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SALVAJISMO CAPITALISTA DE LA MANO DEL LUMPENPROLETARIADO

Cuando se habla de los espacios sociales de las conductas criminales se está tratando de hacer referencia en el contexto de materialización de esas conductas , a aquellos entornos físicos, culturales y relacionales donde se gestan, aprenden y ejecutan los delitos. Estos espacios no solo incluyen el contexto geográfico inmediato como por ejemplo podría pensárselos reduciéndolos a límite territorial del barrio donde existen tanto las víctimas como los victimarios , sino que también hacen referencias y también contienen, a las dinámicas sociales, económicas e institucionales que empujan o facilitan la criminalidad.

Cada vez que tropezamos con un crimen que toma estado público porque los medios y las redes que se usan en este siglo XXI para comunicar toman la determinación de darle ese lugar, se activa un proceder que busca ratificar o conformar un discurso de sentido común. Por eso , nuevamente emergen por esos mecanismos, quienes salen a dar cuenta del patriarcado, y acto seguido salir a demandar venganza atávica sobre aquel a quien se le cuelga el collar del imputado.

La regla es, la crítica por el descuido estatal, y acto seguido la sustitución de la situación dramática de la víctima hasta su muerte violenta y su entorno familiar queda en plano secundario , para pasar al reproche abstracto sobre el Estado, al que se le confunde con la forma de gobierno y más aún con quien tiene transitoriamente y por mecanismos legales la gestión del poder ejecutivo, todo en clave de acumulación de fuerzas por desaucio de aquel con el que se apresta a confrontar en las urnas, aún cuando resta más de un año para ello.

Haber detectado que la persona a quién se le considera por el órgano acusador con probabilidad positiva, como el autor de las acciones humanas que dieron por resultado la muerte de una adolescente, tiene vinculación política con los efectores de la política provincial o de la propia ciudad de Córdoba capital, permite que el adormecido discurso de ni una menos tome inesperado vuelo y se proponga la masividad de una marcha rutinaria a la que ahora todos quieren ir a poner el rostro para dejar en claro o que no tienen nada que ver o que son los factores políticos necesarios para que una lucha contra el patriarcado tenga finalmente resultado exitoso por vía del castigo punitivo y su pretendida posibilidad de instrumento preventivo de conductas que se juzgan delictivas.

En ese contexto lo primero que se dice es que hay que encontrar un responsable político por fuera del autor material, y en tanto no se puede establecer un vínculo de participación en el hecho en sí, se acude a la ineficacia en la investigación del hecho, esto pese a que, las primeras indicaciones de los forenses que intervienen en el caso ubican el probable momento del deceso en la madrugada del domino , siendo que la referencia de su desaparición de lugares habituales la tiene la madre en las horas finales del sábado, Esto significa que las probabilidades positivas de que la agencia policial hubiera podido evitar el fatal desenlace serían prácticamente nulas si se tiene presente que el acto material de denuncia sería casi coincidente o ulterior con el horario señalado por los forenses y peritos del caso.

De esta forma , la construcción subjetiva de quien resulta señalado como el autor de la conducta que terminó con la vida de la adolescente no apunta a su individualidad , ni a sus perfiles de configuración de personalidad sino que , toma cuerpo por su condición de persona relacionada con el lado no visible de la actividad política de los intelectuales funcionales al poder burgués real que se desempeñan en instituciones del Estado.

Esto significa sin otro trámite de la escena criminal montada al efecto, toda referencia real de los espacios sociales que quedan por fuera de la repercusión política que se le quiere dar al hecho y las consabidas críticas que se proyectan hacia la gestión de gobierno, en lo que se transforma ya en una suerte de modus operandi de los medios sobre estas situaciones dramáticas.

Cual es el espacio cultural que rodea al crimen y sus formas específicas. Cual es la manera en que operan los tratos de cercanías a la víctima, sean ellos de naturaleza afectiva o material. Cuanto hay en la demanda de roles convencionales que se buscan en el caso, cuando el suceso dramático no tiene ninguna convencionalidad, salvo aquella que le acuerda la vida en los suburbios y los actuales parámetros de convivencia donde el formato de grupo “familiar” ampliado, prevalece por sobre cualquier formato del orden del derecho civil que haya sido pensado por un legislador desde su situación de privilegio y confort.

Cual es en definitiva , – y esto no es algo menor- la incidencia del fetiche tecnológico y la vida al día resuelta con presiones de botones, teclas o como se llame de un aparato que prevalece sobre el propio momento del desarrollo subjetivo de una persona en formación.
Tampoco se tuvo presente, que si se dio por cierto que una persona a los 14 años comprende por ficción legal el alcance criminal de sus actos, también ello implica que conoce el espacio donde se desenvuelve y los entornos criminales por donde se va desplazando con lo que por una ficción legal su vulnerabilidad se ve disminuida también por esa otra política, nunca explícita que es la política criminal que desenvuelve el poder burgués.

En pocos días nadie tomara ya más registros del caso , porque el propio hecho fue mercantilizado y como tal , su noticia toma forma mercantil y acepta los límites que impone la tendencia decreciente que toma una vez alcanzado el límite máximo de su satisfacción como bien de uso. Recuérdese por dar un ejemplo y no abundar en explicaciones, cuanto concentró de atención el caso Loan y cotéjeselo con su actual derrotero.

Las críticas que emergen por sobre el hecho degradante de la condición humana que implica el deceso por muerte violenta de Agostina ,reportan el crecimiento de este tipo de comportamientos de desaparición y muerte de la adolescente y lo asocian mecánicamente con la ineficacia de los cuerpos integrantes de las agencias represivas, tesis que pone el fenómeno en sí, dentro de un tabicamiento racional absolutamente estrecho en la medida en que da a luz una relación, hasta cierto punto resignada, entre desarrollo y delincuencia, como si el aumento de casos respondiera solo a designios y encubrimientos perversos , desconociendo cualquier otra línea causal que pudiera acudir a la generación del resultado muerte.

La extrema rigidez de los sistemas judiciales y penales hacen que cuanto más un crimen es difícil de entender, tanto más fácil es recurrir para explicarlo a ideas de un salvajismo básico de los delincuentes, lo que justifica sentencias salvajes. No es sólo la dificultad para entender un crimen o una ola de delincuencia lo que lleva a tales sentencias, sino el no poder entender la naturaleza de toda actividad criminal, el no poder entender los actos de un delincuente como miembro de la sociedad donde sobrevivimos.

Expuesta de esta manera la situación que nos ocupa y desde esta perspectiva, lo significativo no radica exclusivamente en la subjetividad dibujada del hoy detenido, tratado como un perverso que ataca, agrede, lesiona y mata, si no se tiene presente además que ese emergente responde a una base estructural determinante que esta gestando estos espacios sociales del delito.

Mucho se ha hablado de los escenarios comunes que la gestión de gobierno tuvo desde la faz discursiva, con los espacios propios de una cultura pasible de ser considerada como neofascista. En particular se puntualizó la cuestión con posterioridad a un discurso que el presidente en su momento pronunció en el foro de Davos.

En ese sentido, si bien en realidad, ese posicionamiento gubernamental, finalmente solo se vislumbró desde la gestión concreta de un gobierno autoritario, lo cierto es que por las propias contradicciones que las relaciones de producción capitalista se han ido intensificando en el tejido social la presencia de un grupo social desplazado del disciplinamiento fabril y del empleo formal, que puede verificarse como la presencia de nuevos espacios poblacionales donde se radican lo que en tiempos de Marx se conocía como lumpenproletariado.

Paradójicamente, tanto en el deceso violento de Mariano Ferreyra como en el de la adolescente que nos convoca, en la distancia temporal y material de los casos, el resultado muerte que une a estas dos situaciones disímiles agrupa por la construcción subjetiva de los ejecutantes a ese mismo sujeto social que es el lumpenproletario, que tanto puede ser admitido en una barra futbolística profesional, como en trabajos transitorios o no dentro de la estructura misma del Estado por su relación con el partido político del gobierno. las estructuras, las culturas y las biografías , nos depositan en esta afirmación, que en cierta forma permite advertir lo recientemente sucedido con algún señalador de su columna vertebral.

Lo que la biografía social del hoy imputado , según se puede extraer de las informaciones periodísticas, da cuenta de una serie presencial de formas de pensamientos , sentimientos y conductas que en sí mismas derivan de la presencia de estos escenarios sociales a los que nos remitimos para dar cuenta de los factores de incidencia en lo sucedido concretamente, de donde emergen comportamientos solo adaptados a esa exterioridad .

El lumpenproletariado (o «proletariado andrajoso») es el estrato más bajo y marginado de la sociedad. A diferencia del proletariado industrial esta capa social carece de conciencia de clase y puede verse involucrada en actitudes individuales violentas, como las que nos toca presenciar .

Afirmar la pertenencia de clase en la aproximación específica de esos escenarios sociales del delito, con referencia a un colectivo de sujetos dentro de los cuales incluímos a quien hoy resulta imputado, es señalar al «lumpenproletariado» y ello implica revelar algo que, de otro modo, permanecer oculto tras una visión psiquíatrica de lo que se manifiesta como trastornos de la personalidad .

Dicho de otra manera, aquí no presenciamos en plano esencial, un trastorno patológico de la estructura psíquica de un sujeto que lo lleven a su existencia de manera no adaptada a las normas positivas de la convivencia en la sociedad civil y sus abstracciones valorativas, sino por el contrario una adaptación casi normativa a esas expresiones de marginalidad que nacen del posicionamiento propio del imputado en el proceso de reproducción social del capital, que lo llevan a actuar la norma prohibitiva y con ello vulnerar los valores socialmente compartidos contenidos en ellas.

Lo que sucede, no es otra cosa que la marginalidad puesta en acto, con signos de barbare y autodestrucción, que toman existencia concreta por sus efectos negativos en escenario de dominio prevalente de la existencia lumpen de las personas.

Con todo esto estamos queriendo dejar en claro que la pertenencia del sujeto imputado y las características objetivas del acto con resultado muerte investigado, implican que el lumpenproletariado no se define simplemente por la falta de relación de esas personas, con la producción, ni se limita a un proceso que ocurre dentro del proletariado. La lumpenización es un proceso de descomposición activa, un verbo, no meramente una categoría analítica o descriptiva.

No se puede agotar y con ello evitar a futuro, estos efectos negativas que se siguen de la sola observación del derrotero existencial del imputado y las víctimas, si en contraposición no se exhibe un programa teórico de proposiciones prácticas, que explica la necesidad imperiosa de un nuevo orden social, por agotamiento sin resolución positiva de los efectos que nacen de la relación de producción propia del capital

Hay por fuera del sujeto que presuntamente ha materializado las acciones que llevaron a la muerte violenta de una adolescente la expresión lisa y llana de que nuestra sobrevivencia en el orden social capitalista sucede en contexto de violencia estructural y no accidental o episódica. Dicho de otra manera, la violencia es un elemento de una estructura susceptible de ser reproducida por vía de la naturalización de las relaciones sociales de producción capitalistas. Por ende, la acción política revolucionaria que se impone en esta coyuntura frente a este dramático y repugnante suiceso , es combatir esa naturalización de lo dado, proyectando su superación por vía de la construcción de un nuevo orden social , en relaciones de colaboración , solidaridad y común unión, donde la construcción subjetiva de un nuevo ser humano se torne posible en simétrico proceso de consolidación de la la libertad respecto de todo vínculo intersubjetivo que implique el despliegue del poder del uno sobre el otro y la consiguiente situación de servilismo.

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