Nuevo Curso

FACTOR SUBJETIVO

Mientras por todos los canales informativos posibles, dan cuenta de las gestiones del conjunto del personal político de la burguesía para buscar la manera en que las iniciativas de la gestión Milei avancen en la realidad, sin salpicar los tiempos políticos futuros de los involucrados en tales maniobras, y conducen a pensar en una suerte de consenso en podar capítulos de todos los proyectos de ley que andan dando vuelta pero no evitar que ellos avancen en lo esencial, es decir, que en todos los casos se consoliden en el objetivo de dotar a las mutaciones reales que operan de manera opresiva en la existencia social, del formato jurídico del que hoy carecen y que de lograrlo le asignara facultades constitucional a los funcionarios estatales, para desgranar la violencia en los casos de incumplimiento de lo normado, a sabiendas que de no prosperar esa táctica ligada al objetivo estratégico de consolidar dominio social hegemónico para la reproducción capitalista , solo queda abierto el endurecimiento de la lucha de clases y la posibilidad de que los trabajadores ganen las calles y se expresen en sentido inverso y antagónico a todo lo planteado.
Frente a esto hay que recordar que, cuanto describimos como manifestación del presente, no es otra cosa que una resultante transicional de un proceso específico de dominación de clases, que se viene materializado desde 1975 hasta el presente y que solo tuvo una zona disruptiva, en el 2001 en reacción a la gestión de gobierno del asesino De la Rúa, que se dispuso salir del aburrimiento y las cargadas mediáticas, matando jóvenes a lo largo y ancho del país, tarea a la que se le sumo con especial énfasis Carlos Réuteman en Santa Fe.
En la misma medida hay que entender que, no por el hecho puntual de que Spert haya debido emigrar de la vida pública, su lema “cárcel o balas “ se ha ido junto con él. Decimos esto porque el tiempo ha demostrado que los hoy ya fallecidos, el ex presidente y el ex gobernador resultaron impunes por sus determinaciones de aplicación del orden legal, por lo que corresponde aventurar que de correrse una suerte similar en la resistencia activa en los tiempos que transcurren, la violencia e intimidación del poder formal, no tardará en ejecutarse, por vía de otros rostros, pero con la misma ferocidad. Dicho de otra manera,
La habilitación para la reiteración de esas dos acciones concretas (cárcel o balas) por las agencias del aparato represivo y punitivo del estado, y ganan en espacio legal, para ser presentados socialmente para su consenso exhibidos como única solución, frente a la ruptura que hipotéticamente presentan frente a la norma prohibitiva.

El propósito es claro y explícito, la intimidación como factor perturbador de decisiones y comportamientos futuros de aquellos a los que arbitrariamente se designe como adversarios, legitimada por la norma legal que normatiza la explotación y la opresión en las relaciones sociales constitutivas de la sociedad civil.
La situación no es entonces, ni arbitraria, ni azarosa, máxime si se tiene presente la probabilidad de acciones de lucha de calles, gestada desde la resistencia al proyecto que busca reordenar la manera en que se rinde en concreto la fuerza de trabajo, en el proceso de producción. dentro de la relación social desde donde nace la apropiación del plusvalor –
No obstante, todo esto que mencionamos, tiene otros matices relevantes por fuera del enfoque puramente represivo, que están marcados por la visible asimetría de los conceptos que, referidos a situaciones no equivalentes en lo social, se declaran en tal condición por el gobierno. La mayor ubicar en la relación social capitalista de compra de la fuerza de trabajo al adquirente y al oferente en condiciones equivalentes, cuando desde lo objetivo el desequilibrio es lo esencial de ese tipo de vínculos que objetiva y aliena al sujeto que pone en acto su fuerza de trabajo.

Cárcel y bala son situaciones que se pide que sean operativas. Cárcel y bala busca consenso social para su materialización sobre toda posible propuesta antagónica al reparto desigual y explotador de la relación que adquiere forma jurídica y poder de imperio legal.
Sin embargo, conviene detenerse en el 2001, y en todos los sucesos políticos que derivaron en muertes de luchadores a manos de la república democrática que se construye bajo la forma jurídica constitucional , para reparar en cuanto de falsa conciencia se desenvuelve cuando se apela a ese texto de la ley superior para dotar de fundamento que de validación y eficacia a las acciones que vulneran la libertad de las personas, las asociaciones que conforma y sus expresiones frente a los actos del Estado y sus aparatos institucionales represivos.

De todo esto queda una reflexión, no ocupa el actual escenario político, la lucha para que “se vayan todos” en tanto síntesis expresiva del derrotero que debe cubrir la dialéctica contenida en la lucha de clases en favor de los interés objetivos e históricos de oprimidos y explotados .

La experiencia recorrida enseña que ese resultado solo es pensable como consecuencia de la transformación revolucionaria de la existencia social de los que ganen la calle apremiados por el hambre y la miseria inmediata.
Lo real es la acción de clase, que desenvuelve la burguesía de conjunto, más allá de luchas de sectores a su interior, sobre la clase trabajadora destinataria y exclusiva afectada, del conjunto de las medidas de gobierno puestas en acción. Esa es la diferencia sensible con el 2001. No estamos aquí frente a una puja por ver quien. dentro del personal político subsana una crisis cíclica del capital vernáculo, sino frente a un obstáculo significativo de la reproducción consensuada del capital en nuestra sociedad, que busca ser vencido en beneficio de la burguesía, sometiendo a la clase trabajadora, asumido por el personal político del poder burgués ya seleccionado por instrumento electoral.

Si se mira desde esta perspectiva , se advertirá que no se trata simplemente de que ese personal político se retire de la escena en helicóptero, porque ese efecto, aún si se produjera por la movilización del pueblo no daría cuenta del diagnóstico preciso de la crisis, permitiendo pensar que esta puede superarse en beneficio de explotados y oprimidos con reformas a introducirse dentro del propio orden capitalista. En otras palabras, que se retiren personajes, y no se superen estructuras económicas, no es transformación sino mero maquillaje dispuesto sobre un cuerpo nauseabundo.
Toda esta verdadera secuencia de guerra de posiciones en la que se enfrasca la burguesía de conjunto para sostener su hegemoía en la sociedad y en particular su posición dominante. Esta guerra de trincheras o estancamiento se modela al modelo de confrontación que la propia burguesía le impone a las masas explotadas y oprimidas , a partir de que es la clase explotadora quién fija la agenda de las acciones de las cuales deben resistir o defenderse los trabajadores . Esto hace, no otra cosa que la fijación de escenarios de batallas prolongadas con enormes perdidas para quienes se perjudican con cualquier extensión de un conflicto que son los propios trabajadores.

Lo dicho visto desde la perspectiva de la vanguardia trabajadora, que intenta organizarse en forma autónoma y política propia frente a los que dentro de su propio sector, activan con propuestas oportunistas y reformistas, de afrontar en primer orden de la acción revolucionaria, por sus métodos históricos de lucha ajustados a la situación de lucha de clases, despojándola de todo oportunismo funcional al reformismo parlamentario ,y marcando específicamente, que esta adopta esa adjetivación en la medida en que la oposición de los trabajadores por sus necesarios fines estratégicos no puede tener otro perfil que ser otros; que la supresión del poder burgués y la conformación de un estado obrero con su dictadura, ligada a la premisa igualmente necesaria de un nuevo hombre en una nueva sociedad.
Esto es así porque toda lucha de objetivos revolucionarios en la que no se busque el hombre nuevo, las relaciones humanas quedan atrapadas y desfiguradas por las pautas de la vieja sociedad que se proclama discursivamente demoler.
Todo cambio social incipiente o desarrollado, que esté en el programa político de toda acción de lucha de trabajadores dentro del conflicto que plantea objetivamente una sociedad de clases como lo es el capitalismo, no puede tener viabilidad ni desarrollo eficiente si se despoja de toda consideración subjetiva sobre la necesidad de creación voluntaria de un nuevo hombre.

La construcción consciente, voluntaria en cada militante que protagoniza hoy las acciones de resistencia, en el estadio específico que toma la lucha de clases que lleva a un posible enfrentamiento abierto de clase contra clase , es necesaria e imprescindible, en la medido en que el concepto hombre nuevo viene a plantear una verticalidad según la cual hasta que no se concrete esa presencia efectiva del hombre en sus acciones y entre las estructuras relacionales y organizativas ,el desarrollo de la lucha está en riesgo de no superar lo existente y fracasar.
No hay que olvidar que la construcción del hombre nuevo estaba en la médula del anterior proceso revolucionario que hemos vivido como trabajadores durante la primera década de los años 70 y aún en la lucha defensiva contra la dictadura cívico-militar genocida que gestionó desde el estado y grupos de tareas el aparato estatal del poder burgués.
La derrota cultural vivida en la operación política que impuso en los 80 la transición de retorno a la forma de dominación institucional que implica por definición constitucional la república burguesa y sus mecanismos de selección de operadores políticos en la gestión estatal por vía de representación política eleccionaria tuvo su mejor expresión en el abandono de ese paradigma por parte de quienes protagonizaban la lucha misma, en ese espacio temporal.

Sin el intento del cambio del hombre en el hombre mismo que lucha por adversidades sociales que le impone el capital, la nueva sociedad solo queda perfilada en tanto, proyecto discursivo a futuro , aceptando en el tránsito un modelo político que se contenta con la apuesta a la concesión de ilusiones democráticas en un régimen de democracia formal.

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