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«Teología y geometría.»

Según se suceden los hechos de lucha de clases en esta sociedad donde sobrevivimos, se presenta para los que nos ocupamos de la tarea que creemos específica para este estadio , que no es otra que la propaganda y la agitación, el desafío de encontrar palabras para el desatino, en gran parte responsable del actual empantanamiento en la crisis de dirección del proletariado , que se exhibe cada vez más como el obstáculo más sensible en el proceso de construcción de la revolución emancipatoria de la masa trabajadora por los trabajadores mismos.

En esa búsqueda, viene al caso tener presente una fórmula que se desarrolló en el plano de la filosofía de la práxis de la propia literatura. Esa expresión es el binomio “teología y geometría” que se utiliza para dar cuenta de lo faltante en nuestra realidad para que esto permita que se geste una tendencia social emancipatoria desde las masas y que ella tome cuerpo organizado y teórico por su programa .

La relación entre teología y geometría abarca desde la filosofía antigua y la arquitectura sagrada hasta referencias literarias y musicales icónicas.Desde la antigüedad, la geometría se consideró un lenguaje mediante el cual lo divino ordenó el cosmos. Platón en el Timeo y en otros diálogos, las formas geométricas (como los sólidos platónicos) explicaban la estructura íntima de los elementos y del universo.
En la Edad Media o en el arte islámico, la geometría estrellada funcionaba como una «teología visual» para reflejar el orden perfecto de Dios sin recurrir a la representación figurativa. Finalmente, figuras como la vesica piscis o la flor de la vida unen conceptos matemáticos de simetría con significados espirituales de unión entre el cielo y la tierra.

Sin embargo , es en la célebre novela “La conjura de los necios” de John Kennedy donde se perfila cuanto queremos exhibir como carencia en la dialéctica de lo concreto. En el texto de Toole, el protagonista Ignatius J. Reilly desprecia la modernidad argumentando que carece de geometría y teología, valores que él asocia con el orden clásico, el buen gusto y un propósito superior frente al caos del siglo XX.

La referencia a la teología no remite a la malversada expresión del opio para el pueblo, sino a la construcción ideológica que requiere todo orden social, tarea que no se encorseta en la metáfora de la estructura e infraestructura , sino a la prevalencia que tiene la propiedad como situación objetiva específica que tienen los individuos con los objetos que genera una sociedad ordenada para la producción generalizada de mercancías . En ese sentido lo jurídico y sus formas , conforman esa “teología” porque explica lo dado y dota a quien ejercita el poder de la necesaria coacción intrínseca como elementos constitutivo de toda ley. Es por eso que el “primo Macri” se soslaya con “ley y orden” aclarando que la ley se respeta pero su negación se castiga, omitiendo aclarar que son sus jueces y fiscales quienes dicen que tiene el status de ley y como se lo interpreta.

Tres delegados de los trabajadores del Subte, son aprehendidos en esa perversidad de la forma jurídica, en tanto que “no respetan la ley” y alteran el orden . Pero como no solo es la teología de los hombres, los que no son ni héroes ni dioses , lo que prima en esta cuestión , sino también la geometría, razón por la cual lo que se detecta es que no hay figura de esa disciplina científica que abarque la cuestión y su desenlacé , salvo que algunos se creean habilitado para exhibir la tesis de la cuadratura del círculo.

Los posmodernistas abrieron la puerta a la progresía, para que religiosa y no teológicamente repitiera aquello “del futuro llego y nadie esta llamado a sostener ni acatar relatos generalizados que brillan por su caducidad”, pero por esa puerta ingresaron los devotos del encadenamiento hombres, héroes y dioses, y por ellos emergieron las luces de esperanza, las Rusas, las zurdas, que todo lo pueden si le tenes simpatía, y la deidad de la diversidad cultora del luchismo.

En la teología cristiana, Cristo (siendo de condición divina) se humilla y adopta la «figura de siervo». En el capitalismo analizado por Marx, ocurre lo inverso: el dinero o la mercancía (que son cosas muertas, producto del trabajo humano) se «divinizan», adquieren vida propia, poder fetichista y se convierten en un Moloch o un Anticristo que exige sacrificios humanos reales (la explotación y desgaste de la vida de los trabajadores). La «fe» aquí se traslada a la confianza ciega en las leyes del mercado y del capital.

En igual forma, mientras la esperanza teológica de Myriam Bregman y su pedido de luces en la noche cordobesa del encuentro nro 39 de mujeres, lesbianas, travestis, apunta a una salvación o felicidad en un difuso más allá de lo actual sin indicación de cómo , cuando y donde , la «esperanza» secular en Marx se vuelca hacia la praxis revolucionaria y la emancipación en la historia. No se espera la intervención de un Dios, ni de un héroe mediador , sino que la clase trabajadora transforme las condiciones materiales para construir un orden libre de alienación y un nuevo hombre.

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