Obreros de FATE cantan «¡Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode!» en festivales solidarios contra el cierre de la planta. Este cántico, utilizado en la situación marcada por 920 despidos, resalta la lucha gremial en un contexto de tensión y represión.
Es profusa y casi naturalizada como si se tratara de una certeza el uso de la categoría analítica “conflicto social” para referirse a cualquier instancia de la lucha de clase que toma cuerpo en la realidad .
De esta manera, si desde el comienzo, apreciamos que novecientas familias miran con estupor que el portón de ingreso a la fábrica de donde surgía el dinero que les permitía sobrevivir está cerrada y cancelada al menos hasta nuevo aviso aunque los propietarios de esas instalaciones aclaren en un cartel que no seguirán produciendo neumáticos en esas instalaciones , esa situación sin embargo, se establece como “conflicto” sin explicar en concreto cual sería el contenido litigioso de la situación cuando se trata de un hecho consumado, sobre el cual , solo hay que registrar perjudicados directos por la acción unilateral de otro, que así como contrató fuerza de trabajo, decidió dejar de emplearla y pagar por ella.
La cuestión es que el desenvolvimiento ideológico de la comprensión real del fenómeno, es decir, la exhibición de un discurso y unas acciones que concurren a conformar una falsa percepción de lo verdadero necesita como agua en el desierto que la situación se registre en plano consciente aún por gran parte de los involucrados directos registre como conflicto, y desde allí se habilite lo que se llama ley de enfriamiento, que deriva en una conciliación obligatoria.
Sin embargo, que es lo que se puede conciliar, frente a una parte que ya ha tomado una determinación. Es decir, alguien te golpea en el cuerpo, y luego acepta la conciliación ¿qué sería lo que tiene que conciliar?
Básicamente y sin buscar signos de erudición, si le ponemos a esta situación la categoría analítica de conflicto social, con ello estamos aludiendo directamente a una lucha generalizada entre grupos relevantes de una sociedad por recursos, poder, o valores incompatibles, que afecta la estructura social.
Si algo no tiene la situación en FATE es que haya logrado generalización. Esa resultante es hoy en el orden social capitalista donde nos desenvolvemos una rara avis. Lo central en nuestras relaciones sociales es que cada cual atiende su juego alentado incluso por las políticas de divergencias tantas veces fomentadas por el progresismo adicto al derecho y sus formas jurídicas. Luego de los consabidos comunicados de solidaridad que llueven de los aparatos partidarios , sin decir en que consiste en concreto esa mentada solidaridad, según pasan los días, los trabajadores que vendían su fuerza de trabajo en FATE quedan cada vez más aislados y siguiendo la línea sindical que se mueve desesperada y sin norte , buscando un guiño del aparato burgués Estatal que no llega y dificulta cada vez más la situación. Hoy prácticamente parece que buscan una solución para el grupo económico dueño de la empresa que para los trabajadores, ocurriendo sin decirlo al típico esquema según el cual si el grupo consigue se atiendan sus planteos, los trabajadores también se benefician.
Todos sabemos que eso resiente el sentido común que gesta la experiencia obrera en Argentina. Que lo posible en el esquema de reapertura es la reincoporación de fuerza de trabajo, pero paga, sin reconocimiento de antigüedad, explotada en ritmos de trabajo más intensos, con prevendas impositivas y de otro tenor para el empleador.
La matriz del infierno es ver el suceso y así propagandizarlo desde las usinas reformistas de la cooperativa electoral FITU y sus colaterales colectoras electorales , todas enfrentadas entre sí desde antes de que la fábrica cerrara, como una anomalía
como una situación episódica, ajena a la “normalidad” que más temprano encontrará su cause dentro del orden social burgués que es precisamente el que por desenvolvimiento de sus propias contradicciones genera el cierre de la planta. Nótese en este sentido, que se oculta por los voceros de “la lucha” que como en toda dinámica relacional productiva dentro del modo de producción, opera la ley del valor.
Sin buscar ahondar en este extremo, es necesario no obstante aclarar que, la ley del valor no es una forma jurídica aunque se puede representar en ella, sino económica que resulta fundamental al modo de producción capitalista ya que regula el intercambio de mercancías ese modelo , basándose en la reducción del trabajo individual al tiempo de trabajo socialmente necesario. Recoge la noción de ley en tanto como cualquier regla de este tenor, funciona de manera coercitiva, imponiendo la productividad media y determinando la rentabilidad y la asignación de recursos a través de la formación de precios en el mercado, toda vez que el valor no es subjetivo ni una propiedad física, sino que se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía.
Por eso, el trabajo privado solo se convierte en valor social cuando la mercancía se vende. Las crisis de sobreproducción son, por tanto, fallas en la realización de este valor a partir que la mercancía se ofrece en el mercado a un precio superior al que se puede conseguir de otros productores.
De esta forma, la ley del valor funciona y actúa de manera objetiva como una fuerza que en términos reales obliga a los capitalistas a aumentar la productividad si como en FATE, el tiempo de trabajo individual supera al social.
La teoría del valor-trabajo y su significación económica, expuesta por Marx como una herramienta científica de análisis, está ausente en los dichos de todos los que paradójicamente enarbolan banderas rojas y dicen que luchan por los trabajadores aclarando que aquel que no atienda sus discursos “SE JODE”.
De esta forma, lo que destacamos es que desde el inicio, tomando lo real como un conflicto social y enfocando las contingencias y accidentes del desarrollo de esa situación fenoménica como tal, lo que se hace es indicar que transitar un camino dentro del orden burgués que se presenta como posible cuando en realidad termina en la frustración, como incluso lo pone en evidencia en estos días , según lo ha puesto de manifiesto el propio FITU, que uno de los delegados de la firma Lustramax, que ha sido cesanteado, concurre en soledad a la puerta de fábrica con un ESCRIBANO para documentar que le impiden el ingreso pese a una orden judicial que así lo ordena.
La interpretación de cuanto sucede en FATE , es conceptuado como una
situación a priori negativa y expresión en ese sentido de un conflicto social. Al hacerlo ello lleva a destacar aspectos que serían positivos para los trabajadores dentro del pretendido conflicto argumentando en pos de los mismos, como por ejemplo cuando se indican errores o vicios en el procedimiento empleado por la patronal para llegar al cierre de la planta y también el incumplimiento de la palabra empeñada en acuerdos anteriores donde se obligaba a no despedir.
Marx en cambio, parte de una premisa inversa que centra en la noción de ANTAGONISMO, que es lo que pone en evidencia la decisión unilateral de cesar en la producción. No hay un conflicto sino un antagonismo de intereses entre trabajadores que laboraban en la planta y los dueños de la planta.
Es una consideración por completo distinta de lo que en los hechos implica una confrontación objetiva nacida luego de una determinación individual de un grupo del capital industrial que tiene como consecuencia real el cierre de un proceso de producción y la determinación de no adquirir ni emplear a futuro fuerza de trabajo que venía utilizando a esos fines.
Esta situación de real antagonismo de intereses surgida no de la relación capital-trabajo sino de su cese , es una confrontación que supera a los implicados directos en tanto no nace de una forma jurídica o un derecho vulnerado sino de la simple dinámica de desarrollo del capital en una estructura productiva atrasada y dependiente. Lejos de suponer que FATE es una situación anómala o episódica, del modo de producción fundada en razones subjetivas lo cierto es que es la expresión de una ley social que rige en las sociedades de clases bajo el orden social capitalista.
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