.
Dice Engels en uno de los tantos prólogos escritos a cada nueva edición del Manifiesto Comunista de la que en esta semana se cumplió un nuevo aniversario de su primer salida , que la idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión.
Marx y Engels plantean principalmente en el Manifiesto del Partido Comunista (1848), especialmente en el capítulo II, «Proletarios y comunistas un concepto estratégico específico. Allí argumentan que el gobierno del Estado moderno es solo la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa, por lo que el objetivo es la abolición del Estado burgués, no simplemente tomar el control de su estructura.
El texto establece que el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante para arrebatarle la situación objetiva de dominación que el capital le da a la burguesía como sujeto de esa relación social y centralizar los instrumentos de producción.
En ese sentido,si bien el Manifiesto habla de usar el poder estatal para la transición, la idea de la «abolición» del Estado burgués o el «conquista del poder» se refiere a destruir su maquinaria opresora para construir una sociedad sin clases.
Esa misma premisa , ya sometido al peso dramático de los hechos , en la Comuna de París, se desarrolla más ampliamente en obras posteriores como La guerra civil en Francia (1871), donde tras la Comuna de París, Marx enfatiza que la clase obrera no puede simplemente tomar la máquina del Estado y utilizarla para sus propios fines y ubica la tesis según la cual la sustitución del Estado burgués por el dominio de clase del proletariado como fase de transición hacia la sociedad sin clases define el objetivo estratégico de la lucha emancipatoria de la clase trabajadora.
Por estos días, y por el mentado aniversario de la primer edición del Manifiesto del Partido Comunista , muchas pequeñas organizaciones y otras que llevan más de sesenta años en nuestra sociedad, con todos los nombres posibles que pudieran imaginarse a lo largo de ese transcurrir en la historia, corrieron presurosas a “cumplir con la efemérides”. Así, mucho rojo, mucha cara de Marx, mucho puño en alto.
Sin embargo, se advierte por los textos citados, que en donde ponen los huevos realmente, en los sitios donde anidan, en los resonantes monólogos teatrales que montan en el parlamento, se opera en sentido inverso, confesando con la dureza de la realidad que estos presuntos seguidores no son otra cosa que una vergonzosa banda reformista, adherida al cretinismo parlamentarios con el que piensan en el tránsito pacifico de ser en primer orden ser la izquierda del régimen republicano y luego desde allí el camino del poder político ejecutivo de ese mismo Estado que institucionaliza con formas jurídicas las relaciones de explotación y opresión que emergen de la propiedad privada .
La diputada Myriam Bregman acompañada por el bloque de la cooperativa electoral FITU, se adentró en su actuación parlamentaria a sostener una seguidilla de términos que necesariamente deben ser advertidos, porque denota a donde va eso que se autorreferencia como la izquierda del régimen.
En ese setido, la diputada usando un plural, un yo inclusivo, acudió a un “ Tenemos” sin precisar a quién se refiere , en tanto en ese sitio solo le hablaba a los diputados de los partidos del poder. Luego amplío con una referencia de imperativo categórico Kantiano afirmando que , “debemos protagonizar el Cordobazo del siglo XXI. Se advierte sin mayor esfuerzo que estamos en el caso ante el desarrollo de una retórica vacía, engañosa, que se emplea para terminar poniendo a Cristina Kirchner, una de las responsables políticas de este presente, en la condición política de víctima a rescatar y por sobre todo el conflicto de clase implicado en la presente lucha, buscando dotarla de la condición de un nuevo Napoléon .
El Cordobazo lo protagonizó la clase trabajadora en circunstancias sociales absolutamente diversas a las presentes y frente a una dictadura militar. La actual dictadura civil de clase , le permite a la diputada ser diputada y hacer estos discursos formadores de falsa conciencia.
El parlamento convertido en escribanía del poder burgués y centro de corrupción política es el espacio donde se desenvuelve la abogada Bregman y su bloque , que nunca en campaña se ocupó de resaltar cual era el camino que proponía para la construcción del socialismo, y borró de su vocabulario precisamente esa palabra. No es gritando vamos vamos a la calle que se trabaja por la revolución social, si a la vez no se dice para qué vamos a esa convocatoria y cual es el proceso real que debe seguir esa política. Si Cristina estuviera libre , seguiríamos en un régimen de explotación y opresión como el que el que ella misma contribuyó a crear. Esta es la debacle clara y precisa del reformismo puesto a servicio del cretinismo parlamentario. El cambio social solo puede tener una perspectiva real , si se lo propagandiza como tal y no se lo sumerge en una alianza de clases con un sector de la pequeño burguesía
Nuevo Curso