El desarrollo de la conciencia de clase y el papel de la vanguardia en ese proceso ,se conforma desvinculando el papel que ocupa la lucha material en sí y el que desenvuelva en la lucha y desde esa lucha la teoría revolucionaria que tiene su cuerpo sistemático en el programa del partido de la clase , que sin el primer extremo de esta dupla fusionada no existiría.
Lucha- Teoría- programa configuran así una totalidad variable de como piensa y que hacen las masas trabajadoras constantemente asediadas por el incremento de la desocupación y el aumento de la tendencia ascendente de su pauperización.
Esto es así, porque solo comprendiendo en un solo criterio de acción, la lucha de masas y la teoría revolucionaria en unidad dialléctica, pueden superarse tanto las concepciones puramente propagandísticas, como las absolutamente espontaneistas y posibilitan avances reales en términos relativos a la acumulación de fuerza política revolucionaria autónoma y testada en programa socialista. Por este juego dialéctico la vanguardia se constituye en revolucionaria y como tal organizadora, educadora y dirigente.
Toda esta estructura analítica es aquella a la que ha renunciado de modo deliberado el PTS, para ubicarse decididamente en el reformismo, liquidar el discurso de clase, hacer de su única instancia programática el no-programa y terminar siendo uno más en el cretinismo parlamentario al que desde los clásicos del marxismo se le considera una enfermedad política que reduce toda la historia y la lucha social a los debates y votaciones dentro de un parlamento,
Con este término, se describe la ilusión ciega de creer que el destino de la sociedad se decide únicamente mediante la aritmética de los votos en una cámara legislativa. En todos los casos se actúa como si el Estado fuera neutral y las leyes o discursos bastaran para transformar un sistema injusto, olvidando factores reales como el poder económico, el aparato militar y la dominación de clases.
Lenin que no rechazaba del todo la participación en los parlamentos burgueses utilizó el concepto “cretinismo parlamentario” para advertir que en las fases decisivas del capitalismo, pretender conquistar el poder exclusivamente por la vía electoral era una ingenuidad fatal porque el parlamento jamás debe sustituir la movilización revolucionaria de las masas, siendo que el problema fundamental de la revolución es la destrucción del Estado burgués y la toma del poder político real, algo que no se resuelve con reformas parlamentarias graduales.
Hace unos días, Myriam Bregman, candidata presidencial del FITU en las últimas elecciones y dirigente nacional del PTS, encabezó una conferencia de prensa junto a peronistas, radicales y diputados provinciales para impulsar una agenda parlamentaria opositora. Planteaba una sesión especial para tratar el “endeudamiento de las familias”. Bregman llamó a “discutir los temas que importan al pueblo trabajador”.
Pero la foto de la unidad opositora oculta lo que ocurrió en la misma sesión. Horas después de votar para convocar el debate, una veintena de esos mismos diputados le dio quórum y votó a favor de las leyes de Milei: el “blanqueo fiscal” obtuvo 139 votos a favor y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, 144. Se trata de diputados del oficialismo misionero, salteño y tucumano con los que el kirchnerismo negocia para integrar un frente electoral de cara a 2027.
Hay una doble intención política. Primero, camuflar que el arco opositor votó las leyes más importantes de Milei y es agente del ajuste en sus provincias. Segundo, hay una apuesta a un recambio electoral que permita a la gestión Milei llegar al termino de su mandato en una suerte de neo- Alberto Fernandez-Massa, siendo que lo objetivo , muestra enormes grietas con profundización de la tendencia a la pauperización de las masas trabajadores, por vía de la caída de la actividad, recesión y bancarrota sobre sus propias premisas, y el alto endeudamiento de las economías familiares de los sectores medios que tuvieron la oportunidad de reunir los requisitos mínimos para acceder a créditos que resultan hoy impagables desde los ingresos de esas economías.
Un registro de esa tendencia a la construcción electoral de frente anti-Milei, buscando ubicar a las masas trabajadoras con sectores de la burguesía que fueron desplazados por la política económica del gobierno , le pone plazo al régimen sin posibilidad de renovación para el 2027 pero a la vez le pone paños fríos al conflicto social de calles y protestas, que los aparatos organizativos del PTS -MST propician a través de una “marcha de la bronca” que solo busca darle marco a la táctica montada a través de su presunto crecimiento en las encuestas de imágenes.
Trotsky en 1934 escribió y difundió aun con las limitaciones marcadas por su exilio forzoso, lo que se conoció como Programa de Acción para Francia donde dejó en claro que : “la nacionalización de los bancos, de las industrias claves, de las compañías de seguros y transportes” es la condición “para que la economía tenga como objetivo el bienestar de las grandes masas trabajadoras y de toda la población” , pero advertía que la nacionalización bancaria “solo dará estos resultados favorables si el poder estatal mismo pasa completamente de las manos de la burguesía a las manos de los trabajadores” . De lo contrario, no es más que una operación financiera burguesa.
Sin embargo las astillas del Morenismo reunidas en el FITU, en base a su orientación parlamentarista y oportunista, eleva proyectos de ley para afrontar el conflicto objetivo del alto índice de morosos en el pago de obligaciones contraídas con los sistemas de crédito bancarizado por diversos dispositivo , donde esa medida relativa a la banca ni siquiera se plantea , reduciéndose a herramientas que más temprano que tarde seguirá dejando a los sectores sociales que hoy no pueden afrontar los pagos en igual imposibilidad existencia a futuro, que los pondrá en la línea de ejución nuevamente.
El mejoramiento en el ingreso real de las masas trabajadoras tropieza además con el sistema legal y el régimen paritario , que esta absolutamente controlado por las cámaras empresariales y los dirigentes de las organizaciones sindicales. Ello es además, una parcialización del asunto porque gran parte de los endeudados pertenecen a la economía informal de manera que su crecimiento en los ingresos reales solo esta referido a un incremento de su productividad, que bien leído implica un incremento de la explotación de los trabajadores.
Este núcleo programático, esto es, la expropiación de la banca sin rescate, el control obrero, la abolición del secreto comercial, no es un adorno teórico. Es la única respuesta posible a una crisis producto precisamente del achatamiento y la caída del salario por debajo de sus niveles de mínima subsistencia Hacerle pagar esa deuda a los trabajadores es descargar sobre ellos la crisis de la burguesía, más allá de la ortopedia que propone el reformismo buscando auxilio en sus socios encubiertos de algunos sectores de la burguesía.
Oportunamente Julio Magri, se ocupó de formar una caracterización del Morenismo que se mantiene vigente, que utilizamos para el cierre de este trabajo por su pertinencia al caso y su utilidad en el trabajo de propaganda que nos hemos planteado.
En ese sentido es que indicamos que: “El partido revolucionario se tipifica por su programa. Marx y Engels ya plantearon que la independencia del proletariado de las otras clases sociales se cristalizaba en la estructuración del partido revolucionario.
El marxismo nunca hizo del «aparato», de la organización un fetiche. Todo lo contrario, cuando plantearon acuerdos temporales con otros partidos o el “entrismo” en una organización no bolchevique (Lenin, Trotsky) lo hicieron sobre la base de la más clara y absoluta independencia política, conservando su propia fisonomía política y programática, defendiendo, y no diluyendo, los principios del bolchevismo. «Para nosotros la cuestión cardinal es aquí, como en todas partes y siempre, la del partido comunista, su independencia completa y su carácter intransigente de clase» (León Trotsky, “Stalin .El gran organizador de derrotas, pág. 246”).
De esta postura, el leninismo deducía una clara posición respecto de la estructura organizativa partidaria. «Por el contrario, la organización de los revolucionarios debe englobar ante todo y sobre todo a gentes cuya profesión sea la actividad revolucionaria» (Lenin, Qué hacer). «Lenin comprendía mejor que nadie la necesidad de una organización centralizada; pero veía en ella, sobre todo, una palanca para realzar la actividad de los trabajadores avanzados. La idea de hacer un fetiche de la máquina política no sólo le era ajena, sino que repugnaba a su naturaleza» (Trotsky, “Stalin”, pág. 60). El leninismo-trotskismo se definió siempre por la independencia intransigente de clase y por una organización centralizada, de profesionales revolucionarios. Nada más ajeno a la «aspiración» morenista de formar un «partido reformista de izquierda legal .
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