… Cuando la estrecha forma burguesa ha sido arrancada, ¿qué es la riqueza, sino la universalidad de las necesidades, capacidades, goces, poderes productivos, etc., de los individuos, producidos por el intercambio
universal?…..
…. ¿Qué sino el pleno desarrollo del control humano sobre las fuerzas de la naturaleza — tanto las de su propia naturaleza como las de la llamada «naturaleza»?…
…..¿Qué sino la elaboración absoluta de sus disposiciones creadoras, sin otra condición previa que su evolución histórica antecedente que hace de la totalidad de esta evolución — o sea la evolución de todos los poderes humanos como tales, sin que hayan sido medidos por ninguna vara de medir previamente adoptada— un fin en sí mismo? ¿Qué es, sino una situación en la que el hombre no se reproduce a sí mismo en forma determinada alguna, pero sí produce su totalidad…En la que no busca seguir siendo algo formado por el pasado, sino que está en el movimiento absoluto de lo por venir? .. Carlos Marx -los Grundrisse-
Los medios periodísticos locales difunden la siguiente noticia:
“Un hombre de 53 años falleció este martes por la mañana luego de sufrir una caída desde altura mientras realizaba tareas en una vivienda de barrio Lourdes, en Rosario…..El hecho ocurrió en una casa ubicada en calle Rodríguez al 800, donde la víctima trabajaba junto a su hijo realizando labores de impermeabilización en el techo de una propiedad de dos plantas. Por causas que aún se investigan, cayó al vacío desde una altura aproximada de cinco metros…..Tras el accidente, el hombre fue asistido en el lugar y trasladado de urgencia al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) con politraumatismos graves. Sin embargo, horas más tarde se confirmó su fallecimiento como consecuencia de las lesiones sufridas.
En el contexto de las relaciones sociales de producción capitalitas , en Argentina, los accidentes y enfermedades laborales registraron un aumento durante el 2025, de acuerdo a los datos provisorios del sistema de riesgos del trabajo, que advierten además un crecimiento en los casos fatales vinculados a la actividad laboral ya que se notificaron más de 403 mil casos de accidentes y enfermedades profesionales en todo el país, lo que representa un incremento del 2% . Dentro de ellos ,los casos mortales, crecieron más de un 12% en relación a 2024. En total, se contabilizaron 449 muertes laborales.
En cuanto a la forma de ocurrencia, las caídas, los golpes contra objetos y los esfuerzos excesivos encabezaron el ranking de causas, mientras que las lesiones más frecuentes fueron contusiones, esguinces, distensiones musculares y fracturas. Los miembros superiores e inferiores resultaron las partes del cuerpo más afectadas, denotando de manera inequívoca que los resultados expuestos tienen un nexo causal eficiente con el incremento del nivel de explotación de la fuerza de trabajo, sea por intensidad o por extensión de la jornada laboral.
Son cifras que así desnudamente leídas no dejan ver un dato fundamental se refieren a PERDIDAS DE VIDAS HUMANAS. Son bajas en nuestras filas. Trabajadores que ya no están entre nosotros. Vidas que el poder burgués no cuida, no respeta, ni proyecta evitar, en tanto este sistema social donde lastimosamente nos desenvolvemos apuesta por la muerte, en tanto efecto necesario de la barbarie en donde nos ubica en lo cotidiano de nuestro existir, todo ello, más allá del belicismo desenvuelto a lo largo del planeta.
Al señalar esto, buscamos ganar un espacio de difusión y reflexión colectiva entre los trabajadores, antes que el fárrago de discursos rutinarios, formateados y cíclicos que todo 1 de mayo traiga también su omisión sobre este particular , de la boca de los que envueltos en banderas rojas no hacen otra cosa que reducir la acción de propaganda, entendida como herramienta intelectual de los explotados.
Por este motivo, parece necesario acudir a las señales de nuestro tiempo y reformular un mensaje que apunte a las causas por las que llegamos a esto en lo que nos toca sobrevivir y proyectar nuevamente con insistencia , la pertinencia y necesidad en el tiempo presente de la revolución socialista.
Rosa Luxemburgo en su trabajo “La acumulación de capital “, estableció la premisa según la cual la reproducción del capital solo es posible “si el capitalismo encuentra fuera de su propio ámbito sociedades susceptibles de entrar en el circuito” de acumulación.
En ese sentido el capitalismo visto como modo de producción, requiere fuentes de materias primas, una fuerza de trabajo y una demanda económica procedentes de espacios diversos de los centros de localización hegemónica del capital, razón por la cual concluye advirtiendo que el imperialismo es una consecuencia necesaria del orden social dominante.
Siguiendo esta idea, hay que decir que para reproducirse en su formato imperial el capital financiero, visto como sistema dominante, tiene que extenderse, es decir, ensanchar cada vez más su espacio territorial de sujeción apropiándose de nuevos territorios y nuevas poblaciones.
Sin embargo, -siguiendo siempre a Rosa Luxemburgo-el rasgo característico del imperialismo como lucha competitiva suprema por la hegemonía mundial capitalista no estriba únicamente en la energía y la universalidad de la expansión, sino en el hecho de que la lucha decisiva por la expansión rebota precipita hoy los pueblos civilizados de la propia Europa a una sucesión de catástrofes cuyo resultado final no puede ser más que la ruina de la civilización o el advenimiento de la producción socialista (La acumulación originaria del capital)
La catástrofe, el accidente, el drama individual o colectivo, es el modo de existencia del trabajador en el capitalismo. Por esta misma razón, la violencia imperialista se desencadena sin mirar a quién, puede ser una escuela, un hospital, niños, personas mayores. No son los sesgos enfermizos de tal o cual gobernante, el modelo de producción y sus consecuencias contradictorias que imponen la violencia como forma de resolverla, es el que deja ver su rostro siniestro y su decadencia. El mundo tal como lo enunció Rosa Luxemburgo el mundo asume perfiles tales que la dominación del capital, sumerge a los explotados y oprimidos en la barbarie, a menos que venza la revolución. “socialismo o barbarie” sigue siendo el eje de intervención propagandística y programática de toda organización de los trabajadores que se proyecte con objetivo emancipatorio.
En el mismo contexto, la política hegemónica de la burguesía muestra en nuestros tiempos signos tendenciales de decadencia, en particular porque su cultura es incapaz de dar respuesta que justifique su prevalencia por consenso del todo social.
Son tiempos de sálvese quien pueda, como lo ejemplifican las reacciones sociales cotidianas ajenas a toda referencia de compromiso social solidario. Estamos ante los anuncios sin bemoles ni ocultamientos de una catástrofe en la que los perjudicados huyen en bandada buscando salvar el pellejo o comprar botes en la cubierta del titanic ante el inminente naufragio.
Dicho de otra manera, la burguesía no solo no amplía su espectro , sino que se desagrega; no solo no asimila a nuevos elementos sino que los expulsa haciendo masiva la población social y económicamente sobrante . A esto se agrega cada vez con mayor rigor, el fenómeno puramente liquidacionista de salida compulsiva por fenómenos económicos parcializados , de una parte de sí misma –la pequeño burguesía- librada, a su propia suerte sobreviviente.
No obstante esto, el fenómeno luce complejo en tanto en forma combinada todos los sectores expulsados por una u otra vía tienden a desarrollar estrategias de sobrevivencia, que la realidad expone con vida esfímera por la propia dinámica de acumulación y reproducción del capital y en esa búsqueda los sectores sociales vinculados a la misma , exhiben su intento por ensanchar su margen de participación en la distribución de la riqueza, anhelo que no tiene otro destino que el fracaso leído en signos de mayor disgregación, dado que ,la cultura dominante auspicia por vía de la exaltación ideológica de la diversidad su propia derrota .
Tanto se “auto defienden los diversos que son “ puestos unos contra otros y con ello, todos juntos terminan por desplazarse hacia un estadio ajeno de la civilización y de todo rasgo humano dignificante de su condición.
Presenciamos un juego de pinzas sobre las clase trabajadora y los sectores excluidos de utilización de la fuerza de trabajo formal o informal . Por un lado el empleo indiscriminado y descardado de la fuerza del Estado para reprimir aspectos de la lucha de las clases en su faz elemental de defensa del empleo y disputa por el salario . Por otro, formas de asimilación “falsas” o “perversas”, que tienen por propósito que ese espacio material de confrontación se neutralice , previas disputas sectoriales o individuales al interior de los sectores que pugnan por sobrevivir.
Dicho de otra manera, la clase dominante mantiene a las masas populares en la pasividad a la vez que emprende transformaciones sociales requeridas por la situación histórica para mantener su dominación política.
Lo cierto es que, frente al fenómeno que describimos , se torna imperioso concentrar la propaganda y la agitación socialista a través de la organización programática la vanguardia para que por fuera de las luchas espontáneas de las masas explotadas , estas se configuren como clase social en un partido de trabajadores revolucionario,
La carencia histórica de una organización bolchevique resultado del arduo combate en ofensiva que por todas las vías ha generado la burguesía desde su poder estatal, que pasa por la desaparición forzada de combatientes de la clase trabajadora en contexto de genocidio como ocurrió a lo largo de la segunda mitad de los años setenta y parte de los ochenta hasta la vía democrática formal con la cooptación ideológica de la intelectualidad hoy más ligada a un régimen de prebendas u ocupación de puestos académicos burocráticos que al aporte consciente a la lucha de los trabajadores , es el aspecto del fenómeno que describimos, que ligado a derroteros similares en otras latitudes impide y obstaculiza la posibilidad de revulsión de lo dado, aun cuando lo dado no sea otra cosa que la exposición permanente de la miseria humana.
Nuestras organizaciones políticas ensombrecidas por un reformismo anacrónico de rostro parlamentarista con expresiones centristas confunden a los explotados tomados de conjunto y no expresan en modo alguno sus genuinos sentires, extremo este al que se llega por el abandono estratégico de la lucha, en particular la lucha de calles, que es donde se recluta el ejército del proletariado y se posibilita más allá de toda propaganda abstracta esa toma conciencia de clase en sí a la que antes aludimos. La organización, los progresos de la conciencia y el combate no son fases particulares, separadas en el tiempo y mecánicamente, a un único e idéntico proceso, sino el proceso mismo en su continuidad.
LA DISPUTA PROGRAMÁTICA
Durante las últimas décadas, el capitalismo emprendió una radicalización sistémica. Tal fue la magnitud de ese desarrollo que finalmente, por lo específico de su desenvolvimiento y por convención lingüística se le terminó definiendo con la denominación “neoliberalismo, para que quede claro que estábamos ante más de lo mismo pero con diferente rostro y consecuencias sociales degradadoras relevantes.
El capital en tanto relación social, en el plano de sus significantes políticos, implica destrucción e invasión de espacios de libertad que habían sido prefigurados en otros momentos de la revolución burguesa y las luchas sociales de clase contenidas dentro de ese modelo de dominación.
Esta expansión casi por necesidad y no por elección de opciones , que implica dialécticamente la manifestación de un proceso crítico por los conflictos sociales de nuevo formato que trae aparejados, generó en los reformistas inveterados y los avenidos a esos espacios , la visión tergiversada en torno a la alta posibilidad de continuidad vital de ese modo de producción.
Esta falsa conciencia sobre los datos que emergen de lo real tiende a ver y propagandizar, una versión de la sociedad convertida en una suerte de gran llanura donde no es factible observar en el horizonte grandes sobresaltos, esquema que por consecuencia lógica difiere todo discurso que acuda a la idea de revolución y transformación social a instancias lejanas de lo próximo.
La posibilidad , como tendencia objetiva emergente de los componentes contradictorios de lo real , de la emergencia de otro mundo y la creación de otro hombre alejado del individuo sesgado y alienado como el que nos determina en el presente , es el contenido necesario de las acciones de propaganda y agitación que se asuman como tarea militante. Sin ello, cualquier discurso por demandas coyunturales concentradas en el programa mínimo de reproducción de la existencia, esta destinada a naufragar dentro del laberinto social que la dominación burguesa impone a explotados y oprimidos.
Esta situación que acude a la alternancia metafísica entre dos presuntos opuestos como lo son la derrota y el triunfo en donde el capital ha vencido temporalmente y la clase antagónica está situada estructuralmente a la defensiva, ha generado una ilusión óptica en la sociedad, con un solo perfil: la búsqueda de la aceptación pacífica de que “por ahora” y en estos “momentos” no se puede acudir a la propaganda y agitación de consignas de programa máximo, ni incluir como construcción necesaria la democracia obrera , como instrumento de poder de la clase trabajadora.
El sistema aparece como la aceptación forzada o por consenso del poder burgués en condiciones hegemónica. Se ha creado así una visión irreal de una hegemonía que omite dar cuenta, por denuncia y señalamiento sistemático y propagandístico de clase, de un proceso de lucha violentísimo de los de arriba contra los de abajo desde donde concluir y enunciar el fetiche de una pretendida neutralidad del Estado y su consecuencia necesaria: la legitimidad de la violencia, monopolizada por ese aparato de agencias represivas y de poder punitivo.
Precisamente, si algo tiene de negativo para la clase trabajadora esa construcción ideológica de matriz reformista es naturalizar la acción militante hacia la búsqueda de políticas de Estado, ocultando el carácter de clase de ese instrumento en tanto forma jurídica del poder burgués y la búsqueda de herramientas nacidas de esa matriz , con su contenido de violencia y penalidad, sobre “humillados y ofendidos”.
Por otro lado, esa concentración en la faz violenta del poder burgués como esquema de solución de conflictos sociales, oculta una cuestión objetiva derivada de la crisis en la estructura económica que es el debilitamiento o la lisa y llana desaparición de las llamadas políticas redistributivas del Estado, que deja inerte en la complicidad a todo el aparato burocrático sindical que solo se centra en la búsqueda de un acuerdo social que los pueda contener dándole viabilidad a su papel de ultima instancia como agentes del poder burgués en la lucha social de los trabajadores.
El reformismo tradicional y el advenedizo que busca cobijo en su seno, ocultan deliberadamente el fortalecimiento corporativo de los organismos represivos y lo hacen para no dejar ver una tendencia no analizada por ese discurso, que es la significativa falta del consenso en torno al sistema dominante aceptado básicamente por quienes resultan sometidos, por el temor al despliegue violento del poder burgués por la fuerza de sus agencias específicas, o por la probabilidad de caer en el espacio social de la población económicamente sobrante por fuera del trabajo formal o mínimamente posibilitador de su reproducción como trabajadores.
El imaginario que vende el reformismo en torno de una sociedad en la que todos los individuos aceptan voluntariamente el orden del capital como si fuera el orden natural de las cosas, no tiene base sociológica real y se manifiesta a diario en la conflictividad cotidiana más elemental de la lucha de clases como ajeno a toda objetividad histórica. Lejos del reformismo, lo que deja ver la realidad es la cruda cara monstruosa del poder burgués por vía de las agencias policiales y judiciales ,y los aparatos mediáticos de conformación de imagen que ha fortalecido su papel como garante del orden sistémico.
En definitiva, lo cierto e intencionalmente oculto por el discurso reformista es que no hay ejercicio de la dominación burguesa, sin violencia y es precisamente esto, lo que ha pasado a exhibirse sin tapujos a fuerza de que el consenso se logre por temor a la asimetría aparente de fuerzas en los bandos contendientes en el conflicto de clases.
Existe un proceso general que convierte a la policía, a las bandas civiles colaterales y funcionales a esas empresas delictivas y la referencia de ese accionar en el respaldo del aparato judicial represivo, que asume el lugar de avanzada dentro del poder burgués , siendo esta clase la que ha determinado desde sus elites nacionales o las presiones imperialistas, que ese formato es el más adecuado para la reproducción del modelo de acumulación capitalista en estas instancias de crisis de sobreproducción y retracción objetiva de la demanda de bienes y servicios por importantes sectores de la población .
En este contexto, todo aquel que advierta que su existencia como trabajador dista de ser lo que tradicionalmente se consideraba como “digna”,que su cotidianeidad se transforma en una “nada” construida ,por la simple y elemental lucha por la vida concreta y material inmediata , debe advertir que es necesario armar una estrategia de movilización que tenga en cuenta este problema de falsa conciencia generado por la propaganda reformista y el conformismo político conservador , advirtiendo la presencia ineludible de la violencia de “arriba “ sobre todos y cada uno de nuestros actos de simple sobrevivencia, enmascarados con dispositivos legales que so pretexto de emergencia, limitan con rigor y continuidad nuestras libertades individuales.
Lo inmediato es luchar por esa mismas libertades cercenadas buscando los mayores espacios posibles de expansión, propagandizando y agitando el programa socialista emancipador de toda servidumbre de clase . Es necesario un programa político de consenso entre los que luchas buscando denunciar este proceso ideológico de avance violento del estado burgués favorable al control policial y punitivo de la vida civil, amparado por la incertidumbre existencial que da el creciente desempleo e informalidad en la venta de fuerza de trabajo , con máscara de “políticas de seguridad”.
Ese programa debe orientar los factores de unidad entre las masas trabajadoras que luchan , por vía de la defensa de condiciones de existencia dignas y humanitarias y una serie de demandas transicionales que hagan operativas y reales las condiciones de vida material sin desplazamiento social a la miseria y pobreza de la población trabajadora.
Hay que abandonar de manera consciente y programática la estrategia de los reformistas y centristas de izquierda que se orienta a ser aceptados como una parte necesaria en la institucionalidad parlamentaria, precisamente por que ese orden parlamentario es el que facilita que las masas trabajadoras padezcan el incremento de la explotación y la opresión, día a día a manos de una democracia puramente formal con alto contenido de violencia de clase impuesta por la burguesía de conjunto.
Lejos de buscar un lugar en ese atolladero, hay que denunciar y luchar contra los partidos del orden en todas las instancias de la vida social que lo requieran.
El objetivo primario debe ser advertir que la tarea es reducir de manera significativa la posibilidad legitimada que actualmente acrece el poder burgués de construir su hegemonía con instrumentos violentos de fuerza, sobre los que ejerce el monopolio.
Se trata de no caer en la simple condena moral que resulta al menos tan paralizante como la impotencia y el legítimo descrédito de la política de la izquierda pretendidamente institucional.
Daniel Papalardo (colaboración para Nuevo Curso 29 de abril 2026)
