Nuevo Curso

Debajo de las banderas impactantes, las relaciones capitalistas le quitan humanidad a la existencia.

Limpias y ordenadas se muestran las calles del país, después del agitado 24 de marzo. Ya se retiró el humo y el ensayo de la apariencia en su lucha contra la realidad. Una intervención masiva sobre lo ya dicho, y poco sobre lo que hay que decir por imperativo de la miserable existencia en la que nos ubica la reproducción del capital que gestiona en beneficio de la burguesía dominante el actual elenco de políticos profesionales convertidos en intelectuales orgánicos de esa clase.
Luego a dos días de esa agitación donde los teléfonos son vedette porque todos se filman, mayoría de imaginarios militantes detrás de una demanda moral que no tiene ya sujeto directo del reclamo, porque el tiempo ha hecho lo suyo, lo que queda es el silencio profundo es una nueva operación política que le quita toda trascendencia al 24 de marzo que ha quedado como el día después de un partido de fútbol, vencido por la gestión de bienes del Jefe de Gabinete y nuevamente los deditos acusatorios de nuevos fiscales de la patria.
Pero la patria está ya degradada en el fetichesco dominio de la mercancía y su reemplazo por eso que ya se ha naturalizado como “los mercados”. De nuevo aparece el caso que supuestamente mueve a indignación por la malversación en beneficio de un funcionario o más de los dineros del Estado que no son otros que los que nacen en ultima instancia de la apropiación de una porción del plusvalor gestado por los trabajadores con su esfuerzo cotidiano.

Debe quedar claro que en uno y otro caso, en el 24 de marzo , como en los dos días subsiguientes , el banco vació es el que debieran ocupar las masas trabajadores que no tienen tiempo para discutir en los set televisivos, en las redes sociales porque la alienación creciente a las que son sometidas los enajena de estas cuestiones, que son patrimonio de una sección minoritaria, que aún tiene espacio para estar en las redes de contención de distintas ideologías de sesgo burgués, sea por las implicancias directas de libertades democráticas vulneradas, sea por la selectividad creciente del derecho penal que atrapa moscas y deja pasar elefantes.

Lo ciertos es que tal vez , por el humo callejero o por las operaciones de agentes de inteligencia camuflados por periodistas o haciéndose los periodistas, los dos momentos dan cuenta de una sociedad que agoniza, porque tanto uno como otro no traducen hoy la posibilidad de superación de conflictos antagónicos que se dan en el seno de las reales relaciones de explotación y opresión que priman en su interior.

Dicho de otra manera, cualquiera fuesen las imágenes, las de una marcha nutrida , o un ministro acorralado haciendo declaraciones, lo cierto es que la existencia social nos ubica en una objetividad que deja ver que el capital tiene una secuencia temporal prolongada en la que no deja de confeccionar la agenda existencia, con signos relevantes de sometimiento y explotación.

Lo verdadero es que todo es pensamiento y acción burgués con sometimiento de explotados y oprimidos que le quita empuje a la vida y le quita día a día todo signo de humanidad y dignidad existencial. No obstante, en medio de la tristeza que agobia , hay instantes en lo que se dibuja una leve sonrisa al advertir e imaginar el ridículo aspecto que presentamos.

Pero es mucha la pena, para que ese esbozo de sonrisa no acabe por convertirse en otra cosa que un amargo regusto , que gesta la pregunta pertinente ¿Para qué seguir representando una comedia de vitalidad y vigor haciendo pasos en el mismo lugar, cuando el drama se avecina?

Los que dicen que nos representan, alegando una difusa legitimidad parlamentaria solo han sabido diseñar , casi a pedido del orden social existente, sostenido en la dominación de una clase sobre otra, el ambiente dulce y tristón de los moribundos que en cada soplo del aire, en cada pájaro que vuela, o en cada flor que se abre, ven extraños y difíciles signos venturosos .

No obstante, ese escenario y desde la propia agonía de lo real existente , emerge la mínima tendencia a la lucha revolucionaria, que confronta con las leyes en las que intervienen los parlamentarios autodenominados de “izquierda”. Son esas leves tendencias en el interior de la vanguardia trabajadora que evolucionando en su experiencia y sus propias frustraciones , las que habilitan por su contenido a sepultar la política de derechos subjetivos tantos años declamada y diseñar la lucha en clave revolucionaria, ya que la enfermedad que nos agobia hace trizas toda preocupación pasajera impuesta por los aparatos ideológicos que desenvuelven el gobiernos y otros grupos yacentes al interior de la burguesía dominante.

El odio se gesta con legitimidad en la propia existencia y no en la enunciación de un valor abstracto y se expresa como replica desesperada por quienes solo reciben desprecio, en tanto la fuerza de trabajo que los constituye solo se aprecia en su valor de uso por parte de sus cada vez más ocasionales empleadores hoy munidos de sus mejores armas.

El sentido final de la puesta en acto de la fuerza de trabajo, es la creación de mercancía que se contrapone al trabajador como una realidad ajena, autónoma y hostil. Pero también esa específica fuerza de trabajo se aliena del sujeto al que debería pertenecer y servir. Por ese fenómeno hoy ampliamente extendido por su naturalización , esa capacidad del ser humano deja de ser medio para la realización del sujeto y la objetivación concreta de sus capacidades, y se transforma en causa de infelicidad y testimonio de impotencia frustrante , contenido significativo de la angustia.

No esta en las prédicas de los evangelistas de las sectas autoproclamadas , explicar a las masas que su sufrimiento deviene de las leyes alienadas de la economía política a partir de la practica concreta y reiterada de los sujetos de la relación de producción capital y que no queda otra acción positiva que invitar a revolucionar prácticamente las condiciones políticas y económicas que han dado origen semejante alienación, en la que yace oculta la propiedad privada .

El camino tiene un trazo definido que es preciso indicar desde la vanguardia. Es necesario adoptar una perspectiva para las acciones militantes que procure superar los limites de la sociedad burguesa, nada es posible permaneciendo en ellas.

A medida que ese orden social decadente continúe en su desenvolvimiento forzado, las dificultades serán cada vez mayores para los trabajadores, por eso, la economía avanza en dirección a un tratamiento de su materia cada vez más cínico . El cinismo no es más que el síntoma de una más profunda comprensión de la sociedad burguesa.

Desde Londres, Karl Marx contemplaba con espanto los acontecimientos de la capital francesa mientras la primera experiencia de gobierno obrero era anegada en sangre. Pero fue en esos días cuando terminó de escribir La guerra civil en Francia, texto donde dejó en claro que
«Los proletarios no tienen ninguna utopía lista para implantarla. Saben que para conseguir su propia liberación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irresistiblemente la sociedad actual por su propio desarrollo económico, tendrán que pasar por largas y sangrientas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que transformarán a las circunstancias y a los seres humanos.
Ellos no tienen que realizar ningún tipo de ideales, sino simplemente liberar a los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad agonizante lleva dentro. Plenamente consciente de su misión histórica y heroicamente resuelta a trabajar para ella, la clase obrera puede burlarse de los brutos discursos de los violentos lacayos de la pluma y de la protección presumida e inoportuna de los burgueses doctrinarios «bien intencionados».

Nuevo Curso