La metodología que hace de las fechas una herramienta ideológica para sepultar lo real, tiene profusas manifestaciones, pero ocurre que esa tendencia hacia la nada, hacia la lectura que no modifica ni transforma, que solo memora, pero no habilita una filosofía de la praxis consecuente con el hecho histórico que le sirve de base tiene una sola función que no es otra que aquella de reproducir el orden social existente. Decimos esto con relación a lo que sucedió ayer con un nuevo aniversario del episodio represivo conocido como la noche de los lápices y hoy con referencia a la acción política que terminó con la vida de Anastacio Somosa.
En los dos casos, cuanto de hace es memorar, acción que además es exaltada en la situación de los caídos en la noche de los lápices donde la gráfica evocativa, concluye con un hoy , al que se concentra en el objetivo de “seguir construyendo memoria.
Pero dado el fenómeno de esa manera, no podemos avanzar sin reiterar que cuanto decimos en este sitio, se desenvuelve con propósito propagandístico de construir con la clase trabajadora el necesario programa emancipatorio desde el poder obrero y las categorías elaboradas por el marxismo a las que acudimos para dar cuenta de cuanto protagonizamos en tiempo presente.
Este tipo de acción militante es el que entendemos ajustado al actual estado critico del desarrollo capitalista y a su pertinente nivel de desarrollo de lucha de clases en una situación de simple conflictividad de fuerzas sociales, que en el caso de la masa trabajadora no perfila una tendencia significativa hacia el objetivo de trascender a una fuerza política.
Desde esa perspectiva hay que advertir que , memorar y hacer historia no es lo mismo, aunque ambas situaciones del entendimiento y la acción humana, se refieren a desarrollos conflictivos del pasado .La diferencia que nos parece significativa es que la memoria es vivencial y subjetiva busca un sentido emocional o de identidad de lo pasado en el presente, mientras que la historia es una disciplina crítica e intelectual, es decir la resultante de un juicio que busca dar razón fundante de lo objetivamente sucedido .La memoria es afectiva, emotiva y está ligada a la experiencia de grupos vivos o comunidades. Utiliza el recuerdo para reivindicar, conmover o dar sentido a una identidad actual La historia es una operación intelectual, científica que genera un discurso y un producto intelectual desde lo ya sucedido como emergencia de la aplicación de un método sobre los datos materiales con los que se cuente.
De esta forma, si la meta es seguir construyendo memoria, lo que hace es plantear la continuidad de memorar y no la emergencia de la superación de ese estadio del conocimiento para avanzar a la construcción histórica.
Sin embargo, más allá de ello, lo cierto es que la evocación memoriosa del suceso represivo de la noche de los lápices viene revestido en el tiempo del discurso de naturaleza ideológica que la clase dominante logró imponer sobre su objetividad que presenta una marcada segmentación de ese hecho de las prácticas genocidas en la que se insertó como uno más y desluciendo esa imagen hacer prevalecer una identificación con la versión dominante de los dos demonios, con la cual se presenta tanto a víctimas como sobrevivientes inmersos en algo que un buen día les cayó del cielo con sentido negativo sobre sus vidas, que tratándose de aún de adolescentes , no habían alcanzado un perfil definido. Es de nuevo y hasta el infinito, el crear y reproducir la idea de pobres pibes víctimas de un tiempo violento.
Por eso, la demanda de la continuidad de la evocación memoriosa hoy no encuentra explicación como lo pudo tener en los primeros momentos del Alfonsinismo y se exhibe ante los adolescentes de hoy como una referencia más a una película y su argumento que a una realidad que incluso les puede aún abarcar según sea el pulso que pueda tener o no la lucha de clases.
Cuanto nos interesa entonces , en particular tomando como referencia esta coincidencia de fecha, es dejar en reflexión propagandística esta emergencia del desenvolvimiento dialéctico de los hechos en el tiempo y volver al punto central que tiene toda referencia militante de un hecho histórico con clave en la tesis XI que Marx supo delinear con referencia crítica al pensamiento de Lud Feuerbach, en lo que se refiere a la necesaria actividad transformadora del “mundo exterior sensible” que se impone como paradigma de cada posicionamiento intelectual que se toma con referencia a determinado objeto de análisis.
En ese sentido la pregunta que se impone es que paso desde la acción represiva en contexto de un plan de tareas de prácticas genocidas descargadas sobre la joven clase trabajadora de aquel entonces, hasta hoy y por qué solo cuadra un mensaje minoritario en lo real existente que se reduce a la evocación memorioso.
Ese mismo interrogante en torno al que paso desde entonces también cabe con referencia a la acción política que favoreció la consolidación relativa en la toma del poder formal hecho por la guerrilla sandinista en Nicaragua.
Para una mejor referencia, respecto de lo que implica un tratamiento del hecho sin proyección de continuidad y un estancamiento en la simple tarea de decir presente a lo que no se ha contribuido a sostener, en este caso, la incidencia de la lucha armada como herramienta de construcción de poder , citamos en forma íntegra un artículo periodístico publicado hoy 17 de setiembre de 2026 en revista Livertá
EL FIN DE UNA DINASTÍA
(Un día como hoy… era ajusticiado el exdictador #AnastasioSomoza)
El taxista aguarda con el auto en marcha. La mujer cierra la puerta, lo mira, pero no le da ninguna dirección. Solo le pide que la lleve a «una peluquería que queda a dos cuadras de donde vive el general Somoza». El hombre reflexiona un momento y arranca. A las pocas cuadras, se detiene frente a una comisaría. Allí le pregunta a un policía si sabe dónde vive el exdictador. El oficial no duda y responde: en la calle Generalísimo Franco. Al llegar a destino, la mujer agradece, paga y se baja. Había resuelto un inconveniente con el que se enfrentaban desde hacía varias semanas. Ahora, el grupo integrado por cerca de diez hombres y mujeres podía dar paso a la siguiente fase de lo que habían denominado Operativo Reptil.
Días después, una persona camina hacia la esquina de las calles Generalísimo Franco y Santísimo Sacramento y se acerca a un kiosco. Le comenta al dueño que está interesado en participar del negocio, que llegó a Paraguay hace poco y que está por casarse. Además, cuenta con $3000 para invertir. El kiosquero acepta el trato, y acuerdan que el nuevo socio será quien atienda el puesto. Un paso más en el plan, todo marchaba según lo previsto. Desde allí, tal y como lo habían pensado, pasarían los días observando los movimientos de Somoza, las entradas y salidas, los horarios y las personas que frecuentaban la mansión. En poco tiempo, la rutina del exdictador ya estaba cronometrada.
Para ese entonces, el grupo formado por miembros del ERP y sandinistas ya había alquilado una casa en la misma cuadra de Somoza. Días atrás, se habían presentado en una inmobiliaria diciendo ser representantes de Julio Iglesias y que buscaban alojamiento para filmar una película en Paraguay. Eso sí, solicitaron total discreción. Ni una palabra a nadie. El trato se cerró fácilmente, y la dueña de la inmobiliaria solo pidió de regalo una foto autografiada del cantante. Con todo listo, solo restaba aguardar. Finalmente, la mañana del 17 de septiembre de 1980, llegó el día esperado.
Somoza tomaba siempre el mismo camino. Por eso, a las 10:35, uno de los guerrilleros disfrazado de canillita dio la orden por walkie-talkie: «Blanco, blanco». El resto ocurrió en pocos segundos. El Mercedes Benz blindado salió de la mansión rumbo al banco cuando, de golpe, una camioneta se cruzó en el camino. Irurzún apretó el gatillo del lanzacohetes, pero el proyectil no salió. En ese entonces, Gorriarán Merlo comenzó a disparar con un fusil hasta vaciar el cargador. En un intercambio de tiros con la seguridad, el hombre del ERP avanzó hacia Somoza sin dejar de tirar. De un momento al otro, el lanzacohetes funcionó y el blindado voló por los aires. Ya nadie volvió a disparar. El último miembro de la dinastía era historia. Lo había ajusticiado parte del mismo pueblo al que, durante décadas, había soñado exterminar.
Cuando se hace este texto, que memora un hecho, pero que omite explicar cómo y por qué sus autores resultaron despreciados por nuestra sociedad y uno de ellos que en aquella operación salvó su vida, ulteriormente fuera encarcelado, imputándole precisamente un hecho armado, donde además desaparecieron aún ante la vista del entonces presidente Alfonsín varias personas que se habían reunido a las mismas fuerzas armadas genocidas de la década del setenta y por el que resultó condenado.
Lo significativo y lo ideológicamente oculto, es que los que memoran se enlazan en lo actual con todos aquellos que por más de cuatro décadas sepultaron la consideración de la significación que tiene el despliegue de la violencia en la lucha por la emancipación de los trabajadores, y se dedicaron a la apología de la democracia como forma de gobierno en donde potenciar demandas sociales con miras a la realización de reformas progresivas dentro del orden social capitalista.
Lo relevante es aclarar, si es que se tiene esa intención o se prefiere seguir apelando al silencio, por qué se reivindica aquello y ahora se declara caduco en el hoy. ¿Qué fue lo que pasó y cómo pasó? ¿Cuál sería entonces el sentido político de la evocación más allá de un discurso para no quedar incómodo frente a lo real , para memorar estos eventos? O es que nos vestimos de soldados solo para el desfile.
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