La Crítica a la filosofía del estado de Hegel es un factor teórico de importancia capital para el desarrollo filosófico-político de lo que hoy debe resultar herramienta de trabajo en la construcción intelectual y práctica del programa socialista de la vanguardia trabajadora organizada en la forma política partido.
Esa actividad se concentra en el plano de los documentos escritos por Marx en el que primero se conoció como El Manuscrito de Kreuznach , al que luego se le dío en llamar Crítica a la filosofía del Estado de Hegel. Que es un texto de 1843 donde comenta casi párrafo por párrafo los pasajes §261-313 del libro Filosofía del derecho escrito por Hegel , es decir, la parte III correspondiente a la Eticidad y más concretamente la tercera sección que versa sobre el Estado.
Sin embargo, hay que aclarar que el manuscrito fue estructurado por D. Riazanov sobre sus estudios de la documentación que dejó a su muerte Carlos Marx y recién logra hacer que se publique en el Instituto Marx y Engels de la URSS en 1927. Riazanov, no pudo dar con las cuatro primeras páginas, de ese manuscrito , y es esa la razón por la que no se han publicado los comentarios de Marx a los pasajes §257-261.
A su vez, hay que decir que el propio texto de base, es también un trabajo intelectual de desarrollo crítico sobre el decurso histórico de la noción de Estado que se podía tener al tiempo de su redacción . Hegel criticó en su Filosofía del Derecho, las formas de gobierno absolutistas orientales y la inestabilidad de la democracia griega, buscando un equilibrio en la monarquía constitucional moderna, fuertemente influenciado por el contexto prusiano.
En el plano teórico discursivo Hegel se ocupa de la idea que da cuenta del Estado, definiéndolo
como la realidad efectiva de la idea ética, es decir la concreción en tiempo real del espíritu ético como voluntad sustancial revelada. El Estado devendría así en una suerte de Dios real al que el ciudadano enajenado le rinde culto.
Dicho de otra manera, la noción hegeliana del Estado lo presenta , como la forma más alta de organización humana, una «voluntad divina» que se despliega en el mundo, que se contrapone a la sociedad civil (centrada en intereses privados) al representar la totalidad ética y la verdadera libertad.
El Estado es así ,no el efecto de un contrato imaginario suscripto por la sociedad, sino un organismo vivo que permite que la libertad se logre a través de la integración del individuo en este todo, de manera que ella misma no es posible sin la presencia de esa institucionalidad
Visto así, el Estado se constituye en el punto culminante de la eticidad, superior a la sociedad civil y la familia, actuando como un organismo racional que realiza la libertad, siendo la síntesis de la voluntad individual y universal, todo lo cual justifica en sentido último la noción instrumental del derecho y las formas jurídicas.
En el Estado, según Hegel es donde se recupera la universalidad y la moralidad colectiva porque puesto por sobre la sociedad civil, permite esos objetivos superadores de los antagonismos propios de las relaciones intersubjetivas yacentes en el seno de la sociedad civil.
Por eso el Estado, no es un instrumento de protección. A diferencia del dogma subyacente al liberalismo, no existe principalmente para proteger derechos individuales, sino para realizar la libertad colectiva.
Tres premisas dan cuenta, de la totalidad de la crítica de la crítica que traduce Marx en sus manuscritos:
1 Marx pretende exhibir las inversiones de sujeto en objeto y de este en sujeto con las que opera Hegel, tomando prestadas las ideas y conceptos principales de la crítica que le realiza Feuerbach;
2) si bien Hegel reconoce que la sociedad civil contiene serias amenazas para la vida en comunidad, que son posteriormente armonizadas en un momento superior que sería el Estado, Marx señala que no consigue contener a la perfección a la sociedad civil y que, de hecho, lo que acaba ocurriendo es que, la sociedad civil quien determina al Estado por medio de la propiedad privada;
3) Al desterrar la proposición de la centralidad la Idea y su encarnación en el Estado, Marx, con Feuerbach, propone poner en su lugar al ser humano, de manera que la realización de su esencia política ya no será bajo el Estado porque el equilibrio en la balanza del universal y el particular es tomado, por la propiedad privada abstracta haciendo que este garantice y perpetúe su existencia. El Estado, la sustancia ética en sí y para sí, es en realidad un accidente de la propiedad privada
Argentina a tenor de lo que traduce el discurso transmitido en cadena del jefe del ejecutivo inaugurando las sesiones ordinarias del parlamento, está en su minoría de edad y su aspiración máxima se encadena con la Revolución Francesa y su apropiación de Roma, sin dejar de reconocer la cabeza momentáneamente a Grecia, con lo cual , lejos de la exaltación de lo moderno, la tecnología y lo novedoso del siglo XIX sigue hincando sus esquemas ideológicos en la Constitución que le dio forma jurídica a la emergencia del Estado nacional, que es lo que en definitiva, lejos de toda la apariencia se procura sostener como institucionalidad del poder burgués y su ejercicio monopólico de la fuerza para facilitar la crítica situación que exhibe el capital para su reproducción por consenso forzado de las masas trabajadoras.
Hegel sin ser mencionado en el aludido discurso presidencial, es en realidad la punta de lanza de la filosofía subyacente al desarrollo de la revolución desde arriba que tiene como apariencia al jefe del ejecutivo , en tanto, tenedor de la “lapicera “en la medida en que consigue crear un sistema filosófico del mundo capaz de desvelar y a la vez ocultar , hasta la más escondida de sus contradicciones.
Estamos sobreviviendo en una situación objetiva, marcada por la resignificación de los conceptos claves para la construcción política e intelectual de la modernidad, que permanecen, pero se resignifican en ultima instancia en el utilitarismo burgués, y el Darwinismo político del sálvese quien pueda y tenga construido el poder económico e ideológico para ello.
Lo que deja expuesto y notificado el discurso presidencial, descartando todas las payasadas de la puesta en escena, es que todos los pensadores de este momento histórico y los políticos que asumen la responsabilidad por la gestión , lidian con el nuevo atomismo, la anomia, la individualización, etc., e intentan superarlo buscando fórmulas para la cohesión social, la falta de guía moral o el problema del Estado y la sociedad civil, fuertemente marcado por un contexto bélico internacional, que dejan a los pueblos devastados por el terror y huérfanos de valores comunes de superación de la dignidad humana.
Queda como tarea frente a este cuadro de situación, la «crítica despiadada» de todo lo existente a partir de negar, la teorización indeterminada que emerge del discurso presidencial construyendo una práctica militante que en la construcción del programa partidario de la clase trabajadora , pase de la mera crítica especulativa a la crítica político-práctica orientada estratégicamente a la construcción del poder obrero y la emancipación de toda relación de explotación realmente existente.
Y es que una vez que la teoría penetra en las masas es posible negar el aspecto abstracto de la filosofía neoliberal y realizarla su inversión material en la práctica militante socialista por vía de la propaganda y la agitación dirigida a la masa trabajadora por la vanguardia obrera existente, toda vez que, la teoría sólo se realiza en la medida en que es la realización de sus necesidades.
Los trabajadores en tanto clase social, frente a burguesía– es el sujeto que nada tiene que perder salvo sus cadenas, es el sujeto de la no-identidad, aquel capaz de negar todo lo existente, aniquilarlo.
Estamos, ante un sistema puesto incluso en clave discursiva e ideológica, donde existe una totalidad que clausura y predispone a su antojo, según lo deja ver hasta actitudinalmente el propio presidente a cargo de su lectura . Es el discurso y los actos políticos que lo concretan el que explica la aspiración política del poder burgués a lo Absoluto.
La ideología que subyace en el mensaje es la naturalización de la estructura capitalista como la única posible , convirtiendo a la individualidad y al presunto “ proceso del pensar” que radicaría en todo sujeto libre de determinarse en uno u otro sentido el que se convierte incluso, bajo el nombre de idea libertaria, en un sujeto autónomo abstracto capaz en sí, de ser el hacedor de lo real. Todo se centra en la atomización y la determinación ideal de un sujeto abstracto que rinde su esfuerzo ante el fetiche del Estado que lo posibilita. No se puede considerar el Estado en sí y separarlo de la historia, porque toda concepción del Estado y, de una manera más general, toda filosofía, es el producto de la historia. Por esa misma razón, no se puede considerar la Constitución, es decir, una forma determinada del Estado, como una institución eterna y absoluta.
De hecho, comenta Marx: «no hay que hacerle un cargo a Hegel porque describe el ser del Estado moderno tal cual es, sino porque da por ser del Estado lo que es. Que lo racional sea real, esto está precisamente en contradicción con la realidad irracional, que en todas partes es lo contrario de lo que expresa y expresa lo contrario de lo que es ella».
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