Nuevo Curso

Los rostros de la alienación viajan en “bus”

De la noche a la mañana, llego la lluvia sensible y tristona, junto a la ventana, con su frío aliento y sin saber de mi parte cómo, toda la ya pesada existencia de sobreviviente en este tiempo se vistió con el color del plomo.
Sucede casi rutinariamente que el calendario hace estas cosas tan difíciles. Te lleva a la infancia y si es que es verdad que ese tiempo es la patria de uno, la mía fue el antes y el después de toda una generación de la que nadie se detiene a mirar, esa que siendo libre y buscando más como si se tratara de los ravioles de la abuela, vio con el boleto del espectador de una película donde no ganaba el “muchachito”, como se le transformaba el deseo anhelante, en realidad sórdida e inhumana.
Por eso, por ser parte de esos anónimos que vieron desaparecer a sus hermanos, que intentaron hacer algo, pero no pasaron de tirar piedras con una “honda” de fabricación casera, es que duele y daña el entendimiento a punto de bordear la locura como esos camiones que a diario recorren rezongando esos caminos de cornisa que les tienden como desafío los ascensos y descensos de las sierras, ver y existir en este segundo cuarto de siglo, por donde fuese que a uno le toque estar.
Porque llueve detrás de los cristales, llueve y llueve es que decido salir. Subo a lo que le llaman “bus”. Nosotros usamos el más término más extenso, “colectivo”, pero ellos presuntuosos de por sí, le agregan que es uno de “largas distancias”, sin comprender me parece la relatividad del nombre, porque que es al fin de cuenta lo que decide si es largo o corto cuando se trata de una distancia que marca una objetividad frente al sujeto que pretenden demolerla avanzando, sin saber mucho para qué.
Subo al “bus” y un trabajador que sin desearlo, se ocupa de conducirlo, irrumpe frente a los pasajeros entre los que me encuentro y percibo rostros anhelantes yendo y viniendo hacia el conductor, que con rostro de “papá Noel”, para no desentonar con la época, anuncia que “la unidad -es así como llama a su nave-herramienta de trabajo- está equipada con WI-FI. De inmediato todo el pasaje suspira y como si se tratara de vaqueros en el oeste norteamericano, desenfundan sus revólveres-celulares, o como se le quiera llamar a ese aparato y comienzan a coro a pedir la clave de acceso.
Es la alienación exhibida en la gestualidad de los consumidores que han dejado de revestir en la condición humana para ser lo que esos rostros anhelantes dicen . Los rostros que dejan ver aquello que hace ya tiempo, tiene un lugar ganado en el campo de la salud mental para dar cuenta de aquellas patologías donde habría una pérdida absoluta de la libertad individual.
Las «caras de la alienación» remiten en ese bus , a la separación de cada pasajero , de los demás y de sí mismo , a costa de la dominación que ejerce un objeto sobre ellos y de manera indirecta quien tiene la propiedad del dispositivo tecnológico que prevalece por sobre toda otra consideración y que se expresa en impotencia, falta de sentido, aislamiento y auto extrañamiento.
Es en reducida cuenta, la conocida noción sociológica de alienación -sobre todo en el sentido que Marx le da a tal concepto-, pero dotada con mayor claridad de exhibición de aspectos psicológicos colectivos que le da a lo narrado un perfil propio y distintivo del espacio temporal donde nos toca vivir.
Desde “Los manuscritos de 1844” del llamado «joven Marx», hasta la resignificación teórica que “El capital” implicó, pasando por “Las tesis sobre Feheurbach”, “La Miseria de la filosofía” o “La ideología alemana”, alienación y trabajo han sido dos términos siempre presentes en su preocupación por la dignidad del hombre y en el objetivo estratégico marcado como necesidad e imperativo categórico de que el ser humano, pase de la prehistoria explotada a la historia verdaderamente libre y humana.
Hoy es la alienación que el trabajo genera la cuestión a resolver, pero más aún, la presencia alienada y alienante del domino del objeto mercantil sobre el sujeto en casi todos los actos de la existencia humana que implican la presencia y acción de “otro” tan sometido a esa particular relación con el objeto como el primero.
En esta perspectiva que busca la relación del concepto “sociológico” de alienación con las variables psicológicas de esa categoría conceptual una conocida carta de F.Engels a J. Bloch, del 21 de setiembre de 1890, pese a ser distante en el tiempo del fenómeno que comentamos, arroja cierta luz sobre la cuestión en sí. En ella se puede leer lo siguiente:
“Según la concepción materialista de la historia, el elemento determinante de la historia, es en último término (la producción y la reproducción en la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca otra cosa que esto; por consiguiente, si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el único, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y burda. La situación económica es la base, pero en el curso del desarrollo histórico de la lucha ejercen influencia también y en muchos casos prevalecen en la determinación de su forma , diversos elementos de la superestructura: formas políticas de la lucha de clases y sus resultados (…), las formas jurídicas, e incluso el reflejo de todas esas batallas en el cerebro de quienes participaron en ellas, las teoría políticas, jurídicas y filosóficas, las convicciones religiosas y su posterior evolución. Hay una interacción de todos esos elementos, dentro de la inmensa multitud de accidentes , el movimiento económico termina por hacerse valer como necesario. (…) Pero, en primer lugar, nosotros hacemos nuestra historia con premisas y condiciones muy determinadas. Entre éstas, las económicas son en definitiva las decisivas. (…) Pero en segundo lugar, la historia se hace ella misma de tal modo que el resultado proviene siempre del conflicto entre gran número de voluntades individuales, cada una de las cuales está hecha a su vez por un cúmulo de condiciones de existencia. Hay pues (…) una serie infinita de paralelogramos de fuerzas que dan como resultante el hecho histórico. A su vez, éste puede considerarse como producto de una fuerza que tomada en su conjunto, trabaja inconsciente e involuntariamente. Pues el deseo de cada individuo es obstaculizado por el de otro, de lo que resulta algo que nadie quería. (…) Marx y yo tenemos en parte la culpa de que los jóvenes escritores atribuyan a veces al aspecto económico mayor importancia que la debida. Tuvimos que subrayar este principio fundamental frente a nuestros adversarios, quienes lo negaban, y no siempre tuvimos tiempo, lugar ni oportunidad de hacer justicia a los demás elementos presentes en la interacción”
Los gigantes tecnológicos constituyen hoy un amplio orden económico e institucional que ejerce un control oligopólico sobre la mayoría de los espacios, sistemas y procesos de la información digital. Los problemas de gobernanza y los impactos negativos de la digitalización, como la desinformación, la ausencia de control de la inteligencia artificial o la desigualdad epistémica, suelen considerarse problemas aislados, cada uno con sus propios especialistas y recetas
Shoshana Zuboff, declarándose en lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder, en el texto “la era del capitalismo de la vigilancia” se ocupó de alertar, tal vez viendo repetirse con rutina, la escena del “bus”, sobre como el juego entrelazado y sistemático de una nueva arquitectura del existir y el poder de la clase dominante en el orden social capitalista, pone bajo amenaza creciente la condición humana , tal como la configuró la modernidad de la que éramos tributarios en términos generales .
El capitalismo de la vigilancia es de tal forma, un modelo económico que en metamorfosis de su versión original y sin desmentir ni abolir sus estructuras básicas en tanto relación social , donde las empresas tecnológicas de la información y la comunicación, extraen datos masivos de la actividad de los hombres en contexto de la relación capital-fuerza de trabajo , en tanto usuarios para crear «productos de predicción» sobre sus comportamientos futuros, que luego se venden en mercados de futuros conductuales para influir en decisiones, principalmente a través de publicidad personalizada, generando enormes ganancias a costa de la privacidad y la autonomía individual.
Básicamente, lo novedoso del dispositivo ideológico deviene de que su penetración es tal, que los usuales defensores de las libertades democráticas no advierten sobre su despliegue, sino que lo reproducen activamente, en tanto su posicionamiento social admitido de consumidores de esos dispositivos tecnológicos. Dicho de otra forma, mientras se defiende, reivindica y lucha aún en disputas propias de acciones directas atributos de la personalidad como lo son la identidad y la libre determinación de los actos propios de la privacidad del ser humano, se favorece en igual forma, las prácticas impuestas por los medios tecnológicos montados por el capitalismo de vigilancia, que destruyen precisamente la libertad hiumana y profundizan la alienación.
Zuboff no alude a la distopía que tiempo atrás diseño literariamente George Orwel sino a una estructura de dispositivos que operan como herramientas tecnológicas al servicio de los intereses específicos de quienes resultan propietarios de la mercancía que se dispone en la tarea de vigilancia y su contracara la inseguridad, que para estos fines es llevada a su necesaria apología, para justificar y fundamentar la maquinaria que implica la vigilancia social.
En igual orden de ideas , pero con mayor puntualización en la matriz subjetiva del fenómeno Oscar Sotolano, dice lo siguiente:
“……, es bueno resaltar que la dimensión mortificante que contiene la allino sólo la viven los explotados (trabajadores o desocupados, por igual partes de la lógica del trabajo), sino todos los partícipes del sistema. Si Marx decía «…si el proletario es una máquina de producir plusvalía, el capitalista es una máquina de capitalizarla» (Marx, El Capital, t. 1, pág.569), hoy ya no es sólo una máquina sino una red binaria de información donde la alienación no se expresa sólo en su calidad maquínica sino en su lógica inexorablemente autodestructiva. «La producción capitalista sólo desarrolla la técnica y la combinación del trabajo social al mismo tiempo que agota las dos fuentes de las cuales brota toda riqueza: la tierra y el trabajador» dice Marx (El Capital, T.1,pág.483), anticipándose 130 años a los desvelos de los ambientalistas de hoy. El capital no sólo destruye material y psíquicamente al hombre, no sólo destruye sus referentes simbólicos pretendiendo (por ejemplo) que el trabajo social es prescindible en una sociedad humana, sino, más radicalmente, la tierra en la que vive; y ninguno de sus actores advierte la envergadura del desastre. Escisión del yo mediante, los capitalistas, sus administradores y mercenarios ignoran o desmienten que su acción básicamente explotadora es además de criminal, suicida, y arrastrados por la lógica de lucro que mueve al capital como definitivo estímulo ético, y posibilitados por la fragmentación del pensamiento que muchas veces se hace pasar por diversidad, ignoran los pronósticos que sobre las consecuencias de sus actos se realizan. Hoy, el capital que torna mercancía todo lo que circula por la faz de la tierra, ha hecho del hombre y la tierra una cosa, como tal, reducible a puro desecho”. (revista Subjetividad y Cultura, DF México)
Estamos en tanto trabajadores, siendo testigos y protagonistas a la vez, de una crisis de reproducción del capital , que presenta una fase novedosa de resolución positiva para la burguesía dominante cuya causa final viene implicada necesariamente en la premisa de la continuidad del modo de producción capitalista que se proyecta a la vez como un obstáculo más dentro de la construcción subjetiva del sujeto revolucionario, visualizado en los que por experiencias y hábitos compartidos en el desarrollo de la lucha por sus intereses, se ven identificados como clase social que demanda por tal su emancipación y la resolución de la relación capital-fuerza de trabajo de modo dialécticamente superador.
Hay una ingeniería social lanzada desde la clase dominante como la única forma posible de “salir adelante” de su propia crisis , que debe ser vencida a riesgo de que los resultados de ese entramado no sea otra cosa que la manifestación más acabada de la barbarie misma.
Dicho de otra manera, la prevalencia de lo virtual en todas y cada una de las relaciones que se generan en la sociedad civil, por sobre los actos físicos o reales, dota a los poseedores de los medios que posibilitan esa virtualidad, de una esfera de dominación no esperada ni vista por los clásicos del marxismo, que requiere ser estudiada, analizada y finalmente abordada con herramientas intelectuales que se avengan a la defensa de los intereses de la clase trabajadora.
Para al menos plantearse las tareas específicas a ese objetivo, que es instrumental al propósito emancipatorio de la clase trabajadora, los que ligan su existencia a la venta de fuerza de trabajo necesitan que la propaganda militante de las organizaciones políticas comparezcan advirtiendo que el Stalinismo y la socialdemocracia, coinciden en la reducción del marxismo a pura tecnología económica disfrazando esa versión ideológica de lo real con la apariencia de una autodeterminación científica que apela a la tecnocracia como sujeto del cambio social, olvidando, ocultando que desde la Tesis XI sobre Feuerbach , la militancia marxista hace carne de la premisa de realizar la filosofía de la emancipación humana y no se limita a la interpretación de lo simplemente dado por los sentidos y sus desarrollos en el entendimiento. Si el marxismo fuera nada más que eso , es decir, la simple racionalización del mundo estaría obligado a ceder posiciones frente a un sistema económico que lograse su optimización como plan social.
Esto, en última instancia, es lo que explica porque tanto una como otra corriente política, quedan inermes frente al bombardeo de instrumentos tecnológicos que les persuaden de la inviabilidad de un proceso de cambio revolucionario, canjeándolo por la instalación de mejoras progresivas y abundante juego parlamentario con base en información obtenida del empleo de esa tecnología en tareas de inteligencia y seguridad interna.
Marx indicó la necesidad de la transformación revolucionaria del capitalismo, pero su aporte no puede nunca ser entendido, comprendido y propagandizado , en el sentido de que esa transformación necesaria haya de llevar automáticamente hacia formas de existencia y convivencia social relacional despojadas de toda enajenación .
Es necesario en todos los casos el pleno desarrollo del individuo, objetivo que resulta inverso a lo que deja traducir el empleo de nueva tecnología en el espacio de las comunicaciones. «Es la realización de la libertad y la felicidad la que necesita el establecimiento de un orden social en el cual los individuos asociados determinen la organización de sus vidas” (Heber Marcuse. Razón y revolución. Hegel y el surgimiento de la teoría social)
Finalmente, este capitalismo de vigilancia, reposado sobre una estructura productiva y comercial, centrada en formas virtuales de comunicación y respaldo , necesariamente ha debido necesitar y desarrollar casi se diría, “a la par”, de la cultura del control y la vigilancia penal.
El sistema moderno de aprehensión, enjuiciamiento y castigo ha llegado a ser particularmente especializado y socialmente selectivo , lo que lo lleva a constituirse en una parte fundamental del aparato del Estado que institucionaliza al poder burgués real. Estos procesos históricos de diferenciación, estatización , burocratización y profesionalización , son las formas esenciales de la definición legal del delito y su control por las agencias represivas del Estado.
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