Myriam Bregman encabeza las encuestas de imagen positiva por encima del peronismo, según afirma la dirección del partido que, desde hace años, construye cotidianamente esa imagen con recursos mediáticos semejantes a los empleados por cualquier equipo de intelectuales funcionales al Estado para posicionarse como operador político del poder burgués. En este marco, resulta constatable la disputa que el cuerpo “selecto” de rentados de una organización integrada en una cooperativa electoral —falsa incluso en su nombre, FITU, porque no actúa como un verdadero frente, aunque sí recibe ingresos del propio Estado burgués— mantiene desde hace años, de manera abierta o encubierta, con el antiguo candidato del Papa y actual visitante de Peter Thiel, el dueño de “Pálantir”.
Aunque se la presente como una disputa política, la cuestión remite a un problema de orden mercantil. Conviene recordar que el capital es una relación social de producción fundada en la extracción de plusvalor mediante el trabajo asalariado, dinámica propia de un orden social en el que la producción de bienes se orienta al mercado. En la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo —o la forma de valor de la mercancía— constituye la célula económica básica.
Dentro de este contexto, PTS lanza un nuevo producto a la góndola afirmando que tiene el beneplácito de los consumidores que optarían por ella, porque es mejor que Grabois porque no va a la casa de Peter Thiel, el dueño de “Pálantir”, ni se ve envuelta en escándalos de corrupción como los miembros más connotados del actual equipo gobernante , y además por el mismo precio , asiste a todas las procesiones callejeras en las que la cooperativa electoral participa posicionando su aparato para que sean es y solo eso, paseos estentóreos , plagados de gritos, poses e imágenes que luego se reproducen a como sea. Eso sí, Bregman siempre acude como abogada, ella representa pero no es, tal como su partido representa un frente y lucha pero no lo es. Lo que sí es , sin forma de que eso se pueda ocultar, es reformismo parlamentarista . Lo que se han” olvidado”, es colocar las etiquetas en negro advirtiendo “CONTIENE OPORTUNISMO EN EXCESO”.
También , y aún para quienes gustan consumir mercancía electoral, se omite aclarar que si se consume esa mercancía, de haber segunda vuelta electoral , con mayor o menor intensidad, el consumidor padecerá del mal trago , pero trago al fin , de votar al menos malo de los candidatos que abiertamente se postulan para renovar la dominación hegemónica del capital en su versión de reproducción crítica y dominio de su variante financiera.
La noticia que introduce la propaganda PTS en sí , más allá de la discusión en plano abstracto sobre su entidad, generó un hecho adicional, concreto y objetivo, ha dado paso a comentarios y discusiones en la llamada izquierda, donde se discute, entre quienes vaticinan que Myriam Bregman, ya tiene arreglada una coalición con el kirchnerismo y quienes le dan recetas aparentemente sin costo adicional de como aprovechar la oportunidad y hacerse del gobierno aún dentro del orden social capitalista donde sobrevivimos, extremo en el que se alistan otros oportunistas pero de raquítica presencia como Eduardo Sartelli, quien incluso habla de que ya en los inicios del FITU había propiciado una intervención de este tenor electoral para posicionar a “la izquierda” en la mesa de negociaciones que sirve la burguesía para todos sus sectores internos.
Vista con perspectiva de clase , hay que decir que la operación de mercado montada por el PTS produce un efecto inmediato, confunde la descripción del actual estadio de lucha de clases y lo saca de su espacio material para ubicarlo ideológicamente en un esquema electoral que parte de la idea esencial de aceptar y no cuestionar el orden social capitalista imperante.
Si evitamos la maniobra en curso es posible que podamos advertir que el actual estadio de lucha de clases describe que existe probabilidad positiva de un malestar , una expresión de bronca desde los sectores populares que incluyen a la masa trabajadora, contra el actual gobierno y su equipo de intelectuales funcionales a un sector del poder burgués que se ocupa de la gestión del Estado conformando en términos políticos algo que se aproxima a una oligarquía financiera , dentro de la burguesía de conjunto.
Sin embargo, también forma un elemento de esta descripción que no se tiene presente a partir de emplear la maniobra como norma, haciendo aparecer la situación de disgusto como “algo nuevo” similar a una grilla de largada para una nueva carrera, en la que se anota el FITU como si no tuviera sus espaldas la generación de una experiencia defraudatoria para las masas trabajadoras.
La exageración con la que se recibieron estos datos dirigió la atención a los integrantes del FIT-U en ver qué posibilidades podían abrirse a partir de aquí. Es decir, un impresionismo dirigido no por una concepción clasista, sino basada en encuestas de opinión de los medios burgueses
En términos objetivos que componen la realidad, hay que poner el acento en una cuestión preliminar: El FIT-U hasta el momento no ha logrado capitalizar el hartazgo al Gobierno, por parte de la masa trabajadora. Desde el interior de la cooperativa, advirtiendo que por ese extremo , la cooperativa se ve obligada a liquidar su existencia , el PTS manejando encuestas, inaugura una etapa de confianza desproporcionada hacia la mujer objeto que producen en su industria de representaciones que implican un reflejo invertido del mundo que legitima el poder de la burguesía. Ahora, no es “todo va mejor con Coca Cola , como se vendía la gaseosa en otra época, ahora “todo va mejor con Myriam Bregman”, porque como cualquier fetiche se la exhibe y se dice, dotada de poderes especiales de efecto liberador. Basta ver como se repitió hasta el cansancio, desde sus propios dichos, “que ella no es MODERADA”, como si alguna vez alguien le hubiese interpelado al respecto.
En definitiva, no estamos frente a otra cosa que a más de lo mismo que estas organizaciones vienen gestando desde su propia emergencia como tales , autoproclamadas como el camino necesario para un proceso de cambio social, a través de elucubraciones electorales o mezquinos intentos por ubicarse encima de las otras organizaciones y en particular de las propias expresiones espontaneas de las masas trabajadoras.
Se pretende instalar la idea de que la necesidad actual pasa por construir un gran partido de masas —el PNCT—, ampliar el FIT-U o transformar el frente en un partido de tendencias. Sin embargo, todos esos caminos ya demostraron su inviabilidad histórica y fracasaron con anterioridad. La especulación sobre un malestar social del que podrían beneficiarse indirectamente los intereses de aparato de los componentes de la cooperativa electoral FITU, bajo predominio del PTS, vuelve a chocar con los datos de la realidad: esa situación no abre, ni permite advertir, la conformación de un espacio político propio de la clase obrera y de los trabajadores en torno a una pregunta central de todo proceso de lucha de clases: ¿hacia dónde va Argentina? Este problema se vuelve aún más evidente si se consideran las derrotas sufridas por la clase en sí durante lo que va del siglo y si se adopta una perspectiva internacionalista sobre los ascensos y retrocesos de la clase trabajadora en el mundo.
La cuestión debe ser vinculada a dos categorías conceptuales con las que se articula de manera necesaria, es decir, que uno existe ligado a los demás . Clase social , lucha de clases y partido de clase deben ser conectados entre sí con la noción de fuerza social y fuerza política Aunque se trata de una secuencia lógica (clase social-fuerza social-partido), y todos remiten a distintos momentos del análisis, existen de manera concreta en forma de articulación compleja en tanto el Partido es externo a la clase que representa
Es en ese sentido que creemos necesario acudir a los aportes que hace Flavian Nievas sobre el particular. Sostiene Nievas que
“En los escritos tempranos, Marx presentaba clase y partido como continuidad: «en la lucha (. . . ) esta masa se reúne, se constituye en clase para sí misma» (Marx 1985a: 187). Se pasa, con la lucha, de la clase en sí a la clase para sí; de la clase constituida por el capital, heterónoma, a la clase autoconstituida, autónoma. Esta clase autoconsciente, autónoma, autoconstituida, es el partido; sin mediaciones. La lucha simplemente transforma de manera práctica una situación y genera la otra. De esta manera, la clase ha devenido partido.,,,,,
No obstante,- sigue diciendo Nievas- el problema de la clase y el partido no se resuelve, ni mucho menos, con este enunciado. Por el contrario, bien parece haberse constituido en un obstáculo a la hora de pensar uno y otro. (De las clases sociales al Partido, en Marx: una perspectiva. Rev.Entramados y perspectivas)
Dentro de ese orden de ideas, siguiendo a Marx , hay que recordar que: «En la producción, los seres humanos no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo, para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y solo a través de ellos, es como se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la producción». (Marx 1974a: 163).
Partiendo de esto ,se trata como premisa de método, abordar el problema de las clases no solo a partir de atributos intrínsecos, sino en relación con otras clases. Pues bien, si la clase es el conjunto de relaciones sociales, el elemento analítico mínimo es la relación social, es decir, la vinculación mediada entre el ser humano (en tanto elemento individual de la especie) y los otros seres humanos.
Vistas las cosas de esta manera, hay que decir en consecuencia que , las clases propiamente capitalistas conforman una estructura contradictoriajerarquizada de subordinación en la que ambas se implican, pero una organiza la existencia de la otra, existe en consecuencia, una configuración compleja en la que los diferentes aspectos se entrelazan de manera relativamente original y estable y que presentan, en conjunto, un sistema binario de clases. Las personas aparecen aquí como personificación de las relaciones económicas y mientras esos vínculos de producción no se modifiquen es imposible hablar de “nueva clase trabajadora” y buscar el ingreso en ellas de otros espacios sociales difusos, que sin lugar a dudas deben ser considerados a través de una política de la clase trabajadora, por vía de un sistema de alianzas o sujeciones transitorias , pero en ningún caso considerarlas integradas en la clase trabajadora en sí.
Un enfoque analítico de la situación permite perfilar un diagnóstico político que parta desde lo real , y ello implica comprender fenómeno político contenido en el actual estadio de la lucha de clases, advirtiendo que por fuera del examen de fuerzas electorales que se puede obtener de los resultados de los comicios , ni el FITU ni el PTS son canales u organizaciones de la clase trabajadora, elemento que tienen presente sus dirigentes y razón por la cual se ven obligados a introducir el artificio de un término equívoco “nueva clase trabajadora” en donde apuntan a introducir con idéntica significación política a sectores sociales disímiles entre sí con divergencias que precisamente desdibujan las analogías que referencia al individuo con su clase, desconociendo que la condición de clase si bien se sigue de la posición que el sujeto ocupa dentro de las relaciones de producción capitalista tiene un factor subjetivo determinante marcado por la identificación cultural con el otro semejante, desde la similitud de haceres, hábitos y determinaciones de su voluntad .
De esto se hablaba en los años 70 cuando se hablaba de proletarización, es decir, de la tarea consciente de la persona para construirse en clase por su existir semejante con el otro, factor que en modo alguno se sigue del hacer y referir discursivos de quienes hoy nos invitan a consumir su producto , exhibido como el necesario camino del cambio. Luis Ortolani tradujo este concepto de la siguiente manera:
El subjetivismo, la autosuficiencia, la búsqueda de prestigio, el espíritu de camarilla, el liberalismo y el temor por uno mismo, entre otras expresiones del individualismo, comparten un rasgo común: anteponen la propia consideración y las propias prevenciones a los intereses de la revolución, tomando como punto de referencia al individuo y no al proceso histórico ni a la clase obrera…. La guerra revolucionaria, como lo demuestra la experiencia de nuestro país y del mundo, será cada vez más salvaje, cruel y dura. No podemos pensar en vencerla si no comenzamos, desde la práctica misma de esa guerra, a construir al hombre nuevo: un hombre capaz de luchar y triunfar. (Luis Ortolani- Moral y proletarización)
El comportamiento que sigue el PTS, como atinadamente se puntualiza desde la prensa de la organización Política Obrera, confirma esta caracterización. afirmando que “Myriam Bregman ha llamado a ‘organizar la simpatía’. un planteo personalizado y vacío de contenido. Los encuestados desconocen el programa del PTS o del FITU, convertido en acta de un contrato privado. Christian Castillo ha propuesto recrear el IAPI, un organismo de control del comercio exterior, concebido primero por Federico Pinedo y Raúl Prebisch (voceros económicos de la oligarquía agraria) y aplicado por Perón. Otros consejeros no invitados al festín de la ‘simpatía’ la exhortan a que extienda el intervencionismo del estado o incluso a expropiaciones parciales. Castillo, de nuevo, le ha bajado el precio a la campaña, al asegurar que las elecciones no ponen en juego el poder. El diputado ha olvidado, si es que alguna vez lo tuvo presente, que toda lucha de clases es política, y que toda lucha política encierra una lucha por el poder”.
El PTS arrastrando al resto de sus socios de la cooperativa electoral FITU que constatan la agonía de esta última, busca artificiosamente por vía de la referencia como objetivo político y militante, de un llamado a la construcción del “Partido de la Nueva Clase Trabajadora” (PNCT) a convertirse en partido pluriclasista (trabajadores, ambientalistas, feministas, pacifistas) adaptado al constitucionalismo liberal por su aceptación y adaptación a las formas jurídicas del Estado de la burguesía.
Apuntar a la construcción de una herramienta de este tipo implica admitir, aunque no se lo diga abiertamente, que en su interior no predominaría un perfil definido por el contenido emancipador del programa obrero y socialista. Por el contrario, abriría la posibilidad de que se desarrollen disputas de intereses ajenas a la clase en sí, vinculadas al posicionamiento específico de determinados sectores de la burguesía.
La III Internacional definio en el IV Congreso (1922) utilizaba el término gobierno obrero liberal para referirse a aquellos gobiernos reformistas formados por partidos de trabajadores o laboristas que, al llegar al poder, implementaban políticas conciliadoras y burguesas en lugar de impulsar una revolución socialista. como una de las variantes posibles de un «gobierno obrero, ese parece ser el camino señalado, y la historia dio cuentas acabadas de cual es el destino de ese tipo de gobiernos dentro del orden social capitalista
Desde esta perspectiva el Partido Obrero Revolucionario, ha caracterizado de manera pertinente desde su prensa que:
“La intervención del FIT-U ha ido a contramano de esta tendencia instintiva. Han insistido en lo progresivo de un bloque parlamentario del FIT-U, han buscado institucionalizar las salidas a la crisis presente (Pitrola del PO recriminaba al PTS no haber apoyado el “juicio político a Milei” desde el Congreso Nacional) y han trabajado conscientemente para confundir a los oprimidos. La dilución del FIT-U en la Comisión Libra integrando un único frente con el peronismo, el apoyo -explícito o implícito- a la candidatura de Massa en el ballotage, el apoyo a todas las experiencias del nacionalismo burgués a lo largo y ancho de Latinoamérica, entre muchas otras, no son rasgos de independencia política, sino exactamente lo contrario: sometimiento y seguidismo al tutelaje burgués. En períodos de crisis, esta política resulta fatal”.
La descripción del actual estadio de la lucha de clases incorpora, además, otro elemento señalado por los propios hechos: la llamada “izquierda del régimen republicano” —que comprende no solo a la cooperativa electoral FITU, sino también a otras organizaciones que se proclaman independientes mientras terminan actuando como colectoras en las farsas electorales— ha elaborado planteos tácticos que subordinan su estrategia a la moderación estructural del peronismo, aun cuando la denuncien en el plano discursivo.
Hay una reafirmación del recorrido electoral del FIT-U y de su papel como variante minoritaria del régimen. El problema no es solamente denunciar al peronismo como gestor del ajuste; el problema es que, cuando el peronismo actúa como fuerza de contención, de subordinación sindical y de canalización parlamentaria de la bronca social, la izquierda que no organiza una alternativa de poder desde abajo termina girando alrededor de los tiempos y límites impuestos por esa misma moderación En ese punto, el PTS aparece como una fuerza que denuncia la traición peronista pero no rompe de manera práctica con el terreno político que el peronismo fija para toda la oposición, el de la representación electoral y mediática, no el de la autoorganización independiente
Lejos de la producción como mercancía política de Myriam Bregman y su carácter fetichista o de recetas preconcebidas (y largamente fracasadas) desde que estas corrientes se dedicaron a vender ilusiones democráticas a partir de la derrota de la dictadura militar en Malvinas, la tarea actual consiste en la paciente construcción del Partido-Programa, la vanguardia del proletariado, capaz de darle expresión consciente y politizar el descontento para convertirlo en fuerza material.
La mercancía política Myriam Bregman y el llamado a generar partido de masas (el PNCT) o un FIT-U ampliado o el frente como partido de tendencias es una expresión deformada de la búsqueda de alternativas frente a este Gobierno y en ningún caso una herramienta para la superación revolucionaria del orden social capitalista y su institucionalidad jurídica con forma de República. En sus planteos, permanece ausente la necesidad de la revolución y por ella, de la dictadura del proletariado, de la expropiación de los grandes medios de producción, la necesidad imperiosa de organismos de doble poder (coordinadoras, asamblea popular, soviets), la cuestión de la gran propiedad privada capitalista y la imposibilidad de resolver estas cuestiones por la vía electoral.
Nuevo Curso
