demás aldeanos; un aldeano en N.Y. puede ver que hace un aldeano en Hong Kong e incluso observarle en tiempo real. Esta a la vez ,hipotética y definitiva transformación del mundo en una gran aldea, habría transformado también nuestros comportamientos en los típicos de un aldeano. Sin embargo hoy , la exacerbación de lo descripto también lograda por operativos ideológicos, demuestra lo inverso, esto es , que el mundo capitalista lejos de ser una aldea es el escenario de batalla de interese capitalistas antagónicos, lanzados a una suerte de nueva acumulación originaria, que implica nuevos repartos de mercados y territorios y que en particular, los desarrollos de la informática permiten que esos recursos sean herramientas bélicas desplegadas y arbitrarias, como si la vida dependiera de la suerte y el resultado de un juego electrónico en una pantalla.
El escenario social mundial está en tiempo real, resquebrajado y la clase trabajadora, amenazada por caer en las hendiduras de otro resquebrajamiento, el de Rusia y China, que se cierne sobre Estados Unidos. Ahí está el epicentro de la tragedia, en los países de economías más avanzadas, aunque los territorios concretos de esos avatares lo sean el medio oriente, Africa, Irán o Ucrania .
Pero, obviamente, la actividad económica no se desenvuelve por igual en todas partes. Por eso la clase social vía el tobogán del desempleo , ahora son población sobrante, es decir, una multitud multiplicada a sí misma porque huye en masa de la catástrofe humanitaria, de las guerras y las miserias que los centros de poder del capital financiero les han trasladado. En el estrecho de Ormuz, en el Mediterráneo hecho tumba anónima y masiva, en los cierres de fronteras y las militarizaciones , se escribe la existencia miserable que muta hacia la simple sobrevivencia en el vacío.
Los Estados Unidos Socialistas de América Latina es una consigna histórica y política, que clama por su encarnadura en la clase revolucionaria como un imperativo categórico de su propio existir como sujeto social del cambio. Es la propuesta-pretensión-objetivo estratégico de la unión federativa de los países latinoamericanos bajo un gobierno socialista para lograr la independencia económica y política frente a las prácticas imperiales del capital financiero. Es una alternativa a la política estalinista de «etapas» o “los socialismos 2050” y a la influencia de la burguesía local y sus prácticas reproductivas de la república como forma de su Estado institucionalizador de la explotación y la opresión . Solo los trabajadores latinoamericanos, a través de una revolución, pueden unificar el continente y liberarlo del sometimiento del capital financiero internacional.
La premisa-consigna-programa Estados Unidos Socialistas de América Latina, no se limita a una simple unión económica. En sentido inverso a ello, que solo lleva al mantenimiento del orden burgués, implica la construcción de una transformación estructural hacia el socialismo, planteando que las naciones latinoamericanas por separado no podrían superar el atraso y desarrollo desigual y combinado emergente de su capitalismo tardío.
Daniel Papalardo . (colaboración para Nuevo Curso)
