En los hechos bélicos y ejercicio de fuerza desarrollados sobre territorio iraní, que luego derivaron como necesaria consecuencia en el actual desenvolvimiento de una guerra entre Estados, se destacó, con una intervención discursiva intensa en nuestro país, el drama vivido por las alumnas y los docentes iraníes, que recibieron el ataque falleciendo en el seno mismo del establecimiento educativo.
No hubo expresión política diversa de los operadores políticos de la burguesía que actualmente gestionan el poder del Estado en beneficio de la funcionalidad de los intereses específicos de esa clase, que no condenara la acción. Sin embargo en los que levantan el dedo o pretenden tirar la primer piedra, se deslizó un olvido, que no permite ver que detrás de lo que hoy sucede, hay un ayer que en la medida en que no se procese en el plano del nivel de conciencia de los trabajadores, permite y seguirá permitiendo en últimas instancia esas atrocidades.
En ese sentido es útil, en esta instancia en la que los desarrollos comunicacionales dejan ver mochilas extendidas en el suelo sin que sus portadoras ya no puedan hacer uso de ellas, por haber dejado la vida, sin poderla continuar, en orden a las determinaciones que los gestores del capital adoptan sin miramientos , que nuestra actual vanguardia de jóvenes trabajadores conozca y se difunda hasta el cansancio, cuando se alarma por estas acciones de fuerza militar, que nuestro país, ya ha vivido este tipo de desarrollos violentos, pero aún en un sentido más grave porque los agresores eran parte de las propias fuerzas armadas del Estado Argentino, que presuntamente estaban para protegerlos y defenderlos de ataques externo y fueron empleadas en un ataque artero contra la propia población.
Cuando hoy se denuncia con cierto asombro, los ataques represivos de agencias del Estado sobre manifestantes, sería bueno que se tome en cuenta este hecho que exhibió el carácter de las fuerzas armadas del Estado e inició un ciclo de violencia legitimada, arbitraria y sin limites que luego derivó en otras prácticas genocidas, y no termina de cesar, porque su existencia anida en el Estado mismo.
Así las cosas, hay que decir y repetir hasta el cansancio que en el país donde sobrevivimos actualmente, el 16 de junio de 1955 se produjo , el bombardeo a Plaza de Mayo . Fue un ataque aéreo perpetrado por la Armada Argentina y la Fuerza Aérea, buscando asesinar al presidente Juan Domingo Perón.
Esa acción militar concertada por las fuerzas armadas, resultó en una masacre contra civiles, con más de 300 muertos y 1200 heridos, marcando el inicio de una etapa de alta violencia política que de una u otra manera aún no cesa, mostrando su engranaje de muerte y daños personales como parte de las acciones de las estructuras militarizadas del Estado y las demás agencias represivas que se derivan de ella.
En aquella fecha, Aviones de la Marina arrojaron toneladas de explosivos sobre la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, afectando también la Plaza Colón.
La mayoría de las víctimas fueron civiles, incluyendo niños en un colectivo escolar que venidos del interior conocían por primera vez los paisajes urbanos de la capital federal. Los ataques fueron dirigidos por militares como el almirante Samuel Toranzo Calderón y el capitán de navío Enrique Noriega. Muchos de los autores se refugiaron en Uruguay tras el fracaso político de la acción.
Hay que decir sin embargo, que aunque este intento fracasó, fue el antecedente directo de la «Revolución Libertadora» que derrocó a Perón en septiembre de 1955, y luego emergió de continuo, con fusilamientos de militantes , también como hoy en nombre de La Libertad.
También hay que destacar que hoy, las fuerzas armadas con las que cuenta el Estado son fuerzas de ocupación de una clase sobre otra parte de la población donde se cuentan mayoritariamente trabajadores , destacando fundamentalmente que la capacitación que reciben para mejorar su desempeño y efectividad, la obtienen en sus elites, de los capacitadores radicados en los Estados que hoy, bombardean escuelas y dejan sus registros de muerte y dolor esparcidos por el mundo. No cabe esperar por cierto, que en ese plano educacionales, emerja la bondad, y los dóciles tratamientos de aquellos que terminen encuadrados en la lógica binaria del amigo-enemigo, que no es más que la expresión por medios violentos de la relación política mando -obediencia que opera en la sociedad donde sobrevivimos aún , como manifestación de su estructura de clase y la dominación burguesa sobre la clase trabajadora cotidianamente fundada en relaciones objetivas de explotación y opresión .
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