Nuevo Curso

EMANCIPACIÒN HUMANA ES EMPODERAMIENTO DE LOS TRABAJADORES

En tiempos en que el autoritarismo capitalista avanza como mejor forma de defensa de sus intereses, no son ajenas a la contienda propia del antagonismo específico de la lucha de clases ,las acciones ideológicas que protagonizan propios y extraños para tratar de guardar en el desván de la abuela, la construcción necesaria del espacio de libertad imperioso para la presencia real y no simbólica de la emancipación del ser humano de toda explotación y opresión.

En ese contexto , que insistimos, forma parte de la vida cotidiana y pasa imperceptible en el espacio de las apariencias, es donde emergen imperativas para la militancia objetivamente dirigida a la construcción de una nueva sociedad y un nuevo hombre desarrollado y desarrollador de ella, algunas definiciones que tienen un rol significativo en la lucha de las clases que se perfilan en el orden social capitalista desde la posición en que se sitúan las personas en las relaciones de producción propias de una estructura de producción generalizada de mercancías que contienen en sí los elementos esenciales de la explotación y la opresión.

En ese sentido, es importante no perder de vista a la hora de protagonizar en la diaria existencia la militancia estratégicamente orientada al socialismo , que “Sólo cuando el hombre real, individual, reabsorba en sí mismo al abstracto ciudadano y, como hombre individual, exista al nivel de la especie, en su vida empírica, en su trabajo individual, en sus relaciones individuales; sólo cuando, habiendo reconocido y organizado sus ‘fuerzas propias’ como ‘fuerzas sociales’, y ya no se separe de sí la fuerza social en forma de fuerza ‘política’, sólo entonces, se habrá cumplido la verdadera emancipación humana…” Karl Marx, La cuestión judía (1843)

Decimos todo esto, porque tal vez el escenario en donde el capitalismo revela con mayor énfasis su crisis de reproducción y su dificultad ostensible para seguir siendo el orden social dominante, es dentro del espacio de la formación del sujeto, o más precisamente en el sitio transitorio pero objetivo de quienes son seres humanos en formación.
Quienes gestamos este intento de difusión propagandístico que es Nuevo Curso, somos en mayor parte quienes integramos una golpeada generación que recibió en sus oídos, como evangelio laico, a Mercedes Sosa, diciéndonos con dulce voz:
“Es honra de los hombres proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, poniéndole una estrella en el sitio del hambre. De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo, ensayar en la tierra la alegría y el canto, porque de nada vale si hay un niño en la calle”.
También fuimos quienes nos notificamos por vía de nuestra propia experiencia, para luego apropiarlo como saber, que las formas jurídicas nos transferían a una visión marcadamente ideológica que dijo considerar en el espacio de las normas, al niño como persona, es decir, en tanto sujeto y no como objeto de derecho, presentando ese paradigma como el moderno enunciado del paradigma de la revolución burguesa de la igualdad ante la ley . Tal fue la operación ideológica en tal sentido de falsa construcción de lo verdadero, que ese paradigma se instituyó con carácter de ley superior, dentro del bloque constitucional de derechos humanos, con recepción legislativa en la ley 26061.
Sin embargo, el plano de la realidad tal como lo deja ya establecido la cita del texto de Carlos Marx, se empecina por su necesaria objetividad en imponerse con sus componentes desiguales propios de una sociedad de clases sobre lo normativo y la moral de la cultura dominante , haciendo que el arte y la poesía pese a su producción de belleza devengan insuficientes y hasta si se quiere absurdos, al punto tal de transformar ese bagaje ideológico en contraste con los escenarios de pobreza y barbarie ,en una foto trágica de la miseria humana.
Según informe de UNICEF, a finales de 2024, el 52,7% de los niños y niñas en Argentina vivían en hogares pobres, y el 12,3% se encontraba en situación de indigencia. Aunque ha habido una mejora interanual (una reducción de 6 puntos porcentuales), persisten desigualdades importantes, con tasas de pobreza que llegan al 81% en hogares con bajo nivel educativo. La organización también destaca el aumento de la pobreza crónica (monetaria y por necesidades básicas insatisfechas) y la necesidad de políticas de protección social más eficaces.
Esta indicación de los datos expuestos, lleva de manera necesaria apelando a la racionalización de todos sus elementos a concluir en torno a que es la república con forma de gobierno democracia formal indirecta , el formato jurídico que sirve de expresión política al Estado montado por el poder burgués , además de forma ideológica en que se sostiene el modo de producción capitalista para su reproducción, el escenario donde se consolida esa particular forma de explotación y opresión que se descarga sobre las personas en desarrollo como sujeto , por su simple pertenencia a entornos familiares de trabajadores empleado o desempleados en situación de pobreza estructural.
Dicho de otra forma. La prevalencia de la relación social Capital, hace que la economía del país, con alto nivel de endeudamiento, y transferencia neta de recursos hacia los sectores mas concentrados del capital financiero genere como uno de sus necesarios correlatos la reducción de las posibilidades de los sectores más desprotegidos, entre los que debe ubicarse a los niños para quienes el deterioro material y espiritual de la calidad de vida es doblemente dañoso ya que les afecta no solo como integrantes de la comunidad hoy y aquí, sino que se les presenta como importante obstáculo para sus expectativas futuras.-

Un niño -vale recordarlo- es un ser humano que se construye como persona en interpenetración con el medio, y en ineludible y obligatoria dependencia hacia los otros. Por eso, una de las más generalizadas inequidades a las que se les expone en sociedades como la nuestra, es la manifiesta imposibilidad de los padres para proveer a sus demandas esenciales en orden a su subsistencia, salud e instrucción.
Esa situación de crisis, pobreza y falta de perspectivas de cambio, es la que asume en lo inmediato un efecto desbastador en la existencia de aquellos que integran amplios sectores de población sumergidos en el desempleo y la pobreza con su inevitable secuela de marginalidad, que los condiciona a desarrollarse soportando todo tipo de carencias y sufrimientos. –
Es previsible entonces que en alto porcentaje, la reacción a este estado de cosas asuma un marcado componente de violencia para el cual el poder burgués predispone al derecho penal y las agencias represivas constitutivas del poder punitivo. Una situación tan extrema debe conducir necesariamente a valorar la propia condición de vida de los niños-jóvenes como una INJUSTICIA ESENCIAL, contra la cual es válido oponer cualquier otra clase de acción que sea vista por la burguesía en tanto agresor primario como injustificada.
La marginación, la fuga psíquica por la droga o el alcohol y el conflicto social atrapado por la norma penal, como práctica habitual, se insertan por ésta vía en la raíz misma de los comportamiento que padecen y generan los niños-adolescentes. A nadie puede entonces extrañar que el panorama visible sea, niños mendigando, rapiñas y hurtos de carácter epidémicos e incremento de violencia. Lo que si sorprende es que todo esto ocurra ante los ojos de los que luchan por demandas específicas sin coordinar un programa político autonómo de la clase trabajadora y de su marco organizativo, no surja la respuesta esperable en términos estratégicos que no es otra que la sustancial impugnación de las relaciones de producción capitalista, su forma jurídica de derecho a la propiedad privada y su poder institucional monopolizador de la fuerza legalizada –

A partir de esta constatación desde lo real , luce con evidencia que lo jurídico-penal se monta para transformar a aquel “niño “ presunto sujeto en formación beneficiado con derechos en el sujeto peligroso que abandona la condición de tal para ser estigmatizado en una subespecie jurídica ,bajo la categoría “Menor en conflicto con la ley penal ”.
El punto de partida de toda esta operación ideológica es entonces abandonar al niño en formación para transformarlo en un niño inadaptado, estereotipado al que hay que “rehabilitar” por vía de la forma jurídica penal , desconociendo que ,en la gran mayoría de los casos no es otro que aquel emergente de una clase social carente de la posibilidad de satisfacer las necesidades mínimas elementales como para reproducir su existencia y vincularse con relaciones de producción de la que ha sido expulsado junto a su entorno familiar

De resultas de todo esto, las personas en formación biológica y psicológicas deben afrontar con su propio cuerpo y alma, un formalismo judicial e institucional que le resulta ajeno y opresivo en todos los niveles y espacios. Por eso es que, en lo cotidiano debe vérselas con un magistrado a quien la clase dominante, le da la potestad de actuar, otorgándole amplias facultades para” disponer” del ex niño hoy menor en miras a su “corrección y resguardo”.-
El Control Social por vía del “correccionalismo” , concede entonces, enormes facultades al Juez, al que se le rodea de un orden legal caracterizado por la publicidad relativa de sus actos, ya que sus actuaciones transcurren “con discreción” y al margen de la opinión pública para no perjudicar la “rehabilitación social del menor”.-
Esa potestad opera por la vigencia de una legislación originada en el conjunto de leyes represivas que monto la dictadura genocida que asoló nuestra existencia y se cobró miles de vidas en el período 1976-1983, por lo que su aplicación ni siquiera responde a la existencia de un ficcional mandato popular que expresado por los legisladores representantes de los ciudadanos votantes hubiera ordenado operar en tal sentido como trasmisores de la voluntad expresa de la población, evidenciando el continuismo institucional de ambos modelos políticos (dictadura y democracia parlamentaria)como variantes del sistema de dominación capitalista.

Este decadente orden de cosas, es reflejo de una suerte de convención social institucionalizada según la cual la “niñez “desviada” debe ser apartada, guardada, separada y segregada de la vida social , trasladándola a un espacio oscuro, no visible para proteger de este modo al resto del cuerpo social.

En definitiva, visto en y desde el terreno objetivo de los hechos es notorio el divorcio entre discurso y practica del ejercicio de tal potestad tutelar, ya que resulta cotidiano advertir la aberrante situación en la que se desarrolla esa pretendida guarda y custodia, con referencias de torturas, apremios ilegales, hacinamiento, falta de actividades terapéuticas, carencia o escasa actividad de aprendizaje de contenidos conceptuales y deficiente o nula labor educativa.

Los crecientes reclamos por condiciones dignas de alojamiento puesta de manifiesto por los propios niños-jóvenes institucionalizados en las mazmorras del Estado y por los organismos de derechos humanos, no hace otra cosa que mostrar otra faceta de la inviabilidad de los establecimientos de corrección y su degeneración en los actuales depósitos policiales de niños .
Refleja además, que este modelo de control social involuciona hacia su total decadencia : léase falta de efectividad en las tareas que le son asignadas desde el esquema de poder dominante – (evidenciada en la queja respecto a que los menores entran por una puerta y salen por la otra), de forma tal que degenera en el sustento para una fuerte tendencia hasta la represión física, lisa y llana; sea esta institucionalizada a través de los simulacros de enfrentamiento con fuerzas policiales o bien, de facto, a través de los “escuadrones de la muerte”.-

En definitiva la táctica defensiva-ofensiva de la burguesía de un Estado cuya estructura capitalista se ubica en un estadio de crisis de reproducción en consonancia con idénticas difiicultandes en el orden internacional no ubica en presencia de un modo de intervención superestructural e ideológico desenvuelto desde el aparato del Estado y organizaciones intermedias conexas que materialmente logra consolidar y reproducir la marginalidad.
Dicho de otra forma, afrontamos un discurso y una práctica por el que se logra hacer de cada chico- adolescente institucionalizado el engranaje perfecto que garantizará la operatoria del propio sistema coercitivo –y cuyo monopolio detenta- en las diversas etapas de la vida de cada uno de ellos. Hoy un instituto de menores, mañana por obra y gracia de dicha intervención, pasaran a engrosar ese no fortuito ni azaroso 85% de la población carcelaria adulta que tuvo oportunidad de pasar por institutos en los cuales el Estado brinda su tan contradictoria tutela.

Es de la naturaleza de toda crisis el agotamiento de lo viejo y la falta de cristalización de lo nuevo. Plantear su superación por la vía de un salto cualitativo, no parece una tarea simple, ya que ella impone el imperativo categórico de la transformación revolucionaria de este orden de cosas y se liga a la necesaria extinción del tipo de dominación política que padecemos. Sin embargo, de algo estamos seguros, no será a través de Jueces concebidos como Grandes Padres –capaces de disponer de las personas- ni institutos correccionales en manos de agentes del Servicio Penitenciario, fuerzas policiales o celadores regimentados , ni siguiendo los sermones de la criminología mediática , ni bajando la edad de punibilidad a los 14 años, ni con una tasa de desempleo dramáticamente creciente como accederemos a la posibilidad de dar a nuestra niñez el marco de desarrollo adecuado que demanda su construcción como personas.
Así planteado el problema, la vía para la superación del mismo, no es otra que la lucha orientada por el sentido estratégico de superar por su abolición la estructura del poder estatal burgués y en sentido inverso acudir a la construcción en manos de los trabajadores y demás sectores explotados de un nuevo poder.
En este camino resulta ineludible ligar este reclamo contra la institucionalización y penalización de menores con las reivindicaciones de toda la clase trabajadora en torno de su incorporación al aparato productivo, con salarios equivalentes al de la reproducción de la canasta familiar ajustables a su deterioro por el aumento del costo de vida y política de desbaratamiento de la desocupación que transicionalmente coloquen en evidencia la imposibilidad del orden social capitalista de dar respuestas satisfactorias a esas demandas y dejen planteada su incapacidad como orden social dominante de la clase explotadora y opresora.
El camino de la lucha social y política no puede ser estratégicamente otro que la construcción de poder obrero. Es necesario propagandizar en las masas trabajadoras desde su vanguardia que los trabajadores puedan dirigir su propio trabajo y participar en la gestión de los medios de producción y construir su propio poder acorde a los intereses emancipatorios que le son propios.

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