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EMANCIPACIÓN DEL TRABAJO

La vida y el socialismo no toman realidad cuando quienes se dicen contenidos en esa premisa y esa búsqueda, toman continuamente por punto de partida las opiniones y no las relaciones sociales concretas, en su preciso tiempo histórico.

Nos reconocemos en las palabras y en particular en las categorías conceptuales de Marx , pero sólo en la medida en que sabemos que somos nosotros los que ahora aparecemos reflejados en ellas, desde el mismo momento en que somos elemento subjetivo de las relaciones sociales de producción a las que aquel aludía, sin perjuicio de las mutaciones en las apariencias a la que dan lugar los cambios tecnológicos y los mecanismos de comunicación de este siglo.

Hay que decir entonces, que ese camino por la defensa de la vida y la búsqueda revolucionaria del socialismo como programa práctico-teórico de la emancipación de los trabajadores, remite de modo necesario a la revolución como afirmación del proletariado como clase dominante que toma las riendas de la sociedad, generaliza su condición y emancipa el trabajo. Ese es el camino, más allá de la caducidad que en modo mancomunado le decretan de manera permanente el reformismo y el liberalismo.

Puede incluso decirse, frente a una fecha como la del 24 de marzo y sus cincuenta años, que hay en ese desencadenamiento de operaciones genocidas, el uso de esa naturaleza de acciones de poder, porque vida y socialismo prendían como campo fértil en la joven vanguardia de trabajadores, que se llevaba puesto a su paso al viejo y esclerosado peronista que se reflejaba en la agonía y muerte de su líder Juan Perón.

Sin embargo , cincuenta años después, el trabajador y el ser humano genérico sigue estando ahí expresando desde lo teórico y sin mucha concreción en lo real su función de suplemento de alma y de radicalidad que la lucha de clases necesita expresar , para ser revolucionaria. Cincuenta años después el factor subjetivo y sus insuficiencias vuelven a decir presente remedando sus carencias, tal como lo destacara en ese último ciclo histórico Mario Roberto Santucho, cuando en forma precisa indicaba que :

“..La razón fundamental por la que pese a la enérica lucha , las clases dominantes no han visto peligrar su dominación política , ha sido la ausencia hasta el presente de una opición revolucionaria de poder que ofreciera a las masas una salida política fuera de los marcos del sistema capitalista…”

Sin embargo, aún computando esa carencia abrumadora del factor subjetivo y sus derivas organizativas en el plano político, es decir la forma ausencia del partido-programa, también ocurre en nuestro tiempo , que el capital ha subordinado a sí mismo la totalidad de la reproducción social, y con ello, todos los aspectos de la existencia, factor que hace que cualquier atisbo de revuelta se vea obligado al planteo de una totalidad.

Dicho de otra forma, en 2026, la vida y la búsqueda de la construcción del socialismo ya no a cambiar a los propietarios de las fábricas ni a la intervención expropiadora en el proceso de producción sino que además debe manifestarse en toda la vida cotidiana, denunciando el agotamiento de sus formas y de sus estructuras culturales relacionales.

La revolución , la vida y la búsqueda del socialismo deben partir de exhibir y denunciar la situación de la clase trabajadora y su consiguiente y necesaria negación antagónica . No puede construirse vida y socialismo, sin que la revolución no sea condición necesaria desde la negación de la condición de trabajador asalariado y su imperiosa emancipación por vía de su propio poder.

La objetiva realidad, no perturbada por la penetración constante de lo ideológico , nos muestra aún hoy, la existencia de un movimiento obrero y con significación específica de fuerza social , con raíces todavía sólidas, que aún confirma dentro del capital una identidad específica como clase trabajadora y a la vez una imposibilidad radical de transformar ese poder en fuerza autónoma y afirmación revolucionaria de la clase del trabajo.

La revolución entendida incluso como necesaria negación de la condición obrera por vía de su emancipación de las relaciones capitalistas de producción , hay que buscarla, más allá de la relación entre la fuerza de trabajo corporizada en el sujeto trabajador y capital, en la universalidad de la alienación que la producción generalizada de mercancías produce de modo necesario. Alienación universal, que se justificaba a sí misma mediante estilos de vida impuestos, el imperativo del consumo, y la objetivación final del sujeto con subjetivación del objeto mercantil con los «roles «que nacen de ese procedimiento fetichista.

Por todo esto, la idea de revolución se prolonga hoy con proyección de futuro más allá del proceso de trabajo en sí , lo que obliga a buscar su fundamento y legitimación razónada incluyendo ese vínculo, pero dando lugar a otros elementos culturales que se desenvuelven por fuera de ella con cierta autonomía.
Hoy vida y socialismo, es la revuelta contra la no vida que el capitalismo deposita en los desposeídos, en los que solo tienen como forma de sobrevivencia poder seguir vendiendo a como sea sus capacidades laborales para producir mercancías. Vida y socialismo, dos factores de una existencia militante necesaria es no otra cosa que en considerar al trabajador en su dimensión total: en su dimensión de individuo y de ser humano porque la revolución es solo posible, si es obrera y humana.

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