Argentina se nutre de una específica forma de hacer actividades que buscan resultados políticos, en el sentido amplio del termino, esto es, a todo lo relativo al contenido específico que asume los vínculos donde se involucra el mando y la obediencia, extendido en magnitud cuando uno o ambos términos de la relación tiene referencia directa con el Estado y su facultad institucional de instaurar repartos concretos de posibilidades y obligaciones por vía de actos administrativos o por leyes en el sentido estricto del término.
Esa manera de construir espacios políticos reales y ficcionales, no se centra en la necesaria acción de captación por fundamentos o explicación argumental de la voluntad de otro que la da por acuerdo voluntario , sino en lo inverso en el uso de aspectos vunerables del sujeto pasivo de la acción, que coaccionado o condicionado por evitar esa difusión se involucra en situaciones de servidumbre o bien deja en beneficio del otro el lugar institucional que esta ocupando para que el coaccionante lo tome personalmente o se beneficie con ello.
Claro que no hay que olvidar que sobrevivimos en un orden social capitalista y es el problema de la propiedad el que preside la producción y distribución generalizada de mercancías. En este caso el efecto de la enajenación del sujeto político en mercancías, lo lleva a fetichizar esos objetos , que no son otros que aquellos que diseña y construye amalgamando la masa crítica de los demás las agencias de inteligencia locales e internacionales que operan en nuestra sociedad.
En este sentido tampoco hay que caer en el error de pensar que todo esto es reciente. Tal como se hace ver en estos días próximos al feriado del 24 de marzo, un sector concreto de propagandistas no ha dejado de aprovechar la situación calendario mediante, para puntualizar como el poder terrorista y genocida del Estado conformado por la institucionalidad específica de una dictadura genocida era empleado no solo para ganar una batalla cultural por exterminio del otro, sino también como elemento de intervención directa en la apropiación de capitales tal como si se tratara de un proceso de acumulación originaria.
No hablo de estas situaciones a boca de jarro, sino por experiencia personal , ya que me tocó trabajar en un estudio de abogados laboralista que por demandar a una empresa por despidos sin causa y falta de pago de haberes, a una marca afamada de gaseosas , terminaron detenidos acusados de integrar la “banda terrorista subersiva “ que se le antojó al hacedor de esa operación , quien lo hizo utilizando las estructuras judiciales de entonces y la producción de prueba falsa y construida.
Es decir, lejos de que las asimetrías y analogías que exhibe el actual estadio de clases, con aquella forma terrorista de Estado que operó en la segunda mitad de los años setenta, solo se perciban por las determinaciones asumidas en el espacio económico , las coincidencias y los desarrollos superadores entre aquellos y estos de hoy tienen una marcada relación y pueden ser vistos como un único proceso , con sus altas y bajas, pero nunca paralizado ni detenido en el tiempo por intervenciones en sentido contrario.
Pueden hacerse listado de situaciones de corrupción , en todos los gobiernos surgidos de la república democrática, en particular en el manejo de las áreas estatalizadas de la economía. Recuerdese solamente la posición dominante de los llamados capitanes de la industria y las infinitas licitaciones públicas amaneradas para tener ganadores prefijados, los infinitos concursos de acceso a cátedras universitarias o becas o las incontables empresas fantasmas diseñadas para tal o cual negocio o la tan promocionada Banelco para lograr manos alzadas en el parlamento.
Lo cierto es entonces que estamos en todos los casos frene a un problema estructural y no ante situaciones solo abarcadas por la moral del caso y sus contenidos retóricos que ubica con el dedo acusador , denunciando a los ayer imputados de delitos, o ministros de justicia, ayer observados como promotores de pruebas falsas cuando les toco el turno en esta suerte de juego de la silla, de estar precisamente ante la amenaza de ser ubicado en el “banquillo de los acusados”. Los que lograron votos para terminar con los chorros, se reúnen por la noche con el Gordo Valor o la Garza, claro que con métodos más sofisticados.
A sabiendas de estas peculiaridades, las agencias de inteligencia montan sus kioscos y etan allí atentas para que quien necesite un caramelo, un chocolate o un atado de cigarrillos lo tenga disponible cualquiera fuese la hora del pedido.
Los trabajadores, los sectores medios empobrecidos no pueden hacer las veces de evangelizadores sanadores de “pecados” ni mucho menos pretender en el orden burgués que se afinca en el robo del valor creado por el trabajador en la producción de mercancías , que pueda cuajar un discurso de moral abstracta, también inventada por sus moralistas y que se reformule lo existente por sus propios componentes, en una suerte de cruzada de la fe, alegando que por ser trabajadores están vacunados contra todo esto y se sienten libres de culpa para arrojar la primer piedra.
A ese desvió le llevan los que dicen representarlos, llenando de moralina de base religiosa o positivistas sus discursos tan vacíos como los de cualquier predicador , máxime si además lo hacen prometiendo el advenimiento del socialismo .
La única manera de dar con la superación posible de todo este fenómeno es trabajar políticamente sobre su putrefacción estructural, sobre sus disputas de sectores al interior de su propia clase dominante, y cuestionar por la base ese dominio y sus paradigmas por vía de la gestación de una política autónoma de clase y un programa de realización de su filosofía de la praxis emancipadora de toda relación de explotación y opresión. No hay que olvidar , que el fundador de la triple A Juan Domingo Perón supo decir que “»Los peronistas somos como los gatos: cuando parece que nos peleamos, nos estamos reproduciendo».
Nuevo Curso.
