Nuevo Curso

Las masas trabajadoras . Su transformación de objeto en sujeto por determinación militante revolucionaria .

Luis Mattini a su regreso al país desde el exilio se ocupo de advertir a la militancia un factor significativo en el desarrollo del Partido Revolucionario de los Trabajadores del que fue dirigente. En ese sentido dijo que “Uno de los rasgos políticos más originales de Mario Roberto Santucho fue su persistencia en la necesidad del Partido obrero como instrumento indispensable para una política de poder revolucionario inscrita en la certeza de vivir la época del tránsito del capitalismo hacia el socialismo….Lo notable de Santucho, en este aspecto, consistía en que, siendo impulsor de las líneas más radicalizadas de las concepciones político-militares de los años sesenta, el más auténtico seguidor y recreador de Guevara, discrepara sustancialmente con los elementos que distinguían el llamado «foquismo»…….Para Santucho, en cambio, el Partido de la clase obrera, como órgano colectivo dirigente de la revolución, debía ser el mando supremo de la fuerza militar. Y esto tenía una profundidad y consecuencias mayores que las sospechadas a simple vista, pues el objetivo de Santucho no era el partido en sí, sino éste como medio de formación del sujeto. Es decir, para el jefe del PRT-ERP, el problema del sujeto era el problema fundamental de la revolución.” (Santucho y la Determinación Luis Mattini. La Fogata Digital)
Esta cita de un texto que tiene ya varias décadas de difusión , nos sirve de herramienta para intervenir sobre la actual expresión concreta de la lucha de clases en nuestro país y en ese sentido advertir la pertinencia de la idea central que subyace en lo citado y la capacidad que nos otorga para dar cuenta de lo cotidiano .
Entrado ya el mes de noviembre ,los hechos que se producen en nuestra sociedad siguen poniendo de manifiesto situaciones que dejan ver a los aparatos partidarios que ocupan el espacio izquierdo del orden jurídico-social de la burguesía, perfilados para la nueva composición del parlamento y con único derrotero gestado desde la agenda que el propio elenco de operadores políticos de la burguesía.
La objetividad de cuanto permite ser apreciado en lo real termina dando referencia que parlamentarios actuales y futuros han terminado enjaulados e ineficientes, en su propia táctica parlamentaria que solo implica negación afirmativa de lo existente.
En ese plano habrá que recordar que en la lógica dialéctica, la negación no es una simple negación del todo al que se niega, sino que implica la afirmación de los aspectos positivos o necesarios de lo negado y su incorporación en una nueva síntesis. De este modo lo que se hace por vía de legitimar las operaciones parlamentarias es construir una contradicción aparente con el sistema , formalmente manifiesta en discursos y denuncias (tesis-antítesis) que, en lugar de destruir por completo lo que conflictúa , lo eleva a un nivel superior (síntesis) conservando elementos esenciales de lo negado. Por esta vía , los repudios son para los parlamentarios de otras fuerzas políticas en tanto tales y no como operadores del poder burgués, y se conserva a este último recuperando al poder legislativo como escenario donde desarrollar la acción política.
La caracterización por analogía de lo que presenciamos en la vida política desde los haceres de los que dicen ocupar el espacio de la izquierda en el régimen burgués permite ver que los partidos de la cooperativa electoral, han retrocedido a la lógica del “cartismo”, es decir, un movimiento popular que surgió en el Reino Unido entre 1838 y 1848, buscando reformas políticas y democráticas para la clase obrera.
Ese es el cimiento y el horizonte donde se ubica su militancia expresada en el exitismo y el luchismo permanente a partir de considerar a la gestión de gobierno con fuerte tendencia a la fascistización de la sociedad, escenario que ya habían dejado planteado en ocasión de la segunda vuelta electoral en 2023 cuando encolumnaron su militancia hacia el apoyo abierto o encubierto a la candidatura de Sergio Massa.
En todos los casos hay una consideración implícita de la clase trabajadora como un elemento que opera en localización externa al aparato partidario y embarcada solo en luchas sindicales, en plano equiparable a otros grupos sociales a los que se le asigna similar incidencia en el conflicto social.
Este enfoque, esa práctica política, que hace omisión absoluta por la lucha ideológica programática y deja a la organización política como un simple aparato abierto a la captación de votos, que confunde militancia con proselitismo , es decir, que circunscribe la acción de propaganda y persuasión política al objetivo de conseguir votos para un candidato, partido o coalición, tanto antes como durante el proceso electoral.
Este derrotero, que insistimos no es nuevo como práctica, es mayormente significativo cuando se trata de encontrar las razones del fracaso y la deriva en la que nos encontramos frente a la ordenada defensa-ofensiva del poder burgués y se expresa en el déficit relativo al «camino del poder obrero y el socialismo” como objetivo final de toda militancia que pueda devenir de la vanguardia trabajadora hacia las masas .
El camino del poder obrero y el socialismo es una premisa estratégica que implica necesariamente una política de clases ,que combina la idea de la lucha obrera como vanguardia para alcanzar el poder con la instauración de una nueva organización social cuyo objetivo es superar todo orden social que implique la dominación de clases. Es esto lo que no forma parte de la propaganda y la agitación que exhibe mayoritariamente lo real existente y esta en esa ausencia la matriz del infierno social que padecemos sin poder revertir sus escenarios de miseria y barbarie.
L os que se presentan como luchadores y representantes de los trabajadores y no como los trabajadores mismos en post de su propio poder y su propia política de clase, solo han podido exhibir en todo el derrotero que va desde el último tramo del gobierno de Alberto Fernandez-Massa hasta todo lo intentado en la actual administración, a estudiantes reclamando junto con toda la institución universitaria mayores cuotas de presupuesto, señalando la amenaza de cierre de la universidad o grupos de jubilados pidiendo se les aplique un ajuste de haber previsional cuyos montos actuales los dejan sumergidos en la pobreza y la indigencia , sin reconocer el vuelo corto de esos planteos en cuanto se refiere a la impugnación superadora del orden social capitalista.
En toda esta objetividad, subyace una cuestión de necesaria consideración para poder acceder al conocimiento del actual fenómeno social, que está marcada por el problema específico de la prevalencia de la ley social de la lucha de clases, y sus repercusiones en lo que remite a la conformación en los trabajadores de su propia conciencia de identificación con esa específica condición en la relación social capital y la tarea emancipatoria que nace de la misma.
En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx indica que es el propio capital el que crea sus sepultureros. Y con esto deja una referencia clara que sirve de guía para comprender la crisis de acumulación de elementos positivos en el plano del factor subjetivo dentro del proceso histórico revolucionario que se abre a partir de las crisis de reproducción que tiene el orden burgués. Ese extremo no se desarrolla en la cotidianeidad de la militancia que se cierra en buscar que el capital haga lo imposible para la clase que hegemoniza esa sociedad, es decir, que por sí, por su institucionalidad Estatal , subsane, evite , termine, con los efectos de su misma existencia como relación social productiva de explotación y opresión.
Trotsky apuntala esta construcción del partido de los trabajadores que subyace en “el manifiesto” al puntualizar la crisis abierta en la construcción y desenvolvimiento de la dirección política de esa clase social nacida de las propias estructura de la relación capital-fuerza de trabajo, y sus significativos efectos a la hora de lograr transitar el camino al socialismo abierto por la revolución bolchevique .
Por vía del “Manifiesto” Marx deja dicho que en la evolución del proletariado como sujeto social del cambio se produce un proceso dialéctico que implica el pasaje superador de los trabajadores de clase “en sí” en clase “para sí”.
Desde entonces tomando ese documento como punto de partida y guía que se entrelaza en sus aspectos vitales con el documento que busca dar fundación a la IV Internacional, se tiene en claro que las nociones de “en sí” y “para sí” reflejan las diversas fases de maduración del proletariado, hacia el crecimiento de su autoconciencia como una fuerza política independiente y autónoma por sus objetivos socialmente emancipatorios.
Todo esto implica necesariamente que ese devenir contradictorio y conflictivo que en gran parte se expresa en la práctica de lucha de los trabajadores se presente atravesado por una mediación necesaria que se reúne en la forma conceptual que identifica la consciencia de clase, que no es otra cosa que la comprensión consciente del posicionamiento social que el trabajador tiene en cuanto tal y el proceso de identidad que hace individualmente cada sujeto reconociéndose en el otro como él mismo.
Es decir , no como un sujeto interpelante sino como un factor más de su constitución individual como sujeto consciente atrapado existencialmente en su supervivencia por una relación de opresión que lleva las impronta de la dialéctica amo -esclavo y desde allí, asume la responsabilidad de sus haceres.
Una noción prioritaria sobre la cuestión es comprender que estamos también en este extremo subjetivo frente a un proceso de corte dialéctico y por tanto histórico, ya que el trajín en la delimitación teórica y práctica que el trabajador ha hecho en la historia es el estadio necesario para que este se encuentre en condiciones objetivas de poder adquirir conciencia de sus intereses y advertir a ellos, como irreconciliablemente contrapuestos a los del capital.

En ese mismo orden de ideas , no hay que dejar de tener presente que la constitución “en sí” de una clase social no es un fenómeno de irrupción sino de acumulación de prácticas cotidianas dentro de la sociedad civil, más allá de la posición objetiva del individuo en las relaciones de producción capitalista.
Desde esta constatación y siendo un proceso dialéctico, la construcción propagandística y agitativa de una política de clase y su desenvolvimiento como pasaje a conciencia socialista en sí, es necesario decir que , en ningún caso es lineal y unidimensional en la medida que también la historia da cuenta de situaciones generalizadas de reacción que logran transitoriamente romper con esa composición de lugar que se da el trabajador al identificarse como perteneciente a una masa de seres humanos que resultan iguales por sus haceres y su posicionamiento en el conjunto social.
En “Miseria de la Filosofía” ,Marx alude a estos significantes, puntualizando que:
«En un comienzo, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no una clase para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase. Pero la lucha de clases es una lucha política de clases «(p. 218)
Si todo esto se tiene presente, se advierte que lo que adquiere centralidad no es ,la referencia puntual y estática de la presencia de clases en el orden social capitalista, sino el proceso de construcción de la conciencia de clase desde el particular y objetivo conflicto intersubjetivo que contiene en sí mismo la relación social capital.
Este perfil del fenómeno lleva a una cuestión política específica , intencionalmente omitida por el reformismo y sus políticas de ocultamiento, que es, la necesidad de que en ese mismo proceso de desarrollo de conciencia proletaria y sus objetivos estratégicos emancipadores, una parte de ese colectivo humano se transforme por proceso de autodeterminación voluntaria en revolucionario.
Dicho de otra forma, la superación del orden burgués y sus Estados, no opera de la simple comprensión de la condición de clase que puedan hacer las masas trabajadoras sino que además requiere que de su seno se construya desde el plano subjetivo, el revolucionario en tanto constructor paciente y dirigente de ese fenómeno específico que es la revolución en sí y su ulterior posibilidad de permanencia en el cambio social.
Dicho de otra manera, lo significativo es describir los mecanismos por medio de los cuales una clase, la clase trabajadora, toma conciencia de sus intereses y actúa en contra de los intereses de otra clase, la burguesía, pero ese proceso requiere de sus concretos actores dirigenciales que son los revolucionarios socialistas.

Más allá de ello, lo significativo es advertir que la presencia o ausencia de construcción de ese proceso de conciencia que implica el pasaje de clase en sí a clase para si, es lo significativamente determinante de las posibilidades que tiene una clase social de convertirse de una fuerza social real en fuerza política actora del cambio y la transformación de un orden social en crisis.
En nuestro país la advertencias que nos hace la lucha política es que el poder burgués dominante tomando las aportaciones de sus intelectuales orgánicos, ha logrado atenuar en grado sumo alterar la relevancia que tiene , poner eje en de toda acción militante en la primaria comprensión de que toda actividad agitativa y propagandística tiene necesariamente que orientarse a la formación de conciencia de clase en las masas trabajadoras en tanto son estas y no otros, los sujetos que hacen las veces de receptores y vehículos de esa propaganda
El objetivo del poder burgués en orden a la reproducción social del capital es hacer del trabajador en tanto clase en sí un reproductor del orden social. Ese propósito colisiona con la comprensión consciente de ese mismo trabajador de la situación de alienación y pauperización tendencial creciente en que lo coloca el capitalismo.
Un espacio deseado por el poder burgués ,es aquel donde el obrero va de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, es aquel que solo aprieta botones pero no se organiza, aquel donde el trabajador esta a disposición “full time” para que la empresa le haga hacer horas extras, cambiar o rotar los turnos, es aquel que acepta la suspensión “si bajó el trabajo” y en el caso de despido que agarre su indemnización mansamente y continúe por la vida en ese mecanismo hasta la jubilación donde pierde su condición de trabajador y pasa a ser un ser humano degradado a sobrevivir atado a un subsidio a la vejez.
Es ese paradigma el que está en crisis de manera objetiva por la propia crisis que afrontan las relaciones sociales de producción que le imponen al orden burgués la gestión de una nueva acumulación originaria y su reproducción bajo otras formas jurídicas previo sometimiento del trabajador individual por la amenaza del despido y el despliegue de violencia si se genera resistencia.
Lo real y por fuera de todo exitismo hoy luchista y mañana electoralista, es que el trabajador está en una condición de pauperización creciente que emerge de las determinaciones políticas del poder burgués y de relaciones intersubjetivas en la sociedad civil que la configuran como una sociedad decadente, opresora y explotadora a partir de su división en clases sociales polarizadas y antagónicas.
La objetividad de la crisis capitalista, las guerras extendiéndose por el planeta y la amenaza del empleo en ellas de armas nucleares , las caídas de los regímenes políticos y su concentración en dispositivos ideológicos ajenos centrados en el individualismo utilitarista , alejan la posibilidad de que las relaciones de producción capitalista no se constituyan en una traba significativa para el desenvolvimiento social por consenso, transformando a la violencia Estatal en el ser de toda ley emergente de esa institucionalidad burguesa. Es esa situación en sí, la que autoriza a tomar un nuevo rumbo en la militancia, retornando a los programas políticos históricos de la clase trabajadora y a su comprensión consciente por la masa de obreros, formales o no formalizados, siendo ese clasismo y su programa socialista el camino de superación de todo este escenario de barbarie donde nos toca sobrevivir con pobreza material y cultural, que amenaza nuestra propia existencia como seres humanos.

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