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PROTECCIONISMO, LIBRE COMPETENCIA O REVOLUCIÓN SOCIALISTA.

Los obreros que venden su fuerza de trabajo para ser usada por el grupo económico capitalista que es propietario de Fate , quien de manera continua, se apropia del valor que ellos generan en las mercancías “negras” que dan “a luz”, se encontraron con un papel pegado en una puerta y unos tipos que los vigilaban cotidianamente “haciendo su trabajo” , que ahora no los dejaban ingresar. “Se acabó, el sol nos dice que llegó el final” les faltó decir, para ponerle un poco de poesía a este resultante agresivo, lesivo, dañoso y al parecer sin retorno: Fate, no produce más . No te necesitamos, refleja el papel con más dureza , dejando incluso traducir que alguien seguramene al servicio del amo, escribió ese texto y otro lo pegó, es decir, algunos también pusieron fuerza de trabajo en la cuestión.
Lo cierto es que la lucha emergente por recuperar el lugar que hasta ayer se tenía, por parte de los trabajadores y su organización sindical, dejó traducir una rápida intervención mediática que no hizo otra cosa que reflejar la disputa interburguesa gestada al interior del aparato de políticos funcionales a la burguesía dominante y cada uno de los sectores de esa clase contenidos en su interior, solo unidas en lo fundamental, la explotación y la opresión de esos trabajadores que leen un mensaje en un papel, y son reducidos incluso a esa humillación servil.

Es curioso que en estos días e incluso en la fecha, los aparatos publicitarios de la izquierda del régimen dentro de la cual existe la organización política en donde milita la dirigencia gremial donde se organizan los trabajadores del neumático , SUTNA, haya batallado contra el proyecto de “modernización laboral “ que impulsa el gobierno con media sanción del Senado, diciendo que ella genera “servidumbre”. Ese acto de la burguesía es aún solo proyecto, pero los trabajadores son hoy sumidos en esta servidumbre asalariada que los ubica como cosas de las que otro decide que ya no es su voluntad seguir empleando y les da a conocer su última orden con un papel en la puerta de la fábrica como se se tratara de un señor feudal de la edad media.
Queda en claro entonces, que la relación capital-trabajo que produce la enajenación asalariada que lleva al trabajador a situación de alienación en el objeto y su propietario, y sus formas serviles existe con el orden social capitalista mismo y no con las leyes que le otorgan forma jurídica variable según las contingencias críticas o o no que viva el capital y los momentos políticos que también nacen de ese proceso dialéctico.

Dicho de otra forma, cualquiera fuese la ley, en tanto forma abstracta concretada en mandatos imperativos del poder, la relación de explotación que impone una clase sobre otra es la que determina las formas en que se lleva a cabo.

Sin embargo, existe otro aspecto relevante en la cuestión y en el drama en que han sido colocadas mil familias con un acto de poder del burgués que decide unilateralmente dar por finalizada una situación que lo vinculaba con esas mil familias en relación social de explotación.
Ese otro factor es el reflejo político que la burguesía y sus medios son capaces y lo fueron, de generar frente al fenómeno objetivamente considerado.
Es por ese espacio de la superestructura, que se abrió de manera ideológica y por ende artificiosa, la falsa oposición, largamente gestada y reestrenada como si se tratara de un clásico del cine, entre proteccionismo estatal y competencia de mercado. De tal forma el drama de mil familias se visualiza como resultante de un proteccionismo estatal que finaliza y las “lógicas” reglas del mercado que impone la competencia que se traduce en una nueva versión apologista de la “sobrevivencia del más apto”, dada en forma Darwiniana.

Los propios Kirchneristas en retirada, como alguien que se precipita al vacío desde cierta altura, por boca del gobernador Kicillof​ lanzaron un manotazo sobre el fenómeno para al menos desacelerar esa caída que luce irremediable y a pesar de haber colocado a “la bonaerense S. A” en la puerta de la fábrica acordonándola, esgrimieron que precisamente ese mismo Fate que hoy cierra, fue abierto y en esplendor por el gobierno de Cristina, dotándolo de la protección estatal para que acumule y reproduzca capital sin inconvenientes derivados del mercado.

En la vereda de enfrente , acusándolos de ser “cazadores en un zoológico” los medios cercanos al gobierno de turno, dan a lo sucedido el valor de una prueba de lo costosos que le resulta a la sociedad sostener capitalistas protegidos, y con cara de inteligentes -solo cara- concluyen que “Fate no pudo con la competencia” en particular porque se negó a competir, manteniendo una forma y método de producción de neumáticos, obsoleta.

Entre ambos fuegos de artificios, pareciera que debe advertirse las consecuencias del fenómeno en sí, y las formas en como debe generarse la intervención política. Más aún se agrega el elemento adicional pero también esencial, de tomar el suceso para ponerlo en responsabilidad de la organización sindical.

En ese plano, no se puede negar que la condición de dirigente del Secretario General del SUTNA, Alejandro Castro, que legitima su situación con una elección de ese cargo, obtenida en continuidad de un período anterior, está avalada por el voto afirmativo de sus compañeros trabajadores del neumático y expresada por su presencia en el lugar del hecho , con método de asamblea.

Por lo demás, tampoco necesita demostración por ser evidente, que el cierre de la empresa , no es generado por actitudes irracionales y de disputa de poder del sindicato que mantuvo siempre su perfil sindical y en ningún caso trascendió hacia una impensada situación de doble poder dentro de la fábrica.

En este contexto y dentro del marco de un proceso de lucha de clases en su nivel más bajo de confrontación y con una suerte de resultado puesto, pues uno de los extremos del conflicto no mantiene la conflictividad, sino que se retira de la situación que le dio fundamento, es necesario advertir que, bajo ampulosas declaraciones de derechos, el capitalismo se constituyó desde hace tiempo en dueño y señor de la escena.

Esta constatación significa no otra cosa que, la constatación centrada en la afirmación que indica que es la burguesía la que fija la agenda . Sus consignas han adquirido un cerrado contenido de clase que ve peligrar precisamente su hegemonía como tal. Por eso , libertad , igualdad y fraternidad se han desvirtuado por su base estructural en su negación , es decir, han mutado por el Darwinismo social , por la desigualdad económica y las asimetrías sociales en escenarios de barbarie y miseria.

Los códigos, las leyes solemnemente dictadas muestran hoy que solo se reducen a ser el mandato imperativo con forma de ley de las determinaciones asumidas por la clase dominante y su contenido, el discurso funcional al interés burgués que más temprano que tarde habrá de imponer desde el poder y por sus sentencias el aparato judicial del Estado.

En el discurso de formación y reproducción de sentido común, frente al fenómeno social que desprende un drama para mil familia , apunta a mostrar de manera ideológica , con falsa representación de lo real , que el capitalismo y sus premisas de crisis , es en la representación ideológica colectiva de nuestra sociedad, una suerte de orden naturalizado de la existencia para la que aparece instituido y con consenso de las mayorías como el único orden social y modelo de producción , capaz de proporcionar la satisfacción de las necesidades que el mismo genera y que devienen vitales para nuestra existencia, siendo sus consecuencias negativas, como lo son los despidos, solo un momento transitorio y parcializado de la existencia del trabajador que deberá el mismo encontrar las respuestas del caso .

Esto último se hizo marcadamente manifiesto, en la forma uniforme con la que todos los “periodistas” interrogaron a los afectados, preguntando “que pensaban hacer de ahora en más”.

Sin embargo, esta apariencia no se corresponde con lo concreto existente que da cuenta de privaciones, pobreza y miseria, y que en paralelo existe dominio de la riqueza en forma concentrada, haciendo que las perspectivas de los perjudicados sean absolutamente sombrías y parte de un nuevo formato con el que los trabajadores de conjunto ven amenazada su sobrevivencia como tales .

Por este simple dato fenoménico, es que corresponde afirmar que el capitalismo, a diferencia de las afirmaciones y consensos mayoritarios, es ineficiente y destructivo, no porque haya sectores de la burguesía que den cuenta de su incapacidad de competir en el mercado sino porque es la estructura capitalista por sus propias contradiccines objetivas la responsable de estos dramas sociales emergentes.

Dicho de otra forma, lo que acontece en particular, reconoce una causa general dada por un modo de producción que por sus propias contradicciones, periódicamente está entra en crisis de reproducción dando síntomas de ella en lo inmediato cotidiano con desempleo, inflación o deflación con estancamiento todos signados por el deterioro del salario real.

En definitiva, fuera de proteccionistas y libremercadistas, lo que deja ver y exhibe FATE, es que en la actualidad el orden social capitalista da muestras concretas de su incapacidad de dar trabajo útil y de calidad constructiva de sujeto, a las mayorías que ofrecen su fuerza de trabajo.

La relación social capital en su faz estrictamente económica, funciona con mucha dificultad y en tales condiciones es que asistimos a estos dramas sociales que amenazan seriamente con extenderse a toda la clase trabajadora , que se producen en paralelo con el desarrollo de guerras en partes relevante del planeta en todas las cuales la OTAN y los Estados Nacionales protagonizan situaciones de absoluta depredación y desastre humano contabilizado en pérdidas de vidas humanas y recursos naturales . Es en la guerra, , consigue el capitalismo reabrir de modo parcial el estancamiento de las fuerzas productivas generado por la crisis de reproducción ordinaria del capital dentro de los diversos territorios de los Estados nacionales.

Dada la situación social en este contexto, y siendo que sus efectos que padecemos a diario exigen su superación hacia otro modelo social , de producción y de relaciones político-culturales, desde nuestra posición objetiva en la estructura social y productiva como trabajadores, la pregunta que sobreviene desde nuestra clase ¿Quiénes son nuestros enemigos? ¿Quiénes son nuestros amigos?

Estos interrogantes dan cuenta que , es su planteo y su respuesta , una cuestión primordial para quienes se determinan voluntariamente a intervenir en ese proceso real , buscando la superación de un modelo social que da signos notorios de agotamiento.

Los datos que nos proporciona la historia analizando revoluciones triunfantes siempre remiten a una respuesta específica de este interrogante. Las luchas revolucionarias que han triunfado han sido aquellas en que los revolucionarios supieron unirse con sus verdaderos amigos y combatir a sus verdaderos enemigos.

Para encontrar el camino que posibilite una respuesta eficiente de estos interrogantes, es necesario reparar en que , en el proceso de producción de bienes materiales se establecen formas específicas de relación entre las personas que los protagoniza, es decir, entre los propietarios de los medios de producción y los productores directos o trabajadores, ya que los que son dueños de los medios de producción explotan a los que carecen de estos medios y los explotan siendo el dueño de un taller con cuatro empleados o los propietarios del paquete accionario mayoritario de una multinacional.

En el orden social capitalista, los trabajadores, para poder vivir, necesitan ir a ofrecer su fuerza de trabajo a los capitalistas; éstos les pagan un determinado salario y obtienen, gracias a este tipo de relación la posibilidad de apropiarse de gran parte del valor creado por esa actividad que esta incorporado de modo abstracto en la mercancía producida, y que solo se traduce en capital por la mediación del dinero en la compraventa que opera en el mercado.
La explotación no es, por lo tanto, algo eterno, tiene un origen histórico bien determinado. Ella aparece cuando un grupo de individuos de la sociedad logra concentrar en sus manos los medios de producción fundamentales,1 despojando de ellos a la mayor parte de la población. Y ella desaparecerá cuando desaparezca la propiedad privada de los medios de producción y éstos pasen a ser propiedad colectiva de todo el pueblo.
Una de las características fundamentales del régimen capitalista de producción, a diferencia del régimen de producción servil, es que sólo puede existir si se reproduce en forma ampliada, destinando una parte importante del excedente al consumo productivo.

Esto provoca una continua acumulación del capital, es decir, un continuo crecimiento del dinero destinado a comprar medios de producción y fuerza de trabajo.
El tamaño del capital que logre acumularse depende, por una parte, del tamaño del excedente obtenido, el que depende en gran medida del grado de explotación de los trabajadores y, por otra parte, de la cantidad de este excedente que el capitalista destine al consumo productivo
El desarrollo capitalista determina, por lo tanto, y a la vez necesita para poder funcionar, que exista siempre en el mercado de trabajo una cierta cantidad de trabajadores disponibles para las necesidades de mano de obra que pueda tener la clase capitalista.
Por eso es que Carlos Marx llamó a estos trabajadores cesantes, en continuo cambió de una industria a otra, el «ejército de reserva» de los capitalistas. La cesantía es, por consiguiente, un efecto del sistema capitalista.

Mientras exista este sistema, existirá cesantía. Pero ia cesantía no es sólo un efecto del sistema, sino que es una necesidad del sistema y por ello los capitalistas no harán nunca nada serio para hacerla desaparecer.
Por el contrario, en una estructura productiva signada por la condición de capitalismo tardío y dependiente, como es la de nuestro país, el ejército de cesantes que los capitalistas tienen a su disposición crece continuamente.

A los capitalistas les conviene la existencia de este ejército, y saben utilizarlo muy bien. Lo usan para presionar a los obreros, a fin de que éstos no exijan salarios muy altos. Los trabajadores saben que pueden ser reemplazados en cualquier momento por los compañeros cesantes que están dispuestos, muchas veces, a aceptar salarios de hambre con tal de poder tener un trabajo. Los capitalistas utilizan esta lucha por conseguir trabajo para romper la unidad de los trabajadores, desviando la lucha de los trabajadores contra los patrones a una lucha entre ellos mismos por conseguir trabajo.

Llegando a este punto, es que podemos entender acabadamente a Lenin cuando nos dice que «Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el- lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social»

En la actualidad la centralización capitalista lleva a una fusión de los capitales industrial, comercial y financiero. Esta es la etapa del capitalismo monopólico, donde los tres tipos de capital se concentran nuevamente en las mismas manos.

Desde ese posicionamiento habrá que advertir, que en nuestro país, dentro de los enemigos de los trabajadores, es decir dentro de la burguesía , los dueños del capital, se proyectan por este fenómeno de contracción monopólica de los mercados contradicciones entre la burguesía monopólica y el resto de la burguesía: la burguesía no monopólica, la burguesía mediana y la burguesía pequeña, siendo relevante que cada uno de ellos o fusionados contra otro apelan a personal político y la construcción artificial de partidos políticos que den cuerpo y gestión a sus intereses, todo lo cual redunda en las pujas políticas que hoy estamos presenciando y de las cuales necesariamente los trabajadores ocupados o desocupados y los jubilados terminan siendo perjudicados, dado que todas ellas se resuelven descargando las crisis sobre sus espaldas.

Las clases sociales antagónicas, el proletariado y la burguesía en la sociedad capitalista, lo son porque que tienen intereses estratégicos opuestos, en particular porque los trabajadores solo se emancipan del sometimiento de estar constreñidos a la relación capital-trabajo superando esa relación y las relaciones de propiedad que le son conexas, a través de su propio poder político constituido en dictadura de clase.

Este último señalamiento implica que, aunque las acciones de los trabajadores defiendan intereses inmediatos, esa acción, políticamente está conectada a la lucha organizada de esa clase por la realización de sus intereses estratégicos, es decir, a la lucha por la conquista del poder político para poder llegar desde allí a destruir la sociedad capitalista y construir la sociedad socialista.

Esa conexión necesaria entre reivindicaciones inmediata y objetivo estratégico es tarea de agitación y propaganda desde la vanguardia organizada como partido político de clase.

Este es un factor ausente en las acciones que se realizan en el curso de este último siglo como mínimo en la medida en que las organizaciones que reivindican jugar ese rol, han abandonado su estrategia de lucha y los objetivos revolucionarios para sucumbir en el reformismo en su versión de cretinismo parlamentario.
Desde esa perspectiva la lucha de los explotados también tiene desarrollo contra las leyes e instituciones que mantienen la dominación burguesa , En la sociedad capitalista, esta contenida también la lucha de los obreros por mayores libertades políticas y la lucha por el poder político para destruir a través de él al capitalismo e instaurar una nueva sociedad, la sociedad socialista.

El gobierno de Milei agravó drásticamente todos los problemas sociales . Mayor pobreza, desocupación, precarización laboral y mayores escenarios de barbarie. Sólo la clase obrera puede plantear una salida a la crisis política que se vive, y en ese sentido es fundamental tener presente los aspectos del fenómeno que hemos enunciado en los párrafos anteriores, en particular el fenómeno subjetivo que implica la acción política de los trabajadores en lucha de clases , básicamente en cuanto se refiere a los objetivos estratégicos de la clase y el programa socialista revolucionario.

Los trabajadores debemos respetar y desarrollar por agitación y propaganda ,la perspectiva de trabajar por un frente único que unifique todos los reclamos de los explotados bajo la perspectiva política autónoma de su clase. Un frente que incluya a todos los trabajadores que buscan un camino de organización independiente de los partidos patronales, del Estado y sus instituciones. Un frente que impulse todos los reclamos sociales y democráticos, la lucha por el salario, la jubilación y los planes, contra todos los despidos.

Una revolución socia es la salida para las masas, NO hay otro camino. No hay vías alternativas, cualquier cambio político que deje en pie la estructura concentrada y centralizada de po burgués prolongará y agravará nuestra situación. Es imprescindible que la clase obrera conquiste su independencia política, tome en sus manos estas ideas, construya su partido revolucionario.

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