La ofensiva ininterrumpida que la burguesía descarga sobre la clase trabajadora con distintos grados de intensidad a lo largo del presente siglo, por sus implicancias directas sobre los contornos y el contenido mismo de la relación social capital , desdibuja la perspectiva estratégica que se implica en las acciones defensivas que se adoptan desde las masas trabajadoras , en la medida en que estas solo quedan comprendidas en pretensiones de programa económico mínimo y en particular sobre la forma jurídica salario , buscando frenar el deterioro de la capacidad de acceso a bienes que se sigue de su cantidad y calidad.
Es esto lo que se agrega a la ausencia de una definición programática estratégica antagónica al orden social burgués . La lucha concentrada en el incremento del salario marca en los hechos el programa mismo, cuando este logra enunciarse , al que se le añaden demandas atinentes a la vigencia de libertades democráticas para las personas.
En los tiempos de crisis capitalista que encontraron a Trotsky en batalla desigual y abierta en defensa de Marx-Lenin y sus categorías conceptuales, se acudió a la utilización por la entonces joven vanguardia trabajadora de lo que se conoce como consignas transicionales que definen un método para conectar las luchas cotidianas de los trabajadores con el objetivo revolucionario de derrocar el capitalismo. Su propósito es crear un puente entre las consignas mínimas (como mejoras salariales) y las máximas (la toma del poder), movilizando a la clase obrera al mostrarle que la satisfacción de sus demandas está en conflicto directo con el sistema capitalista. Estas consignas buscan superar la contradicción entre las condiciones objetivas de crisis del capitalismo y la subjetiva «crisis de dirección» del proletariado.
Desde ese paradigma conceptual queda configurado un aspecto que no se explicita en la actual propaganda socialista y en sentido inverso mueve a confusión , lo que nos exige orientarnos en la advertencia de precisar cual es la real entidad de la lucha por incremento salarial y defensa del salario real.
En esa perspectiva se sigue que, si la pretensión social en examen se ubica en el contexto de un programa mínimo y a su existencia se le deben ligar consignas de orden transicional que le complete, lo que hay que concluir es que, ningún programa estratégico de lucha revolucionaria por la emancipación del trabajo y la conformación de un nuevo orden social superior de aquel que configura e institucionaliza el capitalismo puede estructurarse en torno al aumento del salario sin dejar sin embargo , de ponderar la capacidad de movilización de las masas de trabajadores en torno a su afectación por el orden social mismo . En forma esta demanda en soledad y en los hechos no puede ser por sí misma una pretensión de naturaleza anticapitalista cuya realización implique la ordenación de la sociedad en la construcción de un nuevo orden.
Para Marx, el salario no es la remuneración del trabajo, sino el precio de la mercancía fuerza de trabajo, que el capitalista compra para concretar a través de su despliegue la producir de valor. Este precio, o salario, solo cubre las necesidades básicas del trabajador para que pueda subsistir y seguir poniendo en acto su fuerza de trabajo
Dicho de otra forma, el salario es el precio de una mercancía especial: la fuerza de trabajo. El capitalista paga este precio para tener derecho a utilizar esa fuerza de trabajo durante un tiempo determinado.
Su función principal es permitir que el trabajador subsista y pueda reponer sus fuerzas para continuar trabajando al día siguiente. Es decir, es el precio que se paga por una mercancía cuya estimación en el mercado está ligado al costo de producción de la mano de obra.
Para Marx, no existe un «salario justo» en el capitalismo, ya que este sistema se basa en la explotación a través de la obtención y apropiación de plusvalía, ya que el capitalista se apropia de una parte del valor que produce el trabajador, que excede el precio que se paga en el mercado laboral por el uso de la fuerza de trabajo.
Visto desde esa perspectiva, la noción de salario justo, resulta una ilusión que oculta una desigualdad fundamental en la que el trabajador debe vender su fuerza de trabajo para subsistir, mientras que el capitalista obtiene el valor gestado por el uso de esa fuerza de trabajo.
Buscando expresar de otra forma lo dicho, diremos que lo cierto es que el salario ,encubre que en la jornada laboral el obrero genera más valor que el que recibe bajo la forma de salario. Y esto es inherente a este modo de producción. Por eso, en tanto exista la propiedad privada de los medios de producción, el asalariado deberá entregar plustrabajo gratis al capitalista De lo cual se desprende que la reivindicación del aumento salarial no es en sí misma una medida anticapitalista sino una pretensión de corte economicista contenida en el programa mínimo de lucha de clases
La tarea estratégica del período de lucha de clases en que nos encontramos, consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez de la masa de trabajadores y su vanguardia asumida conscientemente como clase social, que se expresa en confusión y desmoralización de la generación anterior e inexperiencia de la más joven .
Es por eso que Trotsky se ocupa de puntualizar que, es preciso ayudar a las masas , en el proceso de sus luchas cotidianas , a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales inmeditas a la sobrevivencia misma, y el programa de la revolución socialista .
Esta comprensión conceptual del fenómeno específico que acabamos de describir, es la razón por la cual un programa revolucionario que emerge como síntesis teórico practica de la lucha por el cambio social y la superación del Estado de la burguesía desde el partido de la clase trabajadora , con un enfoque socialista, no puede estructurarse, u ordenarse, en torno a la exigencia de aumento del salario unívocamente considerada .
Dicho de otra manera , la tarea constructiva del escenario favorable al hecho histórico de la revolución – solo se puede estructurar a partir de la toma del poder por los trabajadores y la transformación social de raíz. Es decir, a partir de la comprensión política de la destrucción del aparato institucional Estatal que expresa con forma jurídica su poder de clase, todo lo cual lleva a la propaganda y definición de una política de clase , orientada a la abolición de la propiedad privada del capital y a la incorporación de las masas trabajadoras al control y administración de los medios de producción.
En su «Crítica al Programa de Gotha», Marx rechaza la idea de un «salario justo» basada en la llamada ley de bronce del salario enunciada por Lassalle, considerándola una concepción burguesa que no puede abolirse por sí sola, sino necesariamente por la construcción de un nuevo orden social sustentado en nuevas relaciones de producción diversa de la qu configura el capital .
En ese sentido indica que la búsqueda de un salario justo sin la abolición del sistema salarial y la propiedad privada de los medios de producción conduce a un callejón sin salida.
Para esto último, argumenta que, en la transición al comunismo, el trabajo social se distribuye de forma tal que una parte se retiene para el fondo social (gobierno, estado, etc.) y el resto se distribuye según el trabajo individual, pero incluso entonces, la remuneración no será «justa» en el sentido de igualdad absoluta, sino equitativa según las capacidades y el trabajo.
De esta apreciación conceptual, de este criterio , es que nace el contenido del valor justicia en esa fase de las relaciones intersubjetivas bajo el principio de comunidad propia de la transición socialista , que se expresa en la premisa: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades
Para Marx, la lucha por un salario justo es una lucha contra la explotación salarial en sí misma, que debe ser abordada junto con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la destrucción del Estado que institucionaliza por la forma jurídica el poder burgués.
La búsqueda de un salario «justo» sin abordar la causa fundamental de la desigualdad social y económica es un objetivo reformista que no conduce a la emancipación de la clase obrera.
Es en este marco que un ordenamiento social revolucionario determinaría los salarios (que necesariamente estarán condicionados por el desarrollo de las fuerzas productivas); así como el volumen de excedente que se dedicará a otras necesidades sociales y políticas, o a la inversión.
Por todo esto es preciso no olvidar, que la lucha por el salario se da al interior del modo de producción capitalista. No hay manera que el orden social capitalista pueda ser históricamente superado a partir de la lucha por salarios ya que como lo supo indicar Rolando Astarita:” Mucho antes de que tal cosa ocurra los capitalistas responderán no invirtiendo; invirtiendo en tecnología que manda obreros al paro; o fugando plusvalía al exterior (otra forma de no invertir). Es la manera en que se efectiviza el poder de la propiedad privada de los medios de producción frente a la no propiedad de los asalariados.”
Decir que un determinado aumento del salario constituye una medida anticapitalista es engañar a los propios trabajadores que lucharon por ese aumento.El incremento nominal del salario mejora transitoriamnte el nivel de vida del obrero, pero no acaba con la explotación , en la medida en que el salario encubre que en la jornada laboral el obrero genera más valor que el que recibe bajo la forma de salario. Y esto es inherente a este modo de producción.
Por eso, en tanto exista la propiedad privada de los medios de producción, el asalariado deberá entregar plustrabajo gratis al capitalista De lo cual se desprende que la reivindicación del aumento salarial no es una medida anticapitalista
Avanzando en ese concepto, debe advertirse además que no hay forma de que la economía capitalista se ordene a partir de los ingresos de los asalariados. La relación de distribución inevitablemente depende de la relación de producción (relación de propiedad) subyacente y dado que la propiedad de los medios de producción y de cambio está en manos de los capitalistas, la economía capitalista no se ordena por el salario, sino por la decisión del capitalista de adelantar el capital dinero destinado a la compra de los medios de producción y de la fuerza de trabajo. Como el obrero está despojado de la propiedad de los medios de producción, no hay manera de que el salario determine la dirección o dinámica del capitalismo. la decisión sobre qué se hace con lo obtenido por la venta del producto no está en manos de los obreros, sino de los propietarios del capital.
Nuevo Curso
