Nuevo Curso

«OL-FATE -ANDO»

La manifestación más significativa del conflicto laboral, por su implicancia de cotejo de fuerza social, clase contra clase, ya desde las primeras décadas del siglo XIX, ha sido la huelga que protagoniza la fuerza de trabajo frente a quien la adquiere y la emplea en el proceso productivo de mercancía.

Para Aristóteles, la esencia (sustancia/forma) es lo que define el ser de un fenómeno existente, dándole identidad y cierta permanencia. Es diversa de lo que se llama dentro de su sistema filosófico, los accidentes, en tanto estos últimos, son características contingentes o propiedades que se dicen de la sustancia, que sí pueden cambiar sin alterar la sustancia, existiendo solo en función de ella.

En ese sentido, puede decirse sin mayores discusiones que, tal como lo puntualiza el académico británico Richard Hyman quien se ha destacado en relaciones laborales y sociología industrial, la huelga es una acción colectiva de cese temporal del trabajo por parte de un conjunto de trabajadores, para expresar una queja u obtener unas determinadas decisiones o modificaciones de actitudes de quienes emplean a tales trabajadores para valerse de su fuerza de trabajo.

Buscando dar cuenta de sus accidentes, tampoco es discutible que uno de ellos es la necesaria temporalidad o transitoriedad , porque se entiende que unos trabajadores que luchan por unas determinadas mejoras o por su condición misma en la permanencia en la empresa , lo hacen porque tienen la intención de seguir trabando en el orden de aquel con quien mantienen el conflicto, que no puede sino tener un punto de resolución.

La huelga es básicamente, una acción laboral, porque va dirigida contra los dueños de los medios de producción y si la fuerza de los trabajadores organizados que luchan se proyecta con sus demandas al Estado como institucionalidad, también se traduce en una acción política, sin que ello necesariamente implique que esos trabajadores hayan conformado en sí, una fuerza política. También puede suceder que el Estado actúe como sujeto empresario , es decir que sea el empleador.

Llegados a este punto, se nos hace necesario acudir a una cita específica de un texto de Guillermo Lora, para ubicar, a partir de estos señalamientos, las actividades militantes que con frecuencia, bajo amparo de un cierto horizontalismo , vemos desplegar en torno de una particular manifestación de la lucha de clase como lo es la huelga y el espacio sindical de disputa por demandas de programa mínimo economicista.
En ese sentido en Guillermo Lora , aporta lo siguiente:
“….afloran en las organizaciones laborales algunas manifestaciones que se confunden con las tesis del sindicalismo revolucionario (sindicalismo basado en la lucha de clases y no en el colaboracionismo con la burguesía y su Estado). Elementos rezagados y dirigentes burocratizados, unos sin partido y otros pertenecientes a organizaciones débiles, sustituyen, ya en los hechos o en los planteamientos generales, al partido político con el sindicato. No reniegan de la política y tampoco la repudian porque son politiqueros profesionales y hacen todos los días política menuda. Generalmente son activistas que han fracasado en el campo partidista y se mueven guiados por enormes despropósitos teóricos. En el sindicato se mueven a sus anchas: imponen su voluntad, maniobran por encima de todos los principios, que por otra parte les importa muy poco, no tienen seguidores en el estricto sentido de la palabra, pero aparecen como líderes de toda la clase obrera, de las masas en general o del país, en esta ficción basan su poca o mucha influencia frente al gobierno, principalmente, a la patronal y en el mismo escenario político del país…….“De una manera empírica dicen practicar en los hechos una supuesta autonomía de los sindicatos frente a los partidos políticos. Desarrollan la absurda teoría de que los militantes políticos dejan sus ideas y las instrucciones de sus partidos en la puerta de los sindicatos, para actuar como apartidistas, llevando una línea propia del sindicato (se empecinan en presentarlo como una auténtica dirección política, de mayor calidad que los partidos). Se siembra la ilusión en sentido de que los sindicalistas, aunque pertenezcan a determinado partido, son siempre mejores que los políticos de afuera porque se alimentan con la sabiduría que emana del sindicato”……“Por ignorancia, por mala fe y acaso por las dos cosas, se olvida que la política de los sindicatos está determinada en la práctica por la política de los partidos, que la autonomía tan pregonada no es más que una impostura, inclusive los que dicen ser apolíticos se limitan a reproducir la política de la burguesía dueña del poder político…..“La única creación política de los sindicatos consiste, en el mejor de los casos, en retacear las posiciones partidistas; constituyen, por otra parte, magníficos canales de difusión de las ideas elaboradas por los partidos, tan vivamente interesados en controlar, por medio de sus militantes, su actividad cotidiana, su proyección política.” (Extractado de “Nociones de Sindicalismo”, G. Lora, Ediciones “La Colmena” 1989)

Sin embargo, la huelga también es instrumento para presionar políticamente contra determinadas decisiones gubernamentales, por considerarlas clara y únicamente favorables a los empresarios. En ese caso la huelga se transforma en general, y es específicamente esta modalidad, la que ha pedido a viva voz y en las calles , en nuestro país en la semana que ha transcurrido.

La lucha por esta modalidad de huelga que debe ser extraida en su convocatoria de quienes detentan la conducción de las organizaciones sindicales .Esto ocurre por una diferencia programática y de intereses con ese sector, en tanto las huelgas “generales” se dirigen casi siempre contra el Estado -controlado por el gobierno de turno que, a su vez, representa los intereses de los partidos políticos que ganaron las últimas elecciones políticas (de ámbito estatal, en este caso), y que, a su vez, representan los intereses económicos y sociales de los que los votaron- pero casi nunca, contra la patronal –al menos como único objetivo- a pesar de que es la que, objetivamente, más motivos podía haber creado para que los trabajadores decidieran movilizarse en su contra pues, las políticas gubernamentales que son percibidas por los sindicatos y trabajadores como lesivas de sus intereses y condiciones de trabajo suelen ser, antes que nada, el resultado de la presión exitosa ejercida, previamente, por la patronal.

No obstante ello, ocurre que en nuestro país, históricamente por creciente inserción del Peronismo en su génesis , han sido los trabajadores quienes más han defendido la presencia del Estado en el mercado de trabajo y en la propia sociedad –como medio para contrarrestar el poder preponderante de la clase empresarial capitalistas- por lo que, han confiado en su respaldo para regular e intentar neutralizar las injustas, y a menudo, degradantes condiciones con las que los empresarios han contratado el trabajo de los primeros.

Es este el efecto históricamente inmediato del relato K, con las consecuencias en última instancia negativas para los intereses objetivos de la clase trabajadora que supone en orden a la construcción de un orden social propio de sus intereses específicos, que subvierta la presencia de la ley del valor en las relaciones sociales primarias de reproducción de la existencia.

Finalmente esta presencia del Estado, en el contexto democrático burgues actual, hace que las huelgas suelen realizarse con carácter legal, es decir, bajo ciertas normas básicas y la aprobación de los principales sindicatos. Cuando eso no sucede, se suele hablar de “huelga salvaje” o “ilegal”.

Ahora bien, que una huelga pueda ser calificada de “salvaje” -porque se salta las normas previstas o porque pueda producir perjuicios de difícil reparación (colapsos circulatorios urbanos, servicios mínimos no respetados en la sanidad, enseñanza, transportes públicos, etc.)- suele esconder, habitualmente, otros objetivos, cuyo propósito no acostumbra a ser el de poner de manifiesto el desacuerdo con tales perjuicios, sino el de descalificar cualquier tipo de conflicto que no esté controlado o regulado por la legislación correspondiente, y la propia estructura sindical dirigencial, la cual, por otro lado, tiende a ser elaborada por los mismos que luego son parte directa o indirecta para decir qué es legal y qué no por sus intelectuales orgánicos del poder judicial.

De allì que, el llamado a un paro general se necesita y resulta imprescindible como herramienta de lucha de los trabajadores de conjunto, para ponerle un fin a los despidos, las suspensiones, los tarifazos y las paritarias a la baja, pero no se gesta, ni reclamándolo a las conducciones gremiales , ni pregonándolo por parlamentarios, toda vez que ambos dispositivos están alejados materialmente de las condiciones materiales adversas que impulsan a las masas trabajadoras a la lucha directa como único medio posible de alterar superadoramente lo existente.

Este armado confronta necesariamente con proponer salidas de (imposible) conciliación de clases y desconoce el rol que las patronales han tenido en la crisis actual. Por eso, es antagónico a toda táctica de frente popular que busca la confluencia de empresarios -burgueses- pymes , sectores medios desplazados de sus zona de confort artificial y ficticiamente armada a base de emprendimientos transitorios, y otros.

Huelga general define una herramienta de lucha iniciadora de la política obrera para exhibir una salida de fondo a los problemas sociales. Su realidad y concreción en los hechos, significa exhibir que los problemas que nos atormentan la existencia requieren de conjunto la acción decidida de la clase trabajadora, construyendo un proyecto propio en lugar de alimentar los que dirige la burguesía y fracasan sistemáticamente hace décadas (sea en sus versiones liberales, o más orientadas al mercado interno) .

Solo una pelea general de la clase obrera, como dirigente político del pueblo pobre desplazado estructuralmente de la condición de asalariado y ubicado en situación de población económicamente sobrante, supone una alternativa para dar con una salida obrera a la crisis capitalista en el actual periodo mundial y nacional que deja ver aún desde su belicismo extendido en gran parte del planeta, que no se trata de una crisis pasajera.

Es una crisis de la economía mundial capitalista que tiene dos salidas posibles: el capital imperialista impone nuevos niveles de explotación sobre los trabajadores y resuelve sus disputas a los tiros, bombas, drones y misiles , o la lucha revolucionaria internacional de la clase obrera impone, mediante la conquista del poder político, su propia salida a favor de la mayoría de la sociedad. No se trata de una supuesta batalla entre neoliberales y progresistas, sino de ambos sectores capitalistas contra los trabajadores de todo el mundo.

En la Argentina la dirección del movimiento obrero organizado como estructura de asociación profesional, más el peronismo en todas sus vertientes, sostienen institucionalmente al gobierno que nos impone la flexibilización laboral y la desocupación creciente, especulando con desgastarlo electoralmente y desplazarlo en 2027.

Hay pruebas y ellas permiten establecer en forma inequívoca que las actuales dirigencias de las organizaciones gremiales donde los trabajadores se asocian para organizarse en la protección de su programa mínimo y la conservación de la posibilidad real de venta de su fuerza de trabajo, no orientan sus haceres hacia el desarrollo de la lucha de clase en forma superadora del interés del trabajador sino que a la inversa, solo dejan ver , de su oposición a la lucha de clases.

Una de sus mayores imposturas al respecto ha sido su empeño por discutir con las empresas en “paritarias”, acerca de planes y soluciones comunes que deben idearse para salvar al actual régimen y al gobierno burgués. Esas organizaciones gremiales y sus dirigentes parecen ignorar que el antagonismo clasista no es ninguna invención, sino que parte de intereses materiales contrapuestos e irreconciliables. Es evidente que las soluciones proletarias a los problemas nacionales vistos en contexto internacional según la crisis que exhibe la reproducción del capital, no pueden de ninguna manera coincidir con las hechas por los capitalistas, esto por tratarse de planteamientos cualitativamente diferentes y excluyentes entre sí.

A esa política de defensa de un sector patronal y sus tácticas-estrategias, responde la complicidad de la CGT y las CTAs. De ahí la necesidad de que la joven vanguardia de los trabajadores comprenda intelectualmente lo imperativo que resulta organizar nuestra propia fuerza política nacida desde la condición de fuerza social de las masas trabajadoras que se reivindican como clase , con base organizativa en forma partido, no centrado en exclusiva en un frente electoral cuyo objetivo se limite, en los hechos, a ocupar silla dentro del régimen político patronal, sino en el impulso de la transformación social en nueva sociedad , con programa socialista y a través del poder obrero.

Nuevo Curso