Si algo dejan ver los sucesos transcurridos en lo que va de noviembre de este 2025 es la posibilidad de un análisis justificativo de la revolución proletaria en nuestro país. Se habla de gobierno popular, gobierno campesino, pero nadie ha elaborado como estrategia de la clase obrera la posibilidad de consumar la revolución proletaria y la dictadura de clase del asalariado
La consigna está sin embargo en todos los textos de los clásicos. Nuestra izquierda no tiene el planteamiento de la revolución proletaria como una necesidad histórica. No centran su propaganda y acción sobre la necesidad de que los trabajadores como clases se hagan del gobierno derribando al Estado de la Burguesía.
Este es el problema de la política Argentina. Esos partidos desarrollan una política burguesa por izquierda mientras se aferran en defender el régimen de la propiedad privada. No se le pasa por la mente la acción política específica de la revolución de los trabajadores.
Sin embargo esa meta es necesaria frente a la barbarie capitalista.
En las consignas de gobierno popular antimperialista hay una idea clara , un gobierno de varias clases con prevalencia de un sector de la burguesía. Argentina sigue siendo una país capitalista tardío y dependiente por su atraso en el ingreso a ese modo de producción
Una revolución de los trabajadores , nace de diferenciarse de ese tipo de consignan que implican colaboración de clases. Hay una diferencia entonces en el sujeto de la revolución , que necesariamente deben ser los trabajadores.
El FITU en ultima instancia sigue una línea menchevique, entendiendo la posibilidad de una burguesía progresista. Con esto siguen la política del enemigo de clases. Por eso hay que diferenciarse, porque todos los partidos obreros no son necesariamente revolucionarios.
Tenemos que dejar planteado una afirmación fundacional que exige otros modos de política diversas de las establecidas, en tanto subvierten las afirmaciones dogmáticas y desde ellas la sociedad misma.
La revolución no es otra cosa que un enfrentamiento de las clases, abierto y directo. Para esto es necesario que la confrontación previamente también se de por otros medios que incluyen el debate mismo sobre la necesidad de la revolución de los trabajadores que se perciben como tales en tanto clase social.
Las frustraciones de las iniciativas históricas de luchas y confrontaciones de clases en nuestro país no han dejado ver la instancia especifica del poder de los asalariados y esa realidad es la que causa hoy que muchas instancias de libertades democráticas propias de la revolución burguesa también hayan sido quebrantadas en orden a los intereses actuales de la burguesía de conjunto encerrada y enconcertada en torno a la posesión de los medios de producción y su consagración en el derecho de propiedad privada, también consagrado como forma jurídica en la constitución nacional o ley superior.
Las frustraciones vividas y por sobrevivir de continuarse en la estrategia de constituirse en el partido de la izquierda del orden burgués , deben ser superadas y el camino de la superación esta dado por indicar al sujeto social revolucionario y la clase social que esas masas constituyen en sí.
Dicho de otra manera , lo que corresponde es educarnos todos y cada uno de los que conforman la vanguardia de trabajadores que se consideran miembros de una clase social diversa de la clase explotadora en la tarea de agitación y propaganda de la premisa explicita de la necesidad de la revolución social por los trabajadores y la conformación de su poder obrero con rasgos de dictadura de clase y organismos propios con base en democracia directa.
Las masas trabajadoras debe finalmente en la lucha abierta por el poder deben erigir sus propios órganos de poder desconociendo toda la institucionalidad estatal burguesa. Las masas deben sudvertir el orden social capitalista.
La reacción burguesa a esta tendencia de cambio se impone la tarea permanente de lograr su sometimiento , razón por la cual las ilusiones abiertas en torno a las posibilidades que el Estado de la burguesía puede otorgar para reducir las incidencias de la explotación y la opresión.
Actuamos en una época que es la del capitalismo mundial, que se mueve por encima de las fronteras nacionales y convierte a esta en un factor reaccionarios. El internacionalismo de los trabajadores se corresponde con ese mismo carácter que presenta la globalización capitalita.
Nos movemos en la época de la revolución de los trabajadores con carácter internacional. Los trabajadores argentinos no pueden ser ajenos a ese proceso ni negarlo.
El fundamento de la lucha revolucionaria esta dado por la estructura económica de las fuerzas productivas y las formas que asumen las relaciones sociales de producción. El espacio ideológico se conforma y tienen génesis en si misma. Las estructuras que se dan en la relación social capital. No hay arenga de agitación que se pueda apartar de esa objetividad, en uno u otro sentido.
La revolución social en Argentina, es posible porque las fuerzas productivas contenidas en ese orden social se ven limitadas por las estructuras capitalistas . Las fuerzas productivas chocan objetivamente con una anticuada forma social de producción que hoy es el capitalismo y su propiedad privada. Esto se ve por dos grandes indicios , las crisis de sobreproducción y de estancamiento en la reproducción del capital y los estallidos de guerras en varios puntos del globo, y los correlativos signos de rebeldía social de los actores subjetivos de esas relaciones de producción.
Hay que destruir la forma de propiedad imperante gestada desde las relaciones sociales de producción capitalista. Sin esa destrucción es posible la disgregación humana en la barbarie. Esta objetividad sin embargo, deja ver en sus mismas entrañas la tendencia subjetiva a su superación .
Los trabajadores situados en esa relación social capitalita de producción, son los potenciales realizadores del cambio necesario. Unicamente si el factor humano de las fuerzas productiva adquiere comprensión sensible de sus intereses emancipatorios y que ello implica destruir al capital . Eso hace nacer las preguntas pertinentes por el modo y el tiempo de ese salto cualitativo.
Es en ese sentido es que irrumpe la necesidad de una política autónoma de clase cualquiera fuese el estadio de esa lucha de clases abierta desde el momento mismo en que se establece un orden social sobre la base de la relación social capitalista.
En la vía de los hechos, los que luchan en terreno concreto solo dejan ver que las fuerzas en luchas solo están maduras para la revolución democrática, es decir, para tareas de desarrollo de las relaciones capitalistas atrasadas y dependientes.
La estructura económica Argentina esta integrada en el orden mundial capitalista. Y en el seno de ese orden nuestra población se enfrenta con un desarrollo capitalista en crisis por la forma en como se conforma la apropiación del valor por parte de la burguesía . El elemento decisivo y fundamental de nuestra vida diaria, esta siempre ligado a la consideración que tiene nuestro orden en la escala mundial del mercado.
Vivimos para el mercado mundial . El modo de producción capitalista es el factor decisivo y su Estado funcional en la institucionalidad a ese modo de producir el soporte bélico sobre la población masiva de explotados y oprimidos que generan.
Todos los fenómenos políticos se ligan a esta realidad de la estructura y maduran para este capitalismo en la versión que se da fronteras adentro y se proyecta a la universalidad del fenómeno productivo en su mercado mundial. Las fuerzas productivas se desarrollan en forma mundial pero se estrangulan en nuestra sociedad en forma de generar por sí , escenarios de barbarie.
Por contraste, esos mismos escenarios dan dentro de las masas asalariadas, una conformación que es variable y necesariamente relacionada con los modos en como se adquiere en el mercado esa fuerza de trabajo y la manera en que pasa de lo abstracto al acto.
Las masas de trabajadores que existen y son explotados en los límites del estado capitalista argentina , no están en un plano consciente en correspondencia de clase por el lugar que ocupan en la producción que no da mecánicamente su identificación como tales, y es a partir de ese fenómeno de fragmentación y atomización del conjunto como tal en individuos que se perciben así, como ínsulas aisladas de otros , exacerbando su individualidad.
Romper con esa circunstancias por vía del proceso de lucha ideológica desde las organizaciones que producen política autónoma de los trabajadores y abogan por sus intereses, tienen en este período preparatorio del hecho revolucionario es la tarea absolutamente antagónica con las políticas parlamentaristas que se basan en la aceptación acrítica de la teoría burguesa de la representación política del ciudadano. Es decir, la que desplaza la posibilidad poderosa del trabajador en la determinación de sus acciones y objetivos, por una situación donde no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes.
No se puede plantear de modo propagandístico la estrategia de la revolución de los trabajadores si se materializan actos objetivamente diversos de ese planteo estratégico.
No es una batalla cultural como usualmente se la presenta sino una lucha completa en sucesión de escaramuzas continuas con un objetivo estratégico de poder obrero y dictadura de clase, con propósito emancipatorio.
Los trabajadores no son ya siervos de una teoría de corte nacionalista subyacentes al formato propio del peronismo original, sino una masa amorfa, dispersa que solo se prefiguran desde el individualismo pragmático y utilitarista que ve posible la salida individual.
Es claro que si los trabajadores se conforman en el objetivo común de su emancipación social de manera colectiva se configuran como clase y de ahí hay un solo paso hacia la presencia consciente de la toma del poder por esa clase a la que están integrados. En ese proceso, cada momento no es una lucha por paradigmas culturales deseables, ni formas jurídicas que le den soporte, sino un eslabón en un camino dialéctico que siempre se orienta tras la tendencia de la emancipación que solo se logra destruyendo al Estado de la burguesía y su derecho de propiedad privada.
Sin decirlo, y azuzando a sus escribas de todos los colores para que con los medios ideológicos posibles hagan del silencio la estructura de su principal temor , la burguesía tiene en sí, la desesperación de que todo se repita .
Por eso la vida para la masa de trabajadores, para el conjunto de los que solo terminamos siendo fuerza de trabajo en venta permanente, consiste en lo inverso.es decir, en ensayar un y mil veces las tácticas necesarias para no tener que volver a enfrentar a ese juez implacable que es la derrota conocida, de la mano de la desesperación de la burguesía atemorizada por aquel viejo espectro que a mediados del siglo XIX asolaba Europa.
Los que luchan, los grupos de jóvenes trabajadores que sienten en sus cuerpos, no palabras sino los rigores y el verdadero rostro de la explotación que no es otro que la barbarie en sus espacios de miseria , requieren del proceso necesario a todo luchador que es conocer con claridad al enemigo a vencer, porque de lo contrario corren el riesgo de la frustración del derrotado, y la extraña e indefinible sensación de asco de advertir finalmente entre sus filas a quienes en los hechos resultaron funcionales a los intereses de sus enemigos de clase.
En ese entramado defraudatorio, juega especial relevancia la confusión entre los que solo son enemigos políticos del orden burgués y sus equipos de operadores a los que se les da pelea porque contradictoriamente los necesita gestando momento de exaltación para finalmente cerrar filas. Se inscriben en esa lógica los encendidos discursos parlamentarios, pero los tratos protocolares compartidos, tales como los que se le dieron a los diputados del FITU cuando cesaban en sus bancas para dar lugar a otros.
Lo que tienen los trabajadores en lucha son enemigos de clase y esa esencialidad debe traducir políticas autónomas y diversas por el vértice con las acciones de aquellos.
La revolución es una tarea específica, un objetivo estratégico que esta contenido globalmente en su totalidad en el mismo proceso humano que lo gesta.No es una resultante que espera surgir o un efecto final que ha de venir en un futuro no preciso. La revolución es todos y cada uno de los días de la vida de un militante trabajador que ha comprendido su condicionamiento colectivo como clase y los objetivos de esa clase. La militancia revolucionaria es una tarea combatiente, que en todos los momentos va por resultados prácticos e inmediatos que no saben de diferimientos.
“Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; La revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella …Se debe ser marxista con la misma naturalidad con que se es newtoniano en física , considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado…”
Ernesto Guevara, Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana)
La revolución no viene hecha, sino que es siempre un proceso que los revolucionarios deben hacer y es esta premisa la que se declara ausente en la realidad de la intervención política militante y la que puja por salir del corset ideológico que le ha impuesto el reformismo.
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