Nuevo Curso

EL LUCHISMO.SU HISTORIA Y LAS MALAS COMPAÑÍAS

En estos días la propaganda oportunista de los grupos que integran la cooperativa electoral FITU, dejó ver en las redes una cita, extraída de contexto de un discurso pronunciado en su momento por Nahuel Moreno, donde en el contexto de su inveterado luchismo reformista , sostiene:
“Yo no creo que sea inevitable el triunfo del socialismo. Creo que el resultado depende de la lucha de clases, en la cual estamos inmersos. Entonces lo indispensable es luchar, luchar con rabia para triunfar. No hay ningún Dios que haya fijado que no podamos hacerlo”
De esta cita se hace apología, sin las preguntas emergentes y necesarias, en particular aquella que se interroga por cual es el contenido de esa lucha a la que se apela y quién la protagoniza y en su caso de qué manera.
Para cubrir estos vacíos intencionales que como siempre dejan abierto el espacio para la maniobra encubierta bajo enunciaciones generales como lo son las de este tipo, nos parece necesario acudir a la evaluación de un suceso histórico y la puntualización de cual fue en aquel entonces y por qué , la definición del espacio de “la lucha” que el morenismo tuvo como paradigma.
El 23 de enero de 1989, un grupo de cuarenta y seis militantes del MTP buscó hacer pasar su acción como un levantamiento militar para desencadenar una revuelta popular en defensa de la democracia. Ese plan fue frustrado a las pocas horas. Un operativo que movilizó a 3.500 agentes de las fuerzas de seguridad y el Ejército desbarató la acción mediante una represión desmedida y violenta, que dejó el saldo de decenas de muertos, cuatro desaparecidos y cinco militantes ejecutados de manera extralegal.
La situación , por su trascendencia pública produjo reacciones inmediatas, que luego fueron sostenidas en el tiempo, por parte de quienes por entonces conducían el Movimiento al Socialismo que había nacido en 1982 en sustitución del Partido Socialista de los trabajadores, ambos bajo la conducción política de Nahuel Moreno , luego fallecido en 1987 , período en el que tuvo como referente político público a Luis Zamora, si bien hay que decir que ya por entonces la organización había conocido una fracción en 1988 que se constituyo como PTS en un proceso que abrió una tendencia que derivó en que en los siguientes cuatro años, el MAS se atomizara en más de 20 grupos.
Hoy si bien hay que contabilizar uno de esos grupos bajo las mismas siglas que formalmente se presenta como Nuevo MAS, también hay que decir que una parte de los protagonistas de aquella díaspora, se han consolidado con la apariencia de un frente electoral que en realidad encubre una oportunista cooperativa electoral que en gran parte financia sus actividades y les permite evitar restricciones legales ,razón por la cual, cuanto se dice en el presente tiene expresa y específica proyección en el presente, que necesariamente debe ser advertida y aclarada.
Más allá de ello , es preciso indicar en lo que tiene que ver con el posicionamiento del grupo morenista frente a los hechos sucedidos en La Tablada, que sus acciones y posicionamientos públicos inherentes al fenómeno ,no se diferenciaron sustancialmente de la condena generalizada sostenida por el conjunto de las organizaciones de las izquierdas argentinas. Estos grupos repudiaron los hechos bajo el argumento de que se habría tratado de una acción “aventurera” y “vanguardista” que repetía los errores de la lucha armada setentista y que había tenido como efecto colocar a las fuerzas de izquierda en el blanco de una campaña de estigmatización y demonización política.
Sin embargo, en lo referente a la judicialización y búsqueda de penalización de los hechos excluyendo de toda consideración hacia los acontecimientos implicados en la represión emprendida por el gobierno encabezado por Raúl Alfonsín contra las y los sobrevivientes del MTP, el entonces MAS tuvo un posicionamiento específico.
En ese sentido, el MAS se autoexcluyó de iniciativas impulsadas por organismos de Derechos Humanos y partidos políticos en defensa de las y los militantes del MTP e incluso, en la Capital Federal, llamó a no participó de la marcha del 24 de marzo ,conmemorativa del golpe de Estado de 1976 bajo el argumento de que las consignas de la convocatoria “no condenan la acción guerrillera de La Tablada y desde ese basamento y se solidarizó con los familiares de los agentes de seguridad muertos en el intento de copamiento del cuartel, haciéndole llegar una corona de flores.
Más significativo aún y por fuera de los gestos simbólicos fue que el discurso público adoptado por el MAS tuvo un tono condenatorio más duro, así como una voluntad más explícita de desmarcarse del accionar emetepista. Interrogado por la revista Gente acerca de Jorge Baños, militante del MTP asesinado en el RIM 3 y con quién Luis Zamora -la principal figura pública del MAS por aquel entonces- había compartido un trayecto de militancia en el CELS, este último afirmó: “Nuestras diferencias eran profundas (…) de buscar pruebas contra los criminales a terminar cometiendo crímenes hay un abismo enorme. Y para ese abismo no hay excusa”
La emergencia del Mas en 1982, como la del partido Obrero dejando de lado sus anteriores formaciones políticas oportunamente declaradas ilegales y subersivas por el Estado durante la dictadura genocida, es decir, el PST y Política Obrera, no fue solo una herramienta para vencer esa situación de impedimento de acción pública y abierta en una transición que llevaba al cambio de régimen de gobierno , sino fundamentalmente una adaptación política ideológica y estratégica al proceso de democratización se puso en marcha en el país por entonces , al que se sumaron buscando “un lugar bajo el sol” del “Estado de Derecho” por vía de su funcionalidad positiva con la venta generalizada de ilusiones democráticas que tomaban cuerpo propagandistico por vía del recitado hasta el hartazgo del preámbulo de la Constitución Nacional .
En los comportamientos públicos que se suceden al hecho concreto de La Tablada , el MAS no solo se refugió en los núcleos pretéritos de su tradición histórica morenista ya esbozados en la década del setena, también incorporó temáticas propias de la agenda de los años ochenta como la revalorización de la democracia política como un piso irrenunciable para las militancias de izquierdas.
Esa mutación que implicó en plano organizativo el pasaje de la formula, partido de cuadros profesionales a partido de masas, reducida al por entonces famoso : “un periódico aceptado, un militante” puso abiertamente a estas corrientes ante la necesidad de definir frente a otro régimen de gobierno conformado en el objetivo de salvataje del interés del poder burgués tomando a la burguesía de conjunto , ¿cuál era el lugar reservado al ejercicio de la violencia insurgente en las estrategias de un partido de izquierda en un contexto como el que ellos mismos colaboraban en construir
Los comportamientos públicos inherentes a las secuencias inmediatamente posteriores a los hechos ocurridos en La Tablada funcionaron para dar evidencia de la respuesta que el morenismo tenía y tiene frente a este interrogante medular y permite entender como ha de comportarse la hoy cooperativa electoral frente a las particulares formas que puede asumir la lucha defensiva contra la ofensiva que hoy derrama el poder burgués sobre la clase trabajadora.
No hay que olvidar también que los hechos de La Tablada se tramaron en un contexto histórico sumamente particular signado por la debacle económica y política del gobierno alfonsinista de entonces que en su objetividad presenta de modo parcial situaciones que pueden ser asimiladas al presente , en particular en cuanto se refiere a la debilidad evidenciada por el gobierno formal frente a las consecuencias de un derrotero económico de crisis y la carencia de un sujeto social específico que de soporte a su existencia dentro de la aprobación general que como fuerza social la burguesía de conjunto le puede otorgar. Sucede entonces, y eso es lo que corresponde advertir y resaltar desde un grupo de propaganda política socialista, que dirige su acción hacia la joven vanguardia trabajadora en lucha, que la democratización argentina de los años ochenta “fue de la mano no solo de la anulación y deslegitimación pública de la lucha armada, sino asimismo de la completa restricción de las capacidades de ejercicio de violencias populares , y es ese estado de cosas el que ubica a esa vanguardia y a las masas explotadas y oprimidas sobre la que pretenden tener incidencia en una suerte de estado de indefensión derivado de la total ausencia de herramientas de lucha que resulten apropiadas para este estadio de la lucha de clases .
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