Nuevo Curso

NO ACLARE QUE OSCURECE

No hay duda que la solidaridad con ese desarrollo de la lucha de clases dirigida hacia quienes ocupan el sector de explotados y oprimidos en las relaciones sociales de producción propias de un capitalismo tardío y dependiente como la que existe en territorio boliviano , es un imperativo necesario de parte de quienes, como los trabajadores argentinos , padecemos de situaciones de barbarie capitalista y ofensivas de la clase dominante, de similares características.

Sin embargo, en el simple y necesario acto de extender la exposición de los hechos , exhibiendo la inmediata relación política que ellos tienen para con los sucesos argentinos, puede que también , quien tome esa iniciativa, desnude las reales limitaciones de sus acciones militantes en nuestro país, que quedan al menos desubicadas en magnitud y calidad con las que se asumen por explotados y oprimidos en Bolivia.

La afirmación «Los pueblos tienen derecho a la rebelión. ¡Viva la rebelión de Bolivia!» corresponde a la intervención realizada por la diputada nacional Myriam Bregman en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina.Este mensaje político fue emitido durante una sesión especial, ocasión en la que la legisladora electa por su candidatura desde la cooperativa electoral Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U) rechazó el accionar del gobierno de Javier Milei, al que acusó de brindar apoyo logístico y represivo al presidente boliviano Rodrigo Paz en el contexto de un conflicto social.

Bregman, como es propio de la acción reformista, oportunista que desenvuelve desde su gestión parlamentaria, reivindicó enfáticamente el derecho legítimo a la protesta y a la rebelión popular frente al ajuste y la represión en América Latina. Es decir, centró el hecho social y de lucha de clases que tiene un contexto fáctico y la presumible vigencia de una norma social que así lo autoriza, dejando en claro que las acciones políticas y sociales contenidas en la lucha de calles que emprende una fuerza social tienen siempre y a su juicio, un ámbito de validez dado por una normatividad o forma jurídica que lo sostiene.

Con ello nuevamente deja en desarrollo la pretensión de la aplicación de políticas de derechos por el Estado y desconoce al menos de forma discursiva, toda habilitación militante hacia acciones que superen esa balla de contención de la protesta y avances hacia la abolición del Estado y la conformación de una nueva sociedad.

Lo cierto es que la actuación parlamentaria de la abogada , deja en los hechos, la evidencia relativa a que Myriam Bregma no hizo otra cosa que desenvolverse, como un conductor televisivo que vive sus jornadas mirando el minuto a minuto de sus productos, hizo en su discurso parlamentario, una apología de las rebeliones, aprovechando las circunstancias objetivas y dramáticas que se viven en estos momentos por los alzamientos populares en la Paz-Bolivia. Olvidó sin embargo dejar en claro , que las rebeliones son chispas de descontento; la revolución es el incendio organizado que reestructura el orden social. Con esa omisión, con ese olvido intencionalmente dirigenciado por su inveterado reformismo cautivo del cretinismo parlamentario, destacó en el mismo momento, lo lejos que sus efusivos dichos están , (siempre en referencia a parlamentarios a los que anatemiza , como si estuviera en sus posibilidades lograr adhesiones) con relación a la práctica y labor teórica que Trotsky desarrollo como dirigente constructor de la revolución de los soviet y luego en su exilio forzado en defensa del marxismo.,

La principal diferencia radica en el alcance y el objetivo final. Mientras que una rebelión es un desafío o levantamiento contra una autoridad establecida, una revolución va más allá: busca un cambio estructural Una rebelión es un acto de resistencia o desobediencia contra una autoridad. Una revolución implica un cambio estructural profundo y definitivo en lo político, social o económico.
Para León Trotsky, las rebeliones o revueltas son levantamientos espontáneos que liberan el descontento popular pero carecen de un programa y una dirección organizada. La revolución, en cambio, es un proceso político consciente donde las masas disputan el poder del Estado mediante instituciones propias (como los soviets)

Las Rebeliones (Revuelta o Insurrección Elemental) surgen como una erupción de las fuerzas elementales de las masas oprimidas frente al hambre o la opresión. Generalmente no buscan transformar el orden social y económico de raíz, sino presionar a las autoridades para obtener concesiones inmediatas y es este el sitio desde donde Bregman y su partido miembro de la cooperativa electoral FITU , con lo que no hacen otra cosa que dejar trascender sus límites reformistas y su inveterado oportunismo, en particular cuando son las masas explotadas y oprimidas quienes salen de manera espontanea a ganar las calles urgidos por las necesidades básicas que les agobian.

Las revueltas respecto de las cuales los reformistas oportunistas salen presurosos a pontificar, en particular cuando no ocurren en su territorio , en su gran mayoría, estallan violentamente pero dejan la cuestión central sin resolver en tanto no se plantean y por ende no logran, hacerse con el control del aparato estatal cuya institucionalidad les oprime buscando su abolición lisa y llana. La Revolución en tanto así la entiende Trotsky , es la “Insurrección como Arte”. Es el salto cualitativo donde la lucha subvierte el orden establecido y determina qué clase social asume el gobierno.

A diferencia de la revuelta, la situación revolucionaria y su concreción en los hechos , exige la fusión de la energía espontánea de las masas con un programa político claro y un partido revolucionario que haga las veces de conductor de esa teoría hecha práctica que implica el programa revolucionario , esto implica entre otras cosas que ese dispositivo orgánico munido de ese programa debe tender a cristalizar la organización popular en estructuras paralelas al Estado burgués (la dualidad de poderes) para centralizar la insurrección, con el nombre de Soviet o asambleas o el que a la sazón resulte necesario adoptar.

Trotsky postula que, en países de desarrollo capitalista atrasado, la revolución no se detiene en la conquista de demandas democrático-burguesas. Para consolidarse, el proceso debe transformarse de inmediato en una revolución socialista (dictadura del proletariado)