Nuevo Curso

La agonía de un modelo y el imperativo de su necesaria superación

Nahuel Moreno (Hugo Miguel Bressano)​, supo decir durante una escuela de “cuadros” de la organización política que timoneaba y que nuevamente había mutado de denominación, cuestión obligatoria en cada uno de sus virajes políticos, que “la verdadera historia es que el único trotskismo consecuente que hemos visto en los últimos treinta años en nuestro país es el de nuestra organización”.
Esto de ser los únicos y los auténticos herederos, sin haberse presentado a ningún proceso donde así hubiesen sido declarados, y omitir en la afirmación cuantas expulsiones y fracciones habían transitado él y “los cuadros”, es y ha sido una característica distintiva del ethos de esa corriente política a lo largo del tiempo e incluso en el presente, donde accionan “herederos” del “herederos” , claro que nuevamente fraccionados y sin que ningún albacea les haya leído el testamento.
De esta manera a los que hoy se visualiza como “trotskos”, no son otra cosas que los hijos parcialmente renegados, de quien se dijo Trotskysta auténtico, aunque en su valiosa “autenticidad”, se anotó en la lista de los que confeccionaban novedades teóricas so pretexto del paso del tiempo y cambio de circunstancias, para poner en crisis las tesis del revolucionario brutalmente asesinado en Coyoacán por el Estalinismo y sus agentes .
Hay que advertir que los discípulos dispersos, que confirmaron las incidencias de la dialéctica en su existir al ser paridos desde el interior del MAS , último eslabón propiamente morenista en vida de este prestidigitador , en donde permanecían en pasividad esperando que el “gran conductor” cediera ante la muerte, único ente al que no pudo engañar.
Todos cuanto salieron de ese nido en esa coyuntura lamentable de pérdida del dirigente, lo hicieron haciendo profesión de fe del maestro, demostrando que habían aprendido bastante, pero claro , como el propio Moreno lo hubiera hecho, no pasó mucho tiempo para que se afirmara “que había que revisar” y que el talentoso dirigente , podría haberse equivocado. Y efectivamente luego de otra etapa, estaba claro que había errado y por ende había que darle el último saludo y salir corriendo a buscar a Gramsci en auxilio, y si había que emparentarlo con Trotsky, no importa que en vida ambos no se profesaran acuerdos explícitos. Más aún había que refugiarse en el estudio “sesudo” de Clausewitz por haber recordado que habían dejado en lugar aquello de “la guerra es la «continuación de la política por otros medios”
Claro, quienes no conocían a los mentores de ese avocamiento en la teoría de la guerra, enmarcado en un camino posible a la violencia primordial y su empleo como un instrumento político cuyo objetivo es obligar al adversario a acatar nuestra voluntad, utilizando la fuerza física como medio. Sin embargo, los más veteranos sospecharon y sospechamos de la jugada, como se sospecha del adversario que canta falta envido y truco y no consigue persuadirnos de que efectivamente tiene las cartas necesarias.
Sospecharon y sospechamos, precisamente porque Moreno se había rendido a los pies de Ernesto Guevara y su liderazgo real sobre los que luchan , conformado el PRT con otros grupos y luego renegado de la lucha armada fraccionando el mismo partido. Una porción de las jóvenes generaciones militantes tuvo esperanza en esos anuncios de Emilio Albamonte and Matías Maiello, pero de modo defraudatorio su resultante documentada en “Estrategia Socialista y Arte Militar” no fue otra cosa que el desmalezamiento intelectual de un camino que solo conduce a las urnas, la matemática de Abaco sobre la cantidad de bancas parlamentarias y la permanencia no fue un calificativo de la estructura de la revolución necesaria, sino el rutinario y obsesivo discurso de derechos formales enunciados por la tenaz Myriam Bregman que aún no comprendió que la explotación y la opresión no se resuelve en los tribunales y menos con una mera acción discursiva.
Lo cierto es que hoy, los que luchan tropiezan con un aparato político, con formato de cooperativa electoral que ha decidido de manera consolidada por sus respectivas burocracias, que es el FITU, organización que sin embargo , acus los embates de la lucha de clases que la ubican en síntomas significativos de agonía. Pero como todo no se acaba en esta vida sino que “se reforma” su extinción no parece posible, invitando a una necesaria acción política para superar esta experiencia , rescatando a su militancia, para que desde ella se defina un nuevo rumbo, que dialécticamente haga del obstáculo una posibilidad de un nuevo rumbo, imperativo categórico para cuanto se avecine a partir de la nueva conformación subjetiva del poder legislativo, llamado a ser el escenario- instrumento de un redoblado avance de las políticas de hambre, explotación y opresión del poder burgués.
Nuevo Curso.