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LA VOZ DE LA CALLE. EL PODER Y EL ESTADO

«es lacayuno limitarse a pinchar con alfileres lo que habría que atacar a mazazos» (Marx en una de sus cartas a Ruge)

Según dejan ver las expresiones callejeras de los que dicen que luchan, para la militancia basta un poco de coraje y de construcción de sentido común inverso al construido por la clase dominante a base de denuncia de corrupción y negación de las iniciativas legislativa de quienes se ocupan de la gestión de gobierno en funcionalidad de interés con la burguesía , en particular, de una fracción de ella, ligada al capital financiero y la renta agraria.

Sin embargo, ocurre que esta presunta clarividencia y su activismo ,que hoy es propagandizado por las usinas de reproducción de sus estrategias reformistas, concentrando en la figura específica de Myriam Bregman, que consigue platea en donde se lo propone , encarnando una suerte de comodín capaz de hablar de la santísima trinidad , como de las aguas glaciares, manifiesta en el mismo momento su incapacidad para demostrar la eficacia en las acciones interiores cotidianas respecto del problema del poder, cuestión que brilla por su ausencia y es ocultada sistemáticamente .

En este último sentido debe advertirse por fuera de la lucidez o no del discurso FITU, tan diverso según lo corporice cualquiera de los partidos que lo integra, en tanto cada uno de ellos tiene una visión diversa de la realidad y del camino a seguir, dando cuenta a diario de su condición de cooperativa electoral, inserta únicamente en la tarea de evitar proscripciones legales para la participación en todas y cada una de las farsas electorales que se impongan en el camino tal como si fueran un fixture de la AFA , que necesariamente este silencio estampa en cuanto a la cuestión específica que impone el problema y fenómeno social del poder, remite necesariamente aunque no de modo excluyente a la cuestión del Estado.

De esta manera, a lo que asistimos pese a las apariencias y los autoelogios de lo que se consideran participaciones masivas, es a una actividad política que no dice nada del Estado, esto es, niega al espacio específico de lo político en tanto espacio residente y reproductor de la relación mando- obediencia en una sociedad de clases. Se nos dirá que puertas adentros de cada socio de la cooperativa electora la cuestión se ventila, pero cierto o no , lo que sucede es que no tiene trascendencia hacia las masas trabajadoras en forma propagandística y agitadora, extremos estos que ponen en concreto que no se comprenden las tareas y los contenidos de esa tareas que impone el actual estadio de la lucha de clases y la declinación significativa del orden social capitalista.

Fue esencialmente a propósito del problema del Estado , el factor que la historia marca para dar cuenta que hacia 1917 dse consolida la división entre revolucionarios y reformistas que llevó a Lenin a decir sobre el particular que :

” Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la falsedad del reformismo, utilizan las reformas para desarrollar y ampliar su lucha de clase…..Cuanto mayor es la influencia de los reformistas en los obreros, tanto menos fuerza tiene éstos, tanto más dependen de la burguesía y tanto más fácil le es a esta última anular con diversas artimañas el efecto de las reformas.”

La cuestión del Estado y el poder es entonces, una cuestión demasiado importante como para eludirla y significativamente urgente como para postergarla. Cuando eso sucede, ocurre que la militancia va de un lado a otro, haciendo representaciones callejeras o presencia en puertas fabricas sin que luego de todo esto , quede en claro el sentido del adonde vamos y como lo hacemos. De ahí en adelante, la frustración de la joven vanguardia se configura como tendencia.

En sentido inverso, hay que tener en claro , como conocimiento que se extrae de los propios fenómenos sociales actuales , que estamos en una época en la cual El Estado diende a limitarse a la gestión del dominio fiscal, por vía de la apología del déficit cero, y el régimen parlamentario da lugar a nuevos centros de decisión donde predominan los técnicos y “los especialistas”. Basta advertir que todas las discusiones parlamentarias no nacen de su seno y de su propia gestión sino de las iniciativa de tecnócratas burgueses cuya cabeza visible es el ministro Federico Sturzenegger.

El régimen parlamentario se muestra cada vez más impotente. La lectura que corresponde a esta constatación de los hechos, es que la marcha hacia el socialismo se efectuará al margen de las vías parlamentarias, porque estas presentan en su propio desenvolvimiento una tendencia significativas a su superación , como ya ha ocurrido con la política de partidos , a manos de los grupos de presión , las agencias de inteligencia , y las iniciativas de los llamados tecnócratas y sus análisis en profusos “paper”.

Por todo esto, es impertinente pensar que se pueda terminar con un régimen como el actual” volviendo a la democracia” y que ese tiene que ser el objetivo estratégico , según lo dejó ver lo vivido el pasado 24 de marzo o los más elaborados documentos que remiten a la idea de revolución democrática para enmascarar un reformismo de base socialdemócrata propio de los comienzos del siglo xx.

En marzo de 1917, poco después del derrocamiento del Zar por parte de una insurrección armada en febrero, Lenin escribía en las “Tesis de Abril”que : “La revolución burguesa democrática ha terminado” sentando así la directiva de encontrar el norte en la necesidad de la revolución social en permanencia .
En Nicaragua se intentó acudir a esa idea de la revolución democrática que no es otra cosa que buscar operar cambios dentro de los marcos democráticos. El fracaso de esta tentativa es hoy históricamente evidente en todos los terrenos.

Estas caracterizaciones erróneas, tomaron cuerpo en nuestro país en 1982, donde el entonces MAS, luego víctima de la diapora de su militancia en al menos siete organizaciones el Mas afirma que, en 1982, comenzó en Argentina una revolución democrática,de donde se sigue que no hay nada nuevo bajo el sol, salvo la pertinaz insistencia en el error generado por el carácter finalmente reformista de esas organizaciones, hoy socias de la cooperativa electoral FITU. Si esto fuera así, la caracterización de que el capitalismo mundial ha entrado en la etapa de la descomposición histórica, resulta desmentida en los hechos y eso es lo que convoca al fracaso de todas las iniciativas militantes que se adoptan, porque no se advierte ,que la democracia sólo puede florecer en condiciones de expansión histórica del capitalismo en tanto régimen social y a la vez habría que pensar en la admisión de la posibilidad de la vigencia de la democracia política en países como Argentina, de estructura capitalista tardía y dependiente del capital financiero internacional.

Esta caracterización, única puntualización que puede encontrarse respecto al problema del poder en el FITU y colaterales, es decir, que nos encontramos en el desarrollo de una revolución democrática con inicio en la caída de la dictadura militar genocida tras el fracaso de Malvinas, implica admitir como se lo hace en los hechos que si la democracia progresa bajo el régimen actual no tiene vigencia una táctica de política cotidiana basada en la estrategia de poder propia de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado , la cual naturalmente supone el estrangulamiento de las posibilidades democráticas.

Por esto y no por otra cosa es que en todo momento se inhiben los discursos a la hora de dar cuenta de la necesidad que tiene la vanguardia de hacer trascender la lucha política hacia las masas a una posible una situación revolucionaria, ya que esto que sólo podría surgir como consecuencia de las contradicciones insalvables del régimen democrático que previamente debe ser logrado, lo cual retrotrae al FITU de conjunto a la aceptación de la teoría stalinista de la revolución por etapas y a la búsqueda de algún sector burgués con quien asociarse tácticamente en ese propósito . Habrá que advertir que a lo que estamos asistiendo es a que a pesar de usar como herramienta simbólica la exaltación de Trotsky, lo que ocurre en realidad es el apartamiento liso y llano de las tesis de la revolución permanente en tanto, la esencia de estas tesis reside en la caracterización de que en los países atrasados la dictadura del proletariado no puede ser la culminación de un largo periodo democrático, sino que la conquista de la democracia deberá pasar por la dictadura del proletariado.

Nuestros días, muestran aunque la verborragia de los parlamentarios de izquierda tienda a negarlo , que la mayoría de los trabajadores siguen aún a las centrales sindicales, por eso asumieron como propio los posicionamientos de los dirigentes de esos agrupamientos , con lo que ponen de manifiesto nuevamente la vinculación intensa entre economía y política, representándose los problemas políticos como decisiones a tomar sobr lo que debe hacerse con la riqueza producida. Los productores reales, piensan de manera mayoritaria que las decisiones políticas son aún de la competencia de los”especialitas” y con eso terminan manteniendo en su perjuicio el mito del Estado, por vía de la aceptación de las formas jurídicas que este propone desde su institiucionalidad. Así el jefe de Estado se transforma en una suerte de gran padre y el FITU, en una suerte de hijo díscolo u oveja descarriada, que solamente sobrevive por la presencia previa de ese Gran Padre estatal. La democracia queda reducid a ritos sin trascendencia y elfortaleximiento del mito del Estado anestesia la conciencia de clase de los trabajadores.

En definitiva, lo que termina haciendo posible esta táctica política de ocultamiento del problema del poder y el Estado , es desarmar a las masas trabajadora de herramientas claras de lucha , ocultando que por su carácter de clase, una revolución con objetivo estratégico en la democracia, no puede ser nunca anticapitalista, en tanto la dirige la burguesía y la aprovecha la burguesía para ampliar el marco de su explotación.
En Argentina, no hay márgenes económicos para mantener una política reformista .Lo cierto es lo inverso, es decir, que no se puede acabar con el capitalismo en el marco de la democracia porque esta tiene un carácter de clase funcional al interés de la burguesía lo que explica el desarrollo propagandístico y agitativo al extremo, de las políticas de derechos subjetivos y exaltación de las ilusiones democráticas, que paradójicamente se encuentran agotadas ante el uso en paralelo por el poder burgués de todas las prácticas de autoritarismo y represión social que le son posibles .

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