El SOCIALISMO, ese otro posible , no es equiparable a “lo sagrado. Solo la verdad de la clase trabajadora puesta en acto , puede oponerse y superar lo peor para el ser humano, concentrado hoy en el orden social capitalista.
Sagrado es aquello vinculado con la divinidad o dotado de rasgos divinos; por eso se lo venera y, al mismo tiempo, se lo concibe como algo ajeno, distante e inalcanzable. El FITU, aunque no lo diga explícitamente, coloca al proceso revolucionario y a su realización histórica en ese plano del pensamiento, la comprensión y la acción dentro de la lucha de clases. Para esta cooperativa electoral de proceder frustrante, la palabra revolución designa algo por lo que dicen sentir profundo respeto, pero que mantienen separado de lo terrenal y de lo profano. Esa reverencia ante la “cosa sagrada” es, precisamente, lo que los contiene.
Sin embargo , la revolución no puede esperar los giros de estos sacerdotes laicos del reformismo oportunistas y su permanencia en la maniobra. Han transformado las tesis de la revolución reformista por esa otra permanencia que solo preserva su aparato y deja al sujeto revolucionario objetivamente considerado, la clase trabajadora, huérfana de una vanguardia organizada como dirección hacia el punto estratégico de su emancipación y la de toda la sociedad por la superación de todo orden social de clases.
En paralelo, mientras esa reverencia por lo que consideran sagrado contiene a estos ideólogos de la reforma —que la utilizan como instrumento de supervivencia dentro del orden social que debería ser superado—, las masas trabajadoras dan señales de agotamiento al advertir que su subsistencia material inmediata está amenazada. De manera espontánea y dispersa, sin coordinación común, los trabajadores no dejan de reaccionar con ímpetu frente a sus opresores inmediatos: el patrón del taller, el dueño de FATE, quienes gestionan la sede de Ultramax, los rectores de las universidades públicas, entre otros.
Es preciso que la propaganda socialista se ocupe de llegar a esa masa trabajadora en lucha por vía de la gestión que desarrolle su vanguardia consciente, destacando que es necesario dar un paso en la comprensión de cuanto sucede y avanzar desde la consideración del otro distinto de su clase , el opresor concreto y sus intelectuales orgánicos, no ya como simples adversarios coyunturales sino como verdaderos enemigos de clase, en el convencimiento concreto y no pasible de dudas, respecto a que la palabra Revolución no puede esperar y que el camino, no se traza desde asambleas para avalar una simpatía con una candidata sino, que tiene su trazo de ruta en la premisa de “todo el poder a los trabajadores , reunidos en sus consejos u organismos gestados de esa misma clase.
La propaganda socialista necesita definir su contenido específico en el actual estadio de la lucha de clases y en la propia coyuntura que marca un día a día pergeñado por la arquitectura del poder burgués y su agenda cotidiana siempre orientada a la distracción de objetivos en los trabajadores y la construcción de escenarios discursivos que se refieren a la cosa pública como si fuera una situación de todo y en realidad oculta lo que son los cotidianos choques o conflictos entre grupos al interior de la burguesía estimada de conjunto.
En este sentido, frente a la verborragia aparatista de la cooperativa electoral FITU y sus voceros, es necesario advertir que la historia no vuelve a comenzar con una candidatura anticipada ni con encuestas encargadas por la propia burguesía. La historia de la lucha de clases nunca llegó a su fin, porque las clases sociales están arraigadas en el orden capitalista y en sus relaciones específicas de producción. No asistimos al cierre de una etapa ni al surgimiento de una “nueva y joven clase trabajadora” justificada por los cambios tecnológicos en la organización del trabajo y en la producción generalizada de mercancías. Lo que ocurre aquí y ahora es, más bien, la negación de una fase concreta de la lucha de clases: se la cubre con el ruido de una supuesta novedad para impedir que se perciba el núcleo persistente de explotación y opresión impuesto por el dominio burgués.
Dicho de otro modo, se niega el esfuerzo y el avance de generaciones obreras anteriores en la definición de los intereses objetivos y estratégicos de la clase trabajadora. Aquellas generaciones enfrentaron de manera antagónica al poder burgués y, por la magnitud de ese conflicto, obligaron a este último a mostrar y ejercer su rostro dictatorial y genocida. Ese esfuerzo y aquella derrota transitoria no significaron un derrumbe, sino un punto de apoyo para continuar la lucha sin retroceder en las conquistas simbólicas alcanzadas por la clase. Los jóvenes trabajadores de hoy, a quienes el FITU y su comparsa electoralista parecen dirigirse casi en exclusiva, son herederos de esa experiencia. No desconocen las formas que asumieron entonces la explotación y la opresión, ni ignoran que su situación actual de servidumbre de clase conserva la misma sustancia bajo el dominio de la burguesía dominante.
En definitiva, los grupos de propaganda socialista necesitamos oponer nuestro esfuerzo radical frente a todo esto. Nuestra palabra hacia la vanguardia obrera y por ella hacia las masas trabajadoras debe ser claro a la hora de denunciar ante esta nueva voltereta aparatosa del reformismo oportunista y claudicante ante el cretinismo parlamentario, que no tienen nada que decir , que no sea el grito hueco y huérfano de contenido y son en realidad la sumatoria de un esfuerzo por evitar que todo lo real pueda ser racional, entendible y repudiable por la clase trabajadora llamada a superarlo y no solo contradecirlo.
La cooperativa electoral FITU, buscando mutar hacia un “amplio partido de trabajadores”, es la alaraca maniobrera que perturba a los trabajadores con su existencia que supera los cincuenta años , ocultando que no saben y por eso no quieren “revolucionar” sino permanecer dentro de la institucionalidad burguesa de una mejor manera. Por eso solo proponen un “anti” y no una dictadura de clases para superar el orden capitalista existente.
La revolución socialista de carácter permanente es la tesis que les aterroriza. Directamente han decidido sepultarla y optar por pasillos de parlamento, bancas con pocillos de café, presupuestos estatales que pagan presuntos asesores y el acompañamiento necesario de imágenes que dan cuenta de la ausencia de toda razón fundante. Muchas imágenes, que proyectadas no dejan ver al aparato del poder burgués que las proyecta en ultima instancia, hacia oprimidos y explotados.
Sus “asambleas”, convocadas de manera dispersa y desde la lógica del aparato que busca garantizar cierta presencia, no son más que el escenario necesario para la liturgia de las palabras. Frente a este cuadro decadente, que solo conduce a la frustración, la vanguardia debe llevar propaganda a los trabajadores y afirmar que, tras décadas de existencia y de fracaso de estos grupos, nuestra clase no puede aceptar que todo sea un engaño ni una mercancía fabricada por ilusionistas de la publicidad política. No existe brecha alguna en el muro levantado por la burguesía que permita reformarlo. Lo que corresponde es la palabra revolución, que señala con claridad que ese muro debe ser demolido.
La propaganda socialista, solo puede cumplir su propósito preparatorio, si no tiene presente en todas sus facetas que, los trabajadores deben lograr por esta vía, el acceso al convencimiento que recurrir al uso de la violencia para defenderse de la violencia burguesa instituciona, es imperioso para la conquista de los poderes y para la consolidación de las conquistas revolucionarias ulteriores. La conquista violenta de poder por parte de los trabajadores es la manera de marcar el traspaso del poder mismo desde la burguesía derrotada a la trabajadora y el conjunto de los oprimidos , instaurando el régimen transitorio de una dictadura .
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