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ADOCENADOS

Lo que lleva el proceso de lucha de clases en lo que va del corriente siglo se presenta , si se toma un povo de distancia buscando ver un poco más claro, con uno de los polos de la contienda en razón de la crisis de dirección que padece, en una resistencia que es débil, sin convicción, que cede fácilmente a las maniobras de la burguesía en sí o de sus operadores funcionales de la socialdemocracia conformando , una oposición tibia que se diluye, en lugar de una verdadera lucha o afirmación frente a la adversidad de los escenarios de barbarie a la que es arrastrada incluso por la propia lógica reproductiva del capital.
El adocenamiento de la capacidad de resistencia que el ser humano puede ofrecer a un orden social donde existe por vía de su determinación de voluntad consciente, de enfrentar sus coordenadas, deviene en uno de los obstáculos más difícil que en nuestro tiempo tiene la tarea de revolucionar. Las dificultades en ese orden, que presenta al cambio social como un colectivo de transporte que algún día va a pasar por la esquina de la justicia y la verdad, lucen manifiestas y en gran medida contienen la significativa tendencia a la frustración de los que se determinaron a manifestar disconformidad, de modo tal que “lo que ayer era amor se va tornando otro sentimiento”.
El adocenamiento o conformidad en última instancia con lo dado, se presenta como fenómeno real, apreciable incluso por los sentidos. Las apelaciones a valores abstractos con las formas conceptuales de “la justicia” “la verdad”, la cita en clave de razón fundante del derecho y su sistema teórico de formas jurídicas concretadas en las normas que habilitan el imperio del Estado de la burguesía dominante. Su antagónico, su contradictorio, la subversión de lo dado, como sabía constitutiva en plano subjetivo de la revolución, no se percibe, y solo se bosqueja como hipótesis de un posible futuro a generarse por sí mismo, con base en las propias contradicciones de la reproducción social del capital y sus escenarios de barbarie.
Esto es así, tanto como que en su momento histórico, los propios genocidas argentinos lo advirtieron por vía de la semántica y la imposición de su discurso de muerte y exterminio , al llamar y ubicar a lo que ellos consideraban “el enemigo” , con el nombre “subversivo”.
El sentido subversivo de la revolución radica en su propia esencia diferencial y sustantiva que está dada por la intención en el sujeto revolucionario de trastornar radicalmente un orden social, político o moral establecido, buscando derrocar estructuras de autoridad e invertir dejándolos sin efecto, sus ideologías fundacionales.
Sin embargo, los que vociferan en calles, micrófonos caseros, artesanías radiales y demás manifestaciones en contrario de tal o cual decisión política del poder burgués, no buscan subvertir, sino que lo existe sea mejor para sus intereses específicos, lo cual siembra un conjunto de demandas parciales y transitorias que no reconocen un sujeto común y jerarquizan las diferencias accidentales sobre las sustanciales del todo opresivo y explotador.
Dice Trotsky en su tiempo histórico, en minoría política absoluta, aislado, y perseguido para darle muerte, que “Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes. Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra.
La burguesía misma no ve una salida…. marcha ahora con los ojos vendados hacia la catástrofe económica y militar. En los países históricamente privilegiados, vale decir, aquellos en que pueden aún permitirse el lujo de la democracia a cuenta de la acumulación nacional anterior (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos) todos los partidos tradicionales del capital se encuentran en un estado de confusión que raya, por momentos, con la parálisis de la voluntad……Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía “ maduras ” para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente….Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La crisis histórica de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria…La economía, el Estado, la política de la burguesía y sus relaciones internacionales están profundamente afectadas por la crisis social que caracteriza la situación prerrevolucionaria de la sociedad. El principal obstáculo en el camino de la transformación de la situación prerrevolucionaria en revolucionaria consiste en el carácter oportunista de la dirección proletaria, su cobardía pequeñoburguesa y la traidora conexión que mantiene con ella en su agonía….La orientación de las masas está determinada, por una parte, por las condiciones objetivas del capitalismo en descomposición, y de otra, por la política de traición de las viejas organizaciones obreras. De estos dos factores el factor decisivo, es, por supuesto, el primero; las leyes de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos. Cualquiera que sea la diversidad de métodos de los sociales traidores, no lograrán quebrar la voluntad revolucionaria del proletariado. Cada vez en mayor escala, sus esfuerzos desesperados para detener la rueda de la historia demostrarán a las masas que la crisis de la dirección del proletariado, se ha transformado en la crisis de la civilización humana. (León Trotsky. La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional)
Esta subjetividad visiblemente dañada por el fuego cruzado de quienes preservan en lugar de subvertir, remite necesariamente a que cada trabajador, cualquiera fuese la oportunidad en donde se presente, se permita interrogarse si la vida vale o no vale la pena de vivirla. Esa respuesta ausente bajo el silencio, las evasiones, los llamados a la paciencia o a la espera de un hecho ajeno, es hoy apremiante. El equilibrio de evidencia y lirismo es lo único que puede permitirnos llegar al mismo tiempo a la emoción y a la claridad.
Se trata entonces, de la relación entre el pensamiento individual y el discurso colectivo de la clase, que lleva a través de la acción a la lucidez frente a la existencia en la evasión, lo restante, es confesar que las operaciones ideológicas nos han sobrepasado o que no se comprende lo que acontece.
El espacio propio de la política, es decir , el lugar específico en la vida humana que tiene la cuestión del poder , traducida en relación de mando obediencia , es un acontecimiento social transversal a todas las clases , las nacionalidades, los géneros y las razas, pero esa objetividad no impide sino que consolida, la necesidad apremiante de una política autónoma de clase desarrollada desde la vanguardia trabajadora, que por tal se compone de trabajadores que han verificado su condición y se desenvuelven no en tanto individuo, sino en tanto clase explotada y oprimida dentro del orden social capitalista.
La actividad política desde la comprensión y determinación de la clase social donde revestimos no es algo ajeno a la vida cotidiana, algo que solo se reduce a la farsesca jornada electoral y la emisión de un voto. Exige un esfuerzo significativo para conocer y hacer conocer los fenómenos y proyectar la arquitectura revolucionaria de su superación. La idea de que, lo que se conoce como “la política “está para darnos cosas, como si fuera una máquina expendedora de cigarrillos es la resultante del dominio burgués sobre nuestras conciencias, buscando también en ese plano se consolide el fenómeno de alienación que todo trabajador tiene para con las mercancías que ellos mismos producen y no se apropian.
En ese sentido, es que las respuestas están en la elaboración teoría-acción, sintetizada en el programa partidario de clase, sostenida por la base en la vocación subversiva de lo existente. La construcción de la política revolucionaria de clase no es un acto abstracto, creación de personas que se asumen superiores sino la resultante de la tradición de todas las luchas emprendidas en la historia por la clase trabajadora, que nos han dejado un legado que exige ser recuperado para utilizarlo como herramienta en las apremiantes condiciones de existencia que nos hace percibir la presente realidad, con sus escenarios de barbarie.
Las organizaciones que se concentran en el espacio político de la izquierda del régimen republicano-democrático, utilizan herramientas ajenas a la potencialidad subversiva de la clase trabajadora, ni concurren a desarrollarla. Se mueve frente al capitalismo, en el propio terreno que despejan y oscurecen las ideologías nacidas de sus aparatos comunicadores y de la formación del discurso de sentido común. No se puede superar al capitalismo en el terreno de contienda que el mismo capital configura para tales cosas, con sus reglas, sus atajos del lenguaje, fantasías tecnoutopistas y análisis de datos relevados por encuestas . Para revertir esta situación no hay atajos.
Todo movimiento en el que la clase obrera actúa como clase en sí, contra la clase dominante, es un movimiento político, que debe producir una acción de clase ligada táctica y estratégicamente al propósito final de la emancipación, es decir, un movimiento de la clase cuyo objetivo principal es que se consiga dar satisfacción a sus intereses en forma general, es decir, en manera que sea compulsoria para toda la sociedad.
Allli donde la clase obrera no ha desarrollado su organización lo bastante como para emprender una ofensiva contra el poder burgués, como sucede en el caso argentino, se debe por lo menos subvertir lo dado, preparando los ánimos sociales de la clase contra la burguesía dominante.
Aquello con lo que hay que terminar por vía de su superación es la relación social que implica el capital. Lo que debe terminar por tanto es el antagonismo de clase que el desarrollo social crea entre los capitalistas y los trabajadores asalariados.
El poder del Estado no es más que una organización adoptada por la clase dominante para proteger, reproducir y desarrollar sus intereses y privilegios sociales . Hay que superar el capital que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos el capital que es la concentración de todos los medios de producción en manos de unos pocos .
Los trabajadores son políticos activos por naturaleza, las masas de trabajadores no aceptan la idea profusamente propagandizada por el poder de que los asuntos públicos no son a su vez sus propios asuntos; la masa de trabajadora asimilada en su condición de clase son políticos activos por naturaleza y quien les proponga abandonar la política se verá, abandonado por ellos, dejándolos a su suerte.
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