En estos días la premura, por las urgencias que exhibe la creciente ofensiva del poder burgués sobre la clase trabajadora, con su necesaria y sobreviniente ampliación de los escenarios de barbarie, ubica la urgencia en clave de inmediatez, apartando de lo visible al socialismo leído en tanto identificación que le da nombre a la nueva sociedad determinada por la superación dialéctica del orden social capitalista, que no tiene desarrollo, ni relevancia de tratamiento en la vanguardia que se perfila dentro de las masas trabajadoras que salen a la lucha.
La omisión deliberada o espontánea de este abordaje en la práctica militante equivale, en los hechos, a abandonar la tarea consciente de construir, en el plano teórico-práctico y programático, el contenido del concepto categorial de socialismo, así como el modelo de revolución adecuado a la estructura productiva de la Argentina.
De esta manera, lo que queremos poner de manifiesto es la necesidad de volver a fijar estos estos espacios de la acción que entendemos son prioritarios, y previos a la tarea táctica de establecer frentes de acción o alianzas políticas . En ese sentido estamos persuadidos que, las prioridades que deben superar todo el complejo espacio de la lucha por la sobrevida material , contienen también la disputa del para qué y el por qué y en eso se encuadra la lucha ideológica por el socialismo que no es autónoma de la batalla social por el planteos de programa mínimo.
Desde este punto de vista, la ideología debe comprenderse mediante una pauta metodológica específica que la sitúe, en sus rasgos esenciales, dentro de la totalidad de las relaciones sociales que conforman el orden capitalista existente.
Dicho de otra manera , el espacio ideológico se desenvuelve ,desde la propia estructura social y no desde las expresiones de apariencia propias de la superestructura tomadas ambas por separado , sino de un modo unitario, en tanto una y otra no son sino una manera de explicar de forma comprensible y no mecánica esa específica relación dialéctica entre la objetiva relación social de producción y las formas que le dan el ser , espacio que las convierte en una unidad contradictoria concreta y necesariamente variable por las contradicciones que se expresan en su seno y buscan su resolución superadora.
A partir de lo dicho, es posible y necesario, establecer una secuencia encadenada, entendida como proceso dialéctico, que permita afirmar que el capitalismo instituye la prevalencia de la concepción jurídica del mundo como herramienta para garantizar su funcionamiento y reproducción. Al mismo tiempo, formaliza el vínculo entre capital y fuerza de trabajo mediante la forma jurídica esencial de la propiedad abstracta. Así, a través de la apropiación del valor creado, reconocida y organizada por la norma jurídica, el capital habilita su propia reproducción social bajo una forma consentida.
Desde esta perspectiva, la forma jurídica ha permitido definir a la burguesía como clase social y consolidar su poder mediante relaciones de servidumbre productiva. Estas relaciones imponen la explotación y la opresión que la clase trabajadora padece dentro del orden social capitalista.
Siguiendo los ejes trazados por el propio Manifiesto del Partido Comunista, debe advertirse que lo que la burguesía logró, desde su revolución y en el proceso de su ascenso como clase dominante, fue traducir en leyes la secularización de la concepción teológica del mundo y del ser humano. En ese desplazamiento del dogma religioso hacia una nueva forma secular, los llamados derechos humanos ocuparon, aunque de manera tardía y conflictiva, el lugar antes reservado a la doctrina religiosa, con la cual convivieron durante largo tiempo. Algo similar ocurrió con el Estado laico, que pasó a ocupar de forma más inmediata el lugar que antes detentaba la Iglesia.
Dadas así las cosas, con la formación estructural del orden social capitalista de nuestro tiempo histórico, las condiciones económicas y sociales, encuentran en última instancia su basamento en el derecho que es la herramienta institucional que permite la reproducción de la enajenación de la mercancía de quien la produce y con ello instituye a la ley formal como el basamento de poder para su consenso, esto es , los mandatos con forma de ley y capacidad de sanción para quién los incumpla, institucionalizados por el Estado, son los artífices necesarios de la reproducción social del capital. Los contenidos de esas normas específicas son los que dan apariencia de variación, al ajustarse a las necesidades específicas de las exigencias que impone esa reproducción en crisis..
En el mismo sentido, y desde una perspectiva histórica, puede afirmarse que una forma jurídica específica de la sociedad civil —el contrato— dio materialidad y exterioridad al intercambio social de mercancías. Lo hizo bajo la ficción de una norma jurídica acordada entre las partes, complementada por reglas generales establecidas por el Estado mediante sus instituciones parlamentarias o su poder administrativo. Estas convenciones contractuales, sustentadas en normas formales que orientan su estandarización, producen la apariencia jurídica del intercambio en el mercado y de la propia producción de valor mediante la relación concreta entre capital y trabajo.
Esta exterioridad —la forma jurídica, la ley— permitió, como toda apariencia, presentar ideológicamente las normas de derecho como si surgieran de su establecimiento formal por el Estado y no de los hechos económicos. Por esa razón, la igualdad ante la ley se convirtió en el principal grito de combate de la burguesía, al ocultar que esa instancia formal era necesaria para hacer viable, mediante consenso, la relación capital-trabajo, el despojo de toda propiedad al trabajador y la circulación de mercancías. Al mismo tiempo, instituyó la competencia, entendida como forma básica del comercio entre productores libres de mercancías, como el máximo principio igualador.
En ese contexto, la actualidad muestra una constante en la actividad organizada y agitadora de los núcleos que dicen expresar los intereses objetivos de la clase trabajadora: su subordinación a una ideología ajena a la construcción del poder obrero.
Así, casi todo lo que se programa y realiza convierte las luchas políticas en disputas planteadas sobre la base de exigencias jurídicas. Este desplazamiento fortalece la concepción jurídica como falsa conciencia. Dicho de otro modo, si en el plano económico las relaciones entre personas aparecen como relaciones entre cosas —fetichismo de la mercancía—, en el plano político las relaciones entre individuos se presentan como creaciones del Derecho —fetichismo jurídico—.
Hoy resulta significativo advertir, en el plano consciente y en la construcción de una política autónoma de la clase trabajadora, que el Estado constitucional instaurado por la burguesía mediante el Derecho transforma las relaciones sociales que generan antagonismos objetivos de clase en una forma jurídica de creación estatal: la ley que resuelve ese antagonismo en favor de la clase dominante por vía de sus operadores judiciales y de quienes se ocupan de la gestión de la administración de esas instituciones .
Con esa advertencia, la lucha por el derecho, promovida mediante políticas sociales presuntamente “inclusivas”, queda subordinada a ese desplazamiento. Así, las luchas políticas pasan a girar en torno de exigencias jurídicas, lo que refuerza la influencia del fetichismo jurídico en el pensamiento político y otorga contornos burgueses a sus objetivos estratégicos. En los hechos, esto se traduce en un reformismo persistente.
La sola lucha por ampliación de derechos sostenida en el contexto de un programa mínimo de reivindicaciones contenidas en el plano económico se constituye en definitiva en un camino infructuoso para la superación de los vínculos productivos que imponen explotación y opresión para la clase trabajadora, en tanto esto , se constituye , en una versión radical del pensamiento burgués que nos ubica en una suerte de callejón sin salida al pretender lo justo en un orden social que implica el enfrentamiento de intereses de clases una de las cuales somete y explota a la otra
Anclada en la forma jurídica, de modo fetichezco como lo hace el reformismo subyacente en la actividad política de las organizaciones que conforman la cooperativa electoral FITU , se oculta el objetivo esencial de la política obrera que es la transformación del modo de producción, en tanto contenido estratégico de la lucha de clases para alcanzar el poder obrero.
El fetichismo jurídico, manifiesta su capacidad para convertir a la lucha de clases en un “conflicto legal”, y en ello se concentra la matriz del reformismo La izquierda hoy apela al sentimiento de justicia, es decir , pone su hacer al piadoso deseo de que ella se genere, que adquiera materialidad en esta sociedad capitalista, por vía del reclamo de derechos , siendo que el derecho es herramienta necesaria para la consolidación de una sociedad injusta en la medida en que la misma se construye sobre la explotación de una clase sobre otra.
Si relacionamos este contexto programático generalizado en los párrafos precedentes, a las referencias que deja el curso del presente año, en el marco de los hechos que se encadenan dialécticamente en la lucha de clases , es necesario advertir que existen grupos políticos que producen un aparente viraje en cuanto venían realizando hasta aquí, y se presentan como “lo nuevo “ en la contingencia.
En ese giro , propio de un embuste de etiqueta, para reforzar esa aparente novedad, acuden a la creación ideológica que representa lo falso por verdadero , indicando un nuevo sujeto social identificado como “nueva clase trabajadora”, operatoria que no es otra cosa que, una reformulación de “lo viejo” reiterando una de las mascaradas ideológicas que ha trazado la historia de la socialdemocracia reformista .
En este sentido y desnudando a lo viejo que emerge como nuevo , hay que recordar que hace más de un siglo Lenin señaló como tarea revolucionaria, desmantelar la ilusión de la participación ciudadana en el «parlamento burgués», argumentando que el acto de votar no es más que una selección periódica de quiénes ejercerán la opresión estatal, agregando que la estructura parlamentaria no es un espacio de poder popular, sino un mecanismo de gestión de los intereses de la clase dominante
La fuerza de ese planteo sobre aquello que implicaba el reformismo y que hoy emerge con rostro de mujer diciéndose a sí mismo que implican lo nuevo y necesario,reside en que no propone simplemente una reforma del orden social capitalista, sino un cambio de paradigma basado en la experiencia histórica de la Comuna de París de 1871.
El planteo entonces, para su propagandización en la vanguardia de la masa trabajadora, no es eliminar la representación o la elección de cargos, sino transformar la naturaleza misma de lo institucional por abolición del poder burgués y sus formas jurídicas concentradas y diseñadas bajo el derecho de propiedad.
En lugar de tener un cuerpo que legisla y otro que ejecuta —permitiendo que las leyes sean promesas vacías mientras la burocracia real opera de forma independiente—, Lenin aboga por un sistema donde los representantes obreros «legislan y ejecutan las leyes al mismo tiempo». Esta fusión busca que el funcionario sea directamente responsable de la aplicación de lo que aprueba, eliminando el carácter parasitario del político profesional y convirtiendo al representante en un trabajador activo y responsable ante quienes ha determinado su intervención.
La estafa concentrada en la premisa falsa relativa a la existencia de una nueva vanguardia de trabajadores, contiene en sí misma la omisión de todo cuanto pueda relacionarse con la construcción socialista tanto en la fase discursiva como en las acciones públicas
Esto se busca dando prevalencia a los propios instrumentos comunicacionales que brinda el aparato del poder burgués , que genera en los hechos un único resultado que es el desconocimiento por aceptación tácita , del objetivo final emancipatorio que es específico de la clase trabajadora llamada a ser el sujeto social de su realización que en ningún caso admite la presencia de lo nuevo y lo viejo como situaciones estancas y aisladas una de otra , sino que deviene como indicador de una continuidad y permanencia en la búsqueda de concretar ese propósito programático.
La sola alusión a esa idea abstracta de “nueva clase trabajadora”, deja ver que no se prioriza la emancipación de los trabajadores , ya que de así hacerlo no cabría la diferenciación en el sujeto de lo nuievo y lo viejo, en tanto en uno como en otro ese propósito final no tiene modificación , en la medida en que la ley económica del valor, como la ley social de lucha de clases no ha cedido en su vigencia y continuidad.
Es en ese espacio que, la noción de partido -programa, cobra toda su vitalidad y esencialidad en el problema político esencia del poder, ya que en ese proceso de construcción de poder obrero, la premisa estratégica centrada en la emancipación de la clase trabajadora y por ella de la abolición de toda relación opresiva y explotadora como orientación programática de la organización partidaria es la que no luce en todo el andamiaje propagandístico de los mentores de lo que dan en llamar “un partido de la nueva clase trabajadora”.
La liberación del ser humano de las cadenas que le imponen las relaciones sociales capitalistas de explotación y opresión se corresponde no con pensamiento-programa-conciencia- que implique en los hechos la permanencia en lo viejo , sino con una revolución en ese pensamiento-programa, desde la organización partidaria de la vanguardia de la clase trabajadora, en tanto liberación intelectual de los límites funcionales a la reproducción del capitalismo y a un volcarse a pensar como comunidad, diversa de los lazos competitivos que impone el mercado capitalista.
La tarea a realizarse en y desde la vanguardia trabajadora , mmás allá de las luchas permanentes contra los sufrimientos que nos impone la barbarie capitalista, es pensar la razón y la libertad en sus fundamentos, de tal manera que esas ideas nacidas desde esas contradicciones estructurales propias de la barbarie puedan ser concretizadas y tomar cuerpo existencial en una nueva sociedad basada en la premisa justa “de cada cual según su capacidad , a cada cual según su necesidad”.
Subyace también junto al planteo de Partido de la nueva clase trabajadora,la afirmación que toma forma dogmática conforme a la cual, todo lo planteado es necesario porque “haiy que aprovechar la oportunidad que da un crecimiento en imagen positiva de una diputada que se lanza individualmente y de forma absolutamente anticipada en el tiempo a una candidatura presidencia y pide se le acompañe en apoyo.
En ese nivel objetivo del fenómeno hay que partir de la premisa “aprovechar la oportunidad”, porque si ello es así, de no existir la oportunidad no sería viable hablar de la necesidad del lema “todos con y detrás de Myriam Bregman” ni mucho menos de la herramienta organizativa “partido”, ni de las forzosa y amaneradas “asambleas” .
En ese sentido hay que recordar que existen dos principios “a priori”, que son las nociones de espacio -tiempo, y que más allá de los ribetes sociológicos -estadísticos a los que acuden los constructores y sacerdotes reformistas, estamos frente a una intuición empírica que hace de base sobre la cual se lanzan discursivamente hacia “las masas”.
Espacio y tiempo, son formas de toda intuición empírica . No son ni conceptos ni propiedades del fenómeno al que se refieren . Son en tal sentido , condiciones de posibilidad para que el fenómeno intuido de manera empírica, tenga lugar de existencia.
De esta forma, si la cuestión se canaliza dese esos a priori, se puede advertir que “lo intuido” no nace de la existencia social del fenómeno sino de un presupuesto puramente ideológico, pero nunca emergente de la existencia ral que marcan las relaciones sociales, y la lucha desde los antagonismos de clase, que en tiempo real están marcadas por derrotas específicas y parcializadas de la clase trabajadora con la prevalencia en sentido inverso de las medidas estructurales desarrolladas yi desenvueltas por el actual equipo de gobierno burgués.
Dicho de otra manera, la burguesía en tanto clase de conjunto no cede en su ofensiva , afirmando en eficacia su táctica de fragmentación y división social.
Nada indica entonces, que los “a priori lógicos” den entidadad a la intuición empírica que pretende vender por realidad como objeto fetiche la aventurera experiencia reformista apologista del cretinismo parlamentario que lanza al torrente de la lucha de clase y a las masas trabajadoras con modos propagandísticos la cooperativa electoral FITU y sus colectoras
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