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EL OLVIDO IDEOLÓGICO DE LO NECESARIO.

La construcción de un proceso revolucionario en lo que remite a su faz subjetiva, es decir, a la intervención que le corresponde al ser humano en tanto sujeto revolucionario, esta sólida e indisolublemente ligada a una búsqueda consciente o inconsciente de su emancipación de las condiciones que nutren su actual existencia que se le representa agobiante en espacios de miseria cultural.

Por eso, a diferencia de los incansables ejecutantes de una pretendida sinfonía objetivista , no se puede adquirir conocimiento y práctica cierta sobre la acción revolucionaria y sus alcances, sin antes examinar críticamente cierta problemática que conduce a pensar que la emancipación del trabajo implica, en sí misma, la emancipación de los individuos que ocupan esa condición de oferentes de su fuerza de trabajo en el mercado laboral conformado en torno a la posición dominante de los capitalistas que demandan esa mercancía específica.
Dicho de otra forma, la emancipación del trabajo de la tutela del capital en tanto resultado y causa de un proceso revolucionario conlleva, en sí misma, la emancipación de quienes se ocupan de intervenir en modo determinante en la producción generalizada de mercancía.

Por eso la sociedad del trabajo emancipado sobreviniente al desenvolvimiento político concreto y efectivo de una revolución que materialmente termina con el poder burgués e instala en su sustitución, la dictadura de los trabajadores, es el instrumento necesario para permitir emancipar al productor y a todo el género humano, de las relaciones de explotación y opresión capitalistas desde la que nació ,ya que es el trabajador el sujeto explotado y oprimido en concreto y por fuera de toda abstración ideológica.

La militancia política en nuestros días, en particular en gran parte de la vanguardia trabajadora opera despojada de estas premisas en tanto está , centrada en acciones específicas, que encuentran en todos los casos referencias directas al programa mínimo economicista o en la definición de disputas democráticas donde se desdibuja tras la condición de ciudadano que prevalece por sobre la identificación de clase-

La presencia de este fenómeno, ha llevado desde hace ya cinco décadas a ocultar este aspecto emancipatorio central de la lucha revolucionaria, y por eso termina asumiendo de manera clara y decadente , las determinaciones políticas de la socialdemocracia reformista con alta incidencia del cretinismo parlamentario.

Esto último significa lisa y llanamenete que la propia militancia organizada implanta en los hechos ,una segunda enajenación del trabajador en la condición del ciudadano y la defensa gremial, que no hace otra cosa que disimular y preservar las relaciones de explotación y opresión que agobian la existencia de todos aquellos que para sobrevivir se ven obligados a ofrecer a la venta su fuerza de trabajo .

Dicho de otra forma, en los hechos la militancia más significativa en la lucha disfraza su estratégia reformista, bajo la apariencia de una acción organizada hacia una revolución democrática, coimo si en Argentina esa situación no hubiese sido cubierta aún, en la formación y constitución del Estado Nacional .

Sin embargo, la emancipación del trabajo sigue estando a la orden del día y tal vez es eso, lo que permite explicar por qué en los hechos las acciones de programa mínimo se desenvuelven en el factor común del fracaso y el intento de cristalizar la lucha de clases en ese estadio de su desenvolvimiento permanente sin el objetivo específico de lograr su superación en sentido ascendente ,en otro estadio en donde la fuerza social implicada en los que trabajan deviene en fuerza política organizada en programa socialista revolucionario y partido de clase, autónomo a toda injerencia en su seno del oponente de clase.

Ante esto, la militancia revolucionaria tiene la tarea urgente de dejar planteado que la revolución necesaria, para ser tal, requiere que en los hechos se deje ver con claridad su antagonismo de clase, con todo este orden de cosas, altamente significado por la emergencias de las formas jurídicas que impone la burguesía dominante, por sobre lo real existente.

Frente a este paradigma que pretendemos encuentre reconocimiento en la vanguardia que protagoniza al colectivo de los trabajadores que luchan , es necesario advertir que ,no es posible llevar, propagandizar y agitar ante las masas trabajadoras, un proyecto de acción revolucionaria sin destacar que en todos los casos la emancipación del trabajo implica, en sí misma, la emancipación de los individuos de la propia condición de trabajadores, pues es en ella, donde se concentra el factor subjetivo de esa relación de explotación que conlleva el capital.

El llamado derecho al empleo que estructuralmente pone su lucha en el estadio inferior de la lucha de clases, plantea entonces una cuestión dialéctica y de significativa complejidad, en tanto la posibilidad de empleo deviene necesaria para la existencia misma del sujeto empleado, pero a la vez es en su materialización , en el trabajo concreto , la esencia misma del sometimiento de ese sujeto a las implicancias objetivas de la relación de producción que define al capital y tiene por eso la aptitud para abrir una tendencia positiva hacia el ascenso de la lucha de clases hacia un estadio superior propio del enfrentamiento directo clase contra clase.

En este sentido, debe quedar en claro una cuestión. Siendo la fuerza de trabajo el elemento real por el que el ser humano que carece de propiedad puede reproducir su existencia material, vendiendo esa capacidad a quien la necesite para producir apropíandose del producto a cambio del precio que paga por esa fuerza de trabajo , la lucha por la posibilidad real de contar con empleo sigue siendo una cuestión decisiva para generar las condiciones de superación de ese contrato de compraventa cotidiano, y elemento esencial de la relación de explotación que define al capital. Sin embargo, es precisamente esa situación la que contiene en sí misma la determinación final de quien trabaja a salir de esa esencia y mutar por una nueva forma sustantiva a través de otras relaciones sociales que implican un nuevo orden social. En eso y no otra cosa consiste materialmente la emancipación y la superación de la enajenación que padece el ser humano genérico.

En ese orden de idea, Marx en “La Sagrada Familia “, deja planteado y con ello, se acerca a la certeza en lo que refiere al conocimiento del fenómeno social específico de la conciencia de clase, su relación con la lucha de clases y su existencia real en el sujeto concreto que ofrece en el mercado su fuerza de trabajo que “no se trata de lo que directamente se imagine tal o cual proletario o incluso el proletariado entero. Se trata de lo que es y de lo que históricamente se verá obligado a hacer por ese ser”.

Con mayor puntualización y un mejor desarrollo posibilitado por el tiempo experiencial, en los Manuscritos económicos y filosóficos se ocupa además de puntualizar que la enajenación es el fenómeno específico de la sociedad de clases bajo las relaciones sociales de producción donde nace, se gesta y se reproduce el capital.
Añade en esa obra, que la exterioridad del trabajo para el obrero se revela en el hecho de que esa capacidad de producir, no es algo propio suyo, sino de otro, ya que lo generado, no le pertenece a él y él mismo, en el trabajo, no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro,que dispone de él , fenómeno a partir de lo cual concluye que, el obrero no se afirma, sino que se niega en su trabajo,

El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de mortificación. Es por esta forma específica que asume la acción humana en el proceso de producción propio de la sociedad de clases que conforma el capital, el ser humano que ocupa esa situación, no se siente bien, sino a disgusto, no desarrolla sus libres energías físicas y espirituales, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu.

“Lo mismo que en la religión la actividad propia de la fantasía humana, del cerebro y el corazón humanos, obra con independencia del individuo y sobre él, es decir, como una actividad ajena, la actividad del obrero no es tampoco su propia actividad. Pertenece a otro y representa la pérdida de sí mismo”.(Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos, 1844).

Sin embargo, la forma conceptual más acabada en torno del sentido de la emancipación que da contenido final a la acción revolucionria necesaria para nuestro tiempo de barbarie capitalista, viene dado por una reflexión que se encuentran en el tomo III de “ El capital “ donde dice:

“….El reino de la libertad sólo comienza allí donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuación a finalidades exteriores; con arreglo a la naturaleza de las cosas, por consiguiente, está más allá de la esfera de la producción material propiamente dicha. Así como el salvaje debe bregar con la naturaleza para satisfacer sus necesidades, para conservar y reproducir su vida, también debe hacerlo el civilizado, y lo debe hacer en todas las formas de sociedad y bajo todos los modos de producción posibles. Con su desarrollo se amplía este reino de la necesidad natural, porque se amplían sus necesidades; pero al propio tiempo se amplían las fuerzas productivas que las satisfacen. La libertad en este terreno sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente ese metabolismo suyo con la naturaleza poniéndolo bajo su control colectivo, en vez de ser dominados por él como por un poder ciego; que lo lleven a cabo con el mínimo empleo de fuerzas y bajo las condiciones más dignas y adecuadas a su naturaleza humana. Pero éste siempre sigue siendo un reino de la necesidad. Allende el mismo empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en sí mismo, el verdadero reino de la libertad, que sin embargo sólo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base. La reducción de la jornada laboral es la condición básica”. (Marx, El capital, Tomo III, Vol. 8, ed. S. XXI, p. 1044)

En definitiva, la enajenación y la emancipación son conceptos fundamentales en el hacer militante, pues definen su sentido último y permiten diferenciar lo hecho , de la mera reproducción funcional de lo dado con otras formas, propio del reformismo cualquiera fuese el traje con que este último se presente en la escena política de la lucha de clases , ya que describen la condición del trabajador bajo el capitalismo e imponen su emancipación liberadora por vía de un nuevo orden social y político en tanto la emancipación implica el proceso de superación de esta alienación, logrando la realización libre y plena del ser humano.

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